El adulto mayor debe de ser venerado

El padre y la vejez

+ Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido: es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre”, es cuando el padre se hace mayor y comienza a trotar como si estuviera dentro de la niebla, lento, lento, impreciso.


HERIBERTO BONILLA BARRON



En esta época de Navidad es cuando se hace más patente que el mundo hoy más que nunca necesita amor y cariño.

Hoy la sociedad está tan agobiada por tantas crisis, que lo que menos, al menos así lo pareciera, lo que le importa es el amor y muy en especial hacia los senectos, a muchos padres de edad madura a los que se deja en el olvido y aunque hay gente como el maestro Andrés Valdivia Aguilera y la maestra Mayte Cuevas, que luchan intensamente por brindarles ayuda y amor, creemos que están prácticamente solos en el desierto.

Sin embargo en FUERZA AGUASCALIENTES creemos que todo esto es como una semilla que se está sembrando y con el paso del tiempo habrá de dar sus frutos.


Es un esfuerzo, pero también un reconocimiento a nuestros senectos y en una sociedad como la de Aguascalientes, que siempre se ha distinguido por su fraternidad y por ser tierra de gente buena, esas "gotitas de amor" nos siguen salpicando a todos... bueno, a casi todos.


Por lo tanto en FUERZA AGUASCALIENTES pensamos que en esta Navidad y siempre hay que venerar a nuestros adultos mayores, a nuestros padres, hay que quererlos, porque por ellos nacimos, por ellos vivimos y han sido ellos con su esfuerzo, por más simple que parezca, los que en unidad, han construido lo que hoy es Aguascalientes.

Ellos son nuestra esencia, son la bondad en persona, la ternura y sin embargo la actual generación no lo ha dimensionado y pareciera que les estorban.


Aquí no creemos, sino que a diferencia de lo que se piensa en algunas dependencias, estamos seguros que se deja y se desperdicia en un rincón toda la sabiduría de los viejos.

Claro que hay muchas familias que ven en sus senectos a los grandes hombres de la casa, a los seres que trajeron al mundo a nuestros padres, a esos hombres cuyo rostro está arrugado al igual que sus manos, a ésos que ya no tienen pelo o está tapizado con el color de la pátina del tiempo, pero que siguen teniendo deseos, ilusiones de vivir, de sentirse útiles, de transmitir el amor que atesoran en su corazón.


Y sin embargo debemos admitir que lamentablemente no todos son así, hay muchos que tratan mal a los senectos y las nuevas generaciones ya no se acuerdan de ellos, los ven como un estorbo, nos ha dicho la maestra Mayte Cuevas, quien dice que con o sin respaldo, nunca desmayará en la atención a sus viejitos.


Lamentablemente la sociedad de hoy, ésa que presume del modernismo de la computación, la tecnología y tantos avances, tiene tal orgullo que cree que el anciano es sólo un estorbo y lo abandona desperdiciando su experiencia y lo mucho que han aprendido aún de sus propios errores, si aprendiéramos a escucharlos estos errores no se repetirían.


Afortunadamente en Aguascalientes, todavía hay mucha gente generosa, no en la cantidad que todos quisiéramos, pero sí la hay y todo este ¨rollo¨ lo estamos plasmando en FUERZA AGUASCALIENTES a propósito de un emotivo escrito de Carlos Fuentes, el cual nos fue proporcionado por la maestra Mayte y que a continuación compartimos con todos los lectores ya que es, sin temor a equivocarnos, una auténtica lección de vida.


CUANDO EL HIJO SE CONVIERTE EN PADRE


Hay una ruptura en la historia de la familia, donde las edades se acumulan y se superponen y el orden natural no tiene sentido: es cuando el hijo se convierte en el padre de su padre”. Es cuando el padre se hace mayor y comienza a trotar como si estuviera dentro de la niebla. Lento, lento, impreciso.


Es cuando uno de los padres que te tomó con fuerza de la mano cuando eras pequeño ya no quiere estar solo. Es cuando el padre, una vez firme e insuperable, se debilita y toma aliento dos veces antes de levantarse de su lugar. Es cuando el padre, que en otro tiempo había mandado y ordenado, hoy solo suspira, solo gime, y busca dónde está la puerta y la ventana - todo corredor ahora está lejos.


Es cuando uno de los padres antes dispuesto y trabajador fracasa en ponerse su propia ropa y no recuerda tomar sus medicamentos. Y nosotros, como hijos, no haremos otra cosa sino aceptar que somos responsables de esa vida. Aquella vida que nos engendró depende de nuestra vida para morir en paz.



Todo hijo es el padre de la muerte de su padre. Tal vez la vejez del padre y de la madre es curiosamente el último embarazo. Nuestra última enseñanza. Una oportunidad para devolver los cuidados y el amor que nos han dado por décadas. Y así como adaptamos nuestra casa para cuidar de nuestros bebés, bloqueando tomas de luz y poniendo corralitos, ahora vamos a cambiar la distribución de los muebles para nuestros padres.

La primera transformación ocurre en el cuarto de baño. Seremos los padres de nuestros padres los que ahora pondremos una barra en la regadera. La barra es emblemática. La barra es simbólica. La barra es inaugurar el “destemplamiento de las aguas”. Porque la ducha, simple y refrescante, ahora es una tempestad para los viejos pies de nuestros protectores. No podemos dejarlos ningún momento.


La casa de quien cuida de sus padres tendrá abrazaderas por las paredes. Y nuestros brazos se extenderán en forma de barandillas. Envejecer es caminar sosteniéndose de los objetos, envejecer es incluso subir escaleras sin escalones. Seremos extraños en nuestra propia casa. Observaremos cada detalle con miedo y desconocimiento, con duda y preocupación.


Seremos arquitectos, diseñadores, ingenieros frustrados. ¿Cómo no previmos que nuestros padres se enfermarían y necesitarían de nosotros? Nos lamentaremos de los sofás, las estatuas y la escalera de caracol. Lamentaremos todos los obstáculos y la alfombra. Feliz el hijo que es el padre de su padre antes de su muerte, y pobre del hijo que aparece sólo en el funeral y no se despide un poco cada día. Mi amigo Joseph Klein acompañó a su padre hasta sus últimos minutos. En el hospital, la enfermera hacía la maniobra para moverlo de la cama a la camilla, tratando de cambiar las sábanas cuando Joe gritó desde su asiento: Deja que te ayude.


Reunió fuerzas y tomó por primera vez a su padre en su regazo. Colocó la cara de su padre contra su pecho. Acomodó en sus hombros a su padre consumido por el cáncer: pequeño, arrugado, frágil, tembloroso. Se quedó abrazándolo por un buen tiempo, el tiempo equivalente a su infancia, el tiempo equivalente a su adolescencia, un buen tiempo, un tiempo interminable. Meciendo a su padre de un lado al otro. Acariciando a su padre. Calmando él a su padre. Y decía en voz baja:

¡Estoy aquí, estoy aquí, papá! “Lo que un padre quiere oír al final de su vida es que su hijo está ahí”.


Es importante la memoria, la gratitud y el amor.

La crisis se nota también en las canciones del verano...

Primero echábamos gasolina, luego íbamos en taxi, el año pasado en bicicleta y este año pasito a pasito.

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