El modernismo ha transformado la ciudad


Aguascalientes y su evolución


+ Existen una gran cantidad de sitios llenos de historia, algunos de ellos originados a fines del siglo XIX o principios del XX, aunque en su mayoría ya no conservan su estructura original, o su espacio es ocupado por fincas completamente diferentes

ALDO BONILLA CHAVEZ



En estos tiempos en que Aguascalientes sufre de una constante transformación, que aunque lenta es muy visible, vale la pena remontarnos al pasado para conocer nuestros orígenes.Tiempos en que lo moderno modifica lo antiguo.En que las costumbres, las tradiciones, los edificios, hasta la forma de hablar van cambiando por completo. En que aquellos evocativos nombres de las viejas calles que recordaban algún suceso o lugar en especial, han sido desplazados por nombres de personajes temporales que en ocasiones muy pocos conocen.


Las viejas casonas se derrumban diariamente, para ser transformadas en locales comerciales o estacionamientos, o sus nostálgicas fachadas con sabor provincia son sustituidas por un simple techo paloma. Antes de que desaparezca por completo la fisonomía tan especial de aquel Aguascalientes, en que muchos de los moradores conservan con agrado sus viejos recuerdos, vale la pena recordar en FUERZA AGUASCALIENTES un poco de lo que fue nuestra ciudad y sus habitantes, hace más de cien años.


Aguascalientes desde siempre ha gozado de cierta tranquilidad.

Esto era más manifiesto a fines del siglo XIX, con un clima benigno, abundantes fuentes de aguas termales, el río de los Pirules en constante flujo y con una población total en el Estado de 102,002 habitantes. Los poderes locales se componían del Legislativo, con siete diputados propietarios y su suplente, electos cada dos años; el poder Ejecutivo encabezado por el gobernador, electo cada cuatro años con posibilidades para ser reelecto para el siguiente periodo y el poder Judicial, formado por el Supremo Tribunal de Justicia, compuesto por tres magistrados electos por el pueblo cada cuatro años.


La ciudad de Aguascalientes, dice el investigador e historiador José Ciro Báez Guerrero, contaba con 5,220 casas, para una población de 31,619 habitantes, era rodeada por más de 300 huertas y jardínes, que eran regados por las acequias del Ojocaliente y del Cedazo; así como por dos grandes estanques que se encontraban al norte.

En Aguascalientes existen una gran cantidad de sitios llenos de historia, algunos de ellos originados a fines del siglo XIX o principios del XX, aunque en su mayoría ya no conservan su estructura original, o su espacio es ocupado por fincas completamente diferentes, sí resultan atractivos para algunas personas, que cuando los contemplan, se preguntan cómo serían en su época de esplendor.


En éstos podemos apreciar la posición económica de sus moradores, con sus amplias y céntricas viviendas, que podemos imaginar llenas de plantas y sus huertos de árboles frutales, de una ciudad que se reducía a unas cuantas calles y en que todos se conocían.

Una de estas fincas que se encuentran en pleno centro de la ciudad, es la que tiene dos frentes, el primero con vista al sur hacia la Plaza Principal, y el segundo viendo el oriente hacia la calle del Reloj actualmente de Juárez.


A principios del siglo XX esta finca era propiedad de Carmen Moreno viuda de Chávez, y medía en su frente al sur 28 metros y hacia la calle del Reloj 35 metros, cincuenta centímetros, con una superficie aproximada de 1,470 metros cuadrados, por ese tiempo colindaba al norte con la casa número 2 de la calle del Reloj, propiedad de la misma señora Moreno y con la casa de Josefa Flores de Aguilar, al sur con la Plaza de Armas, al oriente con la calle del Reloj de por medio y debido a lo amplio de este lado de la finca, con las siguientes propiedades de la acera vecina:


Con la construcción de cantera amarilla que primeramente ocupó de la sucursal del Banco de Zacatecas, posteriormente en este mismo espacio se ubicaron la Comisión Monetaria, el Banco de México, la Casa de Vidrio, la Casa Barnola y actualmente se encuentra en ese lugar una farmacia; con la finca número 5 propiedad de la misma señora Moreno, en el sitio donde se encontraba una tienda de ropa llamada La Sinceridad, propiedad de Jesús Cervantes originario de Teocaltiche y posteriormente la tienda La Nueva York, de don Ramón Avila y finalmente con la finca de la Escuela Principal de Niños Número Uno, que posteriormente ocuparon la ferretería La Estrella de Don Walterio Eikel, el Monte de Piedad y una zapatería, actualmente dicha finca se encuentra en reconstrucción, y hacia el poniente con vista a la Plaza de Armas, con la propiedad de don Luis Barrón.



Esta finca de la señora Moreno, por esos años de principios del siglo XX se componía en su primer piso de zaguán, escritorio, tres tiendas, dos trastiendas, dos corredores, primer patio, pozo, tres bodegas, escalera y un cuarto; pasillo, otra pieza, segundo patio, dos bodegas, corral, escusado, caballeriza y noria.


En su parte alta tenía dos corredores, asistencia, sala, ocho recámaras, dos comedores, dos despensas, dos cocinas, cuarto de sirvientes, pasillo, cuarto de baño, escusado, azotehuela y lavadero; en sus dos frentes con ventanas y balcones hacia la Plaza Principal y calle del Reloj, y según decían en ese tiempo, todo de sólida construcción.

Esta finca durante años conservó su antigua fisonomía, sobre todo en su parte alta, que primeramente fue la casa habitación de la familia Chávez Moreno y posteriormente de don Luis Aguilar Bolado, cuando pasó a su dominio.


Su piso bajo que se componía como ahora, principalmente de locales comerciales ha sufrido algunas modificaciones, en su lado con vista a la Plaza se encontraban la botica del Reloj, de don Francisco Marín, la tienda de ropa "La Moda" de A. B. Culver y el almacén de ropa y artículos de fantasía, de don Pedro A. Martínez y de la Torre, "Las Novedades" que daba hacia la calle del Reloj, y era la favorita de lo mejor de la sociedad, por esta calle lindaba con la relojería de Don Federico Staub.


Otro de los sitios de esta zona que han sufrido una gran transformación, es el que se encontraba al inicio del Callejón de Zavala, antecedente de la actual avenida de Madero, esquina con la calle del Reloj. Este sitio a finales del siglo XIX era ocupado por la casa de una familia de apellido Corral, formado por los hermanos Juan, Casilda y Marta; posteriormente pasó a ser propiedad de don José Bolado, donde instaló su casa habitación y su establecimiento comercial, en el que tenía su depósito de madera, expendía harina y demás esquilmos del molino de San Cayetano; así como tabaco cernido y labrado.


A la muerte de don José Bolado la finca pasó a ser propiedad de la señora Angelita Bolado, esposa del doctor Jesús Díaz de León, abriendo en ese sitio en marzo de 1891, una botica y laboratorio químico, y poniendo al frente al profesor de Farmacia, don Eutiquio Murillo, padre del posteriormente famoso pintor Gerardo Murillo "Doctor Atl", a quien por cierto se debe la introducción del beisbol a nuestra ciudad, que por esos años de fines del siglo XIX practicaban en los llanos del Tanque, donde actualmente se encuentra el fraccionamiento Primavera.


Poco tiempo duró al frente de la botica don Eutiquio Murillo, ya que murió de tifo el 20 de octubre de 1892, en una casa de la segunda calle de Nieto, propiedad de Martina Arteaga de Chávez, el doctor Díaz de León traspasó la botica al doctor Luis Paparelli, quien venía de Ciudad Lerdo, Durango.


Posteriormente la señora Angelita arrendó la finca al Banco de Londres y México y después se la vendió, construyendo una suntuosa finca para su sucursal que inauguró en los primeros años del siglo XX, siendo gerente don Rafael de Celis y como cajero don Máximo Anieves, quien a su muerte fue sustituido por Javier Díaz de León, hijo de la antigua propietaria de la finca y que posteriormente llegó a dirigir la institución bancaria.

Fue en 1914 durante la administración del gobernador Alberto Fuentes Dávila, cuando esta esquina del Callejón de Zavala y Reloj fue destruida completamente, posteriormente en ese sitio el señor Wenceslao Giacinti construyó el edificio para su tienda llamada "La Popular", con el piso superior para su casa habitación, en este sitio actualmente se encuentra una farmacia.


La esquina sur del Callejón de Zavala, al oriente de la Plaza siempre fue hotel, a fines del siglo XIX en ese sitio se encontraba la finca del hotel de La Plaza que también tuvo el nombre de Lafayete, con sus cantinas y billares que se podían ver a través de sus ventanas por el Callejón de Zavala, en el sitio donde posteriormente don Felipe Nieto construyó el Hotel Francia.


Al final del Callejón de Zavala en la calle de la Independencia número 9, se encontraba la amplia vivienda de don Antonio Puga, tenía una superficie de 7,430 metros cuadrados, se componía de zaguán, doce piezas, cochera, cocina, dos patios, el primero con corredor, bodega, dos aljibes, dos pozos, baños, escusado, dos atarjeas, dos lavaderos, dos caballerizas con pajar y una extensa huerta; además al lado de su casa tenía su acreditado cajón de ropa, muy favorecido por una amplia clientela que gustaban de frecuentar la tienda de Don Antonio, como era conocida.


Esta finca que daba a la altura de lo que es la actual calle de Morelos en su crucero con Madero, desapareció junto con la del cine Vista Alegre de Don Federico Bouvi y otras, cuando derrumbaron el Callejón de Zavala.

Otra finca que puede resultar de interés es la que ocupaba el Hotel Washington, que por la segunda década del siglo XX era propiedad del señor Domingo Velasco, y se ubicaba en el número 49 de la primera calle del Centenario hoy de Juan de Montoro, esquina con la calle de Washington, actualmente de Díaz de León, esta finca llegaba por su lado sur hasta la calle de Palmira, y por el poniente hasta la propiedad de la familia López Alba; en 1919 la finca del Hotel Washington fue rematada por adeudos que el señor Velasco tenía con el Estado.



Posteriormente en este sitio se construyó uno de los cines de más arraigo en nuestra ciudad, el cine Colonial, actualmente lo único que se conserva de la antigua construcción del Hotel Washington es el frente, que los constructores del cine tuvieron el tino de no destruir. En la esquina de las calles que por esos años se conocían como primera de Morelos y primera del Apostolado, hoy de Pedro Parga, se ubicaba la propiedad de la señora Julia Pani viuda de Felgueres, donde tenía su negocio de deshilados, en la misma finca que anteriormente ocupó el Hotel de France, donde se alojó en su visita a nuestra ciudad Don Francisco I. Madero, con algunos de sus partidarios.


Era como la mayoría de las fincas de aquellos años muy amplia, tenía un frente de once metros, por treinta y dos de fondo, se componía de zaguán, doce piezas, dos pasillos, patio y corredor. Sus colindancias eran al norte con la calle del Apostolado, al sur con don Reyes M. Durón, al oriente con don Felipe Torres y al poniente con la calle de Morelos.

Por un adeudo que la señora Pani tenía con el señor Miguel P. Gourcy la finca fue rematada en 1919, posteriormente en ese sitio se instaló una tienda de bordados, y actualmente hay una librería de temas religiosos.


Una finca que perteneció al maestro Celso Bernal, es la que se encontraba en el número 18, de la tercera calle de San Diego, hoy de Rivero y Gutiérrez, tenía un frente de 14 metros, por 39 de fondo, se componía de zaguán, sala, antesala, escritorio, cinco recámaras, comedor, cocina, dos patios, corredor, cuarto de baño, despensa, dos escusados, lavaderos, cuarto de criados, cochera, corral con pajera y caballeriza.

En este sitio el profesor Celso Bernal tuvo su escuela, que se conocía simplemente como la "Escuela de Don Celso", que se consideraba entre las mejores de la época, esta finca como muchas del centro se perdió entre tanto local comercial.


A principios del siglo XX, los licenciados Antonio S. Muñoz y Carmen Ortiz de Muñoz, tenían su propiedad en la tercera calle de Tacuba número 3, hoy del Cinco de Mayo, tenía un frente de doce metros y treinta y cinco de fondo, se componía en su planta baja de zaguán, escritorio, sala, cinco recámaras, corredor, comedor, despensa, un cuarto, cocina, bodega, caballeriza, tres patios, escalera y pozo y en su planta alta sala, recámara, antesala, seis recámaras, comedor, corredor, despensa, un cuarto, cocina, escusados y azotehuela.


Sus colindancias eran al norte con la propiedad de María Refugio Castañeda, al sur con don Ignacio A. Ortiz, al oriente con el doctor J. Guadalupe Ortega (parte de lo que es actualmente el pasaje Ortega) y al poniente con la calle de Tacuba. En este sitio se encuentran actualmente algunos negocios de electrónica.


Otra de las fincas que fue propiedad de los señores Muñoz, es la que se ubica en la esquina de las calles de Oriente, que después se llamó de Porfirio Díaz, actualmente de Alvaro Obregón, en su esquina con la segunda de Morelos, tenía un frente de dieciocho metros, por veinticinco de fondo, se componía en la planta baja de dos zaguanes, escritorio, sala, dos corredores, comedor, cuatro recámaras, dos cocinas, tres patios, pasillo y escusado, en la planta alta de sala, antesala, cinco recámaras, comedor, despensa, cuarto de servicio, cocina, escusado, y azotehuela.


Sus colindancias eran al norte con la calle de Oriente, al sur con el licenciado Cipriano Avila, al oriente con la propiedad del licenciado Zepeda Garibay y al poniente con la calle de Morelos. En este sitio actualmente se encuentran algunos negocios de regalos y repostería. La finca vecina de la anterior por ese tiempo era propiedad del señor Daniel P. Becerra, se ubicaba en la esquina de las calles de tercera de Morelos y segunda de Oriente, se componía de zaguán, primer patio, en el cual había dos departamentos, el del lado norte con sala, dos recámaras, comedor y un cuarto pequeño, y el del lado sur tenía una tienda con armazón, aparador a la calle, con mostrador y un salón; el segundo patio tenía cocina, lavaderos y cuarto de baño; el tercer patio tenía dos escusados y un salón y sobre éste había otro salón, al que se llegaba por una escalera de mampostería con barandal de fierro.



Sus colindancias eran al norte con Doña Juana Torres, al sur con la segunda calle de Oriente, al oriente con don Elías Macías y al poniente con la tercera calle de Morelos. Actualmente en ese sitio se encuentra un restaurante y varias tiendas de ropa.

En la calle de Morelos a un costado del Parián, que por ese tiempo era la primera de Morelos, el señor Reyes M. Durón tenía las propiedades marcadas con los números 3 y 5, la primera se componía de zaguán, con departamento para comercio a sus lados, seis piezas, escusado, y dos patios en la planta baja y en la alta, nueve piezas, corredores y escusado y un tercer piso, con dos piezas más con su azotehuela.


La otra casa se componía de zaguán, sala, asistencia, tres recámaras, comedor, cocina, cuartos de servicio, despensa, caballeriza, escusados, dos pajares, lavaderos, patio con pasillo y corral.Las colindancias de ambas propiedades eran al norte con doña Julia Pani viuda de Felgueres, al sur con "Las Fábricas de Francia" de los hermanos Leautaud, al oriente con don Felipe Torres y al poniente con la calle de Morelos. Actualmente la primera de las fincas conserva su estructura original, y en la segunda se encuentra una moderna finca de oficinas.


Al costado norte del mercado Terán en la esquina de las calles de Arteaga, con la segunda de La Paz, actualmente de Juárez, se encontraba la finca que por 1913 se componía en su planta baja, de tienda, dos accesorias y zaguán, y en su planta alta de dos piezas, cocina y azotehuela. Colindaba al norte con la propiedad de Mateo López Velarde, al sur calle de Arteaga de por medio con el mercado Terán, al oriente calle de La Paz de por medio, con Francisco Villasana y al poniente con Francisco Ponce.


En este sitio se ubicó por varios años uno de los bares de más abolengo en nuestra ciudad, "Los Pericos", que conservaba las características de las auténticas cantinas de barrio, como era el ambiente y sobre todo el aroma, posteriormente esta finca fue destruida y las hablillas de la gente decían que encontraron un tesoro, lo cierto es que la primera tienda que ocupó la nueva finca se llamó "El Tesoro".


Un sitio que se encuentra al sur de la ciudad en la quinta calle de José María Chávez, es el que se conocía con el nombre de Portal de los Cinco Señores, propiedad del señor Reyes M. Durón, colindaba al norte con siete metros setenta centímetros, con la calle de su ubicación, al sur con doce metros y treinta y cinco centímetros, con la propiedad de Juana Durón, al oriente con veintitrés metros, diez centímetros, con la calle de Belaunzarán y al poniente con veintitrés metros, diez centímetros, con la sexta calle de José María Chávez.

La finca se componía de zaguán, tres piezas, patio y cocina. En ese sitio se ubicó por varios años la tienda de abarrotes "El Pabellón Mexicano", actualmente se encuentran varios negocios, sobre todo de alimentos.


En el costado sur del jardín de Zaragoza, todavía es posible observar una finca que conserva gran parte de su estructura original, que por esos años era propiedad de los señores José P. Martínez y María P. Martínez, y es la que tenía el número 1, de la primer calle del Estanque, se componía de zaguán, sala, tres recámaras, comedor, una pieza chica, cocina, dos patios, lavadero y escusado.


El precio de la modernidad ha sido alto, ya que algunas de estas fincas han sufrido una gran transformación en su estructura, otras sólo conservan algunos elementos originales, sobre todo en su parte superior, desgraciadamente la mayoría se perdieron entre los locales comerciales del centro de la ciudad.

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