El tiempo ha desaparecido a muchos


Aguascalientes y sus mercados

+ Sin duda el proyecto más importante en Aguascalientes es el Mercado Terán, construido en el sitio donde a mediados del Siglo XIX y que se construyó en el sitio donde se instalaba una improvisada plaza de toros, con estructura de madera para la celebración de las corridas de toros


+ Del Mercado Calera sólo se conserva una vieja placa de cantera, en la que se puede ver el nombre Isidro Calera y el año de 1890. Esta placa se encontraba inicialmente en la tienda de abarrotes de don José Alonso


ALDO BONILLA CHAVEZ



Aguascalientes está viviendo con un desarrollo que todavía hace algunos lustros nadie imaginaba, es una ciudad que sin perder su sabor provinciano y lo principal, su gran paz y tranquilidad social, es modernista, con una transformación que parece indetenible.

Se vive un presente de trabajo y un futuro de esperanza que no pueden desligarse de un pasado histórico, romántico y tradicionalista, por lo tanto hoy en que nada en el mundo parece imposible, en el que las distancias ya no existen, pues los sistemas de transporte nos permiten trasladarnos en un mismo día a cualquier parte del planeta, hoy cobra mayor relevancia y nostalgia algo que fue trascendental para lograr este desarrollo indetenible, las pequeñas y grandes industrias que hicieron historia, así como los legendarios mercados, algunos de los cuales ya desaparecieron.


Hoy FUERZA AGUASCALIENTES quiere rememorar los tiempos románticos de una época que se recuerda con gusto y con gran melancolía porque marcaron el rumbo del perfil que se tiene en esta época, el de la industrialización y el comercio.

Tiempos de los que ya sólo quedan viejas fotografías.

Tiempos inolvidables para muchos, desconocidos para las nuevas generaciones.

Tiempos que fueron extraordinarios y que, como todo en esta vida, van siendo superados por esa tecnología de la que hablábamos y de los que hoy hacemos mención gracias a la información que nos brinda el maestro e historiador don Angel Hernández Arias, quien afirma que Aguascalientes siempre ha contado con una actividad comercial muy importante.


Y cuenta que desde el origen de las primeras civilizaciones, surgió entre la población la necesidad de contar con un centro para el comercio de los artículos más indispensables para la vida diaria.

Al parecer fueron los egipcios y los fenicios los primeros mercaderes; así mismo, las ciudades más importantes contaban desde la más remota antigüedad con un mercado, y en los poblados pequeños se aprovechaban con este fin las plazas y espacios libres.

En Grecia el mercado sirvió como centro de reunión para las asambleas populares y con el tiempo se diseñaron construcciones permanentes, con el fin de vender o comprar géneros o mercaderías, en las que antiguamente se negociaba sólo un reducido número de artículos, generalmente de origen agrícola, debido a lo limitado de la producción y la dificultad para el transporte.


En la América anterior a la conquista existía el tianguis, equivalente al mercado, que se instalaba en los poblados en determinados días de la semana, para la compra y venta de productos. En su "Descripción de la Subdelegación de Aguascalientes" del año de 1792, Félix María Calleja del Rey en referencia a este tipo de comercio, mencionó lo siguiente:

"Los mercaderes vagan igualmente que los agricultores y mineros, todos son en el día viandantes, sin permanecer en ningún pueblo más tiempo que el que necesitan para expender sus productos".


En Aguascalientes como en la mayoría de las poblaciones, antiguamente se utilizaban como mercado los espacios abiertos, y así son conocidas La Plaza del Burro, La Plaza de las Tunas, La Plaza de la Loza, El Mercado de la Plaza, etc.

Posteriormente surgieron diversos proyectos para la construcción de mercados, algunos de ellos quedaron en meros proyectos, otros sí llegaron a realizarse.

Sin duda el proyecto más importante de este tipo en Aguascalientes es el Mercado Terán, construido en el sitio donde a mediados del Siglo XIX se instalaba una improvisada plaza de toros, con estructura de madera para la celebración de las corridas de toros.


Al parecer, nos platica don Angel Hernández, el dato más antiguo que se conoce sobre este mercado es un escrito del 23 de enero de 1865, dirigido al señor Antonio Salas prefecto municipal, por José María Villalobos, en el que manifiesta cooperar en todo lo que está a su alcance, a la formación del grandioso proyecto para la edificación de la Plaza del Mercado. La historia dice que las obras de construcción del Mercado Terán se iniciaron el día 4 de abril de 1880, como lo podemos apreciar en un reporte de gastos dirigido al Presidente del Ayuntamiento el día 15 de junio de 1881.



En dicho reporte se incluyen conceptos como 2 carretas de mataclán, 1 carreta de piedra, 1 carretón con eje de fierro para las obras del Municipio, carretas de cantera, herraje para las mulas de los carros, etc., dando un total en dicho periodo de $12,257.82 con una existencia de 4 carros con sus respectivas mulas, una regular cantidad de madera y materiales. El Mercado Terán entró en funciones el año de 1881 y desde entonces se le han hecho diversas modificaciones, una de ellas fue en los primeros años de la década de los veinte, tras sufrir un incendio en su lado poniente y el último y más importante, se realizó durante la administración del alcalde Pedro Rivas, en que fue demolido totalmente, debido a un incendio que lo destruyó en gran parte en el año de 1981.


Otro proyecto de este tipo de instalaciones es del 8 de octubre de 1870, en referencia a la recomposición de la finca de la Alhóndiga, para establecer en ella el mercado de carnes, en el presupuesto se incluyen una portada de cantera, 28 vigas y 2 puertas, con un total de $264.75. Esta Alhóndiga se utilizó como mercado de cereales, posteriormente como bodega de almacenamiento de maíz, se ubicaba en el sitio donde antiguamente se encontraba el Mesón del Amo, actualmente el Teatro Morelos, inaugurado en 1885.

En cuanto al mercado Isidro Calera, existe el antecedente del 23 de junio de 1888, en que Francisco L. Pedroza solicitó al Ayuntamiento en compra o adjudicación, un terreno ubicado en el Callejón de Molina, cuartel 7 con el fin de fincarlo.


En su solicitud hace mención que en este terreno la corporación proyectó construir un mercado público que no se realizó, y que los vecinos se quejan de lo perjudicial que es a la salubridad y a sus fincas ya que estaba descubierto junto al arroyo.

Dicha petición fue negada por parte del Ayuntamiento, que veía beneficio en la construcción de un rastrillo o pequeño mercado en el terreno mencionado, que vendría a beneficiar al vecindario tanto por la seguridad de sus fincas, como por tener inmediatos todos los combustibles que diariamente consumen; además de que se podrán ubicar a los vivanderos ambulantes que se hallan establecidos en las calles 2ª. de la Cárcel y 2ª. del Emblema.


El referido Callejón de Molina se ubicaba en parte de la actual avenida de López Mateos, en su tramo de la calle del Obrador (hoy José María Chávez) a la calle de Los Gallos (hoy Díaz de León) y el mercado es el Isidro Calera, inaugurado en 1890. Dicho mercado estaba construido con estructuras de madera y techado con láminas, sobre una bóveda de piedra que cubría esa parte del arroyo.


Fue un mercado pintoresco, agrega don Angel Hernández, en el que se podía adquirir carbón con Francisco Yáñez, frijol y leche con Cayetano Escalante, verdura con Romualda, nieve con María, maíz con Hilario y la que se considera la mejor rellena de ese tiempo, la que vendía La China o bien disfrutar de una comida en las fondas de Luz o Doña Carlota Macías, o encargarle un viaje de agua a Fructuoso Díaz Macías por 2 o 3 centavos, de la pila que se encontraba en el costado poniente del mercado, la que el mismo don Fructuoso se encargaba de limpiar cada semana por un sueldo de 1 centavo, que le pagaba la Presidencia después de firmar su respectivo recibo.


A fines de 1958 se consideró la desaparición del mercado Isidro Calera, debido a que existía un proyecto para construir la entonces llamada avenida Oriente Poniente. A principios de los sesenta el mercado se encontraba en estado semiruinoso, siendo inminente su demolición y la mayoría de los locatarios fueron reubicados en el Mercado Independencia, o como se le conocía popularmente de Las Palomas, por haber sido construido en terrenos del antiguo cuartel de este nombre, de las calles de Galeana y Rayón.


Del Mercado Calera sólo se conserva una vieja placa de cantera, en la que se puede ver el nombre Isidro Calera y el año de 1890. Esta placa se encontraba inicialmente en la tienda de abarrotes de don José Alonso, ubicada en la esquina de Colón con vista al mercado, con la demolición del mercado la placa estuvo a punto de perderse entre los escombros, de donde fue rescatada por Don Fructuoso Díaz Macías, el mismo que hacía los viajes de agua, y gracias a él la podemos apreciar en el frente de lo que fue su agencia de bicicletas, finca que anteriormente fue la fonda de Doña Carlota Macías viuda de Díaz, de la avenida López Mateos.



Otro de los mercados que existían en la ciudad a mediados del Siglo XIX es el que se encontraba en el centro del Primer Parián, formaba una plaza con muchas piezas pequeñas, ocupadas por vendedores de frutas y legumbres, con acceso por los portales oriente y poniente.

A principios del Siglo XX, el Ayuntamiento a iniciativa del regidor Tomás Medina Valdés y bajo la dirección del Ingeniero Blas E. Romo, construyó un nuevo mercado en el mismo Parián.


Su inauguración fue el 16 de septiembre de 1911, con un programa que inició con una obertura ejecutada por la banda del Primer Ligero, a continuación el Presidente de la Corporación, Don Juventino de la Torre acompañado de José C. Pedroza, pasó a descubrir la placa conmemorativa en la que se bautizó el mercado con el nombre de la heroína de la independencia, Doña Josefa Ortiz de Domínguez.

Este mercado funcionó hasta mediados de la década de los veinte, en que se instaló en ese lugar el Cine Olímpico, otra de las funciones que se le dio a ese espacio fue el de cancha deportiva.


En cuanto al Mercado Juárez, agrega el maestro Hernández Arias, al parecer por el año de 1912 se encontraba en proceso de construcción, como lo podemos apreciar en un presupuesto presentado por Don Refugio Reyes Rivas, para la modificación del mercado en construcción de la Plaza Juárez. En él se incluyen entre otros puntos la construcción de tres pórticos para dar entrada y vista al mercado, manufactura de cornisa y friso en cantera, etc.


El proceso de construcción de dicho mercado fue muy largo, ya que el 10 de septiembre de 1928 el ingeniero Eduardo Treviño presentó un presupuesto para la terminación del Mercado Juárez, en el menciona la falta que está haciendo para quitar de las calles los puestos que tanto estorban y afean la ciudad, dando una idea de pobreza y falta de higiene; así mismo menciona que hay la oportunidad de que J. Alfonso López, que adquirió casi todos las materiales del desmantelamiento de la Fundición, está dispuesto a vender para el mercado en cuestión todos los materiales necesarios para los techos a precios muy bajos.


En ese momento, refiere don Angel, la propuesta del ingeniero Treviño no fue aceptada, pero fue retomada nuevamente el 21 de febrero de 1929, con excepción de las armaduras de hierro para el techo, debido a que el propietario del material de desmantelamiento de la Fundición Central ya lo había vendido, por lo que se consideró suplirlo con armaduras de madera.

Otro de los mercados es El Reforma, conocido popularmente como La Purísima, construido en el lugar donde antiguamente se instalaban una serie de barracas, frente al templo del mismo nombre.


Desde 1934 se manejaba un proyecto para la construcción de un mercado frente al templo de La Purísima, y otro en el barrio de Guadalupe, por la calle de Rivera. Dichos proyectos fueron manejados por años en forma paralela sin que llegaran a realizarse, tan es así, que en septiembre de 1950 las autoridades seguían con la promesa de su construcción.

En mayo de 1955, el ingeniero Loyola manifestó estar dispuesto a ceder el terreno para la construcción del mercado de La Purísima, que según el proyecto debía estar situado en un sitio cercano a la Huerta Gámez.


Para noviembre de 1960 dicho mercado ya se encontraba en proceso de construcción, para finalmente ser inaugurado en diciembre de 1961.

Un mercado que nació con mala estrella es el Primavera, ubicado en parte del terreno donde antiguamente se asentaba el Estanque de la Cruz, su construcción se inició en septiembre de 1950, con la promesa de que ese mismo año se terminaría.

Después de una serie de atrasos en su construcción se inauguró el mes de octubre de 1951, sin que existiera interés por parte de los comerciantes en ocupar ese espacio, según se decía por estar muy alejado.



Por esto se consideró un error su construcción, y en mayo de 1955 se analizaba la petición de un supermercado de la ciudad de México, que tenía interés en operar en esta ciudad.

Finalmente en octubre de 1969 se demolió una parte del Mercado Primavera, con el fin de construir una escuela primaria y un parque recreativo.

Un mercado donde estuvo la Cancha del Estado, es el Morelos, construido en el terreno que ocupara también la Inspección de Policía, en la esquina de Morelos y Alvaro Obregón.

Dicho proyecto nació en junio de 1964, para marzo de 1970 la finca de la Inspección de Policía se encontraba demolida, y en su lugar se construyó lo que se consideraba el apéndice del Mercado Terán.


En octubre de 1972 se inauguraron el Mercado Morelos y los Mercados Rivera, Altavista y Siglo XIX de la Colonia del Trabajo.

Luego don Angel Hernánbdez Arias dice a FUERZA AGUASCALIENTES que en la evolución de las instalaciones para mercados en nuestra ciudad, surgieron algunos proyectos que por diversas causas no llegaron a realizarse.


El 21 de enero de 1889, Luis de la Rosa, presidente del Ayuntamiento, propuso la compra de la cuadra aislada por sus cuatro vientos, conocida por de Reyes Ríos y que forma acera vista al sur con la calle de La Merced, con el fin de formar en ella un mercado demasiado necesario para aquel vecindario, a la vez que daría hermosura a ese rumbo.

El 15 de agosto de 1921 el regidor José María Durán Sigala presentó una iniciativa para construir un pequeño mercado semejante al Isidro Calera, en la Estación del Ferrocarril Central, dado que su barriada es muy populosa y las exigencias sociales lo merecen, pues muy feo aspecto presentan aquellas vendimias en barracas indecentes de un muladar y lugares llenos de polvo, basura y escombros.


Las dos iniciativas mencionadas fueron rechazadas, la primera debido a los pocos fondos municipales, y en la segunda se mencionaba que no habiendo terminado el Mercado Juárez, ni continuado el que se inició en la calle de Guzmán, ni reparado el Mercado Calera que está en ruinas, se ponga la primera piedra a otro mercado, que sólo Dios sabe si se llegaría siquiera a comenzar.


Otro de los mercados en que tenía participación la iniciativa privada, es el que estaba construyendo en el año de 1930 la señora Ana María viuda de Escobedo, dueña de la Hacienda de Ojocaliente, en la calle de Progreso, colonia Granaditas. Dicha obra fue suspendida por la Dirección de Obras Públicas, por estar en la creencia de que el terreno era propiedad del Municipio.


Con el crecimiento de la ciudad con nuevos fraccionamientos, algunos de los cuales cuentan con su mercado o modernas tiendas departamentales, los viejos mercados como el Terán y el Juárez, no han podido ser desplazados; además de que se sigue conservando la costumbre de instalar en algunas colonias, los antiguos y muy aceptados tianguis, dice por último el maestro e historiador don Angel Hernández Arias.






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