Vialidades y los problemas policiales

Un Aguascalientes romántico


+ En el siglo XIX, en un carro tirado por mulas conducían a los ebrios a la cárcel y para 1932 ya existía una patrulla motorizada de la Policía, además de una camioneta de rodado sencillo llamada "La Julia", recogiendo a los borrachos y a los que se peleaban.

ALDO BONILLA CHAVEZ



Tiempos pasados, fueron bonitos, extraordinariamente románticos y tradicionalistas, pero no mejores, bueno es lo que dicen muchos pues aseguran que lo mejor está por venir.

De eso se encargarán la generación de ahora y las que vendrán, sin embargo, siempre resultará bonito y romántico asomarnos a la ventana del pasado y más cuando nos referimos a un Aguascalientes en el que no había tantas crisis como las que se enfrenta actualmente.


En los años setenta del siglo XIX, el gobierno autorizó un sitio de coches de alquiler, que tuvo su base en la Plaza Principal por la calle Iturbide (hoy República).

En 1914 el municipio elaboró un reglamento en el cual se especificaba que "los coches de primera clase usarían un distintivo con tinta azul y los de segunda con tinta roja".

Estos distintivos consistían en una faja de diez centímetros de ancho, que se colocaba en un lugar visible con letras grandes. El mismo reglamento prescribía que a cada vehículo se le tenía que poner un timbre o silbato que con sonido claro, alertara al público en su paso por las calles para evitar desgracias.


En 1924 transitaban todavía pocos vehículos, muchos de ellos en malas condiciones.

Al respecto el alcalde Juan Ibarra informaba que circulaban 33 coches de sitio para el servicio público, 25 automóviles de sitio y 310 particulares. Todavía entre los años cincuenta y sesenta no había tantos automóviles, más bien en esta época el medio de transporte más usado era la bicicleta. El Teniente José de Jesús Rodríguez Benavides, director de Tránsito comenta: Yo recuerdo que las bicicletas estaban equipadas como los carros de lujo ahora, traían dínamo, que pegaba en la llanta y generaba corriente, traían su calaverita atrás, un espejo y una corneta".


En 1975 se tomaron medidas estrictas para la circulación de bicicletas, las que no traían placa eran recogidas por la autoridad. En la administración del presidente municipal Felipe Reynoso Jiménez (1975-1977) la ciudad empezaba a crecer, al igual el número de vehículos de ahí que este alcalde para una mejor vialidad "creó el camellón central de la Avenida López Mateos", más las avenidas: Fundición, Independencia e Ignacio T. Chávez".

A finales de los setenta el problema de vialidad iba en aumento, sobre todo alrededor de la Plaza Principal, ya que algunos funcionarios amparados por sus influencias pisoteaban la ley vial.


Como los problemas de vialidad no disminuyeron en el centro de la ciudad, el alcalde Pedro Rivas Cuéllar se vio en la necesidad, en su periodo de 1981-1983, de hacer peatonal la calle Juárez. El terremoto de 1985 trajo como consecuencia el aumento de la población y, por ende, aumentó el número de vehículos. Para disminuir un poco los problemas de vialidad en el periodo del alcalde Miguel Romo Medina (1984-1986) se construyeron camellones centrales en la Avenida de las Américas y en otros lugares de la ciudad, además se edificó la Glorieta del Quijote ubicada entre la Avenida López Mateos y Héroe de Nacozari.


Como la población seguía creciendo como nunca debido también al auge industrial, para 1989 había concentración de tránsito y autobuses urbanos, aglomeración de alumnos al salir de la escuela, carencia de estacionamientos, conflictos de movilidad peatonal y circulación de ciclistas. Para los años posteriores la vialidad siguió siendo un problema, sobre todo porque el vehículo se convirtió en una necesidad.

En la actualidad muchas familias que antes no tenían acceso a la compra de un vehículo, con esfuerzo lo adquieren y lo usan para su servicio.



LA POLICIA


En el siglo XIX, en un carro tirado por mulas conducían a los ebrios a la cárcel y para 1932 ya existía una patrulla motorizada de la Policía, además de una camioneta de rodado sencillo llamada "La Julia", recogiendo a los borrachos y a los que se peleaban.

"La Julia" era una camioneta Pánel de color plomo; tenía una puerta trasera y asientos a los alrededores, el nombre de "Julia" se puso en honor a una prostituta que agarraba lo que le caía.


Mientras la camioneta "Julia" cargaba con muertos, detenidos, borrachos, perrros, etcétera; la mujer "Julia" se prostituía al mejor postor.

En el segundo lustro de los años cincuenta, se introdujeron las patrullas llamadas "Vitrinas", eran unos jeeps americanos que tenían vidrios en las ventanas laterales y tenían una puerta trasera. En los sesenta se utilizó un triciclo tanto para cargar con los borrachos como para trasladar a los muertos. Otra función que tenía este triciclo era transportar la comida que se elaboraba en la cárcel de mujeres para alimentar a los elementos de la Policía Preventiva y la Judicial.


En esa misma década se utilizó un Jeep miniatura que patrullaba el oficial J. Guadalupe Esparza Villalobos, "Lupillo", en las colonias Altavista y Miravalle. En este tiempo un policía de origen alemán llamado Dietrich, daba capacitación a los elementos de seguridad aguascalentenses. En los setentas el Municipio compró unas patrullas más grandes llamadas las "Tomatodo" o las "Perreras". En esta misma época también se conocieron las patrullas Volkswagen, las cuales fueron muy criticadas por su pequeño espacio que tenían para resguardar a los delincuentes. Después los vehículos policiacos se fueron pareciendo poco a poco a las patrullas que conocemos actualmente.


LAS CARCELES DE VARONES



Con el objeto de dar seguridad y proteger de los ataques chichimecas a los viandantes y pasajeros que trajinaban por un polvoroso camino que pasaba por la villa que iba de Guadalajara a Zacatecas y viceversa, se construyó el primer presidio en el siglo XVI que se ubicó en las actuales calles de 5 de Mayo y Guadalupe Victoria, precisamente donde está el edificio del Hotel Imperial.

Entre los siglos XVII y XVIII, la cárcel municipal se encontraba frente a la casa Rincón, hoy Palacio de Gobierno.


En 1773, los pobladores le llamaban la Cárcel de la Alhóndiga.

Desde 1701 el capitán José Rincón Gallardo había donado un terreno para la construcción del Palacio Municipal con la condición que se quitara la horrible cárcel de adobe que era disonante de la belleza arquitectónica de la plaza.

Dicha cárcel servía tanto para encerrar a los delincuentes como para oficinas del cabildo. Sin embargo se afirma que fue hasta las postrimerías del año de 1800 cuando se comenzó a construir dicho palacio.


Durante todo el siglo XIX y parte del XX la cárcel estuvo anexa al Palacio Municipal. Se comunicaba por la calle de Colón, pero que era independiente del Palacio Municipal... se ubicaba en el área que es ahora el Jardín de los Palacios y limitaba con el Palacio de Gobierno.



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