Es un síntoma de que la sociedad no anda bien

La impotencia lleva al suicidio


+ Puede ser que un amigo, dice Juan Manuel Gómez Morales, un hijo o alguien cerca de ti decide quitarse la vida, por la razón que sea, es sin duda alguna experiencia terrible y uno se pone en el lugar de los padres o familiares del que se quitó la vida y se pregunta: ¿cómo pudo llegar a hacer esto?


ALDO BONILLA CHAVEZ



El diputado Juan Manuel Gómez Morales, líder del grupo parlamentario del PRI, asegura que el suicidio es un gran síntoma de que algo no va bien y por tanto hay que analizar el por qué hay tantos en Aguascalientes y para encontrar una respuesta veremos que eso es tanto como preguntarse por qué existe la enfermedad o las catástrofes naturales, de tal manera que ocurren desde que existe el hombre, y según lo entiendo, Dios crea y da libertad, no esclaviza, de allí que el hombre es dueño de sus circunstancias y esas dicen que la impotencia, principalmente, ante la crisis económica o familiar lo orillan a la fatal decisión.


En entrevista con FUERZA AGUASCALIENTES, sostuvo que desde su punto de vista el suicidio es un síntoma de que algo no va bien y por tanto preguntarse porque hay suicidio y eso es tanto como preguntarse por qué existe la enfermedad o las catástrofes naturales, yo pienso que existe porque existe el hombre, por lo tanto forma parte del vivir, del estar en el mundo y según yo lo entiendo, Dios crea y da libertad, no esclaviza al hombre siendo el dueño de sus circunstancias.


¿Qué se le dice a unos padres cuyo hijo se ha suicidado?, ¿se evita el tema?

Puede ser que un amigo, un hijo o alguien cerca de ti decide quitarse la vida, por la razón que sea, es sin duda alguna experiencia terrible y uno se pone en el lugar de los padres o familiares del que se quitó la vida y se pregunta: ¿cómo pudo llegar a hacer esto? ¿yo podía haberlo evitado? ¿mi cariño no era suficiente para ayudarle a vivir? ¿Dios no podía haberlo evitado?


Al final uno podría encontrar en que sí hay un porqué pero no suele ser el que se busca y nuevamente uno se pregunta, ¿Qué respuesta hay ante este sufrimiento? no se puede minimizar, no se debe juzgar, sólo cabe acompañar a la familia en ese momento tan doloroso.


Puedo asegurar, dice Gómez Morales, que la mente humana no está preparada para vivir un suicidio entre sus seres queridos. ¿Qué es lo primero que se puede hacer? ¿Cómo ayudar en esos casos? Aunque se sepa que un ser querido tiene riesgo de suicidio, cuando se convierte en una realidad, los supervivientes, así se designa a los familiares de una persona que muere por suicidio, entran en un estado de sufrimiento profundo y no podemos olvidar que en el suicidio se unen dos duelos, uno por la propia muerte en sí y otro por la forma de morir.


Afirma que siempre que se pueda, en primer término es importante entender, que es un error intentar “amortiguar” su dolor con frases típicas de consuelo o reprimiendo la expresión de su sufrimiento. Facilitar que “saquen” que “drenen” lo que están sintiendo por el hecho tan doloroso que ha ocurrido, no desdramatizarlo, no quitarle dureza, ni un ápice.

El doliente no está para escuchar razonamientos, pero sí necesita, sin embargo, ser acogido y validado en su dolor, rabia, vergüenza, culpa, etc., sea lo que sea lo que esté sintiendo, es válido porque es suyo, no hay otra opción de acogida que la acogida total.

Son muchas las preguntas que uno se hace ante la muerte y cuando esta sucede por un suicidio, uno multiplica los porqués… ¿Hay respuesta al porqué tras un suicidio? ¿Merece la pena darle vueltas a esa pregunta?


Juan Manuel Gómez Morales dice que ante una muerte por suicidio, los porqués, junto con el sentimiento de culpa, son las dos grandes complicaciones para elaborar el duelo, porque existe el riesgo de “quedarse enganchado” y entrar en una especie de bucle que no deja avanzar en esa reconstrucción de significados que es el proceso de duelo.

La persona que se “engancha” emocionalmente al porqué del suicidio, está manifestando que no asimila lo ocurrido, que es tan horrible, que no puede ser verdad, que se niega a que sea verdad.



El por qué busca exculparse como padre, madre, pareja, etc., el superviviente quiere tener certeza de que él no pudo hacer nada por evitarlo, que es una buena madre, padre. A veces ese porqué busca todo lo contrario, busca encontrar la causa concreta para así fantasear con la idea de que se pudo evitar, es una forma de control de no sentirse tan vulnerable ante la muerte.


Como se ve, un porqué puede esconder muchos sentimientos, funcionan como “distractores emocionales” para no caer en la tristeza profunda que trae la asimilación de la muerte y sin embargo es adonde hay que conducirlos porque es la única manera de ir reconstruyendo, sanando, aunque en la mayoría de las ocasiones ni toda una vida bastará para encontrar la resignación y la sanación que gente que ha sufrido el suicidio de un familiar está buscando desde el momento mismo en que su hijo se quitó la vida.

Ante este tipo de preguntas, advierte el diputado del PRI, mi propuesta va incondicionalmente por la acogida del sentimiento de trasfondo como algo legitimo para después empezar a desarmar el porqué, pero eso ya es otro tema.


Al final sí hay un porqué pero no suele ser el que se busca, en la mayoría de los casos es porque el fallecido quiso que así fuera, decidió dejar fuera a los familiares, por protección, por la propia confusión de la enfermedad, etc., el hecho es que así lo quiso, es duro de asumir.


¿Los problemas y las crisis económicas como la actual multiplican los suicidios? Si dijéramos que sí estaríamos haciendo una interpretación errónea de una realidad, los problemas y las crisis económicas lo que sí hacen es “sacar a la luz lo que hay dentro”, por lo que no todas las personas somos susceptibles de suicidarnos, asegura Gómez Morales, quien dice que el riesgo de hacerlo o no va a depender en gran medida de nuestra estructura de personalidad, de la capacidad de afrontamiento de situaciones críticas, dramáticas.


Ante una misma realidad cada persona reaccionamos de manera diferente en función de las estrategias de afrontamiento que tenemos, por dramáticas que se perciban las situaciones hay personas que nunca llegarán a suicidarse, otras por el contrario se sienten sobrepasadas. Para estas cada día de vida así sentida es puro sufrimiento y valoran el suicidio como única vía posible ante tanto dolor, como una liberación.

Otra de las grandes preguntas es: ¿pude haberlo evitado? ¿Se puede prever o prevenir un suicidio?


Efectivamente, como comentaba anteriormente es uno de los grandes interrogantes de los supervivientes. La tendencia de estos es a pensar que sí, de ahí su sentimiento de culpa, sin embargo la experiencia nos dice que en la mayoría de los casos es enormemente difícil evitarlo, en muchos ocasiones porque es el propio protagonista del suicidio el que quiere que sea así.


Cuando no hay enfermedad aparente es algo más complicado porque a los familiares les cuesta “digerir” que alguien que se supone que les quería haya hecho algo que les haya provocado tanto daño como el quitarse la vida, dijo.

Pensar en un Dios justiciero o como dice muy bien un amigo mío, “injusticiero”, que castiga y premia a su antojo creo que forma parte de una interpretación errónea del cristianismo que ha hecho y sigue haciendo mucho daño.


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