Toda una gran tradición de Aguascalientes

De los mesones a la hotelería


+ Fueron los antecedentes de un sector muy pujante que desde siempre ha sido un fuerte detonando para la economía de la Entidad y se puede afirmar que su transformación asombrosa ha ido de la mano con el desarrollo que se ha logrado

ALDO BONILLA CHAVEZ



Cuando se habla del turismo y del mundo de la hotelería en Aguascalientes, cómo no reconocer que a pesar de que ya tiene tiempo que falleció, don Juan Andrea sigue siendo el símbolo de la gran hotelería que hoy se tiene. Es el ejemplo a seguir para todos los que están en ese ramo y por los que luchamos por un mundo mejor. Es, sin siquiera haberlo jamás imaginado, el precursor de una actividad que surgió por la vocación del gran mercadeo que caracterizó a la Villa de las Aguas Calientes.


Los mesones fueron, durante siglos, las grandes hospederías.

Fueron los pioneros de lo que es la hotelería del nuevo milenio.

Aguascalientes tuvo en su sitio de paso la presencia de gambusinos en la bifurcación de los caminos reales. La minería fue una de las primeras consideraciones importantes, el extraer de las entrañas de la tierra sus riquezas para enviarlas a la Nueva España, Guanajuato u otros sitios más.


Guanajuato dejó de ser minero y Aguascalientes era el paso de gente que transcurría en busca de nuevos puntos geográficos donde se pudiera explotar la tierra.

En 1575 había que dar acomodo a las gentes que pasaban por aquí.

La primera gran hospedería, según investigaciones de FUERZA AGUASCALIENTES, fue la misma construcción del fuerte o presidio que estaba sobre la Cinco de Mayo y que dio origen a la ciudad.


Era una construcción más o menos regular que custodiaba a los soldados donde guardaban sus caballos y se guarecían los viandantes, los carretoneros y los arrieros que utilizaban esos caminos en cuestión. Aguascalientes empezó a configurarse a partir de que se declara Villa, se transforma a tal grado que una vez que se asienta de acuerdo con la Real Cédula, que le da el rango de Villa y se comienzan a construir posadas, fortalezas y mesones.


Esa fue la rústica hotelería de esos tiempos.

Hay que recordar que una vez que se asienta la traza de Aguascalientes a partir de la Plaza de Armas empiezan las trazas de cuadras, manzanas y se comienzan a construir las hospederías. Las ventas, posadas, hosterías y los típicos mesones son el recuerdo de un pasado muy remoto, son el antecedente de lo que hoy es otro de los orgullos de Aguascalientes, su ramo hotelero. Tuvieron sus orígenes sobre los viejos caminos de las antiguas Villas y Ciudades.


El sitio o paso de las Aguas Calientes no fue la excepción.

Numerosos centros de hospedaje aparecieron y desaparecieron con el paso del tiempo.

Siguiendo por la calle de José María Chávez, desde la entrada de México, para continuar por la 5 de Mayo hasta la salida a Zacatecas, estuvieron los rústicos centros de hospedaje llamados San Rafael, El Refugio, San José de Cornejo, El Central o de Anguiano, La Trinidad, San Antonio, Del Buen Viaje, De la Mulita, Aizpuru y Amarillo.


En la primera cuadra de 5 de Mayo, que se llegó a conocer como Tacuba, se ubicaron tres hosterías -alojamientos de más postín-, "La Copa de Oro", "Solana" y la "Hostería de los Libres", mientras que en la tercera calle de José María Chávez, el mismo héroe titular de tal arteria abrió por los años 50s de 1800 el primer hotel formal que existió en Aguascalientes, justo como un giro anexo a su establecimiento industrial de El Refuerzo.

En la calle Colón -antes de la Real Cárcel-, estuvo la vieja Posada de la Villa, mientras que en la primera de Juárez estuvieron los famosos mesones de "Las Agapitas" y el de "Jesús, María y José".


Estamos hablando de una época muy remota que también nos debe llenar de orgullo.

Y al hablar del primer hotel que existió en la ciudad, José María Chávez, quien como gobernador luchó contra la intervención francesa, viendo la necesidad de contar con un lugar acorde al desarrollo citadino, en enero de 1861 abrió un hotel "buscando ver por la prosperidad de la República y proporcionando a los viajeros una casa con servicios, enteramente nueva tan necesaria y buscada en una ciudad tan hermosa como la nuestra".

Con este establecimiento, los viajeros que llegaban a Aguascalientes tenían una gran opción para pernoctar. Tuvo como nombre el de "La Constancia, Gran Hotel de Diligencias", lugar en el que el viajero encontraría ricos alimentos, un cuarto limpio y un buen catre de fierro.


Por lo que nos dice la historia, estuvo ubicado en la tercera calle del Obrador -hoy José María Chávez-, tenía 24 cuartos, zaguán, sala, comedor y un patio con una fuente artificial de cantera y coronada con su barandal de fierro. Cómo no recordar a los mesones de El Saucito, La Providencia, La Cruz, Ambos Mundos, del Nuevo Mundo, así como el de Guadalupe. En la tercera calle de Rivero y Gutiérrez (antes del Chorro) estuvo el Mesón de El Caballito que luego sería la Vecindad de Belén y en la callejuela de Gorostiza don Vicente Avila regenteaba el Mesón del Elefante.


En la segunda calle de Pedro Parga -antes del Apostolado- estuvo la Posada de López, que luego sería el Mesón de San Agustín. Luego de que José María Chávez pusiera su hotel, surgieron los primeros hoteles o casas de asistencia, como el de la señora Chavero en la Plaza Principal, o el que tuvo en la calle de Ojocaliente -que sería el Centenario y hoy Juan de Montoro), el de don Pedro de Hornedo y de don Martín Labroussans.


Vendrían luego los hoteles con los nombres de De la Plaza -que luego sería el Francia y hoy es Samborns-, Lafayette, Central, Francés del Comercio, San Marcos, Washington, Paría, La Sanpedreña, Robin's, Unión, Nacional, Americano, Madirón, Bellina, Alameda, Moore, Hidalgo, Concordia, Francés, Baker, Centenario y otros más.

Todo esto surgió al amparo del auge que tuvo el turismo a partir de 1884 con la llegada del ferrocarril.



El establecimiento de la Gran Fundición Central Mexicana, los Talleres Ferroviarios, la fábrica de productos de maíz "La Perla" comenzaron a darle un nuevo perfil socio-económico a Aguascalientes y eso se tradujo, obviamente, en la evolución del sector hotelero. Es bueno señalar que los mesones no siempre reunían los requisitos de comodidad y limpieza que exigían los huéspedes que atraídos por algún negocio llegaban a la ciudad. En estos mesones con un poco de dinero se conseguía un cuarto frío y una desgastada cobija. En la mayoría de las ocasiones los huéspedes traían su propio petate y el suelo era por lo general de terracería.


Eran los tradicionales lugares en donde se alojaban los arrieros junto con su mercancía y animales que la transportaban. Eran otros tiempos, sin embargo en algunos lugares, principalmente en las inmediaciones de los mercados todavía se aprecian construcciones que sirvieron como mesones. Cómo no recordar que el registro de entrada y salida de los huéspedes era comunicado diariamente al jefe de la Policía, según lo ordenaba el bando del 5 de septiembre de 1846.


Ejemplo de esto es que el 17 de marzo de 1914 el Mesón del Buen Viaje rendía parte de los "pasajeros huéspedes": Isidro Moreno, proveniente de El Tecuán y con 37 mulas cargadas de trigo. Gregorio Romo, de Rincón de Romos con 6 mulas cargadas de leña; Anastacio Bocanegra de Pueblo Nuevo con 4 burros con carbón y Luis Pérez, de Ciénega de Mata con 60 mulas con trigo. El Mesón de Cornejo recibía en esa misma fecha a 6 pasajeros con 49 burros cargados de carbón procedentes de Paso de Sotos -hoy Villa Hidalgo-.


Mención aparte merece el llamado Mesón del Amo o del Santísimo, que estuvo ubicado en los terrenos donde hoy se encuentra el Teatro Morelos y que era el lugar donde se guardaba el carruaje en que era llevado el viático. Eduardo J. Correa relató en su libro "Un Viaje a Termópolis", algunos aspectos de cómo eran los hoteles y hosterías en Aguascalientes. "En uno de los años de la década séptima del siglo XIX", cuando un viajero llegó a un hotel que estaba frente al Parián y describe cómo eran los cuartos:


Grande, modesto, con moblaje vulgar, un catre humilde, una tabla con cuatro clavijas en servicio de perchero, mesa sin toalla con cubierto de hule sin limpiar, sillas de enea decoradas con chimbrines de pésimo gusto, tosco armario de monumental copete, útiles de tocador de vil hojalata y diminuto espejo donde la huida del azogue puso los cacaraños en profusión.


Paredes lechadas llenas de desconchaduras y pavimiento de ladrillo poroso que escoba y zapatos se comen. Al lado de la cama, puesta en el rincón y junto al buró, esterilla de palma. Luego refiere que decidió dejar el hotel y se cambió a la hostería de María Engracia -el Hotel Reforma-, ubicada en la primera calle de Nieto, "a unas cuantas varas del Palacio de Gobierno". Doña María Engracia daba los pormenores al recién llegado: en el precio del hospedaje entra el cuidado de la ropa, repaso, lavado y planchado. La alimentación sencilla y abundante. Procuro los mejores alimentos, el pan blanco, de las Teresas, el de piezas de aquí adelante, de don Juanito, la leche gorda del establo de don Bruno, velas de El Moro, de don Ramón Aguayo, jabón de don Blas Macías.


Eso eran los mesones, las hosterías y los incipientes hoteles del Aguascalientes de finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX. Fue así como el crecimiento comercial y fabril de la entidad hizo florecer a lo que se conoce como la "industria sin chimeneas". Los servicios de hospedaje mejoraron notablemente ya que se atendía a un cada vez mayor número de visitantes, tanto nacionales como extranjeros. Habrá que evocar los principales hoteles que atendían a un público cada vez más exigente y entre ellos figuraron el Hotel Francia y el Washington.


El primero de ellos, como todos lo sabemos, de añeja tradición en Aguascalientes y que perduró hasta 1997. Fue parte importante no sólo de la fisonomía urbana sino también por su tradición y leyenda hotelera que le dio vida don Juan Andrea.

Y si la historia no miente, el Hotel Francia fue edificado en 1915 por órdenes del hacendado don Felipe Nieto, aprovechando la reciente apertura de la calle Madero, que antes era el Callejón de Zavala y cuya construcción fue encomendada al ilustre don Refugio Reyes Rivas.


Contaba con 20 cuartos amueblados, restaurante y la cantina denominada "Salón Frausto", anunciándose como el único de la ciudad que tiene habitaciones con baño privado. Luis Díaz Torre lo administró hasta 1940. Antes del Francia, estuvo en ese mismo lugar otro hotel que tuvo dos nombres, Lafayette y Hotel de la Plaza, que fue administrado por diferentes personas de nacionalidad norteamericana como lo fueron Andrew Wasson y Mr. King.

Otro hotel con cierto prestigio lo fue el que se conoció como Washington, ubicado en la esquina de las calles de Ojocaliente -hoy Juan de Montoro- y la de Washington -hoy Morelos-, justo donde funcionaría después durante muchos años el Cine Colonial, y que tenía 22 cuartos, cantina y billares.



En 1899 la finca tenía un valor catastral de 7 mil pesos y su propaganda manejada en inglés decía: "El mejor hotel de la ciudad, céntrico y magníficamente amueblado".

En la fachada tenía la leyenda "English, french and german spoken".


El Hotel París se construyó entre 1912 y 1914, también obra de Refugio Reyes y sirvió como tal hasta 1982 cuando se convierte en la sede del Congreso del Estado.

El Hotel Regis también fue construido por Refugio Reyes entre 1900 y 1917, en la actual calle de Juan de Montoro. El Hotel Escobedo -hoy Andrea Alameda-, fue edificado en 1908 en los terrenos pertenecientes a la Hacienda de Ojocaliente, al final de la Calzada Arellano.

Su diseño estuvo a cargo del arquitecto Samuel Chávez Lavista, desafortunadamente no dio los resultados que se esperaban y debió cerrarse. Luego fue seminario, cuartel y hasta sede de la campaña nacional para la erradicación de la fiebre aftosa.


Tras de muchos años en el abandono volvió a su uso original y hoy el Andrea Alameda es un orgullo de Aguascalientes. De esta manera al pasar el tiempo los mesones y las hosterías desaparecieron, al igual que muchos hoteles, sólo para dar paso al surgimiento de muchos otros más, la gran mayoría de ellos sumamente bonitos y acogedores que se convierten en una gran opción para los miles de visitantes que tiene Aguascalientes, principalmente en la temporada de Feria.


Nuestro desarrollo es tal que la red hotelera ya está superada y no será nada raro que en breve asistamos al surgimiento de más hoteles ya que el progreso así lo exige.

Si no conoces, afirmamos en FUERZA AGUASCALIENTES, todos los grandes pasajes de nuestra historia, entonces tampoco conoces verdaderamente lo que es esta pujante Entidad.

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