Conocer la historia es saber de nuestras calles

Orgullo de Aguascalientes

+ Una sociedad que no honra a los que fueron actores y partícipes de su historia, es materialista y su rumbo será siempre incierto, lo que no ocurre en Aguascalientes

ALDO BONILLA CHAVEZ



Dicen... y dicen bien, que una ciudad sin historia carece de magia.

Y en Aguascalientes, la magia es producto de nuestra cultura, de la planeación, la buena administración y los mejores servicios para sus habitantes.

Así la historia nos recuerda a quienes nos antecedieron.


El qué y cómo lo hicieron, por lo que en el futuro la historia dará cuenta de lo que fuimos, el qué y el cómo lo hicimos y que bueno que FUERZA AGUASCALIENTES se preocupe por traer al presente algo de nuestra historia, de esa que nos da identidad y que nos distingue como aguascalentenses, dice el maestro e historiador don Angel Hernández Arias.

Traer a este presente parte de la historia de las calles de Aguascalientes, muy en especial de la Madero, es algo estupendo porque es remarcar nuestro origen ya que una sociedad que no honra a los que fueron actores y partícipes de su historia, es materialista y su rumbo será siempre incierto.


En Aguascalientes no ocurre nada de eso.

La riqueza cultural, las calles, personajes, tradiciones y leyendas de nuestra ciudad es invaluable e interminable. Por cualquier rumbo de la ciudad nos encontramos con tesoros que no sólo nos dan identidad, sino que se convierten en nuestro orgullo, ya que son la admiración de propios y extraños. Conocer la historia es saber de nuestras calles, ellas son las que fueron formando los barrios que han forjado la leyenda de lo que fue Aguascalientes en sus inicios.


El nombre de las calles nos da una idea de lo que la gente pensaba, qué inquietudes, qué preocupaciones y qué gustos tenía de acuerdo a la época que estaba viviendo.

Las calles de Aguascalientes han sido testigos de muchas hazañas e infinidad de leyendas que le han dado fama toda vez que desde su configuración como sitio de paso y luego como Villa, comenzaron a crearse a partir de la gran Plaza Principal, su iglesia, las casas de Gobierno y las de los terratenientes.


La historia nos cuenta que por mandato virreinal se establecía que las calles de lo que sería la ciudad fueran rectas, anchas y que estuviesen en un lugar plano y lejos de encharcamientos. De esa forma comenzaron a surgir nuestras calles. Inicialmente llevaban los nombres de algún hecho. Angel Hernández Arias resaltó la importancia de promover el conocimiento de la historia de la ciudad de Aguascalientes, para fortalecer el ejercicio de identidad ciudadana y destacó se siente un orgullo muy especial, pues se presenta el valor histórico y cultural de la calles de Aguascalientes que dan cuenta de la historia de las mujeres y hombres que le dan nombre a nuestras calles, la historia de las vialidades y sus transformaciones en el paso del tiempo.



Agregó que las fotografías nos ayudan a tener una idea clara de la innovación arquitectónica de nuestra ciudad, por lo que es un documento valioso para todos los ciudadanos que queremos conocer y comprender la dinámica social.

Dijo luego que la Avenida Madero es una arteria histórica para los aguascalentenses, testigo de acontecimientos sociales y políticos extraordinarios y que conocer algo de su historia confirma la relevancia de la primera calle moderna del Estado y nuestra ciudad.

Nuestras calles, afirma, atesoran una gran riqueza que quizás porque no se conoce el porqué de su nombre, no se les dimensiona.


Sin embargo, son el testigo fiel de un pasado lleno de gloria, de leyendas, de tradiciones que hoy todos estamos obligados a preservar y ese pasado es hoy un luminoso presente en la calle Madero, recordando que hace poco más de un siglo hubo lágrimas de los propietarios de fincas y huertas que vieron afectado su patrimonio.

Habrá que recordar, agrega Angel Hernández Arias, que en los primeros años del siglo XX el desarrollo de la ciudad no fue ajeno al ideal de la modernidad, pues la movilidad de las mercancías por la ciudad era una prioridad.


La producción agraria sustentada en el valor de uso transitaría hacia el valor de cambio de las mercancías más propia de una comunidad urbana y así, sobre la "Calle de las Lágrimas", se impuso el modo de producción capitalista que se identifica hoy por su carácter global y acumulativo no sólo del dinero o del poder, sino por su forma expansiva de las ideologías y las clases sociales.


Es bueno recordar que en 1911 Aguascalientes era gobernado por el coahuilense Alberto Fuentes Dávila, hombre de ideas progresistas, estudioso del comercio y la administración y quien ante la traición de Victoriano Huerta y el fusilamiento de Francisco I. Madero, abandonó por la fuerza el Palacio de Gobierno para unirse al Ejército Constitucionalista bajo el grado de Coronel.

Fuentes Dávila era afín al proyecto liberal y anti reeleccionista que derrocó al presidente Porfirio Díaz y al usurpador Victoriano Huerta.


Fuentes Dávila volvió al Gobierno del Estado en 1914 en calidad de Jefe de la Brigada Militar, ahora como responsable de la seguridad de los revolucionarios que cabalgando sobre la calle que mandó abrir llegaría al Teatro Morelos para asistir a la Convención de Aguascalientes convocada por las facciones en pugna.


En esa época el presidente Venustiano Carranza también derramó lágrimas, pues a la postre y como resultado de los acuerdos de la Convención Revolucionaria, fue destituido por los propios convencionistas con Villa y Zapata a la cabeza y sustituido por otro coahuilense, Eulalio Gutiérrez Ortiz, en calidad de Presidente provisional de la República.

Luego don Angel refiere que en el Archivo Histórico existe un documento escrito por el doctor Luciano Ramírez Hurtado, que rescata el proceso político que siguió la demolición de fincas que se encontraban sobre el Callejón de Zavala y que permitieron el trazo de la principal arteria de la ciudad para facilitar el traslado de mercancías desde la Estación del Ferrocarril hasta la Plaza de Armas, donde se concentraba el comercio.


Ahí se recuerda que en el Aguascalientes de entonces vivían 44 mil habitantes, apenas el 37% de la población de todo el Estado que ascendía, entonces, a 119 mil personas.

A poco más de un siglo de distancia Aguascalientes tiene más de un millón de personas, el 75% de todos los habitantes del Estado.


Y luego don Angel Hernández Arias nos dice que entre los años 1900-1990, un total de 25 calles llevaron el nombre de alguna mujer, aunque debe destacarse que el número no corresponde al total de las calles citadinas, pues muchas llevaron el nombre de vírgenes y de santas, como Santa Julia, Santa Irene, Santa Elena, Santa Teresa de Avila, Santa Mónica de Gagaste, Fátima, Refugio, Del Carmen, De los Dolores, De la Asunción y Guadalupe, entre otras.



También se omitieron a las que hacen referencia a la mitología grecorromana, como Minerva, Diana, Talía, Circe, Calipso y Afrodita. Tampoco se consideraron las que se refieren a algún país o metrópoli, como Grecia y Florencia.

Y nos recuerda que arterias con nombres de mujer existieron desde el virreinato y prueba de ello es que la primera nomenclatura que se conoce de las calles de la villa de Aguascalientes data de 1792, cuando se levantó el llamado censo Revillagigedo.

En dicho padrón las calles estaban integradas por referencias especiales concretas y otras se relacionaban con la imaginación social, algunas más con animales y apellidos, así como con los conventos e iglesias del villorio.


De tal suerte que precisamente una de ellas, la de Guadalupe, es la primera calle con nombre de mujer que se conoce y por cierto, junto con la calle de Nieto, son las únicas que no han cambiado de nombre desde la época colonial.

Es de muchos conocido que en los siglos XIX y XX los nombres de las calles de la ciudad que se asociaban con el poder eclesiástico y fueron cambiadas por otras de carácter civil, pero la de Guadalupe fue la única que mantuvo ese calificativo, pues se conoce que los criollos e indígenas para desligarse de sus orígenes españoles tomaron a la Virgen Morena como un símbolo patriótico contra los europeos.


Es así que de 1900 a 1990 se encontraron 25 calles con nombre de mujer, destacando primeramente las maestras, intelectuales, poetas y escritoras. Luego las que participaron en el movimiento insurgente de 1810, así como las que participaron en la Conquista y colonización de la gran Chichimeca.

Luego vendrían las filantrópicas, las políticas, las empresarias, las de los artistas y los deportistas.

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