Grandes ejemplos de humildad Sacerdotes del siglo XX



ALDO BONILLA CHAVEZ


Así como hay muchos que aprovechan cualquier error de la Iglesia y si no lo encuentran lo inventan para atacar, también es cierto que es innumerable la lista de sacerdotes que fueron conocidos en la ciudad, en el transcurso del siglo pasado, que por sus grandes dotes de humildad, sencillez y afán de reconfortar espiritualmente a los fieles, en todas las esferas sociales, hicieron posible dejar huellas profundas de su paso por Aguascalientes.


Resulta alentador para los tiempos que vivimos, cuando en muchos se ha perdido el sentido de la decencia y las buenas costumbres, entre padre y madres de familia, entre los hijos y componentes diversos de esos grupos, aparecen las imágenes de sacerdotes como el Presbítero don Carlos Lozano, que fue vicario y encargado del Curato del Templo de San Marcos en los lejanos años de la mitad de mil novecientos, habiendo cumplido su deber ministerial con alto grado de humanidad en todo su entorno, incluso atendiendo espiritualmente a la cofradía de toda esa extensa zona del barrio legendario mencionado, y ampliando su actividad para ser con exactitud quien llevó a cabo y sostuvo en principios lo que hoy es el Asilo de Ancianos "Salvador Quezada Limón" que se localiza en la calle que lleva ese nombre.


El Padre Lozano, era de gran corpulencia y todavía se le recuerda por sus afectos cristianos en los que propugnaba por el renglón deportivo, habiendo impulsado a diversos grupos de niños y adolescentes del rumbo, en el aprecio y la dedicación por practicar el basquetbol, el volibol, tenis de mesa, etc.


Fue quien consiguió en aquellos años el terreno para levantar un asilo y dedicarlo a los ancianos, siendo esta obra la primicia del que lleva el nombre del Sr. Obispo Quezada Limón, pero fueron muchas otras las acciones que sostuvo, también contándose el inicio del llamado Orfanatorio Nazareth, atendido en sus principios por un grupo de religiosas cuya Casa se localiza junto a la privada Lomas y calle del mismo nombre.


Fue precisamente el grupo inicial de niños huérfanos que habitaron en el bastión de la orden de religiosas, que incluso permanece en el mismo sitio, el que fue llevado como fundadores de lo que es hoy una de las m s importantes obras sociales: "La Ciudad de los Niños", y aquí es donde también resplandece la obra de otro gran sacerdote como fue el Padre don Antonio Hernández, conocido como el "Padre Toño" que merecidamente fue nombrado Obispo de Tabasco, donde también realizó una importantísima obra social, material y cristiana.


Por aquellos años de los cincuenta del siglo pasado, sobresale el nombre del Padre José Cuellar, quien también estuvo -antes del Padre Lozano- en el Templo de San Marcos y pasando luego, por órdenes superiores, a hacerse cargo en el centro de la ciudad del pequeño templo del Ave María, en la primera cuadra de la calle de Galeana, a unos pasos de la plaza principal.


Ah¡ su carrera sacerdotal mostró las virtudes del Padre Cuéllar, entre otras su enorme y gran sencillez de vida, su humildad y su sana lealtad para la Iglesia de Cristo, formando un sinnúmero de grupos de jóvenes integrados a la Asociación de la Adoración Nocturna, haciendo que por adecuados y debidos tiempos y horas, los niños, jóvenes, adolescentes y adultos en primera edad, cumplieran con el cometido de acompañar a la Sagrada Eucaristía que en forma permanente está expuesta en esta forma, representando al Señor Santísimo, cuyo templo ordinariamente está acompañado y velado por grupos especiales de esta organización que recibió -en esos años- una intensidad de preparación moral y religiosa, haciendo que innumerables jóvenes de todas las edades, prefirieran acudir a cumplir con este cometido de salvaguardar con su presencia y hacer la vigilia dedicada a la Santa Eucaristía en el mencionado templo del Ave María.



Fue el Padre Cuéllar quien habría de impulsar también otras obras sociales, como fue la de dar atención moral y religiosa a los niños de los colegios ubicados en el centro de la ciudad, como fueron los denominados Alcalá y Portugal, asistiendo a actos en que el director de este último y que también fue su fundador, el Padre don Benito López Velarde, alcanzara el cumplimiento de sus programas en lo que corresponde a la religión.

Muy directos y aptos fueron para la formación de grupos de gente menuda, de los ocho y nueve años hacia adelante, para ingresarlos a las actividades sociales y religiosas e incluso algunos de ellos siguieron los estudios sacerdotales en el Seminario, primeramente el Menor y luego pasando al Mayor, que se ubicaban entonces en la calle Juan Diego, adyacente al bello templo dedicado a María Santísima en su advocación de la Virgen de Guadalupe, patrona espiritual del templo de una zona popular de la ciudad de Aguascalientes.


También habrá que recordar al padre José Casillas, quien estuvo inicialmente en el templo de la Merced (hoy El Rosario) y luego pasó al templo de San Marcos, habiendo tenido un fallecimiento desalentador cuando tripulaba un vehículo en momentos de intensa lluvia, produciéndose el percance en la continuación de la calle José Ma. Chávez en la confluencia donde principia la carretera sur de Aguascalientes-México.


No podríamos concluir estas cuantas líneas en recuerdo de sacerdotes considerados como muy respetados y conocidos de sus feligreses, sin dejar de mencionar al querido Padre don José Femat, quien tuvo el encargo de Dios Santísimo para crear el proyecto y llevarlo a la feliz realización del templo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, en un barrio cuya feligresía estuvo carente durante largos años de una atención espiritual y religiosa como él le proveyó.


El Padre Femat fue un símbolo del trabajo incesante dentro del templo y fuera del mismo, pues a raíz de que comenzaron las labores para levantar el precioso edificio en la calle 5 de Mayo, sostuvo con su propio esfuerzo el pago preciso y constante de los dineros que se requerían para la continuación de la magna obra, que mereció el apoyo y respaldo de todas las clases sociales de Aguascalientes, constituyendo una de las actividades que vieron pronto su fecundidad y que se mantiene incólume al paso de los años ,


constituyendo un templo de reliquia que no solamente es admirado en su construcción bella y dedicada, sino en su labor catequista de fieles que reciben orientaciones específicas de la vida social y religiosa de las numerosas familias del rumbo.

Todos los sacerdotes que hemos mencionado pasaron por el mundo dejando su huella infinita de amor a Dios y a la Cristiandad, y sobre todo siempre mostraron infinito sentido humanitario, de gran religiosidad, de sencillez y también de pobreza, pues vivían en torno de las mínimas cosas materiales, dedicados por entero a hacer el bien a los demás. Fueron pobres de solemnidad y murieron siendo pobres igualmente de gran consideración.


Hay que recordar que la habitación en que dormían se constituía de un simple camastro y una modesta silla a un lado; pobreza y humildad que reflejaban en forma constante y permanente en todos los actos de su vida, tanto sociales como religiosos.

Habremos de mencionar a otro gran sacerdote como fue el Padre don Ricardo Corpus Alonzo, quien fue el que dedicó las primicias de su labor para fecundar la importante obra que constituye el Templo de las Tres Ave Marías, en zona que es hoy muy populosa y cercano solamente unos metros a la institución del Seguro Social, sobre la prolongación de la calle José Ma. Chávez.

Hombres-sacerdotes, que siempre mostraron con alta dignidad su ecuménica actividad buscando el bien de los demás, nunca el bien propio.



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