REPORTAJE Los grandes pasos rumbo a la modernidad


Aguascalientes, ciudad con historia


+ Los primeros pobladores procedentes de la Villa de Lagos, se encontraron con un valle fértil abundante en agua de temperatura elevada, con algunos habitantes al sur, con un fuerte junto al camino real y una pequeña ermita al oriente, eternamente vigilado por un gigante inerte


ALDO BONILLA CHAVEZ



La transformación urbanística de Aguascalientes es asombrosa.

En pocos años la ciudad ha cambiado radicalmente.

Quien se va de ella por uno o dos años y regresa se muestra sorprendido.

Los visitantes patentizan también su asombro.

Casi cotidianamente se va dando ese cambio que para la inmensa mayoría de los aguascalentenses pasa desapercibido.

Son pocos los que lo dimensionan cabalmente.


Este Aguascalientes ni remotamente es el del Siglo XX.

Vamos, ni siquiera es igual al de la década de los 50's y ni siquiera al de los 80's.

Ha crecido de manera gigantesca hacia los cuatro puntos cardinales y eso es algo admirable, afirma el investigador e historiador, ingeniero Ciro Báez Guerrero, quien dice a FUERZA AGUASCALIENTES que modestos fueron los inicios de lo que es actualmente la ciudad de Aguascalientes.


Aquellos primeros pobladores procedentes de la Villa de Lagos, se encontraron con un valle fértil abundante en agua de temperatura elevada, con algunos pobladores al sur, con un fuerte junto al camino real y una pequeña ermita al oriente, eternamente vigilado por un gigante inerte.


Por lo que decidieron establecerse en este sitio.

Con el tiempo surgieron los primeros trazos y las primeras edificaciones; una modesta capilla junto al Camino Real, las casas de aquellos pioneros rodeando la primitiva plaza, donde se empezaron a reunir comentando futuros planes sobre el crecimiento de la Villa.

Surgen las primeras fincas hacia los cuatro puntos cardinales, dando forma a las calles y callejones, la mayoría muy irregulares en cuanto a longitud y anchura, que los mismos pobladores sin complicarse tanto la vida fueron bautizando; San Sebastián, del Obrador, de Tacuba, la que va al Convento de San Diego, del Apostolado, del Ojocaliente, de la Real Cárcel, del Socorro, San Diego, de los Barberos, San Juan de Dios, San Juan Nepomuceno, del Circo, Independencia, de las Animas, el Loco Tavares, del Codo, Hospitalidad, de los Gallos.


Y los callejones que su solo nombre provocaba pánico; del Terror, de la Sorpresa, del Espanto, del Espinazo del Diablo, de los Perros, de los Gallos, de Molina, de la Piedra China, del Tesoro, de la Indita, de los Aztecas y el más recordado, el de Zavala. Los núcleos de población que se fueron formando a las orillas de la pequeña población, dieron origen a los barrios que darían un toque especial a la ciudad, haciéndolos diferentes a cada uno de ellos, tomaron su nombre de un punto en especial como son los santuarios, y surgen el barrio de San Marcos que en su origen fue un pueblo, de La Salud, de Guadalupe, del Encino, de la Purísima.


O los que tomaron su nombre de algún otro punto, como el barrio del Estanque, de los Caleros, del Hueso, de la Fundición, del Tacuche después llamado de Zaragoza, de los Curtidores, de la Estación. Luego el Ing. Báez Guerrero nos cuenta que con el aumento de habitantes sobre todo a principios del siglo XX, surgieron nuevas necesidades de vivienda, los viejos barrios fueron desplazados por nuevos asentamientos humanos, con nuevas ideas en la construcción de las viviendas, avenidas más amplias y con un nuevo nombre, colonias, serían los nuevos barrios, de esta forma surgen colonias como la Héroes, del Trabajo, la Americana, Estableros, Altavista, Gremial, San Pablo etc.


Durante muchos años proliferaron las huertas dando frescura y colorido a la ciudad, regadas por acequias que corrían por diferentes calles, venían del manantial del Ojocaliente y del Cedazo, de donde además la población se surtía de agua para abastecer sus necesidades del hogar.


Además disponían de las fuentes públicas, como la del Encino, la del Obrador, del hotel de Diligencias propiedad de don José María Chávez y de algunos jardines, como la Plaza Principal, de San Diego, San Marcos, Guadalupe, Zaragoza, de la Merced.

Para consumo de agua zarca la población era abastecida por los manantiales de Sandovales y Los Negritos, desde donde era transportada en burros por aguadores de oficio en cántaros de barro, que tenían sus entregas en las casas.


A fines del siglo XIX existían en la población diez templos dedicados al culto católico; el Palacio de Gobierno, el Parián, una de las fincas más llamativas el Teatro Morelos, el Liceo de Niñas, el Instituto de Ciencias en el antiguo Convento de San Diego y el Hospital Civil.

Desde principios de ese siglo se encontraban en la ciudad varias fábricas de cierta importancia, como el Obraje de don Jacinto López Pimentel, ubicado en el barrio de Triana, dedicado a la fabricación de paños de lana, mantas de algodón y rebozos de seda. A fines del siglo XIX la fábrica pasaría a ser propiedad de Reyes Durón con el nombre de La Purísima.


Numerosos eran los talleres instalados por toda la ciudad en amplias casonas y fábricas en forma, donde se elaboraba una amplia variedad de productos como pastas, jabones, hilados y tejidos, cigarros, puros, calzado, camas, catres, carruajes, carros, carretones.

Como la fábrica de pastas Judith del señor Adolfo Torres; la fábrica de jabón El Buque de Blas Macías; la fábrica de hilados y tejidos La Aurora de Francisco y Valentín Stiker; la

fábrica de puros y cigarros de las marcas Flores de Abril, La Criolla y El Toreo, de Antonio Morfín, en sociedad con su tío Antonio Morfín y Buenaventura Esparza; la fábrica de cigarros La Tarasca de los Hermanos Macías; la de puros El Esfuerzo de Agustín Pérez; la tenería


El Diamante de Felipe Ruiz de Chávez; la fragua y cerrajería de Modesto Pedroza, fabricante de camas y catres; la gran carrocería El Progreso de Tiburcio Ortiz, fabricante de carruajes, carros y carretones; el molino de harina La Paz de los hermanos Francisco y Luis Chávez; la compañía de petróleo El Gallo y muchas otras empresas.

Las de mayor importancia eran la fábrica de hilados y tejidos de San Ignacio, donde se fabricaban casimires, sarapes, chalinas y cobertores.

La fundición de fierro y talleres mecánicos de Luis B. Lawrence, con la fabricación de molinos para nixtamal, bancos para jardín y barandales.


La Jabonera del Centro de don Juan Leal, con su jabón Blanco Número Uno.

Otra compañía de enorme importancia fue La Gran Fundición Central Mexicana, de la familia Guggenheim, contaba con unas instalaciones muy completas para el proceso de minerales. La fábrica de harina de maíz La Perla de don Juan Douglas, con su moderna maquinaria para la elaboración de harina, además el señor Douglas era socio de La Compañía Eléctrica de Aguascalientes, donde se generaba la energía eléctrica que vino a sustituir el viejo alumbrado a base de petróleo y gas y de la explotación de tranvías movidos por energía eléctrica, que anteriormente funcionaban con tracción animal.



Indudablemente que la empresa más importante que ha existido en Aguascalientes, es el Ferrocarril Central Mexicano, desde que pasó por primera ocasión con su rugiente locomotora jalando varios vagones, el 24 de febrero de 1884, causó gran expectación entre la población. Posteriormente con la instalación de los imponentes talleres que darían empleo a miles de obreros, transformó completamente la apacible vida de la ciudad.

Por esos años de fines del XIX el transporte era escaso, sólo unas cuantas familias, sobre todo de alta posición económica, se daban el lujo de viajar en vehículo cubierto, los de medianos recursos lo hacían a caballo o en mula y los de pocos recursos a pie

.

El transporte público en la ciudad no existía o era poco requerido, sobre todo para realizar viajes fuera de la ciudad, transitando por caminos irregulares y peligrosos, sin embargo había algunos coches de sitio jalados por caballos.

En 1883 llegan a Aguascalientes los tranvías de tracción animal, con la inauguración de la ruta que partía de la Plaza Principal, hasta los muy lejanos baños del Ojocaliente.

Posteriormente fueron inaugurados el ramal de la Plaza al Jardín de San Marcos; de la Plaza al Paseo del Río y algunos otros, como el que partía de la Plaza al panteón de Los Angeles y a la Gran Fundición Central Mexicana.


Por el año de 1890 la población vio con asombro cómo algunos obreros clavaban en el suelo postes de madera, con travesaños que parecían cruces a cierta distancia uno del otro, entre los que tendían gruesos cables. Era que había llegado la modernidad con la instalación del alumbrado eléctrico, que fue inaugurado a las 19:15 horas del 16 de septiembre de 1890, con la instalación de 396 lámparas distribuidas en diferentes sitios de la capital, que vendrían a sustituir las viejas lámparas de gas y petróleo.


A partir de esa fecha entre la población y las mismas autoridades, surgió el entusiasmo por contar con ese novedoso aunque deficiente servicio, que según decían brindaba claridad como de día, dejando en el olvido la figura del Sereno, que con su presencia daba luz y tranquilidad a la población por la noche hasta el amanecer, este personaje encargado de prender y apagar los faroles de petróleo o de gas, con su paciencia para soportar la lluvia, el frío, el calor y las súplicas de los enamorados lujuriosos, que se distinguía por gritar la hora del día.


De esta forma la energía eléctrica daría servicio a los hogares, al alumbrado público, a las fábricas y al novedoso invento del cine, que 1897 convirtió al teatro Morelos en sala cinematográfica, con las primeras exhibiciones del cinematógrafo de los Hermanos Lumiére. Posteriormente surgirían otras salas de cine improvisadas en bodegas y jacalones con algunas adecuaciones, como el Pathe de Florencio Delhanty; el teatro Actualidades del señor Jesús Belaunzarán; el cine Olímpico; el Colombina posteriormente llamado Royal; el Ideal del Padre Dominico Felipe Valles Barrón; el Avión de Pedro M. Arellano; el Salón Rojo de Octaviano Uribe; el muy recordado Salón Vista Alegre del señor Federico Bouvi, y algunos otros.



En de mayo de 1904 fueron inaugurados los tranvías eléctricos, con el tramo de la estación hasta la plaza de toros, posteriormente inauguraron el tramo San Diego a la Estación del Ferrocarril, hasta cubrir casi en su totalidad las anteriores rutas de tranvías tirados por mulitas.


Sin embargo a pesar de este signo de progreso los apagones eran frecuentes, y en ocasiones por temporadas largas, por lo que en los hogares tenían la precaución de conservar sus aparatos de petróleo, los candeleros y los quinqués; asimismo se preocupaban por abastecerse de buena cantidad de velas, petróleo, bombillas y mechas.

La primera avenida importante en construirse fue la Madero, con la destrucción en 1914 del antiguo callejón de Zavala, aunque tuvieron que pasar varios años para que la nueva avenida tomara forma, desplazando como calle principal a la del Ojocaliente, convirtiéndose en sitio ideal para que familias pudientes construyeran sus flamantes mansiones.


Por varios años muy poco cambió en la pequeña ciudad, en sus gentes, su modo de ser y de vivir; su aspecto urbano, fiel a sus costumbres y tradiciones.

Tendrían que pasar varias décadas del pasado siglo XX, para que se notara una transformación en el Aguascalientes de entonces.


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