Las historias de Navidad de FUERZA AGUASCALIENTES

La Casa de Jesús


+ Su directora, la Hermana Natalia, afirma que estas son obras de Dios y nos están demostrando que los milagros sí existen, basta venir a visitarnos para comprobarlo, de tal manera que Dios nunca nos abandona y tan es así que en medio de esta pandemia de COVID, seguimos recibiendo donativos de personas muy generosas para ayudar a niñas y jovencitas



HERIBERTO BONILLA BARRON


Quienes digan que los milagros no existen, no saben ni lo que dicen, claro que existen, afirma de manera contundente a FUERZA AGUASCALIENTES, la hermana Natalia, directora del Centro de Promoción Femenina Casa de Jesús A.C., quien desde hace casi tres años está al frente, de esta institución que tiene ya cien años de rescatar a niñas y jovencitas del sufrimiento, ya que son personitas que han sido golpeadas cruelmente por su familia y la misma vida, de tal manera que bajo su sabia guía han encontrado que la realidad puede ser diferente y que es posible vivir en un mundo de fe, esperanza y amor.


La hermana desde hace ya poco más de 50 años se ha convertido en un instrumento de Dios pues es la encargada de hacer posible esos milagros, que se traducen en atender y tratar de salvar, lo que ha logrado en muchas ocasiones, a las niñas, señalando que son una institución que nació por obra de Dios, el cual no las deja de la mano ya que por su intervención ha sido posible tocar el corazón bueno y noble de muchos aguascalentenses que aportan no solo para el sostenimiento de la Casa de Jesús, sino para el rescate y la educación de las niñas y jovencitas.


Frente a tantos problemas y violencia en que el mundo parece estar envuelto, hoy más que nunca debe aquilatarse la gran obra de Dios Nuestro Señor, quien es el que nos guía para hacer posible la salvación de tantas niñas y jóvenes que han sido protagonistas de historias de vida verdaderamente estrujantes que a nadie se desea, nos dice.

Al continuar hoy con las ¨Historias de Navidad de FUERZA AGUASCALIENTES¨, acudimos a visitar la Casa de Jesús en su domicilio de la calle Allende 211 y esto lo hicimos tras la recomendación del doctor Rodrigo Gutiérrez Alvarez, quien nos dijo que era como otro Hogar de la Niña, en donde si bien nos encontraríamos con historias muy duras, también nos íbamos a admirar con las monjitas que están encargadas de transformar ese mundo de dolor en uno de amor y esperanza.


Y la sorpresa fue muy grande, nos recibió con una angelical sonrisa que nos cautivó de inmediato, la Hermana Natalia, cuyo nombre original es María Eduwiges de Santos Pérez y quien tras la presentación de rigor nos dice que la Navidad es amor, es tiempo de ilusiones, de anhelos de vivir.

Tiempo también de reflexionar y de dar gracias a Dios porque tenemos salud y quienes no la tienen son, dentro de su sufrimiento, un ejemplo de superación para quienes nos quejamos de cosas triviales.


Dice que las últimas páginas del calendario están por caer y por lo tanto hay que darle gracias a Dios por permitirnos llegar con vida y salud a este tiempo de Navidad y al final de otro año más y recibir al nuevo con optimismo.

Es tiempo ahora de fijarnos nuevas metas, nuevos propósitos y para nosotros, el bienestar de nuestras niñas y jovencitas es la prioridad, de allí nuestro empeño en ayudarlas y encaminarlas hacia un mundo de ilusiones en el que ya no exista tanto sufrimiento como el que encontraron en el seno de sus casas.



Sumamente amable y con una sonrisa muy bondadosa, algo que ya no es común ver, nos habla con enorme orgullo de esta Casa de Jesús que es un gran mundo de amor y esperanza para niñas y jovencitas, pero antes nos dice que es originaria de Encarnación de Díaz, Jalisco, ¨en donde dejé mi ombliguito¨, agrega.


Indica que la Casa de Jesús surgió en Aguascalientes desde 1921, el 15 de noviembre, señalando que se fundó a petición del Obispo Valdespino, quien se lo pidió a nuestro padre fundador Eugenio Oláez Anda, fundador de la Congregación de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, que se creó en 1920, el 19 de junio, por lo tanto la tercera de 27 Casas de Jesús en el país y dos en Honduras, fue la de Aguascalientes y el motivo de su creación fue para ayudar a las mujeres con problemas de salud que eran atendidas en el Hospital Hidalgo y no tenían recursos.


Por lo general eran mujeres que habían sido abusadas, las llevaban a atenderse, salían y muchas volvían a las andadas, de lo que se informó al Obispo Valdespino quien al saber que en León había surgido nuestra Congregación para ayudar a chicas con problemas, hizo la petición a don Eugenio Oláez, quien le respondió que en cuanto egresara el siguiente grupo de la Congregación entonces las mandaría a Aguascalientes y eso ocurrió el 15 de noviembre de 1921.


Comenzamos con ocho chicas que estaban muy necesitadas de ayuda moral, física y espiritual, de esa manera comenzó la Casa de Jesús y desde entonces aquí estamos, ayudando siempre a niñas y jovencitas en problemas, actualmente atendemos a 23 personitas, de 8 a 17 años de edad, a las que atendemos y educamos como si fueran nuestras hijas, dice la Hermana Natalia.


Somos seis Hermanas las encargadas de atenderlas y yo desde hace casi tres años soy la directora, nos cambian cada tres años y estoy a punto de cumplirlos por lo que no sé a dónde me van a enviar, sin embargo quisiera que me dejaran, lamentablemente eso no me corresponde decidir, eso está en manos de Dios.


Deja un poco su bondadosa sonrisa para referir que cada una de esas 23 personitas que se encuentran ahora en la Casa de Jesús, han vivido momentos terribles, por lo que cada una tiene una historia de vida sumamente dura, señalando que todas han sido enviadas por el DIF Estatal y las albergan con muchísimo gusto siempre y cuando acepten las reglas que tienen, que son disciplina, el trabajo, el estudio y la educación en la fe, cuatro pilares para su formación.

Si bien cada una tiene una historia de sufrimiento también debo destacar que ahora cada una tiene su propio proyectito de vida.


Oiga Hermana, le preguntamos, ¿y cómo le hacen para sostenerse?

Recupera la sonrisa y nos dice: estas son obras de Dios y nos están demostrando que los milagros sí existen, basta venir a visitarnos para comprobarlo, de tal manera que Dios nunca nos abandona y tan es así que en medio de esta pandemia de COVID, seguimos recibiendo donativos de personas muy generosas, sin embargo no nos atenemos solo a eso, salimos a la calle a vender galletitas, buñuelitos y pequeñas manualidades que hacen las niñas, quienes de esta manera se ayudan a aprender a hacer algo en su vida.

Nosotros creemos, le dijimos, que los milagros sí existen y que son posibles cuando se tiene fe y un gran amor hacia Dios, ¿qué nos dice al respecto?


Que esta Casa de Jesús es un milagro y que haya permanecido ya cien años en Aguascalientes es un milagro, usted la puede ver, es una casa muy acogedora, en pleno centro de la ciudad, con su Capillita y, sobre todo, con un inmenso amor a Dios, mismo que se fortalece en esta temporada de Navidad, nos responde.


ZACATECAS Y EL DEMONIO





Y luego nos refiere algo que verdaderamente nos sorprendió.

Nosotros tuvimos Casa de Jesús en Zacatecas y sin embargo pronto la cerramos porque nos encontramos que en esa ciudad el demonio es terriblemente astuto, de modo tal que donde ve que se duda de la gracia de Dios entonces ataca fuertemente, lo que no ocurre en Aguascalientes en donde yo veo que es una ciudad eminentemente católica con un profundo amor a Dios y a la Virgen.

Esto, agrega la Hermana Natalia, es algo que fortalece mucho a la familia y que nos permite dominar al demonio, por eso es que hemos permanecido ya por cien años en esta ciudad.


UNA VIDA ENTREGADA A DIOS


Habla con tal vehemencia y amor, que en todo momento le dijimos que nos tenía cautivados con su sonrisa, su carita y la bondad que de inmediato se deja ver por lo que le preguntamos: ¿Pero cómo llegó usted a ser religiosa, cómo sacrificó su vida personal inclusive renunciando al amor carnal para cumplir con la hermosa tarea que realiza?

Vuelve a sonreír y se nos queda viendo fijamente y nos responde: yo vengo de una familia muy religiosa, mis padres eran sumamente católicos por lo que nos inculcaron su fe y de la presencia de Dios en nuestras vidas, sin embargo nunca pensé en hacerme religiosa, simplemente tuve un hermano, que ya murió, que fue Legionario de Cristo, se llamaba Moisés y yo lo admiraba por su labor.


Un día llegó una religiosa pidiendo ayuda, mi papá le daba una monedita, yo veía que la sacaba de un mueblecito y entonces sin que viera yo agarraba un puño de monedas y se las daba a escondidas, y esto nos lo dice con una gran sonrisa, indicando que su papá la veía y le preguntaba ¿qué te pasa, por qué esa sonrisa tan sospechosa?.


Esa Hermana, que se llamaba Natividad, tenía un amor tan grande por Dios y hacia los necesitados, que muy pronto me impactó, siempre cargaba con una niña para hacer sus colectas, por lo que vi que tenía mucho amor por los niños y entonces le pregunté: ¿oiga pero porqué está haciendo usted esto?, y me respondió, por amor a Dios, por lo que sin pensarlo le pregunté: ¿oiga madre yo puedo hacer lo mismo?, claro que sí, por lo que le dije, en dónde están y me respondió en León, Guanajuato.


Lléveme por favor, yo quiero servirle a Dios, le dije, sin embargo mi papá se negó.

Veía a la Hermana Natividad y crecía en mí el deseo de entregarme a Dios, yo era la mayor de las hermanas y mi papá se hizo sordo a mis peticiones y hasta dejó de hablarme, mostrándome así su rechazo a que yo me hiciera religiosa, sin embargo un día me sorprendió y me dijo: hija acompáñame vamos a León.

Recuerdo que íbamos en su carrito y al llegar acababa de llover por lo que había muchos hoyos en las calles y mi papá medio se burló y me dijo: ¿hasta acá tan feo quieres venirte hija?, si papá, hasta acá quiero venirme.


Llegamos a la Congregación, tocamos y nos abrió una monja de avanzada edad, preguntamos por la directora y salió la Hermana Eugenia Padilla, a quien le dije mis intenciones de hacerme religiosa, por lo que aceptó y me preguntó si ya quería quedarme, voltee a ver a mi papá para ver qué decía y me contestó: oye pero si no traes nada, además tu solo venías a preguntar y no a quedarte.

No papá, déjeme quedarme, esto es lo que yo quiero.

Recuerdo, dice la Hermana Natalia, a punto de derramar lágrimas, que igual estuvo su papá cuando le dijo eso. Se le rasaron los ojos, agachó la cabeza y entonces dijo: que sea lo que Dios quiera.


Era un jueves y estaba el Señor expuesto en el patio de la Congregación de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús, señalando que a partir de ese día aquí está, sirviendo a Dios y entregada a las niñas y jovencitas, tarea en la que ya cumplió 50 años de consagración, mismos que han sido maravillosos pues le han permitido ser un instrumento divino para la salvación de almas que han sufrido horrores que a nadie se desearía.


Y con una gran sonrisa nos reitera que esto es un milagro de Dios ya que misericordiosamente la tiene al servicio de tantas niñas tan necesitadas, señalando que como todo ser humanos, seguramente ha de tener sus errores y pecados, ya que nadie es perfecto, sin embargo todo lo ha superado gracias al apoyo divino de tal suerte que está plenamente convencida que no se equivocó al decidir hacerse religiosa.

Luego la Hermana Natalia dijo que la Navidad es el mensaje de Cristo para que volvamos a Dios, para que busquemos los bienes espirituales por encima de las cosas materiales, es un mensaje que nos invita a amar la vida, puesto que Cristo se hizo hombre le dio una dignidad especial a la vida humana, a respetar la vida de los hombres, a sentirnos todos que tenemos el mismo Padre y que somos hermanos del mismo hermano que es Jesucristo que se hizo hombre como nosotros.


Refirió que en estos tiempos de incertidumbre y hasta de desesperanza entre los hombres, principalmente entre los desvalidos y los pobres, este mensaje cobra especial importancia, porque es muy rico espiritualmente y nos enseña que cuando hay amor, hay fe y hay esperanza, se puede superar todo.

La Navidad nos enseña a respetar la dignidad de los niños y niñas, puesto que Jesús se hizo niño, nos enseña a abrir el corazón a los necesitados, a los desamparados, a los pobres.


Porque Cristo se hizo pobre como nosotros y él quiso asemejarse especialmente a los que nada tienen para enseñarnos que hay cosas más valiosas que el materialismo, como son las cosas espirituales, el amor.

Es en estos tiempos cuando más se revive y se palpa el mensaje de Cristo, su Evangelio, ése que no sólo se predica en este tiempo sino todos los días del año, por lo tanto, agrega siempre con su bella sonrisa en su rostro, todo el año estamos llamados a amarnos, todo el año debemos buscar ser dignos hijos de Dios.


Sin embargo, desgraciadamente los hombres nos olvidamos de esto y a veces nos convertimos en gente egoísta, convenenciera, que sólo buscamos nuestro propio bien y nos olvidamos de las necesidades de los demás.

Tenemos que reconocer que en muchos corazones sí cala este mensaje de Cristo, hay durante el año mucha gente que se respeta y se ama. Frente a hechos que parecen negativos, es maravilloso comprobar que hay mucho bien en el mundo que se ha inspirado en el amor a Cristo.


A veces nos quedamos sólo con lo negativo, pero es mucho más el bien que el mal que se está viviendo.

Esto debiera ser permanente.

El mundo debería cambiar y practicar más la solidaridad, la caridad y el amor, principalmente entre los enfermos y los más pobres y esto, dijo la Hermana Natalia, no solo en el tiempo de Navidad, la época en que renovamos la espiritualidad que nos

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