Cuentos de Navidad de FUERZA AGUASCALIENTES

Santa Claus


+ Es sinónimo de amor y ternura y los niños de todo el mundo lo esperan con alegría en los primeros minutos del 25 de diciembre; San Nicolás, también conocido como Papá Noel, fue el Obispo de Asia Menor, considerado en Europa como un Santo Patrono

ALDO BONILLA CHAVEZ



Santa Claus, Papá Noel o San Nicolás, ese viejito gordinflón, barbudo, vestido de rojo y blanco, con sus inseparables anteojos, que es sinónimo de amor y ternura y que cada 25 de diciembre en un trineo reparte regalos por todo el mundo a cambio de nada, fue hijo de una familia adinerada y gozó de buena educación.


A un día de la Noche Buena y al continuar con los ¨Cuentos de Navidad de FUERZA AGUASCALIENTES¨, comentamos que al decir de sus múltiples biógrafos, Papá Noel se la pasa todo el año leyendo los millones de cartas que recibe de los niños que lo admiran y que le piden infinidad de regalos que solamente él puede llevarles, porque es humano y siempre desea complacerlos.

Su inconfundible risa, "jo jo, jo, jo", es el preludio de que San Nicolás llegará en las primeras horas del 25 de diciembre, cargado de regalos para los niños que se porten bien o mal y que entrará por la chimenea de todos los hogares.


Eso de que los obsequios son dejados a los pequeños por sus padres, es una terrible mentira que pone de muy mal humor a los biógrafos de Santa Claus.

La figura de Santo Clos, como también es conocido, es explotada en diciembre por infinidad de casas comerciales para promocionar sus productos propios de la Navidad.

A la muerte de sus padres, San Nicolás regaló todos sus bienes, se encaminó a la vida religiosa e ingresó en el monasterio de Sion.

Papá Noel, que había sido Obispo de Asia menor en el siglo IV, santo en buena parte de Europa desde la Edad Media, y gnomo en Nueva York a mediados del siglo XIX, se vio forzado a viajar por medio mundo antes de poder encontrarse a sí mismo en la maravillosa imaginación de otros.


El proceso de metamorfosis que llevó al Obispo Nicolás de Asia menor al gordinflón barbudo vestido de rojo y blanco que le trae regalos a los niños, es tan o más fantástico y apasionante que su propia leyenda.

San Nicolás vestido de Obispo nació alrededor del año 280 en Patara, una ciudad del antiguo distrito de Licia, en Asia menor, en el sudoeste de la actual Turquía.

Fue ordenado sacerdote a los 19 años por su tío, el Arzobispo de Myra, al que muy pronto sustituyó en el cargo tras su deceso.

Gran defensor de los dogmas católicos, falleció siendo Arzobispo de Myra, cerca del año 350.


Fue llamado Obispo de los Niños, por su amor a los pequeños, y se hizo muy popular por su gran generosidad y amabilidad para con los más necesitados y los infantes, a quienes hizo beneficiarios de su fortuna personal.

Su fama se extendió más allá de las fronteras de su región y comenzó a ser protagonista de gran cantidad de leyendas, atribuyéndosele desde salidas nocturnas para repartir regalos entre quienes lo necesitaban, hasta milagros, como el de calmar una tempestad y resucitar a un marinero egipcio.


Entre todos los relatos legendarios acerca de San Nicolás destacan dos historias: una, conocida como la de las tres hermanas, es la base sobre la que se construyó el mito que le convirtió en generoso repartidor de regalos; la otra llamada de los tres hermanos.

La leyenda cuenta que: en la ciudad de San Nicolás, Patara, había tres niñas que no se podían casar, ya que su padre estaba arruinado y no tenía dinero para sus dotes, razón por la cual el hombre había decidido venderlas a medida que alcanzaran la edad de ser desposadas.


San Nicolás se enteró de esto y corrió a darle una bolsa llena de monedas de oro en secreto a la mayor, para su dote. Otro tanto sucedió con la segunda y la tercera, a medida que llegaron a la edad matrimonial.

Según la leyenda, San Nicolás, para mantener el secreto, tiraba la bolsa con el oro a través de una ventana y la metía en uno de los calcetines que la niña en cuestión colgaba para que se secase en la chimenea.


La segunda leyenda, la de los tres hermanos, cuenta que San Nicolás, que iba de viaje, se detuvo en una posada a pernoctar y, mientras descansaba, soñó que se cometía un terrible crimen en esa hostería: tres hermanos muy jóvenes y ricos que estaban alojados ahí también, habían sido asesinados por el dueño, con el fin de robarles sus pertenencias.

Al despertar, San Nicolás encaró al posadero y lo obligó a confesar su crimen, que no era el primero, pues había hecho lo mismo con otros clientes a los que había troceado y puesto en salmuera, para, finalmente, servirlos a sus clientes como salazón de cerdo.

Los tres niños que todavía no habían sido troceados fueron resucitados por el Santo.

Estas dos leyendas y muchas más le dieron fama en Europa.

Los Vikingos lo adoptaron como Santo Patrono, y de ellos pasó a Rusia, donde se convirtió en Santo Nacional a principios del siglo X.



Pero su fama se extendió cuando sus huesos fueron robados de Myra por unos marineros que lo llevaron a la ciudad italiana de Bari, y puestos en la iglesia de San Esteban; apenas llegado ya empezó a obrar milagros y su fama corrió como el viento por toda Europa.

Desde mediados del siglo XIII San Nicolás repartía los regalos y juguetes durante la noche del 5 al 6 de diciembre, pero tras la contra reforma católica (1545-1563), surgió otro personaje, Christkind, el Niño Jesús, que repartía regalos en el día de Navidad.

El avance de la tradición de los regalos del Niño Jesús forzó a que San Nicolás pasara a entregar sus regalos el día 25 de diciembre.


La adorable misión de repartir obsequios a los niños en Navidad fue adoptada por toda Europa, y el personaje encargado de hacerlo fue desarrollándose a partir de la figura básica del San Nicolás medieval mezclada con diferentes leyendas locales, como los gnomos, el Padre Invierno Nórdico, la Bruja Buena Italiana, y otros más.


Así nacieron, por ejemplo, los legendarios Kolya (Rusia), Niklas (Austria y Suiza), Pezel-Nichol (Baviera), Semiklaus (Tirol), Svaty Mikulas (ex Checoslovaquia), Sinter Klaas (Holanda), Father Christmas o Padre Navidad (Gran Bretaña), Santa Claus (EE.UU.), Papá Noel o Padre Navidad (Francia)... y otras muchas variantes del mismo mito.

Pero a Santa, como también le llaman millones de pequeños, que conduce por el aire un trineo tirado por renos transportando un saco lleno de juguetes, se lo debemos a las tradiciones holandesas y a los escritores y dibujantes de Nueva York.

La tradición de San Nicolás arraigó de forma especialmente intensa en los Países Bajos a partir del siglo XIII y se le llegó a nombrar Santo Protector de Amsterdam.

Por aquellos días se le representaba vestido con ornamentos eclesiásticos, con barba blanca, montando un burro, y llevando un saco o cesta con regalos para los niños buenos y un manojo de varas para los desobedientes.


Más tarde, hacia el siglo XVII solía llegar en un barco que se llamaba Spanje (España), con un caballo blanco, siempre acompañado de su fiel sirviente moro Zwarte Piet (Pedro El Negro), un sonriente personaje que lleva un saco lleno de golosinas que es lo suficientemente grande como para que, cuando se queda vacío, pueda meterse en él a todos los niños que se han portado mal durante el año y se los llevaba a España, un castigo horrible para la época, ya que estaban enemistados con ese país europeo.

Esta tradición familiar de San Nicolás traspasó el Atlántico, en el siglo XVII, junto a los colonos holandeses que fueron a instalarse en la prometedora costa Este de Norteamérica, ahora Estados Unidos.


Los holandeses fundaron Nueva Amsterdam en la Isla de Manhattan, que luego sería Nueva York. En este traspaso, Pedro El Negro se quedó en el continente, ya que desaparece de los festejos posteriores.

Washington Irving, amante del folklor europeo, escribió su historia de Nueva York en 1809, en la que narra la supuesta llegada del Santo cada víspera de San Nicolás.

Lo describe ya sin ropas de Obispo y dejó de montar un caballo blanco para llegar en un corcel volador. Fue tan popular a raíz de este relato que todos, incluso los colonos ingleses, festejaron la celebración holandesa.

El nombre fue derivando de San Nicolás, Sinterklaas o Sinter Klaas hasta acabar siendo pronunciado como Santa Claus por los anglohablantes.


Había nacido un nuevo personaje, al que todavía le faltaba para convertirse en el actual gordo bonachón.

El siguiente paso en la transformación definitiva de San Nicolás en Santa Claus ocurrió el 23 de diciembre de 1823, cuando apareció un poema en un Diario de Nueva York, titulado "Un relato sobre la visita de San Nicolás".

Recién en 1862 se supo que lo había escrito Clement C. Moore, profesor de estudios bíblicos en Nueva York, en este poema se ensalzó el componente mágico del Nicolás de Irving y lo hizo más creíble.



Cambió el trineo tirado por un caballo volador, por uno jalado por renos. Lo describió como un tipo alegre, gordo y de pequeña estatura, asimilándolo a un gnomo.

Y lo más decisivo fue que Moore situó la llegada de Santa en la vigilia de Navidad, en lugar de suceder el 6 de diciembre. Gracias a este empuje, Washington Irving creó una sociedad literaria en honor al Santo en 1835.


La imagen del gordo Santa Claus la detalló al máximo el dibujante Thomas Nast, que por Navidad publicó ilustraciones de Papá Noel en la revista Harper's, de 1860 a 1880.

Nast añadió detalles como su taller en el Polo Norte y su vigilancia sobre los niños buenos y malos de todo el mundo. El le dio el color rojo y su vestuario de pieles.

A fines del siglo XIX y principios del XX, la costumbre del San Nicolás reinventado en Nueva York, se fue extendiendo por casi toda Europa.

Fundó sus bases en Gran Bretaña como Father Christmas o Padre Navidad, y de ahí pasara a Francia bajo el nombre de Pére Noel o Papá Navidad, del cual derivará Papá Noél, como se lo conoce en España y gran parte de América Latina.

En realidad no hizo más que readaptarse a las antiguas costumbres de San Nicolás u otros repartidores de regalos.


Pero finalmente, una fábrica estadounidense de refrescos de cola le dio su actual aspecto en 1931. Para la campaña publicitaria de la Navidad de este año, esa empresa le encargó a Abdón Sundblom que remodelara el Santa Claus, de Nast.

El creó un Santa Claus más alto, todavía más gordinflón, aunque más simpático, con un rostro bonachón, de ojos pícaros, chispeantes y amigables, con pelo cano y barba y bigote, también blancos, sedosos y agradables.

La vestimenta mantuvo los colores rojo y blanco, que son los de esa compañía, pero su traje se hizo más lujoso y atractivo.


A la imaginación de todas esas personas se debe nuestro actual repartidor de regalos.

En realidad no hizo más que readaptarse a las antiguas costumbres de San Nicolás u otros repartidores de regalos, que se barajaban en los diferentes partes del mundo.

Actualmente se lo hace oriundo de Hveragerdi, según los islandeses; los noruegos dicen que vive en la ciudad de Drammen, mientras que los finlandeses (la más aceptada) juran que nació y vive en Rovaniemi, todas éstas son localidades turísticas.

Según los finlandeses, hace siglos, un primitivo Santa Claus (que ellos llaman Julemand) vestido con pieles de reno, dejaba los regalos tallados en hueso o madera en la puerta de cada casa donde viviera un niño. Pero ahora, ese gigante generoso vive, desde hace 400 años, en un monte cercano a la ciudad de Rovaniemi.


Todos sabemos que vive en el Polo Norte con muchos duendes que lo ayudan a fabricar todos los regalos que le piden los niños del mundo, y que reparte los regalos en un trineo volador tirado por los siete renos a los que llama Bailarín, Saltador, Zalamero, Bromista, Alegre y Veloz, todos ellos liderados por reno de la nariz roja, que fue el último en integrarse al grupo. Otros dicen que son ocho y se llaman Doner y Cupid, que están cerca de Papá Noel, Blitzer y Comet, Vixen y Prancer, y por último Dasher y Dancer.


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