REPORTAJE Barrios de Aguascalientes

Antes de la fundación oficial de Aguascalientes en 1575, ya existían dos construcciones muy sencillas, la primera se localizaba por la actual calle de Venustiano Carranza, en un sitio cercano al Templo del Rosario y consistía en una Ermita en honor de San Sebastián

ALDO BONILLA CHAVEZ



Desde su misma fundación Aguascalientes se ha distinguido por sus barrios, luego sus colonias y fraccionamientos y al igual que cualquier ciudad del mundo, sus gentes, sus barrios, son los que le han dado identidad y han ido forjando la leyenda de un pasado que es muy rico en historia.

De un pasado orgulloso que hoy en el presente se recuerda con gusto y que se añora y se le recuerda porque es lo que nos ha dado identidad, nos ha dado lo que hoy somos como sociedad.


Un pasado que, de acuerdo a los historiadores, se finca en sus barrios de Triana, de La Salud, de La Estación, de Guadalupe, de San Marcos, a partir de los cuales nacería lo que hoy es Aguascalientes, una ciudad que sin abandonar sus tintes provincianos está inmersa ya en el mundo de la modernidad, el mundo del siglo XXI.

Los historiadores, como la maestra y licenciada Berta Topete Ceballos y las mismas autoridades son las que se han encargado de mantener viva esa tradición de los barrios, los cuales se han transformado de acuerdo a la época que se vive.

Una atribución clásica de las autoridades es la de fomentar entre los habitantes de las ciudades su sentido de pertenencia, es decir, que se reconozcan como parte de una cultura regional, de un lugar urbano, de lo oriundo.


Estos genuinos sentimientos de nacionalidad tienen su origen en el aprecio y el arraigo que mantiene la sociedad por la urbe y sus modos de vida.

Poco hay que discutir el hecho de que existe un vago sentimiento popular en torno a la pérdida paulatina de símbolos de identidad urbana y la inexorable transformación de las antiguas formas de convivencia social en torno a barrios y colonias.

Si bien en unos aspectos estas transformaciones son inevitables y responden a las necesidades de nuevos núcleos de población suburbana, el centro histórico requiere otro tratamiento: la restitución de símbolos de identidad popular.


Las construcciones en nuestra ciudad han pasado por diferentes etapas en que las diferencias de clases han sido muy marcadas, desde aquel fuerte construido como protección a los viajeros, las primeras en grandes extensiones de terreno, con amplias y sólidas mansiones utilizadas como vivienda de los primeros pobladores, hasta las actuales, con superficies muy limitadas que cuentan con apenas lo necesario para vivir.

Tita Topete Ceballos en charla con FUERZA AGUASCALIENTES nos dice que según la tradición anteriormente a la fundación oficial de Aguascalientes en 1575, ya existían dos construcciones muy sencillas en la ciudad, la primera se localizaba por la actual calle de Venustiano Carranza, en un sitio cercano al Templo del Rosario y consistía en una Ermita en honor de San Sebastián.


La segunda era el fuerte o presidio que se localizaba entre las actuales calles de Moctezuma y Victoria, en las proximidades de lo que fuera el antiguo camino de Las Villas, que cruzaba la ciudad a lo largo de las actuales calles de Cinco de Mayo y José María Chávez. Para fines de 1574 o principios de 1575 el capitán Juan de Montoro, al frente de un grupo de vecinos de Santa María de los Lagos, se encargó de realizar las operaciones llamadas de la traza.


Sin embargo, a la vera del antiguo camino real de México a Zacatecas, que según la tradición abriera Sebastián de Aparicio, se congregaron las primeras edificaciones.

Se dio principio a la construcción de una modesta Capilla, que posteriormente se convertiría en el Templo Parroquial de la Villa y actualmente en nuestra Catedral.

En 1665 el Cura Pedro Rincón de Ortega, mandó edificar la residencia de los poseedores del vínculo y mayorazgo de la Ciénega de Mata o de Rincón, finca que desde 1865 es el actual Palacio de Gobierno.


El 30 de septiembre de 1701 un descendiente de Pedro Rincón, José Rincón Gallardo, cedió un terreno a condición de que lo utilizara el Ayuntamiento para la construcción de casas reales y cárcel, antecedente del actual Palacio Municipal.

Por otros rumbos de la entonces pequeña población también se daba cierto crecimiento, se levantaron pequeñas habitaciones y una Capilla de adobe por la calle del Apostolado (hoy de Pedro Parga), a poca distancia de donde se encuentra actualmente el Templo de San Diego.


Para fines del siglo XVI por la mencionada calle del Apostolado, vivían algunos personajes prominentes, y era de las pocas calles que tenían una forma definida, entre un bosque de mezquites donde se veían algunas casas, sin llegar a formar calles propiamente dicho.

Luego don Tita Topete Ceballos cuenta que a fines de ese mismo siglo, en 1599, don Juan de Monroy, alcalde mayor, comenzó a regular la población, formando huertas para el cultivo de la viña y algunos árboles frutales.


A inicios de siglo XVII se edificaron mejores casas, dando forma a las calles y plazas. Para mediados de este mismo siglo, las familias adineradas comenzaron a construir grandes casas, por las calles de San Diego (hoy de Rivero y Gutiérrez) y de Tacuba (Cinco de Mayo). Con la llegada de José María Guzmán a la jefatura política en la primera mitad del siglo XIX, la antigua Villa tomó el aspecto de ciudad al mandar nivelar las calles al sur de la ciudad, hacer la nomenclatura de todas ellas y la numeración de las casas, empedrar y embanquetar las calles y pintar las casas; así como la construcción de dos puentes sobre el arroyo que atraviesa la población por el centro.


Paralelamente al crecimiento de la población se fueron formando los barrios, que darían un toque especial a la ciudad, las fincas construidas por sus primeros pobladores les proporcionarían un sello distintivo, que los haría diferentes a cada uno de ellos.

La normalidad de los barrios se fueron formando alrededor de un santuario o de un punto específico, del que los habitantes tomaron su nombre, aunque no necesariamente fueron su origen si llegaron a reafirmar su identidad.



Y así surgieron barrios como San Marcos al poniente de la ciudad, con sus primeros pobladores de origen indígena dedicados a la agricultura. Este barrio, detalla la historiadora, se unía a la población por varios caminos, uno de los cuales es la actual calle de Venustiano Carranza, con gran cantidad de huertas en sus costados, que aprovechaban el agua que surtía la fuente del convento de La Merced.

Al aparecer más construcciones en los caminos que unían este barrio con la Villa, sobre todo en el siglo XVIII fue perdiendo su carácter rural, para finalmente ser considerado como un barrio más en ese mismo siglo.


Uno de los puntos de población más antiguos es el barrio de la Salud, ubicado junto con otros como el Encino al sur de la ciudad. En su origen no fue ideado como lugar de habitación, sino como zona de huertos frutales.

Los antecedentes de este barrio se remontan a la primera mitad del siglo XVIII, con un trazo de calles muy irregular, que siguen más bien la delimitación de las huertas y la ruta de las acequias que conducían el agua, como se puede observar en el plano de la ciudad, trazado en 1855 por Isidoro Epstein.


En cuanto al barrio del Encino como el de La Salud, se encontraban separados del resto de la ciudad por el arroyo de los Adoberos (actualmente Avenida López Mateos), lo que provocó un considerable atraso en su desarrollo; así como la conservación de sus costumbres.


Los antecedentes que se tienen del barrio del Encino, se remontan al año de 1565 y 1566 con la dotación de tierras a un grupo de vecinos, entre los que se encontraba don Hernán González Berrocal, en un principio la mayoría de lo que es ahora este barrio fue de sus descendientes, los que poco a poco fueron vendiendo predios para el cultivo y para construcción de viviendas. Otro de los barrios característicos de nuestra ciudad, advierte Tita Topete Ceballos, es el de Guadalupe, surgido por el antiguo camino a Jalpa y considerado como un barrio más de la Villa, desde la segunda mitad del siglo XVIII.


Con la construcción del Templo de Guadalupe entre los años de 1767 y 1789, se le fueron agregando al barrio nuevas construcciones, como el cementerio, que funcionó hasta el año de 1875 y una serie de tiendas y mesones, con el fin de atender a los viajeros que entraban por este rumbo de la ciudad, a comerciar sus productos.


Algo similar sucedió con la instalación de la Gran Fundición Central Mexicana a fines del siglo XIX, y con el tendido de una línea para tranvías que pasaba por el costado norte del jardín de Guadalupe, surgieron necesidades de vivienda y servicios para los obreros que tomaron este barrio de Guadalupe para vivir, así mismo el comercio se vio beneficiado con los que iban de paso rumbo a su trabajo, en la Fundición que también daría origen a un barrio.


Durante esa misma época de fines del siglo XIX, con la instalación del Ferrocarril al oriente de la ciudad en terrenos de antigua hacienda del Ojocaliente, este rumbo tuvo una transformación, con una gran cantidad de obreros empleados en dicha empresa y con sueldos muy atractivos, las necesidades de vivienda fueron muy significativas para dar forma al Barrio de la Estación.


Hasta la fecha a estos centros de población y otros como Zaragoza, El Estanque, Los Caleros, Los Adoberos y La Purísima, la población los llamó o continúa llamando Barrios.

Con el aumento de habitantes, sobre todo a principios del siglo XX, surgieron nuevas necesidades de vivienda, los viejos Barrios fueron desplazados por nuevos asentamientos humanos, con nuevas ideas en la construcción, con unas avenidas más amplias y con un nuevo nombre: Colonias, serían los nuevos Barrios.

De esta forma surgen Colonias como la Héroes, del Trabajo, Estableros, Altavista, Gremial, San Pablo, etc.



La iniciativa privada también mostró interés en este tipo de actividades, y así vemos cómo en el mes de junio de 1901 Juan Douglas y Compañía, recibieron autorización por parte de las autoridades, para establecer una colonia en un terreno de su propiedad, ubicado al oriente de la población que tendrá por nombre Buena Vista, esta colonia se encontraba ubicada desde el molino La Perla y entre las calles aledañas a la Vasco de Gama y Vázquez del Mercado.


Posiblemente el primer intento por establecer una colonia en forma, con avenidas amplias y bien trazadas, es la Colonia Gremial Ferrocarrilera, como se le llamó inicialmente por los años de 1920, como su nombre lo dice fue promovida por un grupo de obreros del Ferrocarril. En sus inicios la colonia partía al oriente de las vías y al sur de las instalaciones de la planta de luz, que se encuentran en la actual Avenida de Héroe de Nacozari, con terreno en ambos costados de esta avenida. En el año de 1931 Rafael R. Villegas, propietario de la ferretería La Estrella y su hermano José, se encontraban construyendo un fraccionamiento en una huerta de su propiedad, que se encontraba ubicada entre las calles de Persia, Pedro Parga y Nínive y que sería conocido como Los Villegas.


Aunque el nombre fraccionamiento ya se había utilizado anteriormente, sería hasta 1949 cuando surge un fraccionamiento ya en forma y con todos los adelantos de la época, como sería el Fraccionamiento Primavera ubicado en los terrenos del antiguo Estanque, destruido durante la administración del Ing. José María Rodríguez.

De esta forma los términos barrio y colonia serían desplazados por el de fraccionamiento.

El Fraccionamiento Primavera con una situación privilegiada por su ubicación, lo presentaban como un gran atractivo y como rezaba la publicidad de la época; llamado a ser la zona residencial de Aguascalientes, urbanización totalmente terminada, amplias avenidas pavimentadas de concreto y con alumbrado público.

Además presentaban otros atractivos como servicios, centros de educación y de diversión y fuentes de trabajo, a muy corta distancia.


Servicios: Mercado Terán a cuatro cuadras, y un súper mercado en proyecto. Transporte urbano. Los Templos de San Francisco de Asís a cuatro cuadras y La Medallita Milagrosa. La Estación del Ferrocarril, a diez cuadras.

Centros Educativos: Escuelas Manuel Carpio a una cuadra; Saturnino Herrán a tres cuadras y Melchor Ocampo a dos cuadras.

Centros de diversión: Cine Rex a dos cuadras; jardín de Zaragoza a dos cuadras y jardín Manuel Carpio.


Fuentes de trabajo: Fundición Lawrence a cinco cuadras; planta de luz a cinco cuadras; Productos de Maíz La Perla, a siete cuadras; Ferrocarriles Nacionales de México, a ocho cuadras y Maderería La Nacional a dos cuadras.

Un fraccionamiento que durante décadas sería de gran atractivo para fincar su residencia de las familias acomodadas de nuestra ciudad, es el llamado Jardines de la Asunción.

El símbolo principal de este fraccionamiento, es un monumento erigido a iniciativa del Círculo Plenitud en honor a la Virgen María, que se encuentra en su costado poniente, y fue bendecido en el mes de junio de 1955, por el Señor Obispo Salvador Quezada Limón.

El monumento es una reproducción en mármol de carrara, de la Virgen que se encuentra en el altar mayor de la Catedral, y su base es una copia de la columna de la Plaza Principal, de una altura aproximada de diez metros, con un costo cercano a los quince mil pesos.


En ese mismo año de 1955 el Fraccionamiento Jardines de la Asunción, ubicado al sur de la ciudad y en un sitio que parecía muy lejano, inició la venta de lotes y también fue anunciado con todos los adelantos de la urbanización moderna.

En marzo de 1957 la alcaldesa de la ciudad, María del Carmen Martín del Campo, inauguró el alumbrado público de vapor de mercurio, con el mismo moderno sistema que tienen las grandes capitales del mundo, las luces más modernas que se han visto en nuestra ciudad, de la nueva zona residencial también llamada La Puerta del Sol.

Por su lejanía fue necesario implementar el servicio de transporte, por lo que en febrero de 1958 se inició con salida de la Plaza de Armas, hasta la gran Colonia Jardines de la Asunción.


En esa misma década de los cincuenta surgieron otros fraccionamientos, como el Residencial Jardines de la Cruz, ubicado al oriente de la ciudad y a unos minutos del centro, comenzó la venta de lotes en condiciones más modestas, a inicios de 1957.

En una ciudad en constante crecimiento como la nuestra, con grandes necesidades de vivienda, surgirían otros fraccionamientos, sobre todo en la década de los setenta del siglo pasado, como San Cayetano, Colinas del Río, Santa Elena, Las Arboledas, Los Bosques y muchos otros con viviendas más modestas, tantos que se pierde la cuenta.

El mismo tipo de vivienda a través del tiempo se ha transformado, de aquellas grandes casonas a las actuales, como ya anotamos con un espacio muy inferior al necesario para vivir.


Durante siglos en Aguascalientes, sólo se destacaban a lo lejos las torres de los Templos, la columna de la Plaza de Armas y unas cuantas casas de particulares.

Estos mismos particulares poco a poco irían construyendo sus viviendas, desde las más modestas que contaban con sólo uno o dos cuartos y su corral, hasta aquellas grandes mansiones como la ya mencionada, que ocupa el Palacio de Gobierno.

Un ejemplo de vivienda de fines del siglo XIX, es la casa que fue habitación de Antonio Puga, ubicada en la calle de la Independencia No 9, la que es actualmente la muy céntrica calle de Morelos.


Contaba con una superficie de 7,430 M2 y se componía de zaguán, tienda, trastienda, bodega, cochera, dos patios, el primero con corredor, dos aljibes, cocina, dos pozos, baños, dos atarjeas, dos lavaderos, excusado, dos caballerizas con pajar, doce piezas y una extensa huerta.

Por diversas causas estas grandes casonas fueron reduciendo sus espacios, las huertas, los corrales y los grandes patios desaparecieron, en la actualidad se pueden ver algunas, desgraciadamente cada vez menos por el centro de la ciudad.




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