Todo un sello distintivo de Aguascalientes

Catedral, Palacio de Gobierno y la Exedra


Es enorme la riqueza arquitectónica e histórica de Aguascalientes.

Es sin duda alguna, pese al modernismo, a los pasos a desnivel, a las grandes avenidas y enormes -ciudades satélites- que hoy existen, lo que nos da identidad, lo que nos hace identificarnos como aguascalentenses. Es una riqueza que quizás porque la vemos cotidianamente, no se dimensiona en todo lo que vale e incluso se le minimiza.


Sin embargo, es el testigo fiel de un pasado lleno de gloria, de leyendas, de tradiciones que hoy todos estamos obligados a preservar. Son muchos los monumentos que Aguascalientes tiene en sus jardines, en sus calles, en sus edificios y sin embargo, también es cierto que pocos conocen verdaderamente del por qué se hicieron.


Ya en pasadas ediciones de FUERZA AGUASCALIENTES nos hemos referido a algunos de ellos y lo hemos hecho con gusto, con el mismo que hoy comentaremos de algunos que nos distinguen como ciudad porque forman parte de una historia que aún no termina, ya que todos la estamos escribiendo, somos parte de ella.


LA CATEDRAL BASILICA


Los antecedentes urbanísticos de lo que hoy es la ciudad de Aguascalientes, lo formaban dos construcciones muy sencillas que debieron de ser anteriores a 1575.

La que posiblemente fue la primera consistía en una ermita en honor de San Sebastián, que se localizaba en un sitio cercano al templo del Rosario, por la actual calle de Venustiano Carranza, la otra construcción consistía en un fuerte o presidio, que se localizaba en la esquina de las calles de Moctezuma y Victoria, a la vera de lo que fuera el también antiquísimo Camino Real nombrado de Las Villas, que cruzaba por esta ciudad a lo largo de las actuales calles de 5 de Mayo y José María Chávez.


A fines de 1574 ó principios de 1575 el capitán don Juan de Montoro, al mando de un grupo de doce vecinos de Santa María de los Lagos, fue el encargado de realizar las operaciones llamadas de la traza. Con la expedición de la Real Cédula del 22 de octubre de 1575, firmada por el Dr. Gerónimo de Orozco en su calidad de presidente de la Real Audiencia de Guadalajara, que una de sus partes dice: se proveyó e mandó se hiciese el asiento y trazo de la dicha Villa a la cual pusimos y ponemos por

nombre la Villa de la Asunción, quedó formalizada la fundación de la hoy ciudad de Aguascalientes.


El 25 de octubre de 1609, el Sr. licenciado don Gaspar de la Fuente, del Consejo de su Majestad, su Oidor en la Real Audiencia de la Nueva Galicia, andando por estas tierras como visitador general del Reino, proveyó en esta Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguascalientes, un auto o mandamiento que dice: de aquí adelante los edificios que se hicieren sean juntos y congregados, de manera que la traza que han de guardar ha de ser dejar una plaza de cien varas en cuadra y en la cuadra frontera a la parte del sur este la Iglesia, y entre una cuadra y otra haya una calle de veinte varas en ancho, y luego a los lados de dicha plaza se señalen otras tres cuadras de cien varas en cuadra cada una y en cada una de ellas haya cuatro solares, los cuales se repartan entre los vecinos que al presente hay no teniendo casas, y siempre prefieran en los dichos solares los que primero vinieron, y ocupados éstos, dejando otra calle de veinte varas en medio.


Como se verá tal disposición no fue acatada por las autoridades encargadas de su ejecución.

Sin embargo a la vera del antiguo Camino Real de México a Zacatecas, que según la tradición abriera el milagroso batallador carretero Sebastián de Aparicio, se congregaron las primeras edificaciones.

Se principió la construcción de la modesta capilla, que andando el tiempo habría de ser el templo parroquial de la Villa y hoy nuestra bella Catedral.


LA COLUMNA DE LA PLAZA PRINCIPAL



Este monumento es, sin lugar a dudas, unos de los más representativos de la ciudad y tiene su origen cuando en 1808, el Cabildo Municipal ordenó la construcción de una columna en honor del rey Carlos IV de España, que gobernaba el inmenso imperio español al que pertenecía México.

La estatua debía rematar con la imagen de dicho rey, pero como la obra se concluyó cuando éste había renunciado a favor de su hijo Fernando VII, la historia oral coloca como remate en forma de busto de cantera de este monarca.


La supuesta efigie de Fernando VII permaneció en la columna hasta los primeros días de julio de 1821, cuando al lograrse la Independencia, la euforia popular determinó que el mismo pueblo se encargara de bajar el busto, para borrar toda relación de dependencia que se tenía con el imperio español. Con el paso de los años, otros elementos fueron agregados en torno a la columna.

En Ia administración municipal de 1842-1843 se colocaron en la base de dicha columna cuatro cisnes metálicos que vertían chorros de agua por los picos hacia igual número de tazones; estos tazones tenían como base una cabeza de perro en relieve, la cual depositaba por el hocico el agua dentro de la fuente que había alrededor de la base.


Con el tiempo, la plaza cambió de fisonomía.

En 1887 el gobernador Francisco G. Hornedo mandó construir un kiosko a un costado de la columna.

Hacia 1895, se tuvo la iniciativa de colocar en la cúspide de la columna una estatua de Miguel Hidalgo y Costilla, obra que no se logró concretar.

A fines del siglo XIX, se quitaron, por instrucciones del cabildo los cisnes, porrones y la fuente que circundaba a la columna.


En el siglo XX la Plaza Principal sufrió varias remodelaciones.

En 1949, durante el gobierno de Jesús María Rodríguez se construyó la Exedra que conocemos y se adosó a la base la fuente dedicada a Manuel M. Ponce.

Durante el gobierno de Rodolfo Landeros Gallegos la plaza transformó algunos de sus elementos arquitectónicos: se cambió el diseño de la fuente y se colocó en la cima de la columna al Aguila Republicana, réplica de la que se encuentra en el Monumento a la Raza en la ciudad de México y que es obra del escultor aguascalentense Jesús F. Contreras.

Es un monumento que, según muchos, se ubica en el centro exacto de la República, aunque los historiadores dicen todo lo contrario.


Data de hace muchos, muchos años y por ello su historia es larga e interesante.

Surgió como un signo de grandeza.

Con el paso del tiempo ha honrado a una ciudad que aún dentro del modernismo que hoy la han transformado, ha logrado conservar no sólo su ambiente provinciano, sino su clima de paz, tranquilidad, trabajo y camaradería.


PALACIO DE GOBIERNO


Este inmueble ha sido escenario de múltiples acontecimientos históricos, políticos y sociales y hasta la fecha lo sigue siendo sin dejar de ser una de las principales atracciones del apacible paseo vespertino o de fin de semana. El edificio de Palacio de Gobierno es pues, algo más que un monumento, algo más que un elemento distintivo porque es una parte muy valiosa para esa sociedad que hoy camina unida hacia mejores horizontes.


Hoy en que tanto se habla de la transformación, del cambio tan admirable que ha sufrido Aguascalientes en tan sólo unos cuantos años, claro que vale la pena introducirnos al pasado y recordar los hechos trascendentales que hicieron a esta ciudad.

Angel Hernández Arias, historiador e investigador, nos dice que de acuerdo a una investigación que realizó el inolvidable maestro don Alejandro Topete del Valle, el terreno que ocupa, al igual que el de Palacio Municipal, fue originalmente adjudicado por vía de "merced" a Martín Fernández de Baulus y Gaspar de Aguilar, como primitivos vecinos que fueron de la naciente Villa de la Asunción de las Aguas Calientes, allá por los albores del Siglo XVIII.


Fernández de Baulus vendió su parte a Gaspar, quedando éste como dueño absoluto de toda la cuadra que, conforme a reales ordenanzas, debería tener 100 varas de frente.

Gaspar contrajo matrimonio con Bernarda Salado, nieta por rama paterna de Joanes de Salado y por la materna de Pedro Fernández de Basulis y de María Gabay Moctezuma, e hija de Bernardo Salado y Juana de Siordia.


Del matrimonio nacieron Juana, Constanza, Catalina y como único varón, Bernardo. El 26 de mayo de 1665 permutó doña Bernarda el terreno, por otros de parecido precio y calidad, ante la fe del alcalde mayor, Juan Rincón de Vivar, con el cura párroco de la Villa, don Pedro Rincón de Ortega, quien había mandado fundar un vínculo y mayorazgo sobre sus haciendas de Ciénega de Mata y por cláusula de su testamento, con la condición de que el poseedor del terreno llevara siempre en primer término el apellido Rincón.



Era preocupación de Rincón de Ortega edificar una mansión para que en ella viviera con la suficiente autoridad y decencia el Mayorazgo que se fuera sucediendo por línea de varón.

Es entonces cuando en 1665 comenzó la construcción de lo que hoy es Palacio de Gobierno. Don Pedro sentía que su final estaba cerca y quería ver terminada la finca y no estaba equivocado, pues murió el 10 de enero de 1666 en su Hacienda de Peñuelas, quedando la casa aventajada en su construcción.


A su muerte se hizo cargo de sus bienes su hermano, el capitán don Juan Rincón de Vivar, quien se casó con Catarina Pérez de Aguirre, teniendo como hija única a Juana, a quien correspondería la fabulosa herencia de su tío. Juana se casó con el capitán Nicolás Gallardo el 2 de febrero de 1650, era uno de los dueños de la Hacienda de Tayahua. El mayor de sus hijos fue José Rincón Gallardo, que fue el primer poseedor del Vínculo y Mayorazgo y quien se encargó de concluir el edificio de Palacio de Gobierno.


Y así, de padres a hijos, se sucedió la posesión de la opulenta finca, figurando entre ellos Manuel Francisco Javier Rincón Gallardo y de Luna, Francisco Javier Pablo Rincón Gallardo y Feijo, José Antonio Anastasio Rincón Gallardo y García de Rojas. Llegó a su turno como poseedor de la mansión a Manuel Rincón Gallardo y Calderón y Berrio -coronel del Regimiento de Dragones de San Luis y primer marqués de Guadalupe Gallardo-, sucesor de él fue José María Rincón Gallardo, quien llegó a ostentar el grado de general del Ejército Mexicano y quien se considera fue el último propietario.

Vendió la mansión a su sobrina en segundo grado, Andrea López Pimentel de Basauri, el 17 de junio de 1836, ante la fe del escribano público José María Calvillo, por la cantidad de 18 mil pesos.

Ella la vendió luego el 29 de noviembre de 1842 a Pedro Oviedo, dueño de la Hacienda de San Diego de La Labor, en Calvillo, por 20 mil pesos.


Don Pedro la transformó entonces en el llamado "Mesón de la Unión", conocido también como la "Casa del Vínculo". Al morir, dejó sus bienes a sus hijas Inocencia y Agapita Oviedo, quienes vendieron el predio al Ayuntamiento, en su calidad de patrono de una benéfica fundación que instituyó el presbítero Ignacio Rincón Gallardo, venta que se hizo el 17 de noviembre de 1855 por la cantidad de 19,360 pesos.


Para entonces eran los tiempos, nos dice Angel Hernández, del gobierno de Benito Juárez, los tiempos de la Reforma, por lo que la propiedad pasa entonces a ser propiedad del gobierno del Estado, ya que por disposiciones legales se establecía que los bienes eclesiásticos, a partir del 25 de julio de 1856, tenían que ser vendidos.


Es entonces cuando don Jesús Terán y Peredo, a nombre del gobierno compra el inmueble al Patronato, representado por los síndicos municipales José María López de Nava y Leonardo Barragán, en un precio que hoy es irrisorio y que fue de 16,666 pesos con 5 reales y 4 granos, más un adeudo que se tenía en impuestos prediales que los diferentes dueños habían dejado de cubrir durante largo tiempo. Desde esa fecha, el inmueble, casa de los Rincón Gallardo, pasó a ser lo que hoy se conoce como Palacio de Gobierno.


Al paso del tiempo ha sufrido numerosas modificaciones y habrá que decir por principio que la fachada no es la original. Sus paredes fueron transformadas, al igual que sus medallones, el reloj que se encontraba enmedio de los dos Palacios pasó a ser parte de la fisonomía de la segunda torre de Catedral, allá por los años 50s. Por esa misma época se amplió la parte posterior, en el lugar donde se encontraban las caballerizas y es entonces cuando surge el segundo patio.

Palacio de Gobierno ha sufrido, afirma Angel, una serie de transformaciones que creemos han sido para bien.


Señorean en los balcones de la bella finca, los cinco blasones correspondientes a los apellidos Rincón, Aguirre, Solano-Calderón y Altamirano. Y es entonces cuando retoma las transformaciones y cuenta a FUERZA AGUASCALIEN5TES que el edificio conservó su estructura principal limitada a lo que hoy es el primer patio, pero las necesidades crecientes de los servicios públicos determinaron al gobernador Jesús María Rodríguez -1944-1950- iniciar las obras de ampliación, que continuaron los gobiernos de Edmundo Gámez Orozco, Benito Palomino Dena, Luis Ortega Douglas y Enrique Olivares Santana.



Qué bello hubiera sido, agrega, que se hubiera conservado su fachada original, que tenía más alegorías y mayor trabajo arquitectónico, sin embargo la actual también es muy bella y convierten al inmueble en algo que simboliza a Aguascalientes mismo.

Luego dice que en la década de los 50s la escalera principal se encontraba ubicada a la entrada, a mano derecha, tenía la forma de escuadra y se sustituye por la que hoy conocemos.

Decoran dos de los corredores, pinturas murales ejecutadas por el artista chileno Oswaldo Barra Cunningham, en los años 1961 y 1962, que representan el desarrollo de los medios de que se ha valido nuestra comunidad para alcanzar el desarrollo.


Barra plasma desde los fines de las necesidades biológicas, hasta aspectos tan peculiares como la tradicional Feria de San Marcos. Es indudable, agrega, que dieron otra característica muy singular, murales que fueron muy cuestionados, pero que a final de cuentas reflejaban la cotidianidad del Aguascalientes de aquella época.


Luego dice que el piso de Palacio era anteriormente extraordinario, con mosaico color marrón que daba la impresión de que Palacio de Gobierno estaba asentado en un espejo de agua.

Angel Hernández detalla que Palacio de Gobierno, a partir de que Jesús Terán y Peredo lo convierte en 1856 en tal, se convierte en la sede de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Todavía recuerdo cómo en los 60s ahí estábamos todos los servidores públicos, era otro Aguascalientes, pues ahí estaba también la Tesorería, la Dirección del Registro Civil, los Talleres Gráficos del Estado, Tránsito, Turismo.


Es bueno destacar, agrega, que no hay antecedentes que hablen de que Palacio fue tomado en cierta época por los militares, vamos ni en los tiempos de la Revolución, pues la Soberana Convención tuvo como sede el Teatro Morelos. Luego recuerda con gusto que el bello inmueble no sólo ha servido como sede de los Poderes y de las dependencias. Cómo no evocar los tiempos, agrega Angel Hernández, en que fue escenario de grandes eventos sociales, como las "tardeadas" de los 50s y 60s, así como de los bailes de coronación, y de incontables eventos artísticos y culturales.

Palacio de Gobierno, dice ya por último, es una finca que si bien es sede del Poder Ejecutivo, es la casa de todos los aguascalentenses y también un tesoro extraordinario que nos llena de orgullo.

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