Los Talleres del Ferrocarril y su entorno

Epoca romántica de Aguascalientes

ALDO BONILLA CHAVEZ



Hace ya más de cuarenta años se escuchaba sobre nuestra ciudad y sus alrededores a determinadas horas del día, un silbato, con el que la población se basaba para estimar su tiempo, era el silbato que funcionaba a base de vapor en los Talleres del Ferrocarril, que anunciaba la entrada y salida de los obreros en sus diferentes turnos, y que se escuchaba "por la madrugadas del terruño" como dijera el poeta Ramón López Velarde.

Aquellos imponentes Talleres con su Casa Redonda, para reparación y construcción de máquinas, que se establecieron al oriente de nuestra ciudad a fines del siglo XIX, sobre los terrenos de la antigua hacienda de Ojocaliente y que vendrían a dar un gran impulso a la industrialización de Aguascalientes.


Para 1884 ya se encontraba instalada la Estación Chicalote, y ese mismo año pasaría por nuestra ciudad la primera locomotora. Por este tiempo se utilizaba como medio de transporte de la Plaza Principal a la Estación, los tranvías, primeramente de tracción animal y posteriormente de energía eléctrica.


Durante casi un siglo los talleres Ferroviarios serían los más importantes del país, fuente de empleo de más de cinco mil obreros en sus diferentes departamentos, de pintura, hojalatería, mecánica, fundición, herrería, carpintería, etc.


La capacidad de los obreros de la localidad era plenamente comprobada, tan es así que en 1913 saldría la primera locomotora la número 40, construida en talleres por la gente de Aguascalientes y esta capacidad se seguiría demostrando a través de toda la evolución de la industria ferroviaria, desde el tiempo en que las locomotoras utilizaban carbón como combustible, pasando por las de vapor, las de diesel y las que utilizaban una combinación de diesel y electricidad.


En torno a las instalaciones se construyeron una serie de fincas, algunas pertenecientes a la misma empresa, como la Estación, que tiene como antecedente una construcción provisional de madera, que funcionó hasta el año de 1911, en que fue construida la que hoy se encuentra como museo bajo la dirección del ingeniero Italiano G. M. Bosso, su inauguración fue el 20 de noviembre de ese mismo año.


La finca conocida como la Casa Colorada, lugar de las oficinas de la Superintendencia y Pagaduría, desgraciadamente desaparecida y el Hospital del Ferrocarril, el cual posiblemente inició su construcción en el año de 1899, este nosocomio funcionó hasta el año de 1957 en que fue demolido para construir el actual, que fue inaugurado en agosto de 1959 y que luego fue remodelado para convertirse hoy en la Delegación Estatal del IMSS.


Al inicio de la Alameda funcionó por muchos años la tienda de El Gato Negro, tan ligada a los empleados del taller. Otra finca interesante es la que se encuentra al final de dicha avenida frente a los baños grandes, que en sus inicios funcionó como el Hotel Escobedo, construido en 1908, al parecer el Arquitecto Refugio Reyes participó en su construcción. Esta finca en aquel entonces no dio resultado como hotel, por lo que cerró sus puertas, posteriormente se ocupó como seminario, cuartel, sede de la campaña nacional contra la fiebre aftosa; durante años la finca estuvo abandonada, hasta que volvió a su uso original como hotel.


Con la instalación de los Talleres como fuente de empleo, se daría origen a una serie de familias, cuyos apellidos estarían muy ligados a la empresa, como contaba don Heliodoro Martínez López: su tradición de ciudad ferrocarrilera, data desde entonces y existen familias, unas casi extintas y otras constantemente renovadas, con apellidos típicamente ferrocarrileros; Avendaño, Coronado, Rubalcaba, Moreno, Villalpando, Romo Chávez, etc.


La mayoría de los obreros ingresó a la empresa como aprendices, hasta convertirse en verdaderos expertos en su ramo; asimismo, entre las familias existía una gran influencia por que los hijos ingresaran a edad temprana, como nos narra Don Mauricio Magdaleno: "Los padres de la mitad de los alumnos eran trabajadores del Ferrocarril; muchos de mis compañeros, al término del sexto grado, o antes, ingresaron en los grandes Talleres de la Maestranza y la Casa Redonda, que por muchas décadas fueron los más importantes de la República."



Don Antonio Acevedo Escobedo hace referencia de su impacto en nuestra sociedad: "La tradición del trabajo ha conferido al gremio una tan acendrada dignidad, que en ese enorme emporio de actividades se fajan con los más rudos menesteres los v estragos de familias muy bien miradas, sin que nadie incurra en la torpeza de creer que ello entrañe algo denigrante. No se advierten por allá las acentuadas diferencias de categoría social tan comunes en otras partes, sobre todo en las de crecido desenvolvimiento económico."


Inicialmente el atractivo de ese rumbo de la ciudad para las familias, era por la presencia de los baños públicos del Ojocaliente y los Arquitos, construidos a principios del siglo XIX; así como la avenida arbolada conocida popularmente como la Alameda, sobre estos

lugares nos narra Don Mauricio Magdaleno: "Me gustaban aquellos andurriales, se entra por una sombrosa calzada de árboles, tradicionalmente llamada La Alameda, a unos pasos de la cual cae el área de lo que fue, hasta muchos años después, la Huerta Gámez, florida y frutal... remata en los baños de aguas termales, un paraje agreste dónde brota el manantial que abastece a la población, el agua corría magníficamente por todas partes, pero sus conductos urbanizados lo eran dos anchas zanjas que penetraban en dos viejos edificios gemelos sobre cuyas puertas se leía: baños para mujeres y baños para hombres. Por en medio de la calzada corría un pequeño tranvía de mulitas que hacía algo así como doce minutos en llegar al ojo de agua; a pie el paseo alcanza una media hora."


Al inicio de la Alameda es encontraban los baños públicos mencionados, como nos cuenta Don Heliodoro Martínez: "A ambos lados de la calzada existieron unos baños públicos gratuitos, el de la izquierda para hombres, derribados totalmente al construirse el Club Deportivo Ferrocarrilero y el del lado derecho para mujeres. Creo que éste se conserva por lo menos en parte, en el lugar donde la C.N.O.P. construyó un centro de formación familiar''.


¨El baño de hombres era una pequeña alberca, con un apoyo de mampostería en su alrededor que actuaba como vestidor y en donde amontonábamos nuestras pertenencias, debiendo estar ojo avizor, cuidando nuestras ropas."

A principios del siglo XX, la Estación como paseo familiar ya estaba en el gusto de las familias, éste incluía ver la llegada del ferrocarril, con sus cansados viajeros y su interesante carga. A este respecto nos narra Don Antonio Acevedo: "Los domingos por la tarde el andén de la Estación se convertía en paseo, junto al restaurante, donde a aquello de las cinco salían del horno unos bollos de huevo con sabor a infancia, se instalaba una orquesta típica."


La construcción de los talleres con su paulatina ampliación, y su consecuente aumento de personal con atractivos sueldos, sería una gran influencia para la formación o consolidación de los barrios del oriente de la ciudad, como el de la Estación; además de otros como la Colonia del Trabajo, Ferronales, San Luis, y Héroes, en los que durante mucho tiempo el punto central sería la Estación y su jardín, con sus interesantes bancas, sus arbotantes y sus macetones.

Cercano al jardín, entre el sitio donde se encontraba la casa del Sr. Juan G. Alvarado (actualmente secundaria de la U.A.A.) y las vías, se instalaría en un amplio bodegón el cine Royal.



La influencia del Ferrocarril fue tal, que hasta en los lugares donde se expendían bebidas alcohólicas empezaron a proliferar nombres afines, como nos narra Don Eduardo J. Correa: "Las fondas y cantinas, tiendas y tendajones, en distintos lugares, con varias direcciones, ostentaron, partícipes del gozo de la hora, los rótulos de "El Riel," de "La Locomotora," y de "El Ferrocarril," así como también "Los Furgones," "La Máquina," "La Plataforma," "El Tren." Que dibujados viéronse con trazos inseguros en puertas y ventanas, en batientes y muros."

Además los empleados del Ferrocarril se convirtieron en un atractivo entre las jóvenes casaderas, que los aceptaban con sus defectos y virtudes, como nos relata Don Antonio Acevedo: "La muchacha que se casaba con un ferrocarrilero disponía de un marido algo inclinado a la juerga, por lo demás cariñoso y jovial."


Uno de los eventos más significativos de la Revolución Mexicana, fue la Convención que se efectuó en nuestra ciudad en 1914, convirtiendo al Ferrocarril como el medio de transporte más adecuado para el movimiento de tropas, durante esta etapa la Estación se vio invadida por militares de los diferentes bandos, algunos de los jefes utilizaron los vagones como despacho, como nos cuenta Don Mauricio Magdaleno:


"Por cuatro o cinco días aullaron ininterrumpidamente los silbatos de las locomotoras y poseyó a la apacible ciudad una atmósfera tensa, alucinada. En cuanto salíamos de la escuela nos echábamos hacia la Estación, en las vías de cuyo patio apenas cabían tantos trenes militares".


"Aquella tarde equivalía llana y simplemente a ir al campamento del General Villa."

"Una vez en el andén de la Estación, apenas podíamos dar paso entre tanta confusión de militares. Todo lo llenaba el humo de las locomotoras... jadeaban las locomotoras de eminentes chimeneas, allá a la distancia, en el límite del patio, procedentes de Zacatecas y Torreón, otras y otras, docenas y docenas, lanzaban impacientes silbatos, tratando evidentemente de abrirse paso."


"Un uniforme amarillo cayó sobre mi tío -y consiguientemente sobre mí-... era el General José Isabel robles, uno de los jefes más queridos de la División del Norte... Inmediatamente nos abrieron paso los grupos de uniformados....y subí tras mi tío a un vagón cuyo acceso custodiaban dos hombres en tejano y fusil en mano..."

"Alguien se levantó de una mesa y quedó frente a frente del General Robles y de mi tío. Ese alguien era el caudillo Francisco Villa."


Durante la estancia de los trenes militares, se hablaba que en algunos vagones traían máquinas para hacer billetes, a este respecto existe una curiosa anécdota que nos narra el mismo señor Magdaleno: "En ese tren, en uno de sus vagones - lo supe después -, una máquina confeccionaba billetes, aquellos billetes ayunos de toda garantía, pero de curso forzoso, que por incoloros y burdos, el pueblo llamó "sábanas," las famosas "sábanas de la División del Norte¨.


EL CURIOSO BILLETE



Por cierto que sobre ellas cuenta algo monumental y grotesco mi amigo Julián Vidales, hijo y precoz actor de la Revolución, asegura Julián que en cierta ocasión fueron mal colocadas las planchas de una emisión y un montón de "sábanas" resultó con esta leyenda, en el anverso:


"Un peso," en tanto en el reverso se leía: "Cincuenta centavos."

Los responsables de tamaña barbaridad, no sabiendo qué hacer, ocurrieron, tras echarle la culpa a un imprevisto desperfecto, al mismísimo General Villa. El caudillo pensó brevemente lo procedente y resolvió, al cabo y por manera salomónica: "Lo que haya sido, ya no tiene remedio. Si por un lado dice "Un peso" y por el otro "Cincuenta centavos," pos... cada billete vale uno cincuenta."


Durante la ocupación de esta ciudad por las fuerzas del general Francisco Villa en 1915, fue necesario acuñar monedas de cobre de 5, 10 y 20 centavos, para lo cual se recurrió al departamento de herramientas, al señor Arnulfo Aranda encargado del departamento, correspondió el troquelado y fundición de las monedas y al señor Ricardo Aguilar del departamento de dibujo, el diseño utilizando como troqueladora una máquina de hacer rondanas, según consigna Saúl Renato Garibay en su libro.


Todo esto era el Taller del Ferrocarril y su entorno, con su evolución por varios años en constante movimiento, hasta que por diferentes causas el taller resulto inoperante.

Para el común de las personas estas instalaciones estuvieron vetadas, aparte del bullicio de la Estación con su llegada y salida de trenes, no se podía ver más allá de una gran barda que cubría las instalaciones del Taller.


Actualmente los Talleres que tanta historia nos legaron son un Complejo, en el que los días de gloria a pesar del poco tiempo que tienen sin operar se antojan muy lejanos, desgraciadamente gran parte de esa historia se ha perdido para siempre.

Hoy ya solo quedan los relatos que dan cuenta de esa página histórica, donde destacaban aquellos legendarios 16 manantiales, con sus nombres de santos, que dieron origen a nuestra ciudad y su nombre, en cada uno de los cuales se colocara una fuente de cantera revestida de mosaico veneciano, señalando la ubicación aproximada del manantial.


Esa finca tan interesante y tan característica, como es la Estación ha sido restaurada completamente y en ella se ha instalado un museo, por lo que respecta al romántico jardín, con el Complejo de las Tres Centurias, se rescató totalmente y hoy luce sus arbotantes y macetones. Por cierto cuando el jardín fue remodelado en 1942, el costo de las bancas fue patrocinado por diferentes empresas y particulares, que junto con los Talleres dieron brillo a nuestro Estado, debido a esto aparecen grabados en su respaldo nombres de particulares como: Antonio Oviedo; Westrup; Manuel del Villar e hijos; Francisco Lee Toy (seguramente el Chino Lee Toy, propietario del restaurante que por muchos años funcionó en el interior de la Estación,).



De empresas como Las Fabricas de Francia; Casa de Vidrio; Jabonera del Centro; La Industrial de Anselmo López; Carta Blanca de Alfonso Bernal Sahagún; Fundición de Fierro de James N. Lawrence; Panadería El Porvenir de Juárez No 140 ( de Lolita Lomelí ) .

De cantinas: Manuel Ortiz M. del Puerto de Guaymas; Telésforo Guerra con su Salón Cuauhtémoc y su celebre Río la Plata. Las colonias extranjeras: la Francesa, la China y la Española, sin faltar los mensajes sugestivos: Tome asiento y Cerveza XX Orizaba; De Sonora a Yucatán usan sombreros Tardan, Gran Sombrerería Tardan Juárez 29 y tantos otros.


Algo que causó admiración son las hallazgos que se detectaron, como son las instalaciones de la legendaria Casa Redonda, la cual dejó de funcionar a principios de los años sesenta, que en un principio se creyeron completamente destruidas, afortunadamente no fue así. Otro de los hallazgos es el de aquel silbato que se escuchaba todos los días que también se creía perdido, afortunadamente fue encontrado en el sótano de la Casa de Fuerza, ya se encuentra en manos de los encargados del proyecto, completamente restaurado gracias a Los Amigos del Ferrocarril.

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