FUERZA AGUASCALIENTES y la Independencia

Hidalgo el héroe


+ Un hombre de talento y erudición, extremadamente bondadoso y enemigo implacable del yugo español; un apasionado de la fiesta taurino, del buen vino y la mejor vida, pero ante todo, protector del desvalido


+ En Puente de Calderón su derrota más grande y en Pabellón la afrenta de perder el mando de la Insurgencia; aún quedan muchas alhóndigas y Gritos de Dolores por fraguar en la búsqueda intemporal de consolidar más... Identidad e Independencia.


ALDO BONILLA CHAVEZ



Todo México se encuentra de fiesta, Septiembre es el mes de la patria, el mes nacionalista por excelencia. Aquí nacemos, como patria y como ciudadanos.

Hoy recordamos a aquellos que se fundieron en una bola de fuego, de sangre y de muerte por legarnos la patria que hoy nos toca a nosotros gozar, a pesar de todos los pesares.

El título de ciudadano es el único que ostentamos con mucho orgullo y que traemos desde el mismo nacimiento gracias a Miguel Hidalgo y sus gentes.


Ciudadano de Aguascalientes, de México y del mundo.

Y hoy más que nunca hay que recordar que eso se ganó gracias a las batallas que libraron los insurgentes encabezados por Hidalgo, a partir de su famoso ``Grito de Dolores'', por lo que el yo existo, el yo disiento, el yo apruebo, es el título de ciudadanía que hoy lo vemos como una cosa tan simple, tan abstracta, es una gran realidad.

Por esto hoy más que nunca es importante retomar la biografía de Hidalgo, el Padre de la Patria, porque como ya alguna vez lo dijéramos en FUERZA AGUASCALIENTES, conocernos es querernos.


Por ello es que hoy hablaremos, gracias a la extraordinaria colaboración de la licenciada e historiadora Tita Topete Ceballos, de lo que fue la vida del gran héroe de la Independencia, porque es fincar, forjar y no dejar que se pierda en el tiempo y la distancia todo lo que se refiere a este hombre extraordinario, sobre todo entre los niños y los jóvenes del nuevo milenio.


Y hablaremos de Hidalgo, el hombre, no la deidad.

De Hidalgo que era un apasionado del mundo taurino, del que le gustaba el buen vino y la buena vida, del que no era el clásico cura estereotipado a través de los siglos, sino del hombre que se inmoló en aras de lograr un futuro no de él, sino de otros que nunca iba a conocer pero que sabía que iban a habitar un México de libertad.


Y Tita Topete, cuenta para los lectores de FUERZA AGUASCALIENTES que a Hidalgo, única coincidencia entre Don Lucas Alemán, Carlos María de Bustamante y don José Ma. Liceaga, cronistas históricos de la historia, lo describieron de mediana estatura, cargado de espaldas, de color moreno, y ojos verdes vivos, la cabeza algo caída sobre el pecho, bastante cano y calvo, como que pasaba ya de sesenta años, pero vigoroso, aunque no activo ni pronto en sus movimientos; de pocas palabras en el trato común, pero animado en la argumentación a estilo de colegio cuando entraba en el calor de alguna disputa.

Poco aliñado en su traje, no usaba otro que el que acostumbraban entonces los curas de pueblos pequeños.


Era este traje un capote de paño negro con un sombrero redondo y bastón grande, y un vestido de calzón corto, chupa y chaqueta de un género de lana que venía de China y se llamaba rompecoche.



Decían quienes le conocieron, que tenía la voz dulce, la conversación amena, era obsequioso y complaciente. En su retrato no se encuentra ningún signo de crueldad, su presencia es apacible y mansa, la frente bien formada y el conjunto bien agestado.

Don Miguel Hidalgo y Costilla y Gallaga, nació el 8 de mayo de 1753, en la Hacienda de Corralejo o bien en el rancho anexo a San Vicente del Caño; hay discrepancias en algunos biógrafos. El acta de nacimiento tomada de los libros de registro de la Notaría Parroquial de Pénjamo, de acuerdo con la reproducción exacta que obtuvo el Gobierno del Estado de Guanajuato y cuya búsqueda y hallazgo se deben al profesor Antonio Pompa y Pompa, nos señala a Corralejo como el lugar de origen de Miguel Gregorio Antonio Ignacio, hijo de Don Cristóbal Hidalgo y Costilla y Doña Ana María de Gallaga, criollos, cónyuges, vecinos de la susodicha población.


Parece que por temor al gobierno de Maximiliano, quien al pretender rendir en 1864 un homenaje a Hidalgo, se adjudicara a su favor la finca de Corralejo; los hermanos Zacanini (Francisco y Pedro) dueños de la misma, puestos de acuerdo con Don Francisco Rodríguez Gallaga, agente de negocios, fraguaron la información, motivo para que se tome a Hidalgo como nacido en San Vicente, contra lo asentado textualmente en su fe de bautismo.


Miguel Hidalgo, hombre de talento y erudición, fue discípulo de los jesuitas en el Colegio de San Francisco Javier, en Valladolid (1765-1767), en el que conoce al insigne Francisco Xavier Clavijero y tiene como maestro a José Antonio Borda, con quien realiza un curso de Retórica; después de Artes y Filosofía con el Bachiller José Joaquín Valdez (1767-1770) en el Colegio de San Nicolás, también en Valladolid. Sustenta su examen el 24 de mayo de 1773, para obtener el grado de Bachiller en Teología.


Si la muerte de su padre no le permite ir a sustentar el examen de Doctorado a la Universidad de México, no le impidió seguir con mayor entusiasmo su profunda preparación universitaria. Su condición de Bachiller le hace obtener una beca con oposición en el Colegio de San Nicolás, en cuyo examen "... superó muy ampliamente" a sus opositores, lo que le autoriza a figurar en el núcleo selecto de intelectuales del mismo Colegio, el privilegio de presidir las Academias de Fisolofía y Teología, sustituir a los profesores faltantes y ayudar al Vicerrector Escolar durante las horas de estudio.


``Maestro de mínimos y menores" (1779), de Artes y Filosofía (1781) y Prima de Teología (1788). Así como desempeñar cumplidamente los cargo de Tesorero (1787), Secretario (1788), Vicerrector (1788) y de Rector (1792) del propio Colegio de San Nicolás.

Además de un limpio castellano, Hidalgo hablaba y escribía griego, latín, italiano, francés, otomí, náhuatl y purembe; tradujo del latín a la Epístola de Máximo Doctor San Jerónimo a Nepociano, añadiéndose notas de su saber y entender para su mejor comprensión; escribe una crítica de la Obra Teológica en Boga, la del dominico Juan Bautista Gonet; compuso dos extraordinarias disertaciones sobre el verdadero y el mejor método de estudiar la teología escolástica, una en latín y otra en castellano, que le valieron encomiable reconocimiento académico en el extranjero.



Su preocupación de transformar y mejorar los usos rutinarios de la Enseñanza en Boga, le valió que celosos pseudo maestros, asustados por su actitud renovadora, ante la estrechez de horizontes culturales en la Nueva España, lograran sacarlo de la docencia, de la rectoría del Colegio de San Nicolás y mandarlo, finalmente, de cura de pueblo, primero a Colima, después a San Felipe Torresmochas y de ahí a Dolores, Curato que producía unos ocho o nueve mil pesos anuales.


No se dedicó a la administración espiritual de sus feligreses, dejando ese cuidado, con la mitad de la renta del Curato, a cargo del Presbítero D. Francisco Iglesias, cosa muy frecuente entonces entre los sacerdotes.


Constancio Hernández Allende, historiador jalisciense en su "Hidalgo, El Intelectual" abunda en que fue esa época del Hidalgo aficionado a la fiesta taurina, al ganado de reses bravas que criaba en sus fincas cercanas a Acámbaro, del amigo de los toreros Luna y Agustín Marroquín, quien sería su jefe de escolta, fusilado también en Chihuahua, y en la que se murmura, además de su inclinación a las mujeres, de sus realizaciones con la guapa moza Josefa Quintana, de la que nacieron sus hijos Micaela y María.

Sin embargo, con todo el mal propósito que ello conlleve en tal aparente frivolidad, Hidalgo sigue siendo el teólogo cada vez más humano, que juega brillantemente con la Filosofía y la Teología.


Luego Tita Topete Ceballos nos dice que tan importante fue su plan de transformación social, que en su refuerzo estudió artillería y fabricación de armas e hizo fundir en los talleres de su parroquia los cañones que muy pronto dispararía la insurgencia. Hoy sabemos que fue tan consciente el plan de transformación política en la mente de Hidalgo que concibió un reglamento de la Revolución de Independencia, en el que incluso estaban previstos los lugares por donde el Ejército Insurgente tendría que pasar. Así, cómo, cuándo y dónde, deberían expedirse los decretos de expropiación de bienes a los europeos, de abolición de la esclavitud, de reparto de tierras y demás.


Promotor de pequeñas industrias, alfarería, herrería, carpintería, telares, curtiduría, talabartería, siembra moreras, incentivando otra industria más, la del gusano de seda; y la vitivinicultura.


Todo esto en la región guanajuatense de su influencia.

El Inicio del fin fue en un invierno, enero 17 de 1811, eran las cuatro de la tarde y el Ejército Realista después de seis horas de combate en que varias veces estuvo a punto de ser destrozado acampaba sobre posiciones de los Independentistas.


El Puente de Calderón pasó a la historia nacional como el más rotundo fracaso independentista a causa de que la lucha fraticida se alargara por diez largos años.

Ahí otro Cura como él, Pablo José Calvillo, Cura de Jesús María, Aguascalientes, sobrino del Bachiller Don Joaquín Calvillo, dueño de la Hacienda de San Nicolás, hoy Municipio de Calvillo, actuaría al lado de la causa Insurgente, personaje nuestro, con el cual estamos en deuda; un monumento a su memoria sería el justo reconocimiento.


25 de enero, Hidalgo, en compañía de otros jefes ante la estrepitosa derrota de Calderón fue depuesto del mando militar por Don Ignacio Allende en la Hacienda de San Blas, hoy Pabellón de Hidalgo, virtual prisionero de sus compañeros de armas, prosigue su marcha hacia el norte.


Norias de Baján o Acatita del Baján, lugar en que se llevó a cabo la ignominiosa traición entre el Teniente Coronel Don Ignacio Elizondo y varios militares que acompañaban a Hidalgo, en su retirada hacia Estados Unidos al parecer en busca de la adquisición de las armas necesarias para proseguir en la lucha Independentista; Elizondo se reúne en el Curato de Monclova con un Cura Galindo y junto con doscientos hombres se dispusieron a tender la trampa en Acatita del Baján a Hidalgo y toda su comitiva.


Nos dice el Epistolario Histórico compilado por Don Juan E. Hernández y Dávalos, ilustre aguascalentense de aquel siglo que Hidalgo, al momento de ser aprehendido montaba un caballo prieto acompañado a su vera de un padre y cuarenta hombres de las Colonias del Nuevo Santader, Elizondo lo recibe y deja pasar y una vez hecho lo anterior lo cercan e intimidad a la rendición a nombre del rey; Hidalgo quiso sacar su pistola lo que uno de sus captores le impide; estaba irremediablemente perdido y su lucha no tendría sentido; así es como se cierne la traición sobre el Cura de la Patria.



Con él fueron hechos prisioneros 893 hombres y mujeres, hubo 40 muertos y les fueron confiscados 500 mil pesos en plata acuñada, gran cantidad de monedas de oro, 22 cajones de pólvora, 5 carros de municiones y una bandera con la Cruz de Borgoña, junto con él, religiosos, mercedarios, jesuitas y su hermano Don Mariano Hidalgo, Don Ignacio José Allende, Don Mariano Jiménez, Don Juan Aldama.


Julio 29 de 1811, el Consejo de Guerra lo condena a ser pasado por las armas.

Hidalgo marchó con paso firme y sereno sin permitir que le vendasen los ojos, rezando con voz fuerte y fervor; de frente al pelotón puso una mano sobre su corazón recordando a los soldados que aquel era el punto donde le debían disparar; una descarga traspasáronle la mano derecha sin herir el corazón, el héroe casi impasible esforzó su oración y sus voces se acallaron al detonar nuevamente las 5 bocas de fusil; su cuerpo fue pasado por las balas rompiendo las ligaduras que lo ataban al banco, cayendo.


El hombre todavía no había muerto, tres disparos más fueron necesarios para concluir aquella preciosa existencia, amanecía: fue decapitado para exhibir su cabeza en la Alhóndiga de Granaditas junto con la de don Ignacio Allende, Don Juan Aldama y Don José Mariano Jiménez, y así desalentar el movimiento Insurgente.

Su cuerpo fue sepultado en la Tercera Orden de San Francisco de la ciudad de Chihuahua y es hasta 1824 cuando tronco y cabeza exhumada de la Ermita de San Sebastián en Guanajuato, es conducido a la ciudad de México para ser inhumado con solemnidad de héroe, en la Columna de la Independencia.


Tañer de esquilas galopantes de Dolores aún se escuchan, esfumadas por los ecos, en el valle, en el monte, hombrías y mujeríos convocados en renovada búsqueda del yo, existo, disiento, apruebo; legado de identidad, de nacionalidad, ciudadanía hoy.

Hidalgo el héroe, su imagen se agiganta por siempre en nuestro tiempo espacio de abudante heroicidad; el que pega más y más fuerte, el que acerta más tiros a la portería, el oprimir un botón y encestar un tiro en la canastilla, el que aprueba el examen, en fin, una barata hoy, de supuestas heroicidades cibernéticas.


Finalmente, Tita Topete Ceballos dice para los lectores de FUERZA AGUASCALIENTES: Hidalgo, padre nuestro, aún quedan muchas alhóndigas y gritos de dolores por fraguar en la búsqueda intemporal de consolidar más... Identidad e Independencia.



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