Una tradición de mucha historia

Calle Arturo Pani Arteaga


ALDO BONILLA CHAVEZ



Las calles de Aguascalientes han sido testigos de muchas hazañas, de muchas leyendas que le han dado fama. La historia nos cuenta, dice Bertha Topete Ceballos, directora del Archivo General Municipal, que por mandato virreinal se establecía que las calles de lo que sería la ciudad fueran rectas, anchas y que estuviesen en un lugar plano y lejos de encharcamientos.


A fines del siglo XIX el Gobierno decide honrar a sus personajes.

Por regla era a personajes fallecidos en reconocimiento a sus grandes aportaciones a la patria. Desde que surgió FUERZA AGUASCALIENTES hemos escrito infinidad de artículos para dar a conocer a las nuevas generaciones el porqué de los nombres de las calles de la ciudad y la Lic. Topete Ceballos nos da cuenta del gran error que existe en el nombre de la calle ``Arturo J. Pani''.


Resulta, nos dice, que laa antigua calle Yáñez, hoy conocida como Arturo J. Pani Arteaga, por un error, no se sabe de quién, tiene la ``J'' de más.

Esto es, afirma, una ``J. intrusa'' y que se debió, seguramente, a una confusión con el nombre de su hermano Alberto J. Pani.

Pero como la repetición hace costumbre, ahora la gente para abreviar simplemente la señala como J. Pani.


Pero veamos cuál es el merecimiento del personaje para que una calle lleve su nombre.

Arturo Pani Arteaga, dice la ameritada historiadora, proviene de una de las familias más antiguas de Aguascalientes y de las que tuvo mayor influencia en la vida del Estado.

Fue hijo de Julio Pani Letechipía y de María de la Paz Arteaga Terán. Esta última hija del médico Camilo Arteaga Estrada y Petra Pérez Terán Peredo, hermana de quien fuera Jefe Político y Gobernador del Estado en el siglo XIX, Jesús Terán y Peredo, a su vez hijos de Jacinto Pérez Terán y Francisca Peredo.


Jacinto fue hijo del temible Felipe Pérez de Terán quien fue la primera autoridad civil y militar en Aguascalientes desde 1814; obró con mano de hierro contra las huestes insurgentes, motivo por el cual se escribieron muchas leyendas desfavorables, sin embargo terminó con el bandidaje de la región, moralizó el manejo de los fondos públicos y realizó obras materiales importantes en la ciudad.

Arturo nació en la ciudad de Aguascalientes el 2 de agosto de 1879 y casó con Dolores Darqui, hija del empresario minero Manuel Darqui, hombre allegado a Porfirio Díaz.

Murió en la ciudad de México D.F., el 12 de agosto de 1962.


Sus hermanos fueron: Julia (¿) Camilo E. (1868); María Paz (1870); José (1871); Elena (1872); Enrique (1874); Alberto J. (1878-1955) y Julio (1882) y todos con los apellidos Pani Arteaga.

Según él mismo comenta en el libro Ayer que realmente es su biografía, los primeros estudios los realizó en la escuela de don Celso Bernal y posteriormente en la de José Viera Pimentel; la preparatoria, en el Instituto de Ciencias que había fundado su tío abuelo Jesús Terán.


Posteriormente se fue a vivir a la ciudad de México donde estudió la carrera de Ingeniero y ya como profesionista ocupó varios cargos; entre otros, se destacó como Miembro de la dirección técnica de Provisión de Aguas Potables; Jefe del Departamento de Obras Públicas de la Secretaría de Comunicaciones y Jefe del departamento de bosques de la Secretaría de Agricultura y Fomento.

Su labor como diplomático lo llevó a ser cónsul de México en Amberes, Bélgica, así como en Génova y en Milán, y también en Francia.

Fue colaborador en los gobiernos porfirista, maderista y constitucionalista; fue representante en el Consejo de las Naciones y en el Congreso Internacional de Ferrocarriles en Londres.


Como escritor editó la obra Messico, que contiene información histórica y geográfica bajo el seudónimo de Mario D' Arpi.

Fue escrita en italiano debido a que su padre tenía ascendencia italiana; en español elaboró las obras Jesús Terán, Ensayo biográfico (1949); Ayer (1954); Un curioso testamento, La fundación Carsellini de Faenza (1957) y Alberto J. Pani, ensayo biográfico (1961), como un homenaje a su hermano quien también ocupo cargos muy importantes tanto en México como en el extranjero.



Cuando Arturo Pani fue nombrado Cónsul General de México en París, le tocó vivir un hecho lamentable: Antonieta Rivas Mercado se quitó la vida en el interior de la Iglesia de Notre Dame.

Pero ¿Quién era esta señora?

Se trataba de un mecenas, es decir de una mujer que con su dinero sufragaba los gastos de algunos estudiantes y pertenecía al grupo de bohemios e intelectuales del que formaba parte Arturo Pani.


También había sido amante del brillante intelectual José Vasconcelos y precisamente cuando se dio el rompimiento amoroso entre ambos, Antonieta Rivas ya no le encontró sentido a su existencia y decidió suicidarse, no sin antes asegurarse que la triste noticia la supiera un hermano y el padre de su hijo. Para ello utilizó como conducto a su amigo Pani, enviándole una carta que decía lo siguiente:


"Arturo:

Antes de medio día me habré pegado un balazo. Esta carta le llegará cuando me habré desligado, como Empédocles, de una envoltura mortal que ya no encierra mi alma.

Le ruego caligrafíe (no lo hago porque no tengo dinero) a Blair y a mi hermano para que recojan a mi hijo. Vuelvo a darle las direcciones.


Alberto E. Blair, Allende 2, Tlalpan (casa); 16 de Septiembre 5 (oficina), México.

Mario Rivas Mercado, San Juan de Letrán 6. México, D.F.

Mi hijo está en Burdeos, 27 Rue Lechapeslier, con la..."

Alejandro Topete del Valle quien conoció muy bien a la familia Pani, plasmó en el libro de Guadalupe Appendini -Aguascalientes, 46 personajes en su historia- algunos rasgos sobre la notabilidad del personaje que resume en breves palabras tales como: "La regia personalidad de Arturo Pani Arteaga, es una de aquellas enjoyadas de cualidades sumas, como alma y espíritu sedientos de altura".


Volviendo a la referida calle diremos que abarca tan sólo dos cuadras.

En un principio era la que conducía del templo de San Marcos, al ya desaparecido panteón del mismo nombre y se encontraba aproximadamente al final de la calle Rincón en su entronque con la Avenida López Mateos.


En la primera cuadra y esquina con la calle Hebe (hoy de Manuel M. Ponce), se encontraba una casona donde se estableció el llamado Tívoli San Marcos el cual fungió como Casino de la Feria en los primeros años del siglo XX; pasado el tiempo, ésta casa llegó a ser insuficiente y se amplió con una bodega techada con láminas que tenía una entrada por la calle de referencia y donde se instalaban las mesas de juego; por ahí se conducía a la vieja plaza de gallos en el sitio donde actualmente se encuentra.

Todo lo anterior era lo único notable de la arteria en cuanto a realización de la feria.

Sin embargo, cuando se construyó la Avenida López Mateos, la calle adquirió mayor tráfico e importancia y donde posteriormente se fueron instalando los llamados "merenderos".

Según un registro que existe en el Archivo General Municipal, la calle con el nombre actual aparece ya en 1965.


La zona ferial creció por aquellos rumbos al construirse la Plaza de Toros Monumental.

Luego la calle se hizo peatonal para comodidad de los feriantes y se unió al conjunto de la Expoplaza, donde se encuentra una cafetería de renombre nacional, un hotel de prestigio y ya en tiempos cercanos la zona de los llamados "antros" donde la juventud se divierte durante la feria.


Al final del andén se encontraba la escultura monumental fundida en bronce llamada El Encierro, elaborada por el artista tapatío Jorge de la Peña Beltrán, y representa a siete toros y su caporal a caballo que representativamente iban camino a la Plaza de Toros Monumental.


El monumento fue removido unos metros más hacia el oriente para facilitar el tráfico de los feriantes y dejó de pertenecer a la calle más no al conjunto.

Asimismo, quien pasea por el corredor, se topa con el Reloj Taurino instalado en el Hotel Fiesta Americana, que fue uno de los primeros en su tipo al abrir la carátula y exhibir un torero y el toro que realizan su faena, presentándose a las 12 del día, a las tres, cinco, siete, ocho y nueve de la noche bajo las notas del paso doble Silverio, compuesta por Agustín Lara.


Por estos motivos y muchos otros que sería largo enumerar, esta calle lleva el nombre de Arturo Pani Arteaga como un homenaje a su trayectoria.

Para darle voz a don Arturo, entresacamos algunos renglones de su libro Ayer, donde describe la ciudad donde vivió su infancia y parte de su juventud.

Aguascalientes, aunque con añejos pergaminos de ciudad y aun de capital de Estado, era entonces un pueblo grande; ciudad tranquila, con el encanto de sus huertas que un clima benigno y agua en abundancia hacían hermosas y productivas. Bellos jardines; frondosos árboles. El río, muy cercano a la ciudad, bordeado de álamos blancos; modesta vena líquida en el estiaje, que copiosas y frecuentes avenidas en la estación de lluvias suelen convertir en impetuosa y arrolladora corriente.



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