Un gran distintivo de Aguascalientes…

Jardínes, fuentes y kioskos


ALDO BONILLA CHAVEZ



Todos recordamos con agrado lo que en un momento dado convivimos, compartimos o gozamos con todo lo que atañe al Aguascalientes del ayer.

El Aguascalientes romántico que se significó por forjar al que hoy estamos disfrutando en el nuevo siglo. Personajes, hechos, instituciones y anécdotas que nos hacen evocar al tiempo de nuestros padres, de nuestros abuelos.


Tiempo que ya no volverá.

Hay quienes dicen que el pasado es pasado y mejor ni hablar, sin embargo aquí sostenemos que recordar es volver a vivir y a disfrutar de hechos que contribuyeron a vigorizar la identidad y el orgullo de los aguascalentenses.

En FUERZA AGUASCALIENTES hemos dado cuenta de la extraordinaria historia de Aguascalientes, esa que tanto nos llena de orgullo.


Hoy, en plática con la licenciada e historiadora Tita Topete Ceballos, volveremos a evocar hechos del pasado, esos que habíamos dejado por algunas semanas, ya que la historia y sus personajes así nos había obligado.

Y nos habla con inmenso gusto de jardines, fuentes, kioskos y construcciones que llegaron a distinguir a nuestra ciudad.


Mientras que nos muestra algunas de las fotos que adornan este trabajo, Tita Topete Ceballos nos cuenta que a principios del siglo XX había una fuente que se denominaba de Las Ranas que estaba sobre la calle Madero antes de llegar a la Plaza de Armas.

Por el antiguo Callejón de Zavala o Avenida Madero se ubicaba una pileta que tenía figuras de ranas a su alrededor, una fuente muy pintoresca que le daba un aspecto especial a la calle, sobre esa avenida había unos leones que contribuían a darle una escenografía especial. Unos leones estaban en la desembocadura de la calle y otros estaban en Morelos y Madero.


Había un camellón central que hoy sería difícil mantenerse por la gran afluencia vehicular.

En aquellos tiempos había buen espacio para la cantidad de autos que transitaban.

Le daban un aspecto de adorno decorativo a la ciudad.

Adornos y decoraciones que a mi juicio, dice, deberían tener todas las ciudades, sobre todo porque nos identificaban como una ciudad pujante.

Y aquí nos cuenta una anécdota.



Resulta que hace muchísimos años, en una reunión de Cabildo un regidor dijo que había que cambiarle el nombre de Ignacio M. Marín a la Calzada Arellano -la Alameda-, que hizo Rafael Arellano Ruiz Esparza. Qué importancia tiene Arellano?, preguntaba, cuando lo único que había hecho en su gobierno era haber hecho plazas y mejorar la Plaza de Armas, cuando M. Marín había impulsado como pocos la cultura.


Y para ver el pensamiento de aquella época, dice Tita Topete Ceballos, otro dijo que sí, que se le cambiara el nombre a la Calzada Arellano, porque las plazas y jardines para lo único que servían ``es para ir a tener malos pensamientos y acciones con la pareja''.

Mi abuelo, que era regidor, agrega, fue don Zacarías Topete, fue quien dijo que si don Rafael Arellano había hermoseado las plazas públicas de Aguascalientes era más que merecido que la Alameda llevara su nombre.

En la Calzada Arellano antes de llegar a la antigua XIV Zona Militar, existió, agrega, un kiosko con características singulares.


Llamaba la atención porque tenía una altura de dos metros en la parte donde se considera que la gente estaba para las audiencias de ese entonces y no tenía escalera.

Era un círculo alto y con techo y no nos explicábamos por qué no tenía escalera, no se veían vestigios, huellas o rastros de que hubiera tenido una escalera para accesar al mismo. Nuestra Alameda, agrega Tita Topete Ceballos, en el transcurso del tiempo sufrió modificaciones.


En alguna ocasión se le construyó una fuente en su confluencia con los baños de Ojocaliente, casi donde inicia la carretera a San Luis. Era una fuente rectangular de azulejos, que duró bastante tiempo en ese lugar, en el semiabandono.

Fue desde entonces, dice, un paseo realmente extraordinario.


Arellano Ruiz Esparza, advierte, pregonaba que era importante para Aguascalientes y para cualquier lugar que se le diera más énfasis al adorno de nuestra casa común que es nuestra ciudad, que ante la visita de extraños buscarán los puntos de referencia que sean gratificantes para quienes circulan por nuestras rúas.

Luego cuenta que una fuente que desapareció fue la Del Pueblito, que estaba en el Jardín de San Marcos.



Era de mosaico imitación Talavera, hecha por los artesanos del Barrio de Guadalupe y fue muy singular porque le dio mucha vista al Jardín y que desapareció ante el avance modernizador que hemos tenido. El jardín tenía pequeñas fuentes en las jardineras y era una selva enmedio de la ciudad que hoy en día está abandonada en su follaje, el cual ha sido menguado terriblemente por el paso del tiempo. Otra adorno interesante que se encontraba en el jardín era la fuente central que cuando se desmanteló el primer kiosko se convirtió en una fuente monumental que por desgracia desapareció.

Afortunadamente, agrega, hoy se están rescatando fuentes, kioskos y jardínes que datan de hace siglos.


Un buen ejemplo lo constituye la remodelación del Jardín de Zaragoza o la restauración del antiguo edificio de Los Baños de Los Arquitos, pues si bien esas presencias arquitectónicas, al igual que el Jardín de San Marcos, la Estación y los jardines de Guadalupe y El Encino, son símbolos visuales y espacios que la gente sabe y siente suyos.


El mural de losa vidriada del Jardín de Triana era particularmente importante no sólo por su diseño, sino que recogió información histórica de la fundación de ese barrio, diez años antes del surgimiento de la Villa de Aguascalientes (en 1565), así como otras informaciones relativas a la edificación del templo y, la introducción, en 1865, del sistema de agua potable, por medio de acueductos, y la inauguración de las tres fuentes públicas conocidas popularmente como el Encino, la del Obrador y la de los Perros.


El 7 de junio de 1565 fue otorgada una merced de tierras a don Hernán González Berrocal, en el paraje denominado "Los Chichimecas", que a la postre fue el asiento de este Barrio de Triana, que tiene una plaza con un jardín primoroso. El 12 de enero de 1773 se inició la construcción del templo destinándose desde entonces al ya arraigado culto del Cristo Negro del Encino.


Más de cuatro siglos de historia y la obra de pintores, poetas y toreros, la vida y el ejemplo de prohombres nacidos en Triana, han acrisolado en sus moradores un genuino orgullo de pertenencia a este evocador rincón de Aguascalientes.

Luego Tita Topete habla del jardín que es orgullo del barrio de Guadalupe.

A finales del siglo XIX fue conocido como ``Jardín Porfirio Díaz'', época en la que se hicieron muchos jardínes y plazas públicas en todo el país.



Bajo los auspicios del Cura Párroco Miguel Colón de Larreategui se realizó la construcción del templo de San Marcos, cuya consagración tendría lugar el 15 de diciembre de 1763, arraigándose con el tiempo el culto al Santo Evangelista.

El Ayuntamiento dispuso en 1847 la construcción de la balaustrada de este hermoso vergel con el propósito de dar mayor lucidez a la "Función de San Marcos", cuya fama se extendía en el corazón de México. Desde entonces, cada primavera, este jardín es fiel testigo de la alegría que emana y se desborda del alma popular.


Detalla luego que en la calle José María Chávez existió la Fuente del Obrador.

Estuvo justo en la esquina con Hornedo. Fue una fuente singular donde se abastecían de agua las gentes de la ciudad, era de fines del siglo XIX y como muchas cosas, pasó a la historia. Otra que no era fuente pero que era punto de referencia singular la constituía la "Pila de los Perros", en la colonia Altavista.


Esa pila no tenía gran chiste, era simple y cuadrada, donde la gente se surtía de agua y el mote se debía a la gran cantidad de canes que habitaban por la colonia que acudían al sitio.


Otra fuente famosa fue la del Jardín de Zaragoza.

Los kioskos fueron otros de los adornos connotados de nuestra ciudad.

El de Las Flores que estuvo ubicado frente al Templo de San Diego, al paso del tiempo desaparece aunque no dieron motivos.

Otro singular lo constituyó el que estaba a un costado de la Plaza de Armas, era el lugar donde se acomodaban los grupos musicales que daban conciertos y audiciones los días de fiesta, los domingos, a las gentes que se iban a recrear por esos espacios verdes de la ciudad.


Luego la directora del Archivo General Municipal dice que la memoria popular guarda el recuerdo de algunas de fuentes públicas, como la de los Cisnes (Plaza Principal) construida en 1846 y demolida en 1895.

La Del Obrador (hoy José María Chávez) edificada en 1860 y derribada en 1930; la de los Azulejos construida en el Jardín de San Marcos en 1923; la de la calle Madero, obsequiada en 1927 por la Tabacalera El Buen Tono; la de los Perros en la calle de La Merced, etc.

La fuente que distinguió al jardín de la Estación, se proyectó en 1933 siendo superintendente de talleres Alberto Bribiesca.


La fuente de los Azulejos estuvo en la calle Juan de Montoro, casi llegando a la glorieta de la Purísima, que se inauguró a fines de 1960 y se demolió en 1978.

En 1984 se inauguró la que se dedicó al escultor Jesús F. Contreras en el llamado Jardín de los Palacios.


La glorieta o fuente del "Quijote" la inauguró en 1985 el alcalde Miguel Romo Medina.

Con toda seguridad hubo muchas otras fuentes famosas, cuyo recuerdo se ha perdido en la memoria; sin embargo, estos monumentos cumplieron durante muchos siglos la noble tarea de calmar la sed de los habitantes, al mismo tiempo que realzaban la belleza de las plazas de la ciudad de Aguascalientes.

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© 2023 por "fuerza aguascalientes". Creado por aldo bonilla