Falta un verdadero reconocimiento de la sociedad

El Magisterio es un apostolado


+ Andrés Valdivia, todo un personaje de la política y del servicio público que, como él mismo lo dice en son de broma, ``cuando trabajé como maestro fue la única vez que actué como gente decente, porque pertenecer al Magisterio es ejercer una labor maravillosa¨


HERIBERTO BONILLA BARRON



Indiscutiblemente que el magisterio es la suma de esfuerzos que ha permitido la construcción de nuestra gran nación que es México, por lo tanto el maestro es quizás, la parte más importante para la formación de toda sociedad y eso deja bien claro que es con quien todos siempre estaremos en deuda.

Hace muchas veces también la función del padre, porque es el que educa, el que forja, el que da simiente al hombre para hacer el mundo en el que vivimos, sin embargo también hay que reconocer que en la actualidad sigue enfrentando múltiples problemas además de que la sociedad no los ha reconocido como debiera. Hoy en que se está viviendo, aunque sea a la distancia el Día del Maestro, FUERZA AGUASCALIENTES quiere rendir un pequeño homenaje a estos profesionales de la educación con los que siempre estaremos en deuda.

Y la verdad que esto es muy cierto y no se dimensiona. Por el contrario, hoy en día hay muchos que hasta se atreven a criticarlos por sus luchas sindicales, por sus anhelos de una vida mejor porque el maestro, como muchos otros, viven con salarios que de ninguna manera les permiten vivir la vida a la que ellos están induciendo.

Desde siempre, el maestro, pese a la vital labor que realiza, ha sido muy mal remunerado. Tal pareciera que no se le da la importancia que reviste mientras que la crítica siempre se da en abundancia, cuando debería ser todo lo contrario. En Aguascalientes, al igual que en todo el país, los reclamos magisteriales por una vida mejor se han dado de siempre. Aún en las épocas de antaño.

Sin embargo aquí se han enfrentado de una mejor manera y si bien los salarios siguen siendo raquíticos, hubo un tiempo en que se lograron verdaderas conquistas que beneficiaron al Magisterio y propiciaron el desarrollo que hoy disfrutamos. De esto habla a FUERZA AGUASCALIENTES el maestro Andrés Valdivia, todo un personaje de la política y del servicio público que, como él mismo lo dice en son de broma, ``cuando trabajé como maestro fue la única vez que actué como gente decente'', porque pertenecer al Magisterio es ejercer un apostolado maravilloso.

A principios de 1950 fue cuando inicié mis actividades de maestro, logré una plaza estatal luego de que había hecho un interinato de 6 meses para la Federación en la comunidad de Amarillas de Esparza. Pero realmente entré a trabajar a la Escuela Rosalía Monroy con una plaza estatal y desde ahí me di cuenta de lo raquítico de los salarios. Me dediqué a la Normal Superior y trabajé con muchos muchachos de mi edad, creo que fueron los seis años en que me dediqué como nunca en cuerpo y alma a trabajar y a estudiar.

Mis alumnos eran casi de mi edad y con todos me llevé muy bien. Era un maestro que se había titulado y que aspiraba a más por lo que hice la licenciatura en la Normal Superior de México y creo que esto fue productivo, no vea usted, nos dice el profesor Valdivia, la satisfacción que tengo cuando me junto con los que fueron mis alumnos y nos vemos como amigos, reconociendo las enseñanzas que aprendieron de mí. En esa época sucedió algo que no sé por qué hoy se ha olvidado y que desde mi punto de vista es trascendental, porque ayudó a los maestros y nos enfiló hacia nuestro actual desarrollo. En aquellos tiempos los maestros estatales ganaban casi la tercera parte de lo que cobraban los maestros federales. Eran aproximadamente 850 estatales y mil federales, por lo que ya desde entonces había muchos problemas de tipo sindical, mucho estira y afloja por los salarios. mCreo que lo más grave del problema le tocó al ingeniero Luis Ortega Douglas, primero como Alcalde y luego como Gobernador.

Como Presidente Municipal tenía que pagar casi el 60% de los ingresos del Ayuntamiento al sueldo de los maestros y muchas veces se retrasaba en los pagos porque los ingresos eran mínimos, para el Gobierno Estatal también esto era un problema pero tenía más de donde echar mano. Eso hizo desde entonces que hubiera un clima muy tenso entre los maestros estatales y municipales que ya para entonces yo dirigía, con las autoridades.

Fueron épocas muy difíciles, como las de ahora, para los mentores. Para entonces surgió la figura del maestro Enrique Olivares Santana con el que siempre me unió una gran amistad, por lo que unificamos a los maestros federales con los estatales y municipales y la Sección Uno del Sindicato quedó muy fuerte. Entonces enfocamos la lucha sindical, ahora con la Federación, por los muy bajos sueldos y porque para entonces no se gozaba de ninguna prestación de ley.

Las cosas comenzaron a cambiar cuando el maestro Olivares Santana se hace candidato a gobernador y el doctor Francisco Guel Jiménez, para la Presidencia Municipal. Recuerdo cómo le hicimos un acto a la candidatura del doctor a condición de que nos ayudara para mejorar el salario de los maestros, al profesor Olivares Santana no se lo dijimos porque él sabía perfectamente de nuestras penurias, ya que era uno de los nuestros. El doctor Guel, emocionado por las vivas y los aplausos, se comprometió a hacerlo, pero cuando ganó e hizo cuentas se asustó y vio que se iban a quebrar las finanzas del Municipio.

Fue entonces, agrega el profesor Andrés Valdivia, cuando surgió una idea que creo yo ha sido básica para el desarrollo de Aguascalientes, se le pidió a la SEP plazas para ubicar a maestros estatales y municipales en plazas federales. En esto debo hacer un gran reconocimiento, dice, al maestro Mario Aguilera Dorantes, quien ayudó mucho en las gestiones y antes de que concluyera la administración del maestro Olivares Santana, se lograron 500 plazas y al final quedó una cantidad simbólica de maestros estatales y municipales.

Si a estas alturas, dice el maestro Valdivia, hacemos cuentas de lo que se ahorró a Aguascalientes, yo considero que gran parte del desarrollo que hoy presumimos, se debe a que tanto el Municipio como el Estado dejaron de pagar sueldos de maestros. Hoy todavía hay estados como Zacatecas y Jalisco, por nombrar a algunos, que no pueden despegar todo lo que quisieran porque gran parte de sus ingresos lo dedican a pagar los salarios y las prestaciones magisteriales.

Si aquí hubiéramos seguido en el ritmo, ahorita de los 14 mil y pico mentores que tenemos, la mitad tendrían que ser pagados por el Estado y Municipio, lo que le supondría una enorme sangría. Estamos hablando de que se tendrían que pagar más de 30 millones mensuales, lo que haría quebrar casi las finanzas. Es por ello que hoy en que acaba de pasar el Día del Maestro, creo que tanto el doctor Francisco Guel Jiménez como el profesor Enrique Olivares Santana y Aguilera Dorantes merecerían ser objeto de un reconocimiento, porque fueron los que más beneficiaron a los mentores.

Pero más que ellos, dice el maestro Andrés Valdivia, el Estado y el Municipio se beneficiaron ya que dejaron de pagar millonadas que fueron desviadas para impulsar el desarrollo que hoy tanto nos llena de orgullo. Los Estados que pagan a sus maestros, dice contundente el profesor Andrés Valdivia, simplemente no pueden compararse a nosotros, porque no tienen recursos y se encuentran muy rezagados hasta en el mismo nivel educativo. Yo creo que este progreso, en parte se debe a esa medida visionaria que impulsaron esos dos gobernantes más el maestro Aguilera Dorantes.

Debo destacar, nos comenta, que esto lo platico con gran orgullo porque fui parte de este planteamiento que se coronó, para el bien de los maestros, con mucho éxito. Y si hoy hay quien se queja de que los maestros tienen muchos días de descanso, que pierden clases por cuestiones sindicales y por tantas cosas, creo que están equivocados porque sólo están luchando por su superación. Y no pierden clases porque es la SEP la que autoriza.El maestro de la actualidad, afirma, está gozando no sólo de las prerrogativas que antes no teníamos, sino también de una voz que hoy sí es escuchada aunque a veces no se le hace caso.

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