NOSOTROS SOMOS AGUASCALIENTES


Comercios de leyenda


* Muchas familias árabes, libanesas, sirias, europeas y norteamericanas contribuyeron a dar grandeza a Aguascalientes



ALDO BONILLA CHAVEZ



Si te postran diez veces, te levantas otras diez, otras cien, otras quinientas, no han de ser tus caídas tan violentas ni tampoco, por ley, han de ser tantas y de esa manera podemos afirmar que la historia de Aguascalientes la va escribiendo su gente, la van forjando sus tradiciones, sus leyendas.


Un pueblo que olvida no tiene memoria.

Una sociedad que no honra a los que fueron actores y partícipes de su historia, es materialista y su rumbo será siempre incierto, hemos dicho ya en reiteradas ocasiones en FUERZA AGUASCALIENTES en donde afirmamos que si algo distingue a la sociedad es precisamente el reconocimiento hacia quienes dejaron huella y que con su esfuerzo contribuyeron a forjar el Aguascalientes de la actualidad.


Aguascalientes siempre ha mostrado un gran atractivo para los extranjeros, esto lo podemos observar desde la llegada de los primeros pobladores de origen español, encabezados por el capitán don Juan de Montoro al frente de doce familias, con el fin de establecerse en esta región para fundar en 1575 la "Villa de la Asunción de Nuestra Señora de las Aguascalientes".


Fue así que al paso de los años en nuestra ciudad, fue muy notoria la participación de familias procedentes del extranjero para el desarrollo de la región, sobre todo en las ramas industriales y del comercio, de esta forma algunos apellidos quedaron ligados a alguna actividad en especial, como es el caso de los franceses, norteamericanos e ingleses y de otras nacionalidades, como japoneses y españoles.


Esas familias se convirtieron en verdaderos pilares del desarrollo de Aguascalientes, auténticos motores de una economía que no se dejaba abatir ante las crisis, sin embargo nada fue fortuito, tuvieron que luchar contra uno y mil obstáculos, pues ya se sabe que el éxito siempre tendrá enemigos, dice a FUERZA AGUASCALIENTES el investigador e historiador José Ciro Báez Guerrero, quien platica para los lectores un episodio que para la actual generación es completamente desconocido: la campaña antisemita que tuvieron que lidiar.


En el Aguascalientes de las primeras décadas del siglo pasado se decía: son judíos, son de lo peor, ellos están acabando con los negocios de los aguascalentenses, que se les expulse, que nadie les compre, que el gobierno les impida seguir con sus negocios, decía esa campaña homofóbica que se desató con una fuerza inaudita.


Familias como la de los Jirash, los Shaadi, Imbert, Cottier, Leantaud, Esmenjaud, Mustaf, Casab, Azquenazi, Selem, Hamet y de los mismos Morales, junto con muchos otros fueron de los comerciantes que dejaron huella en el Aguascalientes de las primeras décadas del siglo XX, una época muy romántica que es evocada con gusto.

Era una ciudad pequeña en la que casi todos se conocían y que recibía a mucha gente de los Municipios que venía a realizar sus compras y algunas, por su tradición de origen libanés, fueron grandes comerciantes, preocupados siempre por tener una atención de calidad, un trato humano y personalizado hacia sus clientes.



Ellos se significaron por dar crédito, una modalidad muy importante en esa época -como lo es hoy- para que ciertas clases sociales pudieran acceder al consumo y, sobre todo, convertirse en amigos de los clientes, lo cual fue posicionando sus comercios, uno de ellos, creo que es el que da origen el arribo de los Jirash Shaadi a Aguascalientes lo fue el Palacio de Cristal, que se ubicó en el primer Parián, allá por el año de 1924.


Estaba en la esquina de Juárez y Allende, una tienda que se hizo muy popular, tanto por su servicio como por la amistad que generó entre la gente que era su cliente.

Debo destacar, agrega el ingeniero Báez Guerrero, que ellos fabricaban gran parte de los productos que ofertaban, en lo que se convirtió en una gran empresa familiar cuyos miembros eran los que atendían a la clientela, lo que economizaba en mucho los gastos y por lo tanto los precios eran muy competitivos.


Eso, dice a FUERZA AGUASCALIENTES, despertó envidias y provocó una situación de descontento, que alcanzó su punto máximo a finales de los años 30s y principios de los 40s, cuando otros comerciantes, oriundos de esta ciudad que se sentían desplazados por los libaneses y cuando en el mundo se oían las críticas hacia los judíos por parte de los alemanes, comenzaron a generalizar ese tipo de conducta que despreciaba al inmigrante, por lo que al sentirse heridos en su actividad comercial, en una situación de ignorancia comenzaron a llamarlos judíos, sin serlo.


Fue así que el comercio de Aguascalientes y luego a nivel nacional, vivió una época muy difícil al enfrentar una campaña homofóbica que dio en llamarla "Antisemita" y que se manifestó de una manera oficial involucrándose los organismos que representaban a los comerciantes, volviéndose entonces en una verdadera guerra de cartas que obligó la intervención de la Presidencia de la República para detener de tajo esa campaña por considerar que definitivamente atentaba contra quienes ya por nacionalización eran mexicanos.


Entre muchísimos de esos comerciantes inmigrantes estaban los Jirash y los Shaadi, a quienes la Presidencia les dio las garantías que como mexicanos naturalizados les brindaba la Constitución, sobre todo porque la actividad que llevaban a cabo era completamente lícita.


Quienes alentaron aquí esa campaña antisemita, que luego se hizo a nivel nacional, acusaban a los comerciantes naturalizados de ser desleales, pues no era posible que ofrecieran precios tan bajos en el comercio y claro que esto era posible, dice José Ciro.

Era posible porque fincaban el éxito de sus negocios en la venta frecuente y sobre todo en el ahorro porque ellos mismos fabricaban gran parte de los productos que vendían.

Fue una época bonita y romántica del comercio, pero salpicada de varios incidentes, como éste que platico, que afectó a varias familias, porque no sólo eran los Jirash Shaadi, sino muchas otras también de origen árabe, libaneses, europeos y norteamericanos que se asentaron exitosamente en Aguascalientes, lo que generó las envidias que cristalizaron en esa campaña "antisemita" que duró entre cuatro y cinco años.


Fue un movimiento muy fuerte y sin razón, pero que con el paso de los años se diluyó y entonces esos comerciantes naturalizados fueron aceptados como hombres de bien, gente que se dedicó a generar empleos, a proveer de satisfactores a la población, a crear riqueza pero sobre todo, a contribuir al bien de Aguascalientes creando una red de amigos que mezclaron la amistad con los negocios pensando solamente contribuir al progreso de la Entidad. Por lo que he leído, nos dice el ingeniero Báez Guerreros, los abuelitos del Lic. Alfredo Morales Shaadi –qepd-, José Shaadi Neile y María Cid, llegaron a Aguascalientes en 1922 procedentes de Beirut, Líbano.


Y su arribo, nos dice, de ninguna manera fue fortuito, lo hicieron atraídos por todo lo que su hermano Pedro Shaadi, y un cuñado, Salim Jirash, les contaban de esta ciudad, en donde todo era quietud, amistad, armonía y, ¿por qué no decirlo? hasta prosperidad.

Desde su infancia, todos tenían la idea de ir a trabajar a América, un continente que se les hacía de ensueño y su hermano Pedro, junto con Salim Jirash, cuando tuvieron la oportunidad no dudaron en tomarla.


Se vinieron en 1902 y llegaron directo a Aguascalientes.

Desde siempre los árabes han sido identificados con el comercio y ellos no iban a ser la excepción, creando en Aguascalientes diversos negocios comerciales, entre ellos "El Palacio de Cristal", una tienda legendaria que estuvo en lo que fue el primer Parián en Juárez y Allende.


En aquella época de principios del Siglo XX, el comercio de Aguascalientes tuvo un auge verdaderamente extraordinario por la consolidación del Ferrocarril y la Gran Fundición.

Destaca que de los grupos étnicos radicados en nuestra ciudad que más han conservado sus tradiciones, son los procedentes de Arabia, Siria y Libia, en este medio son famosos los cafés turcos que suelen ofrecer a sus invitados, su principal actividad desde su arribo a esta ciudad a principios del siglo XX, fue el comercio.


Durante la etapa comprendida entre los años cuarenta y parte de los sesenta, dominaron gran parte del principal sector comercial de nuestra ciudad, como eran la calle de Juárez y el Parián, ante la molestia de algunos comerciante locales que, según decían, las autoridades les daban preferencia a los extranjeros, sobre todo para la adjudicación de los locales del Parián, en este caso como los orientales, la nostalgia por su patria quedó reflejada en los nombres de algunos de sus comercios.



Como los almacenes de ropa y novedades "La Marítima", del número 50 de la calle Juárez, y "El Nuevo Líbano" del portal Hidalgo 7, en el primer Parián, ambos del Sr. Juan Morales.

"El Palacio de Cristal" de los Sres. Pedro Shaadi y Salim Jirash, que se encontraba en los portales de Hidalgo y Allende, en el Parián. El Sr. José Shaadi, hermano de don Pedro, instaló "La Ciudad de Roma" por la calle de Juárez, frente al Parián y posteriormente "El Cedro" en la esquina de Juárez y Rivero y Gutiérrez, con venta de ropa de mezclilla y artículos para el hogar.


Otros de los comerciantes que tenían su negocio por la calle de Juárez, en los años treinta del siglo pasado, eran el Sr. Alfonso Nasri, con su negocio de ropa y calzado, ubicado en el número 46; en el número 54 de esta misma calle, se encontraba el establecimiento de ropa "La Sultana" del Sr. Manuel González Mustaf –todavía existe-; en el número 34, Juan Manzur tenía su zapatería "Bagdad"; en la letra "J" Manuel Simón tenía su expendio de ropa y calzado, "La Reyna"; en el número 38 1/2 el Sr. Emilio Morales tenía su tienda de ropa; en el número 34 Jorge Abro tenía su zapatería "La Elegancia"; Pedro Atisha tenía su Zapatería "La Princesa" en el número 38; la sucursal de la zapatería "Elite" estaba en el número 58, propiedad de don Miguel Casab.


Como ya se comentó, el Parián fue el lugar predilecto para establecer su negocio de algunos comerciantes del origen mencionado, además de los ya nombrados, se encontraban los Sres. Jacobo Azquenazi, con su establecimiento de calzado en el portal Hidalgo 5 bis; Moisés Adid L., con su zapatería "La Reforma" del portal Olmedo y Aldama; José Setuna Akin, con su zapatería de portal Aldama 5; José Hamet G., con su zapatería de Aldama 9; Jorge Abro S., con su zapatería de portal Allende 27; Luis Mustaf tenía su mercería en portal Aldama 13. Otros comerciantes establecidos en el Parián, fueron Jorge Portela; Juan A. Manzur; Miguel Casab con su zapatería "Elite" en portal Hidalgo 5; Ernesto Imm con su relojería y óptica "La Esmeralda" de portal Allende 23 1/2.


En la calle de Allende también había algunos establecimientos comerciales, propiedad de familias procedentes de otros países, por ahí se encontraban en el número 28, el Sr. Isaac Selem; en el número 26 Julio Esmenjaud con su tienda de ropa "Casa Blanca", en la esquina de Juárez y Allende el Sr. Honorato Imbert y el Sr. Cottier, tenían su tienda "La Primavera" y en la esquina de Primo Verdad y Morelos los hermanos Leautaud, de origen francés, tenían su gran almacén de ropa y novedades "Las Fábricas de Francia".


Además de los mencionados había otros comerciantes procedentes de diversos países, como Alfredo Chain, que murió trágicamente, con domicilio en Primo Verdad, con venta de artículos en abonos; los Sres. Miguel y Manuel Kuri Awad, con su fábrica de hielo por la calle de Lerdo; Juan Comte con su garaje en la calle de Hornedo; Moisés Kotlarchik, con su expendio de ropa en Juan de Montoro 46; Sam Lifchite Chernakoff, con su perfumería


"La Corona", de Juárez 22; José Larrañaga, con su despacho de cerveza en Colón 9; el Sr. Vicente Matute, con su "Relojería Alemana" en Juárez 6; Mishnbarta Antonio, con su pastelería en Arteaga 24; Luis Ponsa, con su "Gran Panadería Francesa" de Juan de Montoro y Morelos; Francisco Rossen, con su tienda de ropa, de Colón 10; Andrés C. Settshiw, tenía su café "Al Minuto" en Madero y Morelos, que también estuvo en la acera norte de la Plaza Principal; la agencia de equipos para oficina de Ramón Seijo Borras, en Madero 21; María Guadalupe Delahanty de López, con su expendio de ropa en el Mercado Terán; Adib J. Farah con ropa y calzado en el mismo Mercado Terán; el expendio de hielo de Felipe Awad Llaguno, en Guadalupe número 3 y algunos otros.


El ingeniero Báez Guerrero dice que además existían en nuestra ciudad otros apellidos extranjeros, como Austin, Danieli, Imamura, Llamas, Hakim, Higeg, Dacasa, Ahedo, Madrazo, Newman, Baker, Berli‚ y muchos otros, de los que en próximas ediciones daremos cuenta.

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