PERSONAJES DE AGUASCALIENTES

Don José Arteaga Campos


+ Dejó de ejercer su profesión en México para cristalizar su sueño en Aguascalientes: crear un gran rancho por lo que se puede afirmar que de la nada forjó un gran emporio , por lo que se le recuerda como un hombre visionario al que ningún obstáculo logró vencer y que no sólo levantó sino que consolidó a La Huerta, una empresa que da prestigio internacional a la Tierra de la Gente Buena

HERIBERTO BONILLA BARRON



La grandeza de Aguascalientes de ninguna manera es obra de la casualidad ni mucho menos se dio por decreto.

Tampoco es algo que tenga patente pues ningún gobernante, sector o grupo puede adjudicársela.

Esa grandeza sólo tiene un dueño: su gente.

Son sus hombres y sus mujeres los que a lo largo de muchas generaciones han contribuido de una manera u otra para forjar la ciudad y el Estado que hoy tanto nos enorgullece.


La actual generación está disfrutando del legado que han dejado las que la antecedieron y también, ¿por qué no decirlo? esta misma generación está haciendo historia.

Está dando no sólo continuidad, sino engrandeciendo esa gran obra que se llama Aguascalientes.

Ya en FUERZA AGUASCALIENTES hemos dado cuenta de muchos grandes hombres y mujeres que, en su tiempo, se entregaron por completo e incluso en algunas ocasiones, hasta ofrendando su vida para tener un mejor futuro, por lo que aquí los consideramos como un verdadero tesoro.


Son muchos también los tesoros que se encuentran en Aguascalientes.

Tesoros que se yerguen como verdaderas leyendas que hablan de ese extraordinario pasado que hoy ante las crisis y tanta violencia que se está viviendo es cuando más se dimensiona en toda su belleza, en su romanticismo y en su historia.

Y como decíamos al principio, el tesoro más grande de los aguascalentenses es sin lugar a dudas su gente.


Así las cosas, hoy vamos a hablar de algunos pasajes de este hombre verdaderamente extraordinario, de otro ser que cotidianamente, con su entrega, su dedicación y su amor por el trabajo y por Aguascalientes fue piedra angular no sólo para el desarrollo estatal, sino para el surgimiento de una gran dinastía, de una familia ejemplar que nos dice, con su ejemplo, que sí es posible vivir y construir un buen presente y un mejor futuro.

Se trata de don José Arteaga Campos, un destacadísimo empresario y mejor ser humano.

Fue un hombre recto en toda la extensión de la palabra.

Con una educación total y una gran visión empresarial, lo que lo convirtió en un hombre de principios y de convicciones. Quienes lo conocieron nos cuentan que fue un excelente esposo, un gran padre y un excelentísimo abuelito.

Actuaba tal y como pensaba.


Era de una pieza, decía lo que pensaba y actuaba de igual manera.

Fue un hombre con un corazón bondadoso, pues siempre se preocupó no sólo por su familia, sino por todos sus empleados que tuvo a lo largo de toda su vida y cuentan anécdotas que los sentía tanto que cuando alguien, ya fuera un simple empleado o uno de sus hombres de confianza, se enfermaban y llegaban a ser hospitalizados, ahí estaba él a su lado brindándoles su amistad, dejando ver que estaba con ellos y especialmente para ver si necesitaban algo para su familia.

Don José Arteaga Campos, según un libro de Coparmex dedicado a los hombres Forjadores de Empresas que han dejado profunda huella en Aguascalientes, nació el primero de abril de 1926.




Su padre, José Arteaga Chávez, era originario de esta ciudad.

Su señora madre lo fue Marta Campos Domínguez.

Tuvo dos hermanas: Marta María, que vive en Querétaro y es maestra de Matemáticas de la Normal Superior y María Elisa, que vive en Monterrey y es distribuidora de los productos La Huerta en todo el Estado de Nuevo León.

José Arteaga Campos vivió en la ciudad de México, en donde se graduó como ingeniero químico metalúrgico.

Fue, a no dudarlo, un hombre aventurero en todos los sentidos.

Corredor de autos, cazador, navegaba en balsas de lona los rápidos del Río Grijalva, del Pánuco y del Balsas.


Aprendió a pilotear aviones a la edad de 52 años, primero en un pequeño monomotor y luego sacó la licencia para hacerlo en bimotores, más tarde para volar por instrumentos de navegación nocturna y por último para volar en jet... así de intrépido era.

El 30 de noviembre de 1951 se casó con Marlene Niepmann Ritter, de padres alemanes y nacida en México. De su amor nacieron nueve hijos, tres mujeres y seis hombres; Ana María, Teresita, Gabriela, José, Jorge, Luis, Carlos, Felipe y Alberto.

Trabajó en la capital de la República en una industria metal mecánica durante algunos años, pero al cumplir seis años de casado, en 1957 decidió convertirse en agricultor y escapar de la ciudad de México, para cumplir un sueño que tenía desde niño.

El no tenía la más mínima noción de la agricultura, pero quería realizar su sueño: cultivar un rancho en Aguascalientes.


De esta forma y con el apoyo incondicional de su esposa, sus cuatro hijos y sólo dos mulas, inició su gran aventura.

Y don José rentó un rancho en las inmediaciones de la ciudad, pidiendo prestado para perforar y equipar un pozo. Al arrancar éste se rompió la bomba y se fue al fondo, pero él no se rindió, regresó con los que le habían prestado para que lo volvieran a apoyar.

Con el paso de los años y con los golpes de la vida, don José fue aprendiendo.

Disfrutaba, dicen los que lo trataron, cada logro que alcanzaba, ya fuera el primer racimo de su viñedo, con cinco uvas, la compra del primer tractor, los inventos o "ideo...otas", como él decía.



Primero sembró maíz y trigo.

A los cinco años conquistó su primer premio por haber logrado el mejor rendimiento de trigo por hectárea en el Estado. Experimentó con muchos cultivos, como la vid, cebolla y otros, fue así que encontró formas nuevas para cultivar el chile mejorando las variedades y los rendimientos.


Tiempo después decidió construir una deshidratadora para darle un mayor valor agregado al producto. Con eso compró su rancho, en abonos, a la persona que se lo estaba arrendando y luego rentó otros terrenos a quienes eran sus vecinos.

En 1969 y a causa de dos años con muy mal temporal y la siembra de coles de Bruselas fuera de temporada, no pudo pagar al banco, prácticamente quedó quebrado, por lo que en ese momento tenía que decidir qué rumbo seguir y se encontró ante dos alternativas: o vender toda su maquinaria y liquidar al personal, o vender el terreno que con tanto esfuerzo había comprado, para poder pagar.


Lo pensó algún tiempo y llegó a la conclusión de que el logro más grande que hasta ese momento tenía como empresario era el equipo que había logrado con su gente, personas que aunque la mayoría con muy poca escuela sabían trabajar en equipo, sabían hacer muy bien las cosas, sabían cómo él luchar por lo que se proponían.

Así las cosas se decidió por vender su rancho -lo que hoy es el fraccionamiento Los Bosques- y le pagó al banco.


Fue entonces cuando volvió a rentar para iniciar nuevamente su sueño, aventura, ahora con verduras e iniciando exportaciones en fresco ya recortada y lista para ser congelada.

Tuvo mucho éxito y al poco tiempo compró el terreno en el que ahora se encuentra una de las empresas más exitosas de Aguascalientes, La Huerta.

En 1975 se decidió y pidió un préstamo al banco para instalar una congeladora, la respuesta en varias ocasiones fue negativa, sin embargo fue tanta su insistencia que al final pudo convencer a los banqueros de que era un buen proyecto por lo que finalmente lo financiaron.


Con el respaldo decidido y dinámico de sus hijos José, Jorge y Luis, en 1974 don José puso la primera piedra de la planta congeladora de alimentos.

Así nació, justo el día en que don José Arteaga Campos, sus tres hijos mayores y unos 250 trabajadores comenzaron a procesar los vegetales de las 350 hectáreas que cultivaban, una de las agroindustrias de mayor éxito en todo el país: La Huerta.

Para 1981 se incorporaron a la empresa sus hijos Carlos y Felipe, dándole así un nuevo y renovado impulso.


Actualmente, por lo que se dijo a FUERZA AGUASCALIENTES, en La Huerta se procesa la cosecha de alrededor de 2 mil hectáreas y los que laboran forman un grupo de más de 1,300 empleados cuyo esfuerzo permite la exportación a más de cinco países.

Padre ejemplar, cariñoso, quiso mucho a su esposa y se dedicó íntegro a su familia, a la educación de sus hijos y como él decía a "enseñarlos para que aprendan a aprender, porque siempre se aprende algo nuevo en la vida".


Fue un empresario con gran visión y muy innovador, con un gran sentido humanitario. Disfrutaba mucho de lo que hacía y con su ejemplo dejó a la generación del nuevo siglo y milenio una vida extraordinaria llena de grandes obras a seguir.

Don José usaba frecuentemente una frase que iba mucho con su estilo de vida: "Hagas lo que hagas, hazlo siempre con lo mejor que puedas".


Tiempos pasados son mejores, nos comentan nuestros mayores.

Para muchos es una gran verdad, para otros, una verdad a medias.

Lo que es innegable es que antes, en la generación de nuestros padres y nuestros abuelos, había valores que verdaderamente distinguían a la sociedad.

Valores extraordinarios que hoy la modernidad está minando.

Al amparo de esos valores que hoy más que nunca debemos luchar por retomar, surgieron los hombres y las mujeres de leyenda que nunca dudaron en poner todo su esfuerzo por el engrandecimiento de nuestra sociedad.

Que lucharon como el que más para legar un futuro mejor a la niñez y juventud del nuevo milenio, a la sociedad del Siglo XXI.



Hombres y mujeres con los que Aguascalientes está en deuda eterna.

Seres que hoy son excepción y que anteriormente abundaban.

Uno de ellos lo es sin duda don José Arteaga Campos, a quien hoy FUERZA AGUASCALIENTES está brindando un modesto reconocimiento, porque hablar de gente como él es remontarnos al Aguascalientes romántico del que nos hablan nuestros mayores.

Ha sido alguien por demás importante para transformar la vida económica de la Entidad.

Un ser dueño de un don especial, un don que Dios le dio, el del amor al trabajo, el de la superación, el de la honradez.


Un don que supo transmitirlo a sus hijos, a sus nietos.

Un personaje que nunca se rindió ante la adversidad con el que Aguascalientes siempre estará en deuda, porque si hoy es un lugar con un buen presente y un futuro prometedor, es por gente como él.


Nuestra Entidad, ya lo hemos dicho infinidad de veces en FUERZA AGUASCALIENTES, ha vivido épocas de oro con mujeres y hombres extraordinarios en el servicio a la sociedad, que no han flaqueado en sus compromisos y a quienes con tesón y amor al trabajo han creado empresas que son las que nos han enfilado hacia la superación.

Así fue don José Arteaga Campos, el fundador y director de su empresa La Huerta, el hombre que nunca se cansó de decir que el amor a la vida y a su vocación de servicio eran su guía, es sin lugar a dudas, otro de los grandes tesoros que tiene Aguascalientes.

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