Los Arquitos


+ En 1850 vivían en Aguascalientes 79 mil habitantes, para ese entonces, Los Arquitos ya concentraban una gran parte de la actividad hidráulica de la ciudad, pues a este lugar concurrían muchas personas para pasear, lavar la ropa y por supuesto, tomar un baño

ALDO BONILLA CHAVEZ



La riqueza cultural, de tradiciones y de leyendas de Aguascalientes es invaluable e interminable.Por cualquier rumbo de la ciudad y del Estado nos encontramos con tesoros que no sólo nos dan identidad, sino que se convierten en nuestro orgullo, ya que son la admiración de propios y extraños.


Pese a ser uno de los Estados más pequeños del país, Aguascalientes es uno de los más grandes si se habla de esa riqueza que tanto lo distingue, misma que se preserva con celo y que está siendo rescatada y preservada para el disfrute de las futuras generaciones.

Una de esas tradiciones son los legendarios baños de Los Arquitos, hoy convertidos en un gran centro cultural gracias a una millonaria inversión que, al paso de los años, se ha evidenciado que no fue en balde.


Los baños de Los Arquitos, ¿quién de los adultos y sus antecesores no llegó en alguna ocasión a asistir a ellos?.

¿Quién no disfrutó de momentos inolvidables en sus famosas piletas? ¿Quién no llegó alguna vez a acudir a ellos porque se decía que sus aguas eran medicinales?

¿Qué familia de Aguascalientes no llegó a tener verdaderos paseos y días de campo en sus huertas?


Fueron tiempos extraordinarios.

Cómo no recordar sus aguas tremendamente calientes que sin entrar en ellas permitían disfrutar de un sabroso baño de vapor.

Esos baños legendarios de Los Arquitos, ésos que datan de casi principios del siglo XIX, son también una leyenda, una tradición que seguirá perpetuándose ahora a través de un centro cultural.


Cuenta la historia, según información que FUERZA AGUASCALIENTES recabó en el Archivo Histórico del Estado, que durante el Siglo XVIII la población basaba su economía en dos actividades principales: la agricultura y la minería.

Los mineros se podían considerar nómadas hasta cierto punto, ya que viajaban constantemente en busca de los lugares que ofrecieran mejores opciones para desarrollar su actividad.


Por lo que respecta a la actividad agrícola, los jornaleros trabajaban regularmente durante períodos que abarcaban de tres a cuatros meses y su trabajo lo hacían en las grandes huertas existentes en la ciudad.

El agua suministrada a estas huertas provenía principalmente del manantial localizado en el Ojocaliente, al oriente de la Villa.


De allí el líquido era repartido por medio de canales o acequias, además de un repartidero o arrancadero que facilitaba la distribución del mismo.

Con esto los requerimientos de agua se satisfacían sin ningún problema, pues los manantiales surtían a las fuentes públicas y de ahí una gran parte de las 16,307 familias que según el Primer Conteo Estadístico vivían en la ciudad, tomaban lo necesario para la actividad doméstica.



A principios del siglo XIX, el Ayuntamiento de la Villa ve la posibilidad de construir unos baños o placeres que funcionaran con un carácter público para dar el servicio a los miembros más notables de la sociedad.

De esta manera, en el año de 1821 el jefe político de Aguascalientes, don Felipe Pérez de Terán, conforma un patronato cuyo primer beneficiario fue el padre José Berrueco, además de algunos vecinos notables de la comunidad.


Una vez establecido el organismo que regiría el funcionamiento de los baños, se procedió a su construcción, ubicándose al oriente de la ciudad, en la esquina de lo que ahora son las calles de Héroe de Nacozari y Alameda, teniendo una superficie total de 20,000 metros cuadrados aproximadamente y abarcando dos huertas, una interior y una exterior, que a su vez ocupaba terrenos de los que se conocía como la Casa Pons.


Dentro de los términos que la concesión otorgaba a los patronos que conformaban el patronato, se acordó que los mismos podían tener acceso gratuito a los placeres en determinados días de la semana, utilizando el servicio que se asemejaba a los placeres romanos, que precisamente deben su nombre a que son utilizados con carácter recreativo y de descanso.


A lo largo de los años, Los Arquitos fueron adquiriendo su fisonomía y esto se dio, según el Archivo Histórico, en cinco etapas.

En 1850 vivían en Aguascalientes 79 mil habitantes, para ese entonces, Los Arquitos ya concentraban una gran parte de la actividad hidráulica de la ciudad, pues a este lugar concurrían muchas personas para pasear, lavar la ropa y por supuesto, tomar un baño.

Con este centro, la zona entró en una gran actividad, ya que se realizaban actividades comerciales que permitían un gran manejo de mercancías.

En la primera etapa, figuraban el pórtico neoclásico, la casa de agua, la caja de agua que surtía a los baños, además de alimentar por medio de una tubería, misma que utilizaba una medida del tamaño de una naranja, es decir, 8 centímetros de diámetro, a la mayor parte de las fuentes de la ciudad.


Durante la segunda etapa se construyen los baños sin arcadas, los cuales tienen la particularidad de haber sido construidos en matacán, una piedra porosa característica de Aguascalientes y para unir las piezas se utilizó baba de nopal con cal apagada y sangre de res, lo cual produce un adhesivo de mayor calidad que el cemento; teniendo la particularidad de ser dúctil.

En la tercera etapa de Los Arquitos, se hacen 4 tinas abiertas y 16 baños cerrados, con lo que se da un paso más a la fisonomía que hicieron de ésta una edificación característica para nuestra ciudad.



Durante 1850, el señor Jesús Carreón arrenda los baños y manda construir la arcada de tipo árabe, misma que da el nombre actual al edificio. También se construyeron 86 lavaderos públicos, mismos que llegarían a ser los más grandes del centro de México.

La cuarta etapa de construcción comprende los arcos platerescos, en donde se maneja la fachada como si tuviera elementos de platería, construyendo los detalles como una joya y esto se puede apreciar en las columnas que podemos ver como balaustres o candelabros.

Entre los años 1886 y 1890, se construye la primera alberca pública de Aguascalientes.

Para bañarse en esta alberca, existían ciertos requisitos, ya que no se podía mostrar ninguna parte del cuerpo a los demás bañistas, por lo que para poder nadar en ella era necesario entrar a los vestidores. Estos tenían una pileta conectada a la pila principal, lo que permitía que una vez puesto el traje de baño, las personas entraran por la vía subacuática saliendo del mismo modo.


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