Un gran libro que hace olvidar por un momento las crisis

¨La Resuave Patria¨


POR GILBERTO CALDERON ROMO


El humor supone reflexión, madurez, no tomarse demasiado en serio las cosas o las crisis, y nosotros los aguascalentenses, de acuerdo con nuestra imagen de marca, somos gente que se toma en serio en forma extrema, de allí que hoy en las calles es fácil ver cómo la gente trae el rostro adusto, preocupada por llevar de comer, pagas las deudas y cumplirle al gobierno, de allí que hay quien dice que viven solo para trabajar, olvidando sonreír y disfrutar de la vida minuto a minuto, sobre todo porque no sabemos si mañana vamos a vivir.

EL BAILE DE LOS CHARROS (II)

Nos quedamos la semana pasada, digresiones aparte, en que se encontraban arrancándose a golpes los charros del baile contra los facinerosos civiles que fueron de colados y realmente nadie daba ni pedía cuarteI. Parecía una de esas tantas batallas que se dieron en la Revolución, cuando la caballería de Pancho Villa cargó contra las tropas de los yaquis de Obregón en el estado de Guanajuato con desastrosas consecuencias para todos.

Resulta que el procurador Jesús Ávila Femat, presente en tan sonado festival cultural charro, ordenó a los judiciales que detuvieran a los rijosos y procedieron en consecuencia contra Felipe Camarena Chávez distinguido ciudadano, honra y prez de la cultura aguascalentense: pacífico y ordenado como el que más, ejemplar padre de muchas familias sin hogar, hombre cultivador del amor y de las trapacerías, pero al fin y al cabo buen muchacho.


En vista de tal arbitrariedad el esbelto matador aquicalidense ¨Exquisito¨

Abrantes la emprendió contra los guardianes de la ley y entonces sí que la lucha entre charros y cristianos se desplazó para ser una contienda entre poIis, y civiles: dos espectáculos por el mismo boleto. ¨El Charro¨ Cuellar se tragó el micrófono cuando quiso hacer la crónica del encuentro. Lástima que no estaban presentes ni Felipe Reynoso Jiménez, experto en artes marciales, quien hubiera acabado con la riña con dos golpes de karate, ni el reconocido violinista Miguel Aguayo Mora, quien con los chirridos estridentes de su Stradivarius hubiera dejado sorda a la concurrencia. Dicen que toca peor que Tobi, el de las historietas.

Por cierto que el charro Juan José de Alba anda diciendo que no le quiero dar la cara -ni tampoco la barata, agrego yo- y que cuando me vea me va a romper todos los huesos y luego me los va a pegar. Como no sé si es mejor ortopedista, traumatólogo o político, también ignoro a que le tengo más miedo: a que me rompa los huesos, a que me los pegue o a que me los cobre, dado lo elevado de sus emolumentos. Pero vayamos ahora un poco con otros de los protagonistas de esta aventura singular.

Vale aquí hacer una semblanza de la Judicial. Era comandada en ese tiempo por el integérrimo don Eugenio Hernández, hombre cabal como cualquiera o como pocos. Dice Manolito Ramírez, ¨El Abogao¨ Chico, que un día fueron a comer a un restorán de la feria, el Bulerías, el honorable licenciado José Padilla Cambero, de intachable conducta, el cantante de tango Netzahualcóyotl Aguilera y el inefable don Eugenio, jefe de la honorable Judicial del estado. Al ser inquiridos sobre cómo querían su carne, Pepe dijo: "A mí término medio"; Netza respondió: "A mí tres cuartos", y don Eugenio, ciscado, afirmó: "A mí démela completa porque yo sí traigo mucha hambre".

El caso es que desde entonces la Policía Judicial de Aguascalientes se distinguía por sus avances en las ciencias policiales y en sus instalaciones se daban cursos sobre los más avanzados métodos de investigación. Los peritos de Scotland Yard, del FBI, de la DEA, del G2 cubano, y otras instituciones eran enviados a tomar cursos de capacitación en Agüitas, al grado de que lo que comenzó como una simple academia con el tiempo pasó a convertirse en una flamante Universidad Internacional de Investigación Científica contra el Hampa, bajo la sabia rectoría del doctor Saúl Díaz. Decía Saúl que él sí era rector, no como ese mugre ¨Vikingo¨ que sólo se preocupa por mantener limpias las ventanas y podados los jardines del campus de la UAA sin ocuparse de la excelencia académica. "A ese gordo pelirrojo -afirmaba enfático-, mejor que lo manden a cuidar un campo de golf. A mí me hace los mandados. Y a decir de algunos profesores de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, no le faltaba razón al politeco.


La pulcritud de la Judicial comenzaba desde el edificio; tenía una escalinata de mármol de Carrara, del mismo pedido con el que se levantó el Partenón de Zihuatanejo; en la plazoleta había unas columnas rematadas con capiteles dóricos, jónicos y corintios y también había columnas de contabilidad. Sobre el ábside resplandecía la figura de Minerva, la diosa de la sabiduría que presidía el quehacer de los agentes judiciales. Entrando, junto a la barandilla estaba la imagen de la justicia empotrada a la pared a la que los fieles policías le habían añadido unos rayos como los de la Guadalupana y a sus pies la foto de ¨Tolo¨ Díaz de León antes de que se hiciera malo, esto es cuando tenía dos meses de edad.

Cuando uno comparecía en las oficinas de la Judicial era galantemente atendido por un portero uniformado como los del Hotel St. Regis de New York o el Georges V de París y cordialmente invitado a pasar. Unas bellas edecanes con minifalda le tomaban a uno su declaración luego de servir copiosas dosis de champagne, caviar, crépe zusette o de huitlacoche. Una vez terminado el procedimiento y en espera de más aclaraciones era uno invitado a pasar la noche en una recámara de ensueño, toda llena de satines y de minks, con espejos por todos lados, con bellas odaliscas refrescando al huésped con tupidos abanicos de avestruz. Había saunas, vapores de todos tipos, jacuzzis y bocadillos de Juan Gabilondo Andrea. Era toda una delicia. Habla del buen gusto de la policía


aguascalentense que cuando Miguelito Romo puso enfrente su estatua de latas de Tecate la corporación enardecida empuñó sus metralletas y perforó aquel adefesio como una muestra del desprecio social hacia el capricho antiestético de los gobernantes. En una ocasión, escarbando en busca del registro del drenaje del edificio de la Judicial, se encontraron en un hoyo tres esqueletos. Saúl Díaz luego opinó, con ese su reconocido olfato policiaco: "Hay que llamar al Museo de Antropología para que vengan a recogerlos porque a mí se me hace que éstos eran chichimecas que se enfrentaron al capitán Pedro de Alvarado, de las huestes de Hernán Cortés". "No -respondió el capitán Z. Eddy,


rascándose la nuca-, mejor hay que enviarlos al Museo de Arte Contemporáneo, estas personas eran muy modernas. ¿Qué no ven que éste todavía trae su American Express Golden Card?" "Ah pos sí", asintió el primero. El ameritado procurador de Justicia Jesús Ávila Femat se opuso resueltamente a ambas iniciativas, aduciendo lo siguiente: "A mí me parece que los difuntitos eran clientes del licenciado Carlos Aguilar, alias ¨El Oaxaco¨. pues cuando les cobra sus servicios los deja en los puros huesos". Ninguno de los tres reparó en que uno de los esqueletos todavía tenía pegada a la nariz una botella de agua mineral con chile piquín y mostraba un rictus de espanto y sufrimiento.

Pasando a otro tema y acordándome de los boxeadores de los que les hablaba la semana anterior, el otro día coincidí en el vuelo de Aeroméxico con Jorge ¨El Maromero¨ Páez, quien iba hasta Tijuana, y le inquirí que por qué no hacía una escala en Aguascalientes. Me contestó entristecido: "No, manís, aquí en Aguascalientes tengo mucha competencia; por eso me fregaron en el D. F. Son cosas de política". "Mira-añadió, viendo por la ventanilla a 30 mil pies de altura- ¿ves a aquel gordito haciendo marionetas hasta el cielo? Es Manuel Moreno Sánchez, campeón de las maromas: del PRI se pasó al PSD y ahora al PRD. ¡Mira qué bonitas le salen las piruetas! Observa para allá, es el joven Ortega de León, del trapecio del PRI se pasa al del PAN. ¡Aquella gordita que se entrena apenas, es la joven Palomino! ¡Cunden el ejemplo de Porfirio y de Cuauhtémoc! Así ¿quién se sube a un ring? A ellos no los multan, a lo mejor los premian. Los cirqueros son ellos, no soy yo". Yo me apee en Aguascalientes y él siguió llorando. (Continuará)

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