``El Mesón de Nuestro Amo''

El Teatro Morelos


+ Las tablas de su escenario supieron de las pisadas de excelentes artistas y en labios de los viejos tramoyistas se conocieron las crónicas verbales de acontecimientos frívolos y anécdotas del primer intento serio para convertir la Revolución Mexicana en un movimiento institucional


ALDO BONILLA CHAVEZ



El viejo y hermoso Teatro Morelos está lleno de recuerdos.

Fue y sigue siendo, un orgullo, un tesoro de los aguascalentenses.

En él han actuado los más grandes artistas que haya dado México.

En él se realizó la histórica Soberana Convención de 1914.

También durante un tiempo llegó a ser un cine.


Sus paredes están impregnadas de historia.

Son muchos los bellos e inolvidables pasajes que se han vivido sobre su escenario.

No en los letreros escritos a mano sobre las paredes del camerino.

Ni en los viejos programas fijados sobre los muros, en el fondo del escenario.

Aprisiona el teatro, recuerdos de las generaciones que han escrito la historia de Aguascalientes.


No, no se puede concebir a la Entidad sin su legendario Teatro Morelos, ese cuya historia no podrá ser superada por el nuevo Teatro de la Ciudad.

Su escenario fue protagonista de una época que ya no volverá.

Un tiempo que, valga la redundancia, hizo época y que llena de orgullo a nuestros antecesores.


Eran tiempos en que muchos adolescentes furtivamente acudían a presenciar un espectáculo de tiples y "vedettes"; la carne blanca que García Lorca llamó ``peces sorprendidos'' fue tremenda revelación.

Las tablas de su escenario supieron de las pisadas de excelentes artistas y en labios de los viejos tramoyistas se conocieron las crónicas verbales de acontecimientos frívolos y anécdotas del primer intento serio para convertir la Revolución Mexicana en un movimiento institucional.


El edificio está lleno de recuerdos.

Antes de que se esfumen, con el viento, hay que recogerlos y preservarlos como uno de los tesoros más preciados que habrán de disfrutar las futuras generaciones.

Cualquier espectáculo de categoría en Aguascalientes tuvo siempre por marco el Teatro Morelos. Allí nuestros abuelos vieron lo mejor del drama y la comedia, desde fines del siglo pasado XIX, (1885). Ilusionistas, operetas, sinfónicas, vodevil, han desfilado por el coliseo, que hace más cien años era conocido como "El Mesón de Nuestro Amo".


Allí llegaban las carretas y las diligencias procedentes de México.

Como algo curioso cabe señalar que los viajeros hacia la Metrópoli tomaban todavía hace no muchos años, casi en el mismo lugar, los transportes modernos hacia la urbe, porque allá es el lugar de quienes deseaban progresar en la ciencia y en el arte; simplemente en la ciencia o en el arte de hacer dinero.


Tanto las diligencias como las unidades motorizadas ahora siguen poco menos que el mismo camino sobre las rutas trazadas por el beato San Sebastián de Aparicio, quien a su vez siguió las veredas indígenas.


En el año de 1883, don Rafael Arellano, gobernador sustituto, inició la construcción del teatro, pues hacía poco que "El Ruiseñor Mexicano" Angela Peralta, había deleitado a sus paisanos cantando en "La Primavera" que servía también como palenque de gallos.

Así pues, las cantadoras, que en la Feria de Abril "han hecho, con el bravío pecho empitonando la camisa, la nostalgia y lujuria de las horas", pueden vanagloriarse de que la diva más extraordinaria que ha dado México, haya cantado en el mismo sitio que ellas.

Correspondió al gobernador don Francisco G. Hornedo terminar el teatro, tres años después, el 25 de noviembre de 1885.




La construcción se debió al ingeniero José Noriega y el decorado lo realizaron Rosendo Tostado, Amador Herrera y Juan Arteaga, artistas anónimos.

El actor español Leopoldo Burón representó una obra intitulada "La Muerte Civil", acompañado de Baena, Galán Rivas, Barceló y Gutiérrez, como principales actores.

Cuarenta años después, cuando el viejo revolucionario deshojara el bouquet de una rancia aristocracia que asistió a la inauguración, iba a tener asiento, allí, la primera gestión institucional por sembrar la paz en aquel resplandor que cuatro años antes había iluminado e incendiado todo México.


Dígalo si no la crónica de "El Republicano", periódico oficial, que hoy despertaría risas conmiserativas en cualquier aprendiz de reportero, pero era el estilo almibarado de la época:


"... Absortos admirábamos el aspecto regio de nuestro teatro, sin notar que la concurrencia había invadido todas las localidades. Lo más selecto de la sociedad se encontraba ahí reunida, distinguiéndose muchas señoras y señoritas por las exquisitas "toilets" que graciosamente ostentaban.


Era aquello un verdadero bouquet formado de fragantes colores que daban más realce y belleza al nuevo teatro. Después de una magnífica obertura hábilmente ejecutada por la orquesta que dirigen los inteligentes (¡qué profusión de adjetivos!) profesores Daniel Gómez Portugal y Angel García, se dio principio a la representación del hermoso drama "La Muerte Civil".


Al presentarse en escena el excelente actor señor Leopoldo Burón, fue saludado estrepitosamente con una prolongada salva de aplausos y un sinnúmero de bouquets y de flores naturales arrojadas al escenario por los concurrentes. El señor Burón estuvo verdaderamente feliz en el papel de Laurencio, que se le encomendó y a cada momento era interrumpido por los merecidos aplausos que le prodigaron los espectadores".

Tal es la historia de los primeros días "del gracioso coliseo -añade en su artículo el historiador Jesús Bernal Sánchez- ubicado al costado Sur de la antigua parroquia de La Asunción, hoy ascendida a Catedral.


Pequeño, porque con frecuencia sus localidades no son suficientes para que cómodamente sean ocupadas por los numerosos espectadores que ahora asisten.

¿Qué diría ahora el historiador Bernal Sánchez, si viera que los conciertos de la Sinfónica están solitarios y que el coliseo se ha convertido en el teatro más grande del mundo, pues, cuando hay un espectáculo de categoría nunca se llena?. Eso sí, que no venga cualquier desvelada exótica de la capital o un comicucho porque habrá lleno, aunque al teatro de comedia se le vuelva la espalda.



En un lapso de 30 años, de los últimos tres lustros del siglo pasado, a los tres primeros del actual, el teatro fue asiento de dramas como el que representó "el excelente actor señor Leopoldo Burón", "Las codornices", "El noveno mandamiento", "Torear por lo fino", "Valentín el guardacostas", sin faltar el famoso drama de José Zorrilla "Don Juan Tenorio", único de los señalados que ahora alguien se atrevería todavía a presentar. Sería injusto no hacer mención de obras excelentes que en ese lapso representaron, como: "A secreto agravio, secreta venganza", de Calderón de la Barca; "Conflicto entre dos deberes", de don José Echegaray; "Otelo, el moro de Venecia", de Shakespeare, y algunas buenas obras más.

¿Dónde estará ahora la medalla que el gobernador Hornedo entregó, en aquel mes de noviembre de 1885, al actor Burón, para perpetuar la inauguración del teatro?.


El coliseo, tan pequeño, fue el escenario de grandes acontecimientos, de hechos que han sido trascendentales para la historia de México y que siguen llenando de orgullo a los aguascalentenses.



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