¨El Ultimo Quijote del Periodismo¨ en su aniversario luctuoso

¡Hasta siempre don J. Cruz Bonilla M.!


+ A once años de su adiós, sigue vivo en la mente y el corazón de miles de aguascalentenses, asegura don Angel Hernández Arias, maestro e historiador de Aguascalientes que trató durante muchos años a quien fuera calificado como ¨Ultimo Quijote del Periodismo¨


HERIBERTO BONILLA BARRON



En el décimo primer aniversario del deceso de don J. Cruz Bonilla M., fue recordado con gran tristeza, pero con un fuerte orgullo por sus numerosos triunfos en vida y lleno de oraciones de unidad que hicieron que la paz se sintiera entre los presentes el domingo por la noche durante la ceremonia religiosa que se realizó en su honor en la Catedral Basílica y que fue oficiada por el Presbítero Raúl Sosa Palos.


El Señor lo llamó a su lado y claro que damos gracias a él por permitirnos gozar de sus existencia y de su nobleza, por lo que significó para quienes lo trataron, por lo tanto sigue vivo en los corazones y en las oraciones de quienes lo conocieron, ya sea físicamente o a través de sus miles de crónicas y reportajes, por lo tanto no me equivoco al afirmar que don J. Cruz Bonilla M., a once años de su adiós, sigue vivo en la mente y el corazón de miles de aguascalentenses, dijo ayer don Angel Hernández Arias, maestro e historiador de Aguascalientes quien trató durante muchos años a quien es considerado como el ¨Ultimo Quijote del Periodismo en Aguascalientes¨.


Dijo que fue un gran hombre que estuvo a nuestro lado, al que muchos conocieron y a quien se seguirá recordando, respetando y reconociendo por sus grandes logros alcanzados en vida, por lo tanto no tengo ninguna duda, tal y como lo dije hace unos días, que Aguascalientes le debe un gran homenaje a don J. Cruz Bonilla M., de quienes Addiel Bolio y Alejandro Hernández, también ya desaparecidos, siempre presumieron que había sido su maestro.


Don J. Cruz fue un excelente ejemplo de un auténtico y honrado periodista al que le gustaba hacer las cosas bien y quien siempre decía a sus amigos, cuando enfrentaban algún problema: “No hay crisis que aguante 14 horas de trabajo”.


A once años de su partida, que se han pasado muy rápidamente, estoy seguro que su forma de pensar y de trabajar es una guía diariamente y hoy estamos seguros que es un ejemplo de lucha para muchos, como lo es para nosotros”, afirmó don Angel Hernández, quien proporcionó a FUERZA AGUASCALIENTES un escrito de un emotivo homenaje que le rindió el también desaparecido, Héctor de León, al siguiente día de que falleció y que nos permitimos reproducir, ya que describe perfectamente quien fue J. Cruz Bonilla M.


¡HASTA SIEMPRE DON CRUZ!



En su pequeña figura guardaba una coraza de hierro en donde encerraba un corazón de oro. Nunca le vi quejumbroso, no le vi dolerse ni física ni moralmente, en cambio vivía entregado a la profesión que le apasionaba, que la gozaba con fuerza en su interior. Un ejemplo de responsabilidad y de entrega, un amante del deporte y de la fiesta de los toros.


El beisbol y la tauromaquia le hacían vibrar y defender con fogosidad sus puntos de vista; sabía escuchar y ser paciente. Hoy, como ya se han ido otros periodistas, lo hizo en silencio, calladamente, sabedor de que había cumplido con la misión que el Señor le había encomendado. Se fue don Cruz y deja un vacío en el diarismo aguascalentense. Se dice pronto, pero fueron 55 años de entrega desinteresada.


Por alguna razón que todavía no alcanzó a comprender, la figura de don Cruz la asocio con don Rafael Berúmen, un caricaturista excepcional de Aguascalientes que también dejó su huella en Aguascalientes. A estos dos personajes los concibo dentro de una generación de periodistas aguascalentenses que cubrieron una gran época de la historia de nuestra ciudad. Un buen número de ellos ha emprendido el viaje hacia la otra dimensión y nos quedan otros que merecen un reconocimiento.


Sin un exhaustivo análisis, así a vuelapluma, viene a mi memoria gente de la talla de un don Leandro Martínez Bernal, Ramón Morales Padilla, Mario Mora Barba, José Luis Espinosa, Juvenal García Muñoz, Everardo Brand, Javier Macías, Juan Esparza sin dejar de mencionar a un Rodolfo Landeros, que primero fue periodista y luego gobernante de su tierra o Gerardo Mora Legaspi, quien falleciera en plena juventud, cuando tenía un gran futuro dentro del periodismo.


Los personajes anteriores -y otros que me faltan-, convivieron con otros que guardan un lugar especial en la profesión y en donde, sin mencionar a todos, se encuentran Agustín Morales Padilla, Guillermo Brand, Sergio Candelas, José Morán Ruiz, Federico de León, Francisco Gamboa, David Barba, René y Mario Galindo Solís, José Ortiz Rico, incluso periodistas más jóvenes que iniciaron tempranamente su profesión como Guillermo Morán Romo, Matías Lozano Díaz de León, Ernesto Gutiérrez Gaytán o Heriberto y José Luis Bonilla Barrón, hijos de don Cruz a quienes inculcó el amor por la profesión y les hizo crecer bajo su amparo de la sencillez.



Es difícil pasar lista de los personajes que convivieron en una época sin acudir a la memoria colectiva para hacer las rectificaciones necesarias.

Don Cruz convivió con generaciones de periodistas y jóvenes comunicólogos en donde supo sembrar y cultivar la semilla de la amistad, porque don Cruz, como gente sencilla, humilde, no conoció la soberbia, ni hacía gala de sus andanzas, mientras que otros necesitan la charola de periodistas para que medianamente les abran las puertas de la información, y que luego que les conocen, les dan con las mismas puertas en las narices por sus maneras de ser o por sus insistencias en salvar sus intereses personales y no los de la profesión.


Ahora se le va a extrañar a don Cruz por sus entrevistas con toreros y otros actores relacionados con el deporte, que despertaban el interés general de los lectores por lo que rescataba de ellos. Sus crónicas, reportajes y notas informativas tenían su estilo, su sello propio, que aunque no llevaran el nombre de don Cruz, se sabía que procedían de su pluma. Siempre al pie del cañón. Fueron años y años de entrega al periodismo, nada más 55 años. Como humano que fue también reconocía sus errores y supo de sinsabores e ingratitudes, de esos tipos que nunca faltan cuando lo que buscan son los reflectores y las lisonjas fáciles.


El periodismo es una profesión de entrega, de pasión por la verdad. Una profesión nada fácil que exige sacrificios, pero que da satisfacciones monumentales que dan gozo en lo interno, así la paga no sea la merecida. El periodismo fue para don Cruz como el "mal de montera". Desde el momento que le llegó esa vocación ya no pudo hacerse a un lado. Fue como un llamado del Señor, y no tuvo para dónde hacerse sino que cumplir a cabalidad con este compromiso que pasa de lo individual a lo social.


A don Cruz se le va a extrañar en la redacción de HIDROCALIDO, en el deporte llanero, porque siempre defendió e impulsó el deporte amateur, igual en el deporte profesional, especialmente en el beisbol y en los toros. Ahí queda la hemeroteca para recordar sus crónicas y entrevistas, con ese estilo tan personal que supo darse, ese estilo que es como esculpir en piedra de mármol la efigie propia, algo tan personal que la obra no puede concebirse en otras manos ni en otro proyecto. El estilo es el estilo y a veces se logra por encima de reglas y cánones escritos o no escritos. A veces el puritanismo cansa y hay que hacerlo a un lado.


En un vistazo a sus últimos trabajos periodísticos, recuerdo dos entrevistas, una a Arturo Macías, a quien entrevistó en el Barrio de San Marcos cuando "El Cejas" convalecía de su traspié que le lesionó la columna vertebral, y otra, a Joselito Adame que regresaba a su Aguascalientes con la borla de matador de toros. Dos jóvenes toreros que don Cruz alentó y describió sus hazañas tempranas en los ruedos. Con esa visión que le caracterizaba, descubrió en ellos la figura de grandes toreros que empiezan a resurgir dentro de la baraja de los toreros de clase, con la expectación de los tendidos en las plazas de aquí y acullá.



Esta dualidad del deporte y toros fueron su pasión.

Con parsimonia se le veía recorrer los campos llaneros y tomar alguna nota de lo que veía de interés para transcribir su mensaje a los aficionados. Era una figura infaltable en el callejón de la Monumental o de la San Marcos. ¿Qué hazañas deportivas vería don Cruz? Todas para las que Dios le dio oportunidad.


Ya en su tiempo maduro, su gran compañero laboral durante 36 años fue su hijo Heriberto, quien fue fundador y subdirector de HIDROCALIDO, por lo que la familia indiscutiblemente fue su parte trascendente de la vida, y sufrió como pocos las tardes en que veía frente al toro a su hijo David, pero como era de aguante, daba silencio a sus sentires y pesares.


Tenía una memoria privilegiada, porque los hechos se le grababan como para no olvidarlas, a pesar de los años. Entrevistaba y las palabras las atesoraba en su mente, tan sólo unos pequeños apuntes, que luego transcribía de corrido: "Y Joselito nos dice que lo único que le quita el sueño es ser triunfador en Madrid, Sevilla y México, las tres plazas que son claves para todo torero. El reto máximo es Madrid, esa es mi obsesión y no pararé hasta conquistar esa plaza, ese será uno de mis principales objetivos en el año que mañana inicia y al que le daré la bienvenida toreando en Jalpa". Don Cruz pareciera que le perdía la noción al tiempo porque no daba punto de reposo a la profesión como ese 31 de diciembre de 2007 en que daba cuenta de los planes de Joselito.


Por su pluma pasaron los grandes y pequeños deportistas, las máximas figuras del toreo y los noveles que apenas se iniciaban en esta profesión de hombres. Don Cruz se ha reunido ya con esa máximas figuras de quienes contó sus historias y narró las crónicas de sus éxitos mayores.


Don Cruz a veces era un flan con los acontecimientos buenos, y en otras era un crítico duro. Así iniciaba una de sus últimas crónicas publicadas en HIDROCALIDO el 30 de marzo de este año: "Qué decepcionante resultó la octava novillada del Serial Menor que con todo éxito había venido desarrollándose en la Plaza de Toros San Marcos porque ayer, ninguno de los tres jóvenes dio muestras ni de convencer, ni de tener ganas de ser un torero que se precie de demostrarlo en el ruedo, porque los tres naufragaron lastimosamente, uno porque sigue siendo un "charlot", a pesar del tiempo que tiene vistiendo el terno de luces, y los dos que se presentaron, olvidaron dejar el miedo arrumbado en su casa para demostrar, entre otras cualidades que sí pueden llegar, algún día, a sentirse orgullosos de que los llamen toreros".


Las historias que pueden ser narradas son innumerables, pero para eso sirven las hemerotecas para atesorar la vida de las sociedades y la vida de los hombres. Don Cruz partió plaza como los grandes, como espada único, y se fue con los máximos honores.

¡Hasta siempre don J. Cruz Bonilla Méndez!

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