Asientos es un tesoro



+ Sus iglesias, acueducto, túneles, sus minas y su gente han hecho historia al paso de los siglos; Real de Asientos de Ibarra y Belén nació mucho antes que la misma capital del Estado, en tanto que Diego de Ibarra, fundador de Zacatecas, un minero ilustre fue el que le dio vida al pueblito


ALDO BONILLA CHAVEZ



Aguascalientes es tierra de tradiciones, de leyendas y también de ricos tesoros.

Son tantos, que muchas veces por el hecho de tenerlos ante nuestros ojos y verlos constantemente no son dimensionados en toda su magnitud.

Aguascalientes, ya lo hemos dicho en muchas ediciones, es historia, es belleza, es encanto.


Es algo único y después de conocer sus tesoros y sus bendiciones, no queda sino más que darle gracias al Todopoderoso por haber nacido aquí, por disfrutar todo lo que nos han legado nuestros antecesores y por ser dueños de tesoros naturales de tanta belleza.

Por ello que uno se enorgullece de que nuestros visitantes se queden prendados de Aguascalientes y de su gente.


Hoy vamos a referirnos a una de sus agrestes bellezas, el Municipio de Asientos.

Hablar de la minería en Aguascalientes, es hacerlo de una gran historia, de un tesoro invaluable que todavía hoy en día sigue siendo explotado.

Aguascalientes, desde tiempos de la Conquista, fue también tierra de gambusinos.

El nombre original de la pintoresca y colonial población es Real de Asientos de Ibarra y Belén, y lo que son las cosas, pocos lo saben, pero es la más antigua que el mismo Aguascalientes.


Don José Palomino Romo, ex director de Panteones del Municipio, nos dice que es un pueblo, un Municipio que al igual que Tepezalá, son eminentemente mineros y habrá que decir que en el Siglo XVII el explorador español Diego de Ibarra, ilustre minero y fundador de Zacatecas, llegó como muchos gambusinos y descubrió los yacimientos de plata en las faldas de un cerro que hoy se conoce como de Altamira, y de la Virgen de Belén, a la cual se le dedicó el primer templo a petición de don Benito Gaspar de Larrañaga, gran benefactor de ese lugar.


La historia cuenta que don Diego fue mercedado de esa zona, de acuerdo a un decreto que dice más o menos lo siguiente:

"Y teniendo presente el título despachado por el señor D. Antonio de Mendoza, virrey que fue de la Nueva España, a favor de D. Diego de Ibarra en consorcio de otros terceros con distintos sitios, su fecha 23 de julio de 1548, por el que se le hizo merced de un sitio de ganado mayor, con dos caballerías de tierra, que hoy llaman y es donde está el poblado El Real de los Asientos..."


"Y la expresión hecha por el Sr. Luis Bernardo Pacheco el año de 1694 en que midió a esta hacienda del carro, en que asienta el haberle reservado a dicho sitio la tierra que le corresponde y su derecho a salvo a don Felipe Alfonso de Sandoval que sin duda sería, por haber hallado fundado en dicho sitio el Real de los Asientos de Ibarra".

Tuvo un auge inusitado el aspecto minero desde mucho antes de que a la Villa de las Aguas Calientes se le otorgara en 1575 la cedulación sobre su fundación.


De alguna forma, dice don José Palomino Romo, era un pueblo de indios entre los que estaban los Caxcanes, Zacatecos y Chihimecas. En sus inmediaciones se encuentra el Templo del Señor del Tepozán.El barrio más característico de Asientos, según cuentan los ancianos del lugar, es el de Guadalupe, al que distingue su Santuario, el cual, por su ubicación, tal pareciera que ha sido protegido del paso del tiempo y del progreso del hombre.



Desde siempre fue una zona que atrajo a aventureros y gambusinos entre gente española, criolla, mestizos o naturales, lo que hizo que los conquistadores requirieran de la evangelización, principalmente de los indígenas chichimecas.

Según la historia, en 1765, sobre una loma en el norte de la población, pasando el río, se edificó el Santuario de Guadalupe, en un estilo romántico puro, carente de filigranas, lo que da más belleza a su sobriedad.


Muchos años después, en 1888, cuando quedó a cargo de una orden franciscana dirigida por Fray Manuel Muñoz Cano, se le agregaron discretas cornisas y adornos de cantera.

Para acceder al Santuario, en 1808 se construyó un puente que se caracteriza porque en lugar de barandales tiene altas bardas y en una de ellas existe una pequeña ermita que guarda la imagen en cantera de la Guadalupana y a un lado está escrito un soneto que hace patente la importancia y devoción de los habitantes de Asientos hacia la Virgen Morena:


¿Quién piensas que emprendió oh caminante

Fabricarle a María aqueste puente

Para aumentarle el culto reverente

Que le debemos como madre amante?

¿Sería acaso algún Júpiter tonante

O algún apolo sabio o elocuente,

Algún Neptuno armado de tridente

O la ficción de alguna diosa andante?

Si el Señor no fabrica eternamente

Los afanes del hombre serán vanos,

A El sólo se le debe certamente

Que haya puesto en esta obra sus divinas manos,

Siendo sus instrumentos solamente.


Desde entonces, sobre el Santuario creció una tradición, ya que en su entorno se creó la Casa Parroquial, un Seminario, un cementerio y muchas fincas de gente bien.

Recientemente remodelada por el capellán a cargo, la Casa Cural aún guarda vestigios de la simplicidad en que vivían los frailes Franciscanos, donde el punto más importante, como en todo claustro, es el patio central, lleno de arcos y una fuente simulando una gruta que en su tiempo tuvo una estatua del Santo Patrono de Asís y en la actualidad una imagen de la Virgen de San Juan de los Lagos.


Atrás de la Casa está el cementerio, hoy cerrado al público y que hasta antes de la persecución Cristera fue parte importante de la población, ya que estaba dividido en clases sociales y edades.Al lado sur del cementerio hay un pasillo en cuyos muros, de autores desconocidos, existen unas pinturas con el estilo característico del Siglo pasado, representando El Juicio Final, así como unos versos de Mariano Camino, quien de satírica manera hace entender que una vez en el cementerio todos somos iguales.


Cuando el Santuario estuvo en poder de los Franciscanos, éstos tuvieron también su cementerio, que dentro de lo posible estaba apegado un poco más a las normas de su Orden.A un costado del Panteón Infantil se hizo un ancho pasillo abovedado en el cual se colocaron las criptas para los monjes de menor jerarquía, pero también bajo este pasillo se instalaron las catacumbas propias de la Orden para dar cristiana sepultura a los Hermanos Mayores.


Estas catacumbas recientemente, según lo que contó a FUERZA AGUASCALIENTES don José Palomino Romo, fueron víctimas de la ambición humana, ya que se violaron en busca de tesoros sacros, encontrándose sólo una gran cantidad de osamentas.

El lugar ha sufrido acciones vandálicas que han destruido verdaderos tesoros históricos sin que las autoridades hayan hecho algo para salvaguardarlos.


Hay que decir que a principios del siglo pasado se construyó al oriente del Santuario el Hospicio de Guadalupe, también con el estilo simplista de la Casa Cural, con el paso del tiempo se le ha dado diversos usos, ya que originalmente fue construida para establecer la Escuela Parroquial Cristóbal Colón, la cual se sostuvo por mucho tiempo con aportaciones del pueblo.



Luego se utilizó como Seminario dependiente de la Diócesis de Guadalajara.

Cuando se dio el Movimiento de Reforma, el gobernador Jesús Gómez Portugal quiso establecer la Penitenciaría Regional de Asientos, posando su vista en lo que se conocía entonces como Convento de Guadalupe.

Gracias al cabildeo del Cura Jesús de María de Portugal se logró salvarlo con la promesa de que se hiciera una escuela para niñas, fin que alcanzó muchos años después con la presencia de las Maestras Católicas del Sagrado Corazón de Jesús, quienes trabajaron ahí hasta 1915.


La construcción más reciente en el Barrio de Guadalupe, en Asientos, es la plaza que se ubica precisamente frente al Santuario y que data de 1961, surgiendo por disposición del entonces gobernador Luis Ortega Douglas.

Hay que destacar, agrega don Pepe Palomino Romo, que Asientos se encuentra en el centro de los cerros de San Juan de Tepezalá y de La Merced o Altamira, que son los que dieron origen a la minería regional en 1647 con el denuncio a la mina de Nuestra Señora de la Soledad.


Asientos es entonces, además de una zona minera, un lugar de historia, un sitio que pareciera haber sido -dejado de la mano de Dios-, pero que está ya en vías del desarrollo y que sigue conservando una belleza característica de tiempos pasados.

Luego dice que las minas necesitaban de agua, por lo que al igual que en Aguascalientes, en las inmediaciones del Cerrito de la Cruz, se construyó un gran acueducto.


Todavía hoy en día, agrega, existen restos de esa obra, creo que en la parte oriente del pueblo. Tenía su arquería y el agua era llevada hasta la fuente que estaba en el centro del pueblo, donde los mineros y la gente acudía a aprovisionarse del vital líquido.

También la historia cuenta, en torno a Asientos, sobre la existencia de un túnel que comunica de la parroquia actual hacia el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, es un espacio misterioso en el que la historia habla de la existencia de cámaras en donde los religiosos de aquellos tiempos guardaban los ropajes eclesiásticos, ornamentos y útiles que querían poner a salvo del bandolerismo que imperaba en aquellos tiempos de la conquista y luego de la Colonia.


Son infinidad de anécdotas que han hecho historia en torno a ese túnel que realmente no ha sido bien explotado.Otro de los aspectos muy significativos de Asientos es que está advocado a la Virgen de Belén, pero en 1720 algunos vecinos trataron de que la advocación fuera a Nuestra Señora de las Mercedes, sin embargo algunas instancias de aquel tiempo, entre ellas Gerónimo Antonio de Puebla, mayordomo que fue de la Señora de las Mercedes, la patrona inicial del pueblo minero, interpusieron algunos recursos para que la localidad fuera conocida como Asientos de las Mercedes.


Sin embargo tal petición fue denegada por Fray Manuel de Vitela, Obispo de Guadalajara, quien en esa fecha reconoce a Asientos bajo la tutela de Nuestra Señora de Belén, como hasta hoy sigue.


EL RELOJ


El santuario de Asientos también se distingue por un reloj y sobre él don José González Sánchez, cronista del lugar, comentaba lo siguiente:

"Allá por los años de 1833 fue asaltado y robado por sorpresa el mineral de Asientos por una gavilla de cincuenta hombres capitaneada por un individuo de apellido Islas que, al grito de ¡Viva Arista!, penetró a la población cometiéndose toda clase de excesos y escándalos, llevándose en mulas un copioso botín consistente en dinero, alhajas y tercios de ropa, los cuales dejaron tirados en su huida.


Como la ropa pertenecía a varios comerciantes y se hacía difícil una devolución equitativa, todos ellos con anuencia de la primera autoridad pública, don José Dolores Báez, acordaron cederla al Municipio y con su valor hacer la compra de un reloj que luego también sería destruido por otros asaltantes revolucionarios.

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