Ha propósito del cercano Día del Padre


El silencio de los hijos


+ ¨No me pidas que haga lo contrario de eso que tú puedas ser porque pides un imposible y me cuesta trabajo comprender, y yo sé que nos has hecho daño y en el fondo te causa dolor¨.



HERIBERTO BONILLA BARRON



A unos días del Día del Padre, que se celebrará el próximo 21de este mes, es triste decirlo pero muchos padres en Aguascalientes viven con ansiedad el silencio de los hijos; se preocupan si creen que les ocultan algo, pero padres y madres tampoco lo cuentan todo, tienen sus áreas de privacidad y las razones de los silencios de ambos no son muy diferentes, por lo que a menudo los padres preguntan a sus hijos una y otra vez ¿Hijo por qué no me obedeces?


Y esto es muy sencillo contestar, ¨porque no sabe ordenarme, así jamás voy a responder ni tampoco voy a ser un buen hijo, exigiéndome lo que tú nunca puedes tener, la congruencia, el amor y el respeto a ti mismo, a tus hijos y a tu mujer, pues tu ejemplo me dice lo contrario de eso que supones yo debo aprender pues tienes tan sólo palabras y no actos que pueda entender¨.


¨No me pidas ser honesto cuando esto no lo puedes conocer, porque siempre me dices mentiras cuando un apuro quieres resolver y me mandas a mí por delante a que haga lo que tú no quieres hacer, cuando llega a cobrarte el tendero, el amigo o cualquier cobrador, ¿es así como quieres que aprenda siempre a decir la verdad? ¡no me obligues! porque no estoy siendo yo libre esto no lo voy a hacer, discúlpame si para ti soy un grosero porque no quiero que esquives problemas cuando estos se pueden resolver¨.

Hay también hijos que le dicen a su papá: ¨Me confundes con lo que me enseñas ¿Qué es lo que debo aprender? Pues una cosa es lo que dices y otra muy diferente tu hacer sólo pido que seas más congruente para que un hombre de provecho yo pueda ser no te impongas con golpes y gritos que menos te voy a entender¨.


También hay otros que dicen: ¨sólo pido que recapacites que nunca es bueno abusar de su autoridad pues miedo generas en mi alma y dañas mi integridad y dañas lo más importante en el mundo, que es este grande, pero que tú lo has hecho pequeño hogar, porque nunca has cooperado para que todo lo bello pueda florecer empieza a sembrar la esperanza en tus hijos que quieren comprender por qué tu actitud autoritaria y no la que nos conduce al bien¨.


¨No me pidas que haga lo contrario de eso que tú puedas ser porque pides un imposible y me cuesta trabajo comprender, y yo sé que nos has hecho daño y en el fondo te causa dolor¨.

¨No sufras padre mío, nunca es tarde para recapacitar sólo quiero ayudar a encontrar soluciones al machismo y al abuso de tu autoridad pues tu actitud conduce al fracaso de este desgastado hogar, ¿por qué no me permites mi ayuda? sólo basta un poco de tu voluntad para que juntos recuperemos la confianza y el respeto a tu autoridad, te perdono por todos tus errores eso no debe importar¨.


¨Yo te amo porque eres mi padre y siempre te voy a amar y por eso quiero obedecerte pero una cosa te voy a exigir que delante de mi vayas siempre siendo muestra de lo que me vayas a pedir y que seas siempre mi ejemplo para que yo me pueda corregir y que siempre yo esté muy orgulloso y dispuesto a repetir esos actos ejemplares, dignos de vivir pronto verás un cambio mío y nunca te podrás arrepentir de educar con el ejemplo, con amor y honestidad apegado a la justicia la congruencia y la verdad, pues esta es la receta para ejercer la autoridad¨.


LA EDAD DE LA INCOMPRENSION


Hay que destacar que siempre detrás de esa actitud huraña se encuentra la búsqueda de unas señas de identidad distintas a las de sus padres y por lo tanto la incomprensión en la adolescencia no es más que algo normal, siempre y cuando no se pasen algunas líneas.

Reservados e inconformistas, los adolescentes, en general, se sienten incomprendidos, por eso se encierran en mutismos incomprensibles o cambian de estado de ánimo sin causa aparente.


Muchas de estas actitudes constituyen un modo de provocar a los adultos y en realidad, detrás de esas posturas hurañas se esconde la búsqueda de unas señas de identidad con las que distinguirse de sus predecesores.

La situación no es fácil para ellos: por un lado, han de elaborar el duelo por el niño que han dejado de ser y, por otro, organizar una identidad adulta propia, lo que no pueden hacer sin alejarse de los padres.

Ese alejamiento se establece con frecuencia en el terreno de la comunicación, aunque un cierto grado de conflicto no sólo es inevitable, sino saludable. Los adolescentes más sanos rechazan las cosas que les damos y se enfrentan a nosotros porque están intentando crear un discurso propio.


Esto nos ayuda a nosotros, como padres, encontrar aquello que acaba institucionalizándose como tema de discusión en la familia, en unos casos puede ser la comida, la ropa, el colegio… Sus opiniones suelen ser radicalmente distintas de las de sus padres y las expresan con una contundencia que no es más que el disfraz de su profunda inseguridad.


Les gustaría tener las ideas tan claras como aparentan, pero no es así, discuten para fortalecer sus ideas, pero también para poder seguir de cerca a sus padres.

ACTITUDES DE LOS PADRES

En FUERZA AGUASCALIENTES podemos decir que hay dos modos opuestos de relacionarse con un hijo adolescente, ninguno de ellos bueno: el primero consiste en convertirse en un camarada; el otro, en una figura muy autoritaria.

Los ‘camaradas’ son esos padres que presumen de ser amigos de sus hijos, de este modo, borran los años que los distancian para hacerse la ilusión de continuar siendo jóvenes.



La actitud confunde al hijo, que no encuentra en ellos los límites que busca, si los padres intentan parecerse a él, dificultan al joven la tarea de diferenciación que tiene que ejecutar para hacerse autónomo y autosuficiente.

Por su parte, el padre que opta por un autoritarismo exagerado impide el diálogo, de allí que las actitudes intransigentes comportan un fondo de hostilidad que arrastra al adolescente a dos salidas: una, a renunciar a la búsqueda de su identidad; otra, a huir de los padres sin haber adquirido un modelo de identidad adulta.


Los dos extremos son malos. Los padres tienen que aceptar la idea del diálogo, aunque éste no sea satisfactorio. No hay que renunciar a las ideas propias ni a que los hijos las compartan, pero eso será cuando consigan hacerlas suyas tras el alejamiento normal de la época de pubertad.

Ante esto hay que saber que en el diálogo con un adolescente debemos tener en cuenta las dificultades por las que atraviesa, pues sabe lo que no quiere, pero no tiene claro lo que quiere, y eso le confunde. Cuando los jóvenes no hablan, es porque se sienten poco reconocidos y entonces conviene averiguar qué es lo que les hace daño.



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