REPORTAJE Aguascalientes, una ciudad con una gran historia


El centro citadino es mágico


+ Algo tiene que siempre es un deleite caminar por cualquiera de sus calles, iniciar por cualquier rumbo, sobre todo por la parte antigua, todas conducen al centro de la ciudad, que siempre conserva su atractivo, su encanto....su magia.


ALDO BONILLA CHAVEZ




Estamos exactamente a menos de tres semanas del inicio de la Feria de San Marcos, lo que atraerá a miles de turistas que van a encontrarse con una ciudad totalmente transformada y con un incontenible desarrollo lo que definitivamente nos permite afirmar que algo tiene el centro de la ciudad, que desde siempre ha sido un atractivo para propios y extraños.

El motivo para ir es lo de menos, siempre se busca el pretexto para pasear por el ahora llamado Centro Histórico.


Pueden ser sus templos, sus gentes, sus calles, sus comercios, sus jardines, hasta sus cantinas y su bullicio, pero siempre será muy agradable recorrerlo.

A pesar del crecimiento de la ciudad, con sus múltiples colonias y nuevos fraccionamientos, sus muy modernos y completos centros comerciales, donde se puede encontrar de todo y que para algunos, es motivo de sobra para no desplazarse al centro, esta zona de la ciudad siempre ha conservado su atractivo.


Y por más retiradas que se encuentren las viviendas, los pobladores siempre encuentran un motivo para acudir al centro; por venir a misa, por realizar alguna compra en alguno de sus múltiples y bien surtidos locales comerciales, por encontrarse con los amigos, por observar a la gente y los aparadores, por venir a comer o a cenar en alguno de sus restaurantes o cenadurías, algunos con mucha tradición como el Mitla o Posada Faroles, y ¿por qué no? tomar el aperitivo en alguna de sus cantinas, como Los Pericos, El Texas, El Farolito, La Frontera, El Ranchero, El Puerto de Mazatlán e inclusive en el mismo Samborns, donde anteriormente se ubicaba el Hotel Francia.

Por venir de paseo, por recordar viejos tiempos, siempre surgen pretextos para venir al centro de la ciudad, ése es el encanto, la magia y el misterio del centro citadino.


La plática de FUERZA AGUASCALIENTES la realizamos con el licenciado Enrique de la Torre Paz, director de Comunicación Social del Municipio, precisamente en lo que hoy se conoce como Plaza de la Patria y al ver el mundo de gente que pasa por allí, nos dice que a cualquier hora del día, siempre habrá tiempo para recorrer tranquilamente las calles del centro citadino, sus comercios, sus jardines, sus templos.


Ahora que estamos a punto de iniciar otra edición de la Feria de San Marcos, agrega, los que gustan de lo antiguo, pueden observar los pocos edificios de otras épocas que nos ha dejado la piqueta, y platicar con personajes de otras tiempos, ya con su misión cumplida, que descansan plácidamente su carga de años en la Plaza de Armas o en alguno de sus jardines, siempre dispuestos a compartir sus experiencias, siempre dispuestos a compartir sus recuerdos de tiempos pasados, para ellos inolvidables.


Y para llegar al centro se puede iniciar por cualquier punto, recorriendo calles de tiempos pasados, que afortunadamente conservan sus trazos originales, que vienen del origen mismo de la ciudad, de cuando surgieron en 1575 en torno al antiguo Camino Real o camino de Las Villas, el mismo que conducía a las Villas de Lagos y de San Juan.


Dice el licenciado De la Torre Paz, con toda la razón, que se puede iniciar por cualquiera de los puntos cardinales, como en la antigua Roma, todas las calles conducen al centro.

Por el norte por la calle del Cinco de Mayo, en otros tiempos que fuera parte de ese antiguo Camino Real o de Las Villas, y posteriormente de Tacuba, con sus múltiples mesones a donde llegaban los arrieros con sus mercancías y sus mulas, mesones que en tiempos de la Revolución alojaron las tropas de las diferentes facciones, que vinieron a alterar la tranquilidad de la ciudad.

Calle del Cinco de Mayo de épocas más recientes, con su muy recordado Cine Rex, el ¨cine de las multitudes¨ inaugurado en 1942 con la película La Feria de las Flores, con su carga de pulgas y ratas, calle de múltiples cantinas que se convertían en todo un reto para los buenos bebedores y que en la década de los 40s y parte de los 50s albergó a la Zona de Tolerancia.



O por la Juárez antiguamente llamada del Reloj, en tiempos pasados la calle más comercial, con sus peluquerías, la peletería Iris, los inolvidables Pericos, sus pasajes comerciales, el San Antonio y San Diego, la tienda La Primavera de don Honorato Imbert, la ferretería La Flecha del señor Obregón, la Nueva York de Don Ramón Avila, El Elefante del señor Obregón, su Escuela de Cristo fundada por don Francisco Rivero y Gutiérrez, con su amplio salón que también funcionaba como primitivo teatro, mucho antes de la llegada del Teatro Morelos.


O también, agrega, la calle Morelos llamada hace mucho de la Independencia, con su Tintorería Unión, la más antigua de la ciudad fundada por don Santiago Charcas, todo un caballero de los que hoy quedan pocos, el desaparecido Cronómetro, Las Fábricas de Francia fundadas por los hermanos Leautad, el Nuevo París que regalaba pollitos a los clientes.


En su esquina frontera al Parián con una extraña construcción de columnas de cantera, como vivo testigo del primer intento por construir un teatro en forma en la ciudad, en el terreno que fuera huerta y panteón del Convento de San Diego, edificio trunco que después fue utilizado como Inspección de Policía, tiempo después escuelas Melquíades Moreno y Miguel Alemán y Escuela de Comercio, más recientemente Universidad Autónoma de Aguascalientes.

A un costado del edificio que fuera el antiguo Convento de San Diego, posteriormente Escuela Preparatoria, con sus agradables pasillos y patio de arcos de cantera de sabor antiguo, por donde todavía se escuchan los pasos del poeta Ramón López Velarde, con sus compañeros de andanzas juveniles Enrique Fernández Ledesma y Pedro de Alba.


Y el Parián cuyos orígenes se remontan al año de 1828, cuando se construyó el primero, con el fin de realizar una feria comercial durante el mes de noviembre y destruido dos veces y que en las décadas del sesenta y setenta del pasado siglo XX, se convirtió en uno de los lugares de paseo más concurridos por la juventud de entonces, con los más galanes luciendo sus cualidades de Valentinos, con su nevería El Salvador y la Nápoles, sus locales comerciales, como la Juguetería Carreón, la mercería El Sol, Rody, El Danubio Azul, El Excélsior, que cada Día del Estudiante se convertía en víctima de las travesuras estudiantiles, de la vecina Escuela Preparatoria.


Estamos hablando, dice el licenciado Enrique de la Torre, del viejo Parián de las bolerías, que le daban un toque de distinción por su tipo de clientela que las frecuentaban, entre estudiantes, maletillas aspirantes a torero de fingido acento español, desempleados, que se dedicaban a comer a cuanto desafortunado pasaba a su lado. Por el sur las calles que llevan al centro, la Díaz de León, con sus antiguos nombre de Los Gallos y de Washington.


La Colón donde se encontraba la añeja cárcel de varones, que nunca pudo detener al Capitán Fantasma, cárcel que daba su nombre antiguo a la calle, por donde tenía su morada el impresor Ricardo Rodríguez Romo y la calle del Obrador, con su taller El Esfuerzo de don José María Chávez, que después dio nombre a la calle con su Hotel de Diligencias, el primero en forma de la ciudad, morada de otro gran impresor, Trinidad Pedroza, en otros años con su pila Del Obrador, sus antiguos hoteles llamados mesones.


Por el oriente las calles que llevan al centro, la Juan de Montoro, que antiguamente se consideraba la calle principal y que llevó el nombre del Ojocaliente, por donde corrían los tranvías de mulitas y después los eléctricos con rumbo a la Estación y a los baños del Ojocaliente, posteriormente calle Del Centenario, bautizada así en las fiestas del centenario de 1910, calle por donde se encontraban el principal hotel de la ciudad, el Washington y dos cines de mucho abolengo, el de lujo, el Plaza y uno más popular, el Colonial, con sus localidades de luneta y balcón también llamado gayola, donde los gayoleros desarrollaban verdaderas revoluciones.


Cine Colonial, donde la tragedia se presentó un Día de Reyes del año de 1955 cuando en una matiné y ante un gran lleno alguien gritó ¨fuego, fuego¨ y entonces se desató una estampida humana y muchos niños murieron cuando se lanzaron desde gayola al piso inferior en su intento por salvarse.

Afuera del cine había múltiples carritos con venta de esmeriles, esa especie de gorditas rellenas de papa molida o frijoles y repollo, con abundante salsa, también conocidas como horcaperros por lo riesgoso que era comerlas, que se podían reforzar con un vaso de agua de limón servido en un vaso de cristal ya muy opaco por el uso, que a pesar de todo hacían las delicias de los cinéfilos, que se daban sus escapadas durante los intermedios de la función de cine, para invadir los carritos de esmeriles los cuales, por cierto, eran baratísimos pues por un peso se podían adquirir hasta diez y con todo el vaso de agua.




Dice luego a FUERZA AGUASCALIENTES el director de Comunicación Social del Municipio que con la apertura de la avenida Madero en 1914, la Juan de Montoro perdió el título de principal, y la nueva avenida de la Convención se convirtió en avenida principal, que el sueño de un gobernante era conectarla con la Estación del Ferrocarril. Calle de Madero, donde don Refugio Reyes construyó el Hotel Francia en 1915, la del Cine Palacio de 1925, que se incendió en el 45 para ser reconstruido como el cine de lujo, el Encanto, con otro cine más popular, el Alameda, actualmente llamado Sala París.


Avenida Madero, que la juventud del sesenta y setenta ingenuamente se llamaba la Zona Rosa, y que se convirtió en punto de reunión y de andanzas juveniles, en que era un hervidero de jóvenes, cuando los más afortunados se podían dar el lujo de entrar al Greco, o de cenar con Max sus tacos de dos pasadas, una para ponerle y otra para quitarle, o los que podían pagar unos tragos en el Fausto del Francia.


Y los que vienen por el poniente de la ciudad rumbo al centro, su ruta puede ser por la calle de Nieto, antiguamente llamada de Las Barberías, por ser asiento de estos locales, hace algunos años casi en su totalidad formada por casas habitación y algunos comercios, sobre todo en sus primeras cuadras dedicados al negocio de los deshilados y bordados, o por la calle de Venustiano Carranza, con giro similar, ruta principal al muy tradicional Barrio de San Marcos, o como los de más edad le llamaban, El Pueblito.


Calles todas que convergen al centro de la ciudad.

Calles que vienen de tiempos muy remotos, desde el origen mismo de la ciudad y que continúan con su misma trayectoria.

Calles ya convertidas totalmente en Centro Comercial de la ciudad, que muchos pobladores actuales como los del pasado, por cualquier motivo siguen para llegar al centro.

Porque, lo reiteramos, el centro conserva ese atractivo para todos.

Porque es el mismo origen de la ciudad, al que todos en algún momento llegan, por cualquier motivo, que en muchas ocasiones es lo menos importante

.

Lo importante es pasar un momento viendo aparadores, haciendo algunas compras, asistir a misa a alguno de sus templos, como San Diego, San José, El Conventito, El Ave María o en Catedral, y después pasar unos instantes en alguno de sus espacios verdes, simplemente por pasar el rato.

Porque siempre es un deleite pasar un momento en alguno de sus jardines, como el del Estudiante, que en épocas pasadas llevó el nombre de San Diego.


O en el pequeño y agradable Jardín de San José o de Rincón Gallardo, ubicado entre las antiguas calles de San Juan de Dios, el Callejón de La Sorpresa y la Hospitalidad, frente al Templo de San José.

O en la Plaza de Armas, la de los múltiples nombres que se pierden en la memoria, y en tanto recordar que ése era sitio de paso de las carretas cargadas de metal, que venían de las minas de Asientos y Tepezalá con rumbo a la capital, y de las recuas de arrieros, aquellos antiguos agentes viajeros cargados de mercancías, que venían a comerciar sus productos de otras regiones.


Y volviendo a la actualidad, hacer algunas compras en sus múltiples comercios, herederos de aquellos antiguos comerciantes, comer en alguno de sus restaurantes con sus muy rica cocina, con ese toque tan especial que ha distinguido a de la región y ¿por qué no? reitera el licenciado Enrique de la Torre, tomar el aperitivo en alguno de sus centros de reunión, como el de la esquina de Madero y Plaza Principal.



O más al poniente por el rumbo de San Marcos, en Posada Faroles que fundara don José García "Pepe Hillo" y que actualmente atienden sus hijos, con su muy exquisita cocina y su muy agradable vista al Jardín de San Marcos, donde también se puede pasar una agradable tarde paseando por sus pasillos o cómodamente sentados en alguna de sus bancas de fierro.

Ese es el centro de nuestra ciudad, con sus calles llenas de locales comerciales, donde sin ir muy lejos se puede encontrar de todo.


Con su historia, con sus tradiciones, con sus leyendas, con su magia, que se remontan al origen mismo de la ciudad de Aguascalientes, que surge a la vera del Camino Real, donde los primeros pobladores fundaron sus viviendas, con su modesta capilla, su Plaza Principal que desde entonces se convirtió en sitio de reunión de los pobladores, de donde surgen sus primeras calles con sus muy peculiares nombres, que los mismos pobladores bautizaron.

Es el centro de nuestra ciudad, en otros tiempos con su fuerte o presidio, el de los arrieros, el de las carretas, el del Portal de Jesús, el primer centro comercial, el de los túneles, el de los tranvías de mulitas y los eléctricos, el de la Carretera Panamericana.


Es el centro de la ciudad, donde ya no están muchos de aquellos viejos comercios, ni su viejo Parián, el de la Nápoles, el de las bolerías, que ya son parte de su historia.

Pero existen sus templos, sus calles, sus jardines, sus gentes.

Otros comercios que vienen a llenar las necesidades de la población, que hacen que siempre conserve su atractivo, con su magia y su encanto y que los pobladores y visitantes, por cualquier motivo buscan el pretexto para pasear por sus calles y encontrarse con su historia, con sus leyendas, con su pasado, con su encanto.... con su magia y todo el misterio que encierra.

Porque el centro será siempre el origen mismo de la ciudad y nunca ningún centro comercial, por muy moderno que sea, lo podrá desplazar y porque todos en algún momento queremos regresar al centro, porque es el origen mismo de la ciudad, porque es nuestro origen y porque, volvemos a señalar en FUERZA AGUASCALIENTES.... es mágico.

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