Ha llegado la época más esperada del año…

Se vive el ambiente navideño


+ Hoy más que nunca hay que recuperar ese mensaje que nos trajo el Niño Dios. Hay que recuperar y vigorizar la unidad familiar, hay que olvidar prepotencias, envidias y buscar ser mejor con los demás

HERIBERTO BONILLA BARRON




Como cada año regresa la Navidad con su mensaje de amor y de paz.

Tiempo de dar, tiempo de amor y de hermandad.

Para la inmensa mayoría, es la época más bella del año, porque se recuerda el nacimiento del Niño Dios, del hijo de Dios que vino a este mundo para demostrarnos la grandeza del Todopoderoso.


Para dejarnos su ejemplo de grandeza y su lección de amor, de ése que nos dice que tenemos que amarnos los unos a los otros.

Una lección de amor que hoy más que nunca debemos retomar, porque pareciera que esta generación del nuevo milenio está desmoronándose en sus valores caminando sin un rumbo y directo al precipicio.


Por lo tanto, hoy más que nunca hay que recuperar ese mensaje que nos trajo el Niño Dios. Hay que recuperar y vigorizar la unidad familiar, hay que olvidar prepotencias, envidias y buscar ser mejor con los demás, pues sólo de esa manera se podrán superar tantas amenazas que acechan a esta humanidad que hoy, y sólo hoy, en esta época de Navidad, pareciera que es tocada por ese bendito Niño Dios, porque nos convierte a todos en personas más humanas, más sensibles

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Ojalá y que todo el año fuera Navidad, ojalá y que su espíritu nos tocara todos los días para construir un mundo mejor, uno en el que acabaran tantos problemas, tanta pobreza y tanta desesperanza.

Eso es lo ideal. Eso pareciera ser una quimera y, sin embargo, eso es lo que el mundo está anhelando con vehemencia.

Y hoy en que estamos viviendo ya la Navidad, sin duda la única celebración que une a la humanidad con el fin de recordar el nacimiento del niñito Jesús, el hijo de Dios, FUERZA AGUASCALIENTES dialogó con el ingeniero e investigador José Ciro Báez Guerrero para conocer algunos de los detalles de los símbolos que distinguen a la Navidad.


Y de entrada nos dice que es bueno recordar, en esta época tan hermosa, que en los primeros cuatro siglos se desconocía la fecha del nacimiento del Mesías, y no se le daba mucha importancia a tal evento.

Los egipcios fueron los primeros en mencionar este acontecimiento, San Clemente de Alejandría menciona, que algunos teólogos decían conocer el año y el día, este último lo ubicaban entre el 20 de abril y el 6 de enero.


Durante el reinado del primer Emperador Cristiano Constantino, entre el año de 320 y 353, la Iglesia de Roma marcó el 25 de diciembre para la celebración del natalicio de Jesús.

Al parecer la elección del día 25 de diciembre, el doceavo mes del año, se debió a que en esa fecha los paganos de Roma festejaban la adoración del Dios Sol, o Nacimiento del Sol Invicto (Natalis Solis Invicti), siendo considerado el Sol como fuente de luz, calor y vida.

La tradición de la Navidad o nacimiento de Cristo, festejada por la Iglesia del mundo Cristiano, tan llena de simbolismo, proviene de los Evangelios de Mateo y de Lucas; así como en las profecías de Isaías y de Malaquías, se dice en ellos:


"Que después de la visita del ángel a María en Nazareth para anunciarle que sería madre de Jesús"... se hizo una relación de los habitantes de Roma.

En el tiempo del nacimiento del Mesías, Roma era gobernada por el emperador Octavio César Augusto, cuyo vasto imperio incluía las tierras de Israel.

Con el fin de saber cuántos pobladores tenía en su territorio, dictó una orden para realizar un censo.



Esto motivó que José y María, que vivían en Nazareth, tuvieran que ir a Belén, lugar de su ascendencia para empadronarse. Después de agotadora jornada llegaron a Belén, encontrando una población saturada de viajeros, que habían ido a cumplir la orden del emperador, sin una posada donde pasar la noche.

Con la fatiga del camino buscaron un lugar donde alojarse, encontrando solamente un establo para descansar, en compañía de algunas mulas, bueyes y asnos.

En este lugar sobre paja como cama, María dio a luz a su hijo, al que envolvió en lienzos, para recostarlo en un pesebre.


NACIMIENTO O BELEN


Este establo con su pesebre y todo lo que lo rodeaba, se convirtió en el Nacimiento, principal símbolo de la Navidad, que viene siendo la representación de aquel hecho histórico, tan importante para la humanidad, pero en especial para el mundo Cristiano, porque se trata de la llegada de Jesús.


El Nacimiento es una reconstrucción artística, en la que la imaginación juega un papel importante, para revivir aquel paisaje natural que gira alrededor de una gruta o un establo, un refugio tan humilde como el descrito por el Evangelio "...hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en un pesebre" (Lucas 2,12).


La idea de reconstruir este suceso se debe a San Francisco de Asís, con la particularidad de que lo hizo con personajes y animales vivos.

En el año de 1220 había ido a Tierra Santa, donde se informó de los misterios de la vida de Jesús, a su regreso de este viaje en Greccio, lugar agreste y silencioso, organizó, apoyado por su amigo Giovanni Vellita, acomodado terrateniente, su nacimiento.

Dispuso el pesebre con su asno y un buey, se coloca paja, varios campesinos se vistieron de magos y de pastores; la imagen del Niño, la Virgen María y el Señor San José, eran de madera procedentes de una Iglesia cercana.


Con este acto en la noche del 24 de diciembre de 1223, se dio vida al primer Nacimiento de la historia. A partir de entonces se propagó esta tradición por el mundo entero, como una de las muestras más puras de la tradición Cristiana. En México se celebró la primera Navidad en 1519. Según Fray Pedro de Gante su festejo más formal fue en 1528, cuando, "se hizo venir a indios de toda la región, y en un patio que se llenó a reventar, se cantó el himno ha nacido un Redentor...". Posteriormente Fray Diego de Soria, prior del Convento de San Agustín de Acolman, solicitó y obtuvo, para celebrar unas misas denominadas de "Aguinaldo" del 16 al 24 de diciembre de 1586.


Actualmente se sigue conservando la costumbre de instalar en los hogares, sobre todo de clase media, el Nacimiento. Durante los primeros días de diciembre empiezan los preparativos, se instala una estructura que asemeja una colina, con una serie de caminos y barrancos, cubiertos de musgo y heno, por los que caminan los pastores entre una jungla de animales de lo más diverso. Por uno de esos caminos van los Reyes Magos, que se dirigen a adorar al Niño Dios que ha nacido. El tema principal del Nacimiento se ubica en lo alto de la colina, es el establo con su pesebre, donde nació el Niño Jesús, que se encuentra en compañía de sus padres María y José.


LOS VILLANCICOS


Al nacimiento de Jesús aquella noche, apareció sobre el cielo un resplandor muy grande, como la aurora, una voz salió de aquella luz y dijo: "¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!".

Y los pastores que alababan al Niño Dios en su pesebre, repitieron dicho canto, naciendo de esta forma los Villancicos.

En el año 130 San Telésforo, Primer Obispo de Roma, decretó que el Gloria fuera entonado en sus Iglesias y en las Catacumbas en Navidad, que todavía por esos años se celebraba en enero, ya que faltaban más de dos siglos para que fuera fijado el 25 de diciembre para su celebración.


Los cánticos, como una forma de alabar al Niño Jesús, se propagaron por el mundo, los Eremitas del desierto de la Tebaida entonaban cantos en los días de Navidad; así como San Benito y sus monjes de Monte Casino.

En la Francia del Siglo V en las aldeas cristianizadas, cantaban Villancicos en las Plazas, acompañados por instrumentos de la época. En el siglo XIII, San Francisco dejó instituidos los Villancicos entre sus frailes.


En América tras la conquista del Imperio Azteca, se cantaban para inducir a la conversión de los nativos, y en la parte de lo que es ahora Norteamérica, los misioneros los cantaban en lenguas nativas, para inducir el mismo efecto.

Y al estar hablando de los Villancicos, el Ing. Báez Guerero nos dice que sin lugar a dudas el más popular en todo el mundo, es Noche de Paz.


Su origen, nos cuenta, fue en Oberndorf, pequeño pueblo situado a 30 minutos de la ciudad de Salzburgo y se debe a un accidente de última hora. Franz Gruber organista de la Iglesia de San Nicolás, se disponía a practicar los Villancicos Navideños con el fin de tocarlos la noche del 24, cuando se dio cuenta que las correas del órgano estaban totalmente destrozadas por un ratón; en compañía de un sacerdote trataron de repararlo cuando sólo faltaban 24 horas para la celebración, sin que el viejo órgano tuviera salvación.



Viendo esto un joven sacerdote llamado Joseph Mohr, le confió al organista que él tenía unos versos que había escrito como Villancicos Navideños, y que entre los dos podían ponerles música y acompañarlos con guitarra.

Con el poco tiempo de que disponían reclutaron a todos los niños del pueblo, entre los que eligieron a doce, comenzando el ensayo de Noche de Paz acompañados por sus guitarras.

En la presentación del día siguiente 25 de diciembre de 1818 por la noche, todos los asistentes aunque notaron que no era lo tradicional, quedaron gratamente sorprendidos, al escuchar a los niños interpretar Noche de Paz, como reflejo del verdadero espíritu de la Navidad.


Después de los festejos la canción quedó olvidada en la gaveta del órgano, pasado un tiempo, un músico especialista en reparar instrumentos encontró el manuscrito con la música, adoptándola como lema musical al arreglar el órgano; debido a sus continuos viajes, Noche de Paz fue conocida en toda Austria y posteriormente en Alemania.

Unos inmigrantes alemanes la dieron a conocer en Estados Unidos, de donde se divulgó mundialmente.


LOS REYES MAGOS


Cuenta la tradición que después del nacimiento del Niño Jesús, de Oriente vinieron Tres Reyes a adorarlo, se hincaron frente al Niño, llevándole como presentes: oro, incienso y mirra.


El oro se lo ofrecían como a un Rey, porque él sería un Rey con dominio sobre el corazón de todos los hombres; el incienso, en reconocimiento a un Dios y la mirra que es amarga, se la presentaron como al hombre que conocería todo el dolor.

Una versión un tanto diferente sobre los tres Reyes Magos y sus presentes, es que simbolizan a la humanidad unificada, a través de las principales razas o los tres géneros de la materia, el sólido en el oro, el líquido en mirra y el gaseoso en incienso.

A pesar de todas las versiones, los Reyes Magos no dejan de ser un misterio, en la Biblia el único de los cuatro Evangelistas que los menciona es San Mateo, quien dice:

"Jesús nació en Belén, un pueblo de la región de Judea, en el tiempo en que Herodes era Rey del país. Llegaron por entonces a Jerusalén unos Sabios del Oriente que se dedicaban al estudio de las estrellas.

Y preguntaron:


"¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? pues vimos salir su estrella y hemos venido a adorarlo". En cuanto a sus nombres se encuentran por primera vez en un códice del Siglo VII, de la Biblioteca Nacional de París, Beda El Venerable los describe así: "Melchor era anciano, de barba luenga y poblada; Gaspar joven, lampiño y rubio y Baltasar, negro y de espesa barba". Dentro de todos los festejos navideños la llegada de los Reyes Magos el 6 de enero, cabalgando en su caballo, camello y elefante, es el segundo en importancia, después del nacimiento del Niño Jesús.


EL ARBOL DE NAVIDAD


Desde hace décadas se ha propagado en México la costumbre de adornar los hogares en Navidad, con un árbol ya sea natural o artificial, con lo que se la da un gran colorido a los festejos.

El primer lugar donde se utilizó el árbol para recordar la Navidad fue en Alsacia, inicialmente se colocó en los Templos y posteriormente en los hogares. Por ser el pino el único árbol con follaje verde en la estación, se le colgaban manzanas como representación del árbol del bien y del mal.


En Alemania fue promovido su uso por Lutero. Sería en 1705 en Estrasburgo, donde aparece el primer árbol adornado como se conoce actualmente.

Federico Elector de Sajonia, impulsó en su país los árboles de Navidad; La familia real de Inglaterra lo adoptó en 1773; en 1840 se colocó uno en Francia, en el Palacio Imperial de Las Tullerías.


En 1861 las familias alsacianas emigradas en Estados Unidos, lo dieron a conocer en América, Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia; Bohemia lo introdujo en 1863.

En Alemania existe una leyenda que dice, que en una noche de terrible tempestad, el Niño Dios bajó en forma de un desvalido muchachito a la casa de un pobre labrador, ubicada en la orilla del bosque, donde fue recibido con cariño como uno más de la familia, al siguiente día al darles las gracias, rompió una rama de pino y la sembró en el suelo, con la promesa que les traería paz y alegría en medio del invierno, ése fue el primer Arbol de Navidad.

En México se introdujo la costumbre de los Arboles de Navidad a finales del Siglo XIX; en 1878 se colocó uno de los primeros en casa del general Miguel Negrete, rival político de Porfirio Díaz, estaba adornado con heno, velitas y regalos en sus ramas, que se extendían a gran distancia, cada invitado tenía derecho a elegir uno de los 250 regalos que colgaban del árbol.


Durante los primeros años del Siglo XIX, la costumbre de colocar árboles se limitaba a unos cuantos hogares de la capital, en la provincia se empezó a utilizar hasta muy avanzada la segunda mitad del Siglo XX.



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