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Con sabor a provincia

+ En nuestra ciudad son pocos los Kioscos que se puedan considerar con historia, los más recordados son el de la Plaza de Armas, el del Jardín de San Marcos y el de la Alameda, entre otros



ALDO BONILLA CHAVEZ



Algo que caracteriza a los pueblos de provincia y hasta algunos sitios de la misma capital, son sus calles, sus Templos, sus jardines y su plaza, sin que pueda faltar sobre todo en estos últimos sitios, al centro su respectivo Kiosco.


Esas construcciones generalmente de forma circular y a cierta altura del piso; sitio de andanzas infantiles, en que un interminable desfile de chiquillos correteaban entre los pasillos del jardín, que para ellos asemejaba una selva, carrera que terminaban en las alturas del Kiosco del centro del jardín; o de las serenatas con la Banda Municipal, sobre todo los domingos, que los de mayor edad escuchaban plácidamente desde alguna de las bancas de fierro que rodeaban al jardín, mientras los más jóvenes entre vuelta y vuelta, cruzaban miradas en busca de alguna aventura amorosa.


O de los mítines políticos, de aquellos viejos candidatos con aspecto de cacique de pueblo, con su clásico atuendo; sombrero de lado, pantalón de color kaki con valenciana, sin que faltara su imprescindible pistola al cinto, que trataban de ocultar con su infaltable chamarra de piel, que de vez en vez como si fuera en forma descuidada dejaban mostrar, sobre todo a sus enemigos políticos, a la más pura usanza revolucionaria, mientras aprovechaban los Kioscos como foro para pronunciar sus discursos, en que todo prometían, mientras eran rodeados por una legión de lambiscones y guaruras, con mirada de pocos amigos.


En nuestra ciudad, dice el Ing. José Ciro Báez Guerrero a FUERZA AGUASCALIENTES, son pocos los Kioscos que se puedan considerar con historia, los más recordados son el de la Plaza de Armas, el del Jardín de San Marcos, el conocido como de Las Flores, que se ubicaba en la esquina del Templo de San Diego, el de la Alameda, aunque no es propiamente el original y uno más rudimentario, que se encontraba en el Jardín de Zaragoza, de todos el único que sobrevive es el de San Marcos, con su respectivo intento por desaparecerlo de ese sitio.


La primera vez que se mencionó la instalación de un Kiosco en la Plaza de Armas, fue cuando se celebró la inauguración del Ferrocarril Central; la Junta Directiva que se formó con ese fin, reportó el 22 de marzo de 1884 después de los festejos, un sobrante de $600.00, por lo que quedó la incógnita sobre cómo utilizarlo; una de las propuestas fue comprar un buen reloj, otra que con dicho sobrante y algo más, se construyera un Kiosco al estilo de los que hay en otras poblaciones, para colocarlo en el Zócalo del Jardín de la Plaza Principal, que a la vez de servir de ornato, libre de la intemperie a las bandas de músicos que honran a la sociedad con sus serenatas, finalmente el H. Congreso del Estado autorizó que dicho sobrante fuera destinado para la prolongación de la calle de San Juan Nepomuceno, con el fin de comunicarla con la calzada Ojocaliente.


Sería a principios de 1886 cuando ya se encontraba en construcción el Kiosco, así como cien bancas de fierro con asiento de madera, en la fábrica de Comanja. Para agosto del mismo año, los Periódicos daban a conocer que ya han comenzado a labrarse las piezas de cantera, para la colocación del Kiosco en nuestra hermosa Plaza Principal, y que pronto también quedarán colocadas las cien bancas de fierro, que sustituirán a las de cantera que actualmente existen.

Para septiembre de 1887, las autoridades reportaban la colocación en la Plaza de la Constitución, de 118 bancas de fierro, siendo 94 en las banquetas que circundan el jardín y 24 en el centro del mismo.



Asimismo informaban la colocación de un Kiosco de fierro, construido en la fábrica de Comanja, en el centro del mismo jardín, donde estaba el Zócalo, con base de cantera, de caja armónica, cuatro escalinatas también de cantera que le sirven de entrada, sus respectivos barandales de fierro vaciado, arquitectura de buen gusto y en los intermedios de las escalinatas, en cuadros tallados de la misma cantera, se pusieron inscripciones conmemorativas. Tiene de adorno una lámpara de metal, depósito de cristal para diez luces y con guarda brisas también de cristal, que regalaron los representantes del Estado en el Congreso de la Unión. Esta mejora se debe el Ejecutivo del Estado, quien la inició y cooperó con sus fondos, así como la Corporación y donativos de particulares.


Durante varias décadas el Kiosco de la Plaza de Armas se encontró en condiciones decorosas, sin embargo, para enero de 1929, el regidor de Jardines reportaba al presidente municipal las pésimas condiciones de la tarima del Kiosco, con varias duelas rotas, por donde pueden ser extraídas las herramientas del ramo de jardines, que en el bajo de este lugar se encuentran guardadas.


Para febrero de 1932, el mismo regidor volvía a hacer del conocimiento del presidente municipal, las malas condiciones de la tarima, los adornos del tornavoz se están cayendo, por lo que ya faltan en varios tramos, y las malas condiciones de la escalera.

En esta ocasión las quejas del regidor sí fueron escuchadas, ya que el 29 de marzo del mismo año, el director de Obras Públicas reportaba al presidente municipal la terminación de los trabajos, faltando únicamente la pintura, por lo que podían continuar las serenatas, que se habían suspendido con motivo de las reparaciones que se estaban llevando a cabo, y para el 16 de abril reportaba la terminación de los trabajos del Kiosco, así como la reposición de los adornos que faltaban.


De esta forma continuó el Kiosco en la Plaza de Armas en funciones, hasta octubre de 1945, en que con motivo de la remodelación de la Plaza ya se hablaba de trasladarlo al Jardín de Guadalupe, donde por ese tiempo se estaban pavimentando los andadores.

Para noviembre del mismo año, algunos vecinos de la ciudad solicitaban la modificación del proyecto para modernizar la Plaza Principal, entre otras cosas pedían conservar el tamaño del cuadrante, la suspensión de la tala de árboles y conservar el típico Kiosco; así como todas sus bancas, incluyendo las de doble asiento, que se ubicaban en la parte central, por supuesto no fueron escuchados.


Para principios de julio de 1946 se hablaba de colocar el Kiosco encima de la fuente del Jardín del Encino, según decían, con el propósito de embellecer el clásico Barrio de Triana.

De esta forma se fue desechando el Kiosco de la Plaza de Armas, para finalmente desaparecerlo de ese lugar en agosto de 1946, sin que se sepa con precisión su destino final.


El Kiosco con más historia de nuestra ciudad, sin duda es el del Jardín de San Marcos, su antecedente es un rústico Kiosco de madera que se colocaba cada año en la glorieta del jardín, con motivo de las fiestas de San Marcos, durante gran parte de la segunda mitad del siglo XIX.

Sería hasta el 11 de noviembre de 1890, cuando la corporación aprobó el proyecto de colocar en la glorieta del Jardín de San Marcos un Kiosco de fierro, según un proyecto levantado por el C. José Noriega.


Para enero del siguiente año se autorizó al Sr. Gil Chávez gastos para realizar un viaje a Lagos o Comanja, con el fin de contratar todo el material de fierro vaciado y dulce que deba llevar el Kiosco, conforme al proyecto aprobado, después de dicho viaje, el Sr. Chávez regresó con un nuevo diseño del Kiosco, y las condiciones bajo las cuales se comprometía el Sr. Valerio Friche a construirlo.


Para febrero de 1891, ya se encontraba un grupo de trabajadores labrando la cantera para la base del Kiosco, mientras en la fábrica de La Victoria, de Lagos de Moreno, del Sr. Francisco Rincón Gallardo, hacían lo respectivo con la fundición de fierro, para el Kiosco que las autoridades pretendían inaugurar el mes de abril de ese año.

Los trabajos para el armado y colocación del Kiosco, estuvieron bajo la dirección del Sr. Gil Chávez, apoyado por un grupo de correccionales, que las autoridades pusieron a su disposición.



El 17 de abril de 1891, el Sr. Gil Chávez comunicaba a las autoridades que ha quedado enteramente concluido el Kiosco del Jardín de San Marcos, por lo que solicitaba nombrar una comisión para recibirlo, de esta forma fue recibido a satisfacción de la comisión nombrada al efecto, por lo que las autoridades dieron las más cumplidas gracias al Sr. Chávez, por la actividad, exactitud y eficacia con que ejecutó sus trabajos, de entera conformidad con el contrato.


Finalmente, el Kiosco fue construido en la fábrica La Victoria, de Lagos de Moreno, Jal. según el diseño del Sr. Valerio Friche, bajo las dimensiones calculadas por el Sr. José Noriega, con un costo por la construcción de material de hierro dulce y fundido por el Sr. Friche y embarque, de $2,633.10 y por la instalación y obra de cantería, la cantidad de $952.29 dando un total de $3,585.39.


El Kiosco desde su instalación, ha sido el punto principal del Jardín de San Marcos, aunque como ya se mencionó, hubo el intento de desaparecerlo y por un tiempo fue trasladado a otro jardín, para regresarlo posteriormente a su sitio original, de donde nunca debió haber salido.


Un Kiosco que muchos pobladores recuerdan con gusto, es el que se conocía como el Kiosco de Las Flores, que se ubicaba en la esquina del Templo de San Diego. Su antecedente es un Kiosco de madera de forma rectangular, que se encontraba en ese espacio por los primeros años del siglo XX, aunque más bien era con fines comerciales.

Por esos años era costumbre entre los habitantes de la ciudad los paseos públicos por el Parián, los que eran animados por la llamada música del Estado y por los músicos del 21º Batallón y del 17º y 19º regimientos, aunque existía el inconveniente de que los músicos tenían que instalarse en medio de la calle, por falta de un espacio adecuado, según decían, daba mal aspecto, interrumpiendo el paso de los transeúntes; además de que en los días lluviosos tenía que ser interrumpido el concierto y el paseo.


Con el fin de evitar en lo posible lo anterior, en febrero de 1914 algunos miembros de la corporación municipal presentaron una iniciativa, con el fin de aprobar el gasto necesario para la construcción de un Kiosco, en el Jardín de San Diego, aunque dicha iniciativa proponía que fuera instalado sobre la fuente que estaba en medio de las tres, situadas frente a la Escuela Preparatoria, espacio que por su amplitud, daría más lucimiento al paseo, los sonidos de la música serían mejor percibidos y para la colocación de sillas de alquiler, además de que en la parte inferior del Kiosco podría colocarse un pequeño mercado de flores.


En esa ocasión la iniciativa no prosperó y sería retomada hasta junio de 1919, en esta ocasión la propuesta era que se instalara un Kiosco destinado al mercado de flores y para dar audiciones musicales, sobre la fuente que se encontraba en la esquina poniente del Templo de San Diego, a pesar de todo la construcción del Kiosco continuaba en espera, según decían las autoridades, conforme se hayan atendido necesidades más imperiosas y lo permitan las condiciones económicas del Municipio.


Una propuesta para la construcción del Kiosco que sí fue aprobada, fue la presentada por el Sr. Casimiro García el 2 de agosto 1922, con la variante de que el Ayuntamiento no tenía que hacer ningún desembolso, sólo solicitaba el apoyo de las autoridades para adquirir fondos entre algunos comerciantes, que ya estaban de acuerdo, como el Sr. Apolinar Sánchez, con una aportación de $40.00 y el Sr. Federico Bouvi por conducto de su apoderado Alfredo C. Morfín, con una función de cine, además de algunas fiestas públicas que tenía en mente realizar.


Para el día 17 del mismo mes de agosto el proyecto fue autorizado por las autoridades, que ya hasta pedían que fuera de mayor tamaño, como podemos ver en la respuesta dirigida al Sr. García: "Aprobado y dígasele, que en cuanto mayor sea su extensión será mejor para el objeto que se desea"; sobran los comentarios.


De esta forma, a las 10:40 horas del día 17 del mes de septiembre de 1922, el gobernador del Estado, Rafael Arellano Valle, colocó la primera piedra del Kiosco para flores, en el ángulo sur-oeste del Jardín del Templo de San Diego, ante una gran cantidad de invitados, entre los que se encontraban el presidente municipal José Díaz y Morán y un gran número de regidores y síndicos; estuvieron también como invitados de honor y con el carácter de padrinos, los ciudadanos Antonio Oviedo, Enrique Reyes, J. Apolinar Sánchez, J. Refugio Pérez, Pablo Torres, Santos Gómez, Enrique del Valle, Miguel Macías Femat, Rafael García Macías, Carlos Ortiz Noroña, Raymundo Saldívar, Profr. José Ramírez Palos, J. Pilar Marchado, Luis M. Bañuelos, David N. Bañuelos, Salvador Siordia, Lauro Siordia y los directores de los Periódicos locales La Prensa y El Tecolote, Sres. Carlos A. Salas López y Guillermo Aguirre y Fierro, respectivamente.


En dicho acto se levantó un acta por duplicado, que fue firmada por todos los presentes, una se colocó en un recipiente que fue cubierto con la piedra, que colocó el gobernador.

El Kiosco fue construido por el Sr. Luis B. Ramírez, con domicilio en la 3ª calle Del Centenario No 63 y fue inaugurado el 31 de diciembre del mismo año de 1922, aunque fue completamente terminado en enero de 1923, posteriormente en su parte inferior se construyó una fuente y a su alrededor, algunas mujeres expendían flores, como claveles, rosas, crisantemas y dalias, motivo por el que desde antes de su construcción ya se conocía como El Kiosco de las Flores.


A partir de entonces, el Kiosco fue utilizado por la Banda Municipal para sus audiciones dominicales de las 11 de la mañana y las de los jueves, por la tarde. A sus costados instalaron otro tipo de negocios, como la nevería de Don Chon, que elaboraba sabrosas nieves, que funcionaba durante el día y la cenaduría de Nieves, con su riquísimo pollo, que funcionaba durante la noche, que como recuerda don Carlos Avila Pardo; en verdad eran una ricura que los viejos recordamos después de tantos años.


Este detalle no podía pasar inadvertido para una mente ágil, como la de don José F. Elizondo, que en su poema "Hidrotermópolis" nos dice: "Aguascalientes, de empedrados aleves / y asfalto de hormigón; / la del pollo de "Nieves" y las nieves de "Chon".

Poco más de dos décadas estuvo El Kiosco de las Flores en ese sitio, y como ha pasado con otras construcciones, llegó el momento en que se convirtió en un estorbo, para octubre de 1945, algunas personas solicitaban que fuera quitado el Kiosco de enfrente de los Templos de San Diego y Tercera Orden, para poder admirar la belleza de estos edificios, según se decía, para poder ampliar el Templo y que sería colocado en el Jardín del Encino, de cualquier forma el Kiosco desapareció de ese sitio.


Por el rumbo de la Alameda también existió un Kiosco, construido en el año de 1903, durante el período de Gobierno del Sr. Carlos Sagredo, como los anteriores el tiempo y el descuido terminaron por deteriorarlo, para noviembre de 1945 se encontraba completamente destruido, y algunas personas lo utilizaban como sanitario, por lo que solicitaban se pusiera una puerta en la parte inferior.


Esos eran los Kioscos que se convirtieron en símbolo de algunos rumbos de la ciudad, aunque la mayoría ya desaparecidos, siguen en la mente de los jóvenes de aquel entonces, que los evocan con gusto, y seguramente recuerdan lo que dijera el poeta Ramón López Velarde: ¿Qué se hizo, Plaza de Armas, el coro de chiquillas / que conmigo llegaban en la tarde de asueto / del sábado, a tu Kiosco, y que eran actrices / de muñeca excesiva y de exiguo alfabeto.


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