Las posaditas son alegría

Por diferentes motivos culturales y sociales, las posadas, al igual que muchos otras de nuestras tradiciones religiosas han perdido su esencia y con ello su significado y finalidad, de allí que mucho de lo que fuimos, de lo que aún somos, lo hemos perdido y estamos dejando que se nos escape.



Influencias extrañas a nuestra cultura y a nuestra fe, han ido adulterando, o al menos diluyendo nuestra fe y nuestra vida. Una muestra de esto son las posadas, las cuales (generalmente), se han convertido en bulliciosos bailes, sin otra finalidad que bailar y divertirnos. En estas "fiestas", no están presentes los tradicionales "peregrinos", han enmudecido las guijolas, ya no arden las multicolores velitas, ni se encienden las luces de bengala, ni los faroles. En estas "posadas", el abundante licor ha venido a suplir el tradicional ponche de granada, de tamarindo, de jamaica etc.

Esto ha hecho que hoy por hoy poca gente, de manera especial las nuevas generaciones, sepan en realidad qué es una posada y cómo celebrarla.


UN POCO DE HISTORIA


Las posadas, tal como las conocemos, es una tradición únicamente mexicana y se celebran en nuestro país desde hace unos 400 años. Sin embargo su historia va mucho más allá de esta fecha. Al parecer, el origen de esta fiesta está relacionada con la fiesta que celebraban los aztecas en la época invernal, por el advenimiento de Huitzilopochtli, dios de la Guerra, que se efectuaba en el mes llamado Panquetzaliztli, correspondiente en el calendario juliano al lapso que va del 7 al 26 de diciembre, temporada que coincidía con la práctica europea de celebrar la Navidad.


Probablemente, en los albores de la evangelización, los religiosos Agustinos fueron quienes promovieron la sustitución de personajes en estas festividades, "evangelizando" de esta manera la celebración del dios Huitzilopochtli, ya que, si bien manteniendo la festividad en la misma época, ésta tomó características totalmente distintas, las cuales se acomodaron a la tradición cristiana.


Uno de los lugares donde se establecieron los agustinos, fue el pequeño pueblo de San Agustín Acolman, situado a unos cuarenta kilómetros al noroeste de la Ciudad de México, en el camino a Teotihuacan. En este lugar se originó la práctica de las posadas, cuando en 1587 fray Diego de Soria obtuvo del Papa Sixto V una bula (permiso) en la que autorizaba la celebración en la Nueva España de unas misas llamadas "de Aguinaldo" como preparación a la Navidad las cuales se celebraban del 16 al 24 de diciembre dentro de los atrios de la iglesia. Al final de la misa, se realizaba una "berbena" en la que se intercalaban pasajes y escenas de la Navidad. Con el paso del tiempo y como atractivo se le agregaron a la celebración luces de bengala, cohetes, piñatas y villancicos.


Como un complemento a esta celebración, y con la proximidad de la Navidad, estos grandes evangelizadores del pueblo indígena, integraron una novena de oración, la cual estaba caracterizada por la representación del viaje que hicieran José y María desde Nazaret (en el norte de Israel) hasta Belén.


Cada día representaría parte del camino que hicieron José y María desde Nazaret hasta Belén. En este viaje, que se supone de 9 días, para acomodarlo a la "novena" (no porque haya sido históricamente de nueve días), cada día la Santa pareja solicita "alojamiento", es decir "posada" en diferentes casas del barrio o de la vecindad. Su peregrinar termina el 24 de diciembre en donde finalmente es recibida en el templo y con ello se prepara el nacimiento de Jesús.


Ya para finales del siglo XVIII las "Posadas", gracias principalmente a fray Juan de Béjar quien era uno de los grandes promotores de esta fiesta (aunque también a las monjas Concepcionistas que las promovieron entre sus conventos), eran ya una tradición independiente a las Misas de Aguinaldo, convirtiéndose en una celebración en los barrios y en las familias de la Nueva España.


A las posadas se fueron agregando diversos elementos, como ofrecer a los individuos alimentos que variaban dependiendo de cada región; el baile, incluido ya en tiempos de la colonia, el rezo del Santo Rosario, las piñatas, los villancicos y la petición de aguinaldo encargada a grupos de niños y jóvenes. Todo esto hizo de la posada un verdadero encuentro de oración y catequesis para toda la comunidad y al mismo tiempo una fiesta vivida dentro de la alegría cristiana.


LAS PIÑATAS


Al parecer el origen de este tradicional juego mexicano, se encuentra en China y de acuerdo a algunas informaciones, se atribuye a Marco Polo haber llevado las "piñatas" a Italia en el siglo XII después de que él las conociera en oriente.

En efecto, los chinos confeccionaban una figura de vaca, de buey o de búfalo cubierta con papeles de colores a la que le colgaban instrumentos agrícolas.

Esta figura servía para realizar una ceremonia al inicio de la primavera, que coincide con el año nuevo chino, los colores de la figura representaban las condiciones en que se desarrollaría el año, en relación con la agricultura.


El buey o la vaca estaban rellenos de semillas de cinco clases que se derramaban cuando los mandarines las golpeaban con varas de diferentes colores. Después de haberla vaciado, se quemaba el papel y era el momento en el que la gente trataba de obtener un poco de esas cenizas ya que eran consideradas de buena suerte para todo el año.

De esta manera llegó este "juego" a Italia en donde tomo el nombre de "pignatta" que en italiano significa "olla frágil", pues era hecha con una olla de barro. Sin embargo hay quienes dicen que el origen de esta palabra no le viene por ser hecha con una olla, sino porque las primeras "piñatas" eran siempre hechas en forma de "piña", forradas con papel de china de colores, y que es precisamente de ahí de donde la palabra "pignatta" llegó a significar "olla frágil".


Al pasar esta costumbre a Europa, se integró con el paso del tiempo a la celebración de la Cuaresma, principalmente en España, sin una significación particular que el de divertirse. La piñata se "rompía" el primer domingo de Cuaresma por lo que por muchos años se conoció este domingo como "Domingo de Piñata". La tradición o juego consistía simplemente en romper con un palo una olla de barro cubierta con papeles de colores, la cual estaba llena de dulces y para romperla, se vendaban los ojos.


Los primeros misioneros españoles trajeron a la Nueva España las piñatas, las cuales fueron rápidamente aceptadas por los Aztecas ya que ellos durante las fiestas de la celebración de las fiestas en honor de Huitzilopochtli, que como ya decíamos se celebraba al final del año, realizaban una "ceremonia" con elementos muy semejantes a los de las tradicionales "piñatas".


En estas fiestas Aztecas los sacerdotes del Templo Mayor colocaban una olla de arcilla en una asta en el templo y la llenaban con pequeños objetos preciosos obtenidos como botín sus victorias. La olla se decoraba ricamente con plumas multicolores, se rompía con un palo y los regalos que contenía se derramaban a los pies de su Dios, significando la ofrenda del pueblo.


Los evangelizadores, usaron esta tradición Azteca, dándole un significado cristiano, para explicar la lucha contra el pecado. Existen diferentes tradiciones sobre la significación que los evangelizadores le dieron a cada uno de los elementos de la piñata, los cuales como veremos tiene en común los elementos básicos de la evangelización: la Fe, la lucha contra el mal, la gracia de Dios, y la recompensa final.


De acuerdo a una de las tradiciones, la piñata representó a Satanás, el cual atrae y seduce a los hombres por medio de sus brillantes colores. Los dulces y las frutas que la llenaban, substituyeron los regalos hechos Huitzilopochtli y vinieron a representar las tentaciones que el diablo ofrece. La persona, con los ojos vendados, indicaba la lucha contra estas tentaciones en la oscuridad de la fe; el palo representaba la bondad, ya que solo el bien puede vencer al mal. Cuando se rompía la piñata, los dulces y la fruta que contenía representaron la recompensa que Dios da a los buenos, a los que se dejan guiar por la fe, que es finalmente la que nos hace santos.



De acuerdo a otra tradición, las piñatas fueron utilizadas por los evangelizadores para mostrarles lo que era la tentación (el cántaro adornado bellamente por fuera y con fruta y dulces por dentro); el penitente, si quería obtener las alegrías de la piñata, debía con los ojos vendados, signo de la fe, y armado con la fuerza de la voluntad y la gracia de Dios (representado por el palo), evitar el pecado (destruirlo). Antes de iniciar la lucha (pegarle a la piñata) se le giraba en treinta y tres vueltas en recuerdo de los treinta y tres años que vivió Cristo, y entonces se le dejaba romper el cántaro y obtener los regalos los cuales no llegaban sin sacrificio.


Finalmente otra versión nos dice que los frailes españoles instruían a los indígenas de México en el catecismo, explicándoles que la piñata simbolizaba las tres virtudes teologales: La FE, porque vamos con los ojos vendados, sin otra guía que las voces de los hermanos que nos ayudan a caminar en ella (cuando se rompe la piñata los que están al rededor gritan: arriba, abajo, atrás, ayudando a la persona a pegarle a la piñata). La ESPERANZA, porque todos miramos al cielo anhelando y esperando el premio. La CARIDAD, porque si rompemos la piñata, destrozando los vistosos oropeles del pecado, alcanzamos los regalos deseados para compartirlos con los demás.

Si bien durante la historia de la piñata se han dado una gran variedad de formas y diseños, la forma tradicional parece haber sido la de una estrella de 7 picos, la cual no solo representaría el pecado en sí, sino los siete pecados capitales, elemento importante en la catequesis de ese tiempo.


UNA PIÑATA CLASICA


De acuerdo a lo que ya dijimos una verdadera piñata se confecciona con lo que hoy se llama "una olla piñatera" la cual es una olla de barro muy resistente, la cual tiene dos asas para que se pueda colgar, esta se forra con papel periódico (generalmente) adherido con "engrudo" (harina con agua), con el fin de darle más resistencia. El exterior se decora con papel de china (ordinariamente blanco hecho en forma de hojas), o bien con papel dorado o plateado y se le agregan 7 picos de color dorado, formando una estrella.

Generalmente la piñata debe estar llena con frutas de la temporada decembrina: cacahuates, jícamas, naranjas, limas, tejocotes, cañas, y en ocasiones se le agregan dulces propios de la temporada como son las colaciones.


Cuando se va a romper la piñata, ésta se cuelga con un lazo sostenido desde sus dos extremos por personas que la mueven tratando de que no la rompan pronto (hay que tener cuidado al moverla, pues un golpe de una buena piñata, puede lastimar a la persona que está cerca de ella). Por su parte, quienes intentan romperla, deben tener cubiertos los ojos, y les darán vueltas hasta hacerles perder la noción del espacio de manera que no sea fácil romperla.


LOS VILLANCICOS


Al final del Medievo, en la época del Renacimiento, el canto gregoriano fue dejado solo para las celebraciones litúrgicas y se inició la composición del canto secular adaptado a la celebración de las fiestas religiosas. Este tipo de canto era generalmente de corte "juglar" en el cual se relataban escenas pintorescas de la vida diaria de la comunidad adaptado a ciertos pasajes bíblicos.


Los villancicos (en italiano "madrigal") nacieron bajo este estilo de expresión popular que poco a poco fue siendo dejada únicamente para cantar las historias del nacimiento del salvador. Por ello encontramos en este tipo de canto una verdadera mezcla de la vida campirana de Europa (principalmente de España de donde nos llegaron a nosotros estos cantos) hermosamente adornados con los motivos del nacimiento del Señor. Si embargo podemos decir que "los Villancicos", así como los conocemos actualmente fueron una recomposición del siglo XIX.


DESARROLLO DE LA POSADA


Como ya hemos visto, la posada es esencialmente una novena de oración la cual se transforma en una alegre fiesta para compartir la alegría de la espera del nacimiento de Cristo.

La posada tradicional se inicia con el rezo del Santo Rosario, el cual de manera ordinaria se realiza delante del "Nacimiento", lo que permite ir meditando ya desde ese momento los misterios del nacimiento del Salvador. Al final de cada misterio se puede entonar una estrofa o todo un Villancico, dependiendo del tiempo que se disponga para ello. Es costumbre que se invite a los niños a venir vestidos de pastorcitos.


Al finalizar el rezo del rosario se organiza la procesión con los "peregrinos" es decir las figuras de José y María los cuales son tomados del nacimiento y puestos en una charola, ordinariamente adornada con heno y esferas, la cual será llevada por un niño y una niña los cuales representaran a José y a María. Para la "peregrinación" se reparten a todos los participantes velitas de muchos colores, significando la "luz de Cristo" (se pueden incluir farolillos de papel, si se tiene cuidado de no causar un accidente, pues se puedan prender con la vela que va adentro).


Si la posada se hace en el barrio, se pueden designar varias casas para "pedir la posada" (si se hace en la familia, todo se realiza en la misma casa). En cada una de ellas, se divide la gente que participa: Unos pocos adentro (generalmente los que viven en esa casa) y el resto, junto con los Peregrinos, afuera. Los que están "afuera", inician cantando el canto para pedir "la posada" y los de "adentro" responden también cantando (el canto está al final). Dependiendo cuatas casas se vayan a visitar, se divide el número de estrofas que se cantaran en cada casa. Al final de cada "pedida de posada", los "peregrinos" y toda la gente se retiran cantando:


"Ya se va María,

muy desconsolada

Porque en esta casa

No le dan posada"

Enseguida, mientras se camina a la siguiente casa, se entona un Villancico. Al termino del Villancico se pide la siguiente posada y así hasta llegar a la última casa (que de hecho será la casa en donde se celebrará el resto de la posada), en la cual serán recibidos los peregrinos.


En esta casa, se abre la puerta para que entre los "peregrinos" mientras se canta:

"Entren Santos peregrinos, peregrinos,

reciban este rincón;

que aunque pobre la morada, la morada

os la doy de corazón

Cantemos con alegría, alegría,

Todos al considerar, Que Jesús, José y María,

Nos vinieron hoy a honrar"

Terminada la petición de posada, se inicia la repartición de la colación en canastitas de papel o de vara, luces de bengala, cohetes, buscapiés y silbatos de diferentes clases, de manera que en pocos segundos se transforma el ambiente solemne en festivo.

Dentro de este ambiente de fiesta, se inicia el juego de la Piñata. Y mientras ésta se coloca y se organiza el juego, todos cantan:



"No quiero oro, ni quiero plata,

yo lo que quiero, es romper la piñata.

Andale Juana no te dilates,

con la canasta de los cacahuates.

Echen confites y canelones

Palos muchachos que son muy tragones"

Una vez colgada la piñata, se inicia el juego. Se escoge a uno de los participantes y se le venda (generalmente los niños participan sin ser vendados). Todos se ponen al rededor listos para ayudar al participante a "atinarle" a la piñata, (y estar listos por si la rompe para lanzarse a recoger las frutas y los dulces), mientras todos cantan:


"Dale, dale, dale,

no pierdas el tino,

mide la distancia,

que hay en el camino.

Dale, dale, dale,

no pierdas el tino,

porque si lo pierdes

pierdes el camino"

Después de esto se cuentan tres intentos de atinarle a la piñata. Si no la rompe entonces se continua el canto:

"Dale, dale, dale,

dale y no le dio

quítenle ese palo

que ahora sigo yo"


Y se pasa el turno al próximo participante. Y así hasta que alguno logra romper la piñata. Todos recogen la fruta y las golosinas del suelo y entonces se reparte la "JURIA" o "BOLO", que consiste en una porción de fruta y una canastitas con colación para los que no tuvieron nada de la piñata.


Como complemento se reparten entre los invitados algunos alimentos que también son característicos de la época y que varían en cada región. El atole, los buñuelos y los sabrosos tamales son algo que no pueden faltar en una posada, acompañados de un buen ponche caliente.


La última posada, la del día 24, por lo general se realiza con un número reducido de personas, en ocasiones incluye sólo a la familia y algún invitado de confianza. Esta última posada suele dar lugar a otro acto, la "arrullada del niño", en el que se establecen relaciones de compadrazgo. Para este momento, los anfitriones seleccionan a un par de niños (una niña y un niño), quienes después del Rosario, depositan al Niño Jesús en el pesebre.


Vivamos esta Navidad en familia, hagamos de cada posada una fiesta vivida en el amor de Dios, que sea una oportunidad para reunirnos con los vecinos, con los hermanos, en fin con toda nuestra familia, una oportunidad para orar en familia, para reavivar en nosotros la fe, la esperanza y la caridad, para instruir a los más pequeños no solo en nuestras tradiciones, sino en lo que significa para nosotros, el hecho de Dios se haya hecho hombre.


Que el Niño Jesús produzca en nuestros corazones verdaderos sentimientos de amor, perdón y alegría en cada uno de nosotros, para junto con José y María alegrarnos y unirnos al coro de ángeles que canta:

"Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz

a los hombres que ama el señor"


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