Una hacienda con gran historia

Ciénega Grande


+ Las haciendas fueron tesoros que nos distinguieron y que hoy están destinados a desaparecer, pues aunque algunas todavía quedan en pie y están a medio conservar, de muchas otras ya sólo quedan recuerdos.


ALDO BONILLA CHAVEZ



Aguascalientes todo es un emporio de historia.

Nuestra historia no nada más se da en cuanto a una relación de hechos y sucesos, sino a sus lugares, pues son unos enormes cofres de historia, de nuestro desarrollo socio político, económico y social.


Y una de esas historias es Ciénega Grande, una hacienda que hoy se encuentra en vías de desaparecer por el modernismo y porque su mantenimiento y restauración resulta sumamente oneroso.


Ciénega Grande, al igual que otras haciendas, son testimonios muy valiosos de la historia de Aguascalientes y el día en que se rescaten no sólo en las palabras, sino en los hechos, nos darán un espacio histórico y turístico sumamente importante. Y un espacio no sólo para el turismo, sino para que los aguascalentenses nos demos cuenta de la magnitud que tuvieron en el desarrollo agropecuario, minero y ganadero.


Casi desde los mismos tiempos de la Colonia las haciendas se constituyeron en la parte medular del desarrollo socioeconómico y hasta político del país, así pues, Aguascalientes, desde su misma fundación, tuvo en la hacienda al gran elemento para ir desarrollándose y fueron los principales pilares para alcanzar el gran momento que hoy se vive.

Hoy en que nos asombramos con la grandiosidad que tuvieron sus cascos principales y sus iglesias, es cuando más se justifica el rescate de esas fincas que hablan de la grandiosidad del Aguascalientes, del México del pasado.


La hacienda cumplió una función extraordinaria para México, dice a FUERZA AGUASCALIENTES la maestra e historiadora Berta ¨Tita¨ Topete Ceballos quien señala que fue, en su momento, un prototipo de laboriosidad y productividad en donde lamentablemente, porque así lo consigna la historia, se explotaba mucho al trabajador con las tiendas de raya, además de las temidas Guardias Blancas y todavía peor, el patrón se sentía el amo y señor de la vida de sus trabajadores y sus familias, por lo que disponía de ellos.


La historia nos habla de muchas cosas muy singulares, positivas y negativas sobre cómo se fue desarrollando la hacienda, la cual además de ser en su momento gran generadora de trabajo, legó un patrimonio arquitectónico muy importante que desgraciadamente con el tiempo se está perdiendo.

Y ocurre eso porque los antiguos hacendados se retiraron o se concentraron en el casco de la hacienda vieja, la pequeña propiedad que les quedó y ante el importante legado que contienen arquitectónicamente hablando, implicaría también una enorme inversión restaurarla.


Tita Topete refiere que hay casos de haciendas que han desaparecido totalmente en Aguascalientes, prueba de ello es la de Ledezma, por el rumbo de la Presa Calles y así se puede hablar de muchas en donde ya sólo quedan ruinas, advirtiendo que existe otro problema muy grande.


Algunos de los actuales propietarios casi no dejan ver o entrar a los antiguos cascos porque se presentan los depredadores, los ilusos buscadores de tesoros que han dado al traste con esa arquitectura que merece ser rescatada.

Hay otras que se han conservado, como la de San Bartolo, Jaltomate, Peñuelas, etc., cuyos cascos e iglesias están en buenas condiciones. Para rescatar este tesoro de los aguascalentenses, se requiere de mucho dinero y que las autoridades digan cuáles son dignas de ser rescatadas, lamentablemente la crisis económica que se vive hace casi imposible esa misión.



Pero esto, nos dice, no es sólo obligación del gobierno, la iniciativa privada podría entrar al rescate y hacerlas productivas. Y es entonces cuando nos platica la historia de Ciénega Grande, que también fue conocida como San José de Linares.

Fue una hacienda de beneficio que a diferencia de las agropecuarias, se dedicaban al beneficio del metal y se ubica por la carretera a Loreto en el cruce, cuando se creó del Camino de la Plata, que iba de Zacatecas rumbo a la Nueva España.

Su nombre se debe a que se encontraba al margen de una gran ciénega, de unos manantiales u ojos de agua que dieron origen al Río Chicalote, un afluente del San Pedro, Santiago, Pirules o Aguascalientes.


Ciénega Grande se ubicó en la región Chichimeca, en donde a partir del año 1590, año de la supuesta pacificación o exterminio, por el conquistador. Región ubicada en el Camino de la Plata, la gran super carretera colonial, que partía de la Nueva España, Cuahutitlán, Tepejí, San Juan del Río, Querétaro, San Felipe Torres Mochas, Mochis, Ojuelos, Ciénega Grande, Cuicillo, hasta llegar a Zacatecas, trayecto utilizado por el transporte de la riqueza cuyo recorrido se realizaba aproximadamente en un mes, dependiendo la estación del año y los frecuentes ataques indianos, camino marcado por los primeros fuertes o presidios españoles de la historia.


En lo que queda de esa hacienda todavía hay algunos restos de lo que fue un fuerte o presidio de aquella época. Esa región fue muy rica en agua y otra de las características de esa hacienda de beneficio que data de principios del siglo XVIII es que da cuenta de un lugar histórica y geográficamente muy importante para el desarrollo de Aguascalientes.

Las gentes que ahí estuvieron fueron muy connotadas y contribuyeron notablemente al desarrollo de la Entidad. Cuenta la historia, nos dice, que en 1704 en nombre del gobierno de la colonia el virrey, el duque de Linares, otorgó al oidor don Francisco de Feijoo una dotación de tierra que dice la letra: "En el campo y en el término de los asientos, y paraje que llaman el fuerte y el ojo de agua, centro público y conocido del sitio de la `Ciénega Grande' y que desde hoy, 5 de mayo, se llama San José de Linares".


Era una extensión tan grande que se partió en dos haciendas y fue así que para el año de 1727 las principales haciendas de beneficio, así como las más productivas minas del Real de Asientos comienzan a ser explotadas por los Jesuitas en su hacienda de San José de Linares, la cual tuvieron que abandonar al ser expulsados en 1767.


Luego fue propiedad del conde Diego de Rul, peninsular muerto en 1811 en la célebre batalla del Sitio de Cuautla, al lado de Calleja combatiendo a Morelos, ilustre personaje que también fue propietario de las minas, Descubridora, Santa Francisca y La Impensada, así como de la ex-hacienda de San Jacinto y Cieneguilla, en donde se inicia la crianza de reses bravas que a fines del siglo XIX pasan a San Miguel, concluyendo en Peñuelas, crianza a cargo de los Dosamantes Rul.


En la región de la hacienda de Ciénega Grande, agrega Tita Topete, se dieron procesos sumarios contra insurgentes como Santos Duarte alias "El Cócono" y por el rumbo de Asientos, Julio Macías alias "El Botas Prietas". Para 1843 don Gil Rangel subrendó el lugar terminando en el año de 1860 para convertirse en su dueño y es entonces cuando incrementó la explotación minera de plata y de beneficio en Ciénega Grande.



El activo comercio de insumos para la minería y el transporte de toneladas de metales beneficiados hicieron del camino la más importante ruta de la región por espacio de casi un siglo, tiempo en el cual se formó una próspera empresa agropecuaria.

Al iniciar el siglo XVIII, a unas cuantas leguas de la hacienda se descubrieron vetas de plata, lo que transformó el lugar en una fundación minera por espacio de 30 años. La minería fue entonces el eje de la vigorosa economía colonial.


La hacienda de Ciénega Grande vio incrementadas sus ganancias no sólo por la venta de sus productos agropecuarios, sino también por las actividades mineras. Experimentados mineros fomentaron la construcción de infraestructura como tiros, socavones, puentes y acueductos que beneficiaron a la hacienda entre 1710 y 1740. Los mineros de Asientos y de Ciénega Grande trataron de fundar en tierra de ésta un pueblo nuevo, exclusivo para españoles y su servidumbre, con el nombre de San José de Linares, proyecto que nunca se llevó a cabo.


De 1861 a 1930 se le agrega el renglón ganadero y agrícola, siendo los titulares en ese espacio don José María Rangel y sus hermanos.

Como dato curioso don Gil Rangel, a quien también supuestamente se le debe el nombre de la estación ferrocarrilera aledaña conocida como Estación San Gil, pues se ubicó en los terrenos de la vieja hacienda. Falleció en la hacienda Ledesma y fue sepultado en la torre de la capilla de Ciénega Grande.


A don Gil Rangel, un hombre que impulsó fuertemente la actividad comercial, mandó construir una alhóndiga que en la actualidad aún existe y es sede de una maquiladora.

Ciénega Grande fue una hacienda de beneficio minero muy singular, con las características de su época y a un costado de su casco, tenía un gran molino que producía las harinas para la alimentación no sólo de su gente, sino de toda la zona aledaña.


Luego Tita Topete dice que a principios del siglo XX, uno de los familiares de don Gil Rangel, Pedro Gil Otero, tiene una confrontación a balazos con campesinos que peleaban por el reparto agrario y antes de morir en la refriega, mató a varios de sus agresores.

Su familia pretendió enterrarlo en la capilla de Ciénega Grande, sin embargo se encontraron con que la gente que mataba y moría en un enfrentamiento a balazos quedaba fuera de los ordenamientos religiosos, por lo que no dejaban que fuera sepultado al lado de sus antepasados. Hubo muchos dimes y diretes por lo que al final y sólo porque era el dueño del lugar se permitió que su cuerpo quedara en la torre.


La hacienda, ante el paso del tiempo va perdiendo su esencia, se convierte en improductiva al ser rebasada por la tecnología de los nuevos tiempos, los climas cambiantes, el aumento poblacional, el crecimiento urbano la van absorbiendo y dejando sola.


La tecnología hace su aparición y con ella la incipiente industrialización que trae las primeras fábricas a Aguascalientes, por lo que las haciendas inician el declive.

Es entonces cuando la hacienda va pasando a segundo término ante el cúmulo de deudas, de problemas, de tenencia, de usufructo y de muchas cosas que se dieron para acabarla.


Pasa a ser un renglón secundario.



En su seno se configuraban la gran casa, la llamada "Casa Grande", muchas con una arquitectura extraordinaria, tenían también su iglesia dedicada a determinado patrón, que casi siempre eran una joya que aún se aprecian en los vestigios en casi todo el Estado.

Todo eso habla de la enorme importancia que tenían para la Entidad y el país mismo. En torno de ellas había también las humildes casas para los peones e incluso las famosas "Casas de Raya".


Vienen después los problemas políticos y económicos que son el principio del fin para la hacienda y es entonces cuando se da paso a la pequeña propiedad o ejido.

Son los tiempos de la Revolución, se parten, se bifurcan con el ejido, una intención muy laudable pero cuando se habla de tierra se habla de dinero, de inversión y un ejidatario no está en posibilidad de hacer fuertes inversiones para hacer productiva la parcela que en su momento es mala y más en Aguascalientes, donde el clima es muy errático.

Esto se multiplica en pequeña propiedad y ejido, sobresaliendo la primera, un ente que tiene cierta solvencia económica vía financiamiento bancario, por lo que es frecuente que cambie de manos.


La Reforma Agraria todavía a últimas fechas ha afectado notoriamente a muchas haciendas y en Aguascalientes ya son pocas las que quedan realmente en buenas condiciones, otras han ido desapareciendo.

Es por eso que en el nuevo siglo, tanto autoridades como iniciativa privada deberían hacer un gran esfuerzo para tratar de rescatar parte de ese gran tesoro que está perdiéndose por el inexorable paso del Padre Tiempo.

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