ARCHIVOS POLICIACOS

Apuros ante la delincuencia


+ Las leyendas de ladrones y hasta asesinos que se hicieron famosos en el Aguascalientes de hace 40 o 50 años, hoy resultan risibles ya que la delincuencia y los sicarios están haciendo de las suyas ante la impotencia de las autoridades


HERIBERTO BONILLA BARRON




Aguascalientes ha cambiado radicalmente.

No, definitivamente no puede compararse al Aguascalientes de hace algunos años.

Hoy Aguascalientes, si bien sigue conservando algo de eso que la distinguía, es una ciudad que sostiene un desarrollo admirable, con un dinamismo y una entrega de su gente que para muchos es envidiable.


Hoy somos una ciudad provinciana que asusta por su modernismo y que se alarma ante el embate de la delincuencia, así como los divorcios, suicidios, desintegración social y la desesperanza que priva en miles de familias, algo que el G obierno del Estado hace todo por ignorar.


De esta manera estamos comprobando que el modernismo tiene un precio y ése es la drogadicción, la avaricia y crisis de todo tipo, lo que se traduce en una mayor delincuencia a la que se está combatiendo y se haría de mejor manera si la sociedad se uniera en torno de las autoridades y de las corporaciones policiales.


Así las cosas las leyendas de ladrones y hasta asesinos que se hicieron famosos en el Aguascalientes de hace 40 o 50 años, hoy resultan risibles ya que la delincuencia y los sicarios están haciendo de las suyas ante la impotencia de las autoridades.

En aquel tiempo Aguascalientes era una sociedad típicamente provinciana y con pocos o nulos recursos para las policías por lo que era casi imposible que se combatieran a las mafias y al amparo de esto, ocurrieron muchos hechos que hoy evocarlos son una verdadera delicia porque ya nunca más volverán a repetirse.


De los ARCHIVOS POOLICIALES de FUERZA AGUASCALIENTES, hoy comentaremos que en la década de los 50s el erario municipal vivía en bancarrota y la alcaldesa Carmelita Martín del Campo afirmaba que pese al poco sueldo los policías tenían que superarse cotidianamente en el cumplimiento de su deber.

En esa década a raíz de la situación raquítica se desencadenó la corrupción policial y se dieron casos, al igual que hoy, de que los policías asaltaban a los ciudadanos para robarlos.


Las mujeres de la vida galante también eran "carne de cañón" para algunos policías deshonestos, sin embargo también hubo muchos elementos que desempeñaban su trabajo con honradez y responsabilidad, sin embargo habrá que aceptar que en esa época se vivieron momentos muy difíciles y algunas personas con tal de no trabajar y obtener la comida fácil y eran capaces se metían de policías, por lo que debe darse por descontado que entonces no había Academia de Policía.


En 1985 a consecuencia del terremoto que devastó a la ciudad de México creció la inmigración a la Entidad, aumentando los problemas sociales sobre todo de la delincuencia, drogadicción y prostitución por lo que para hacer frente a estos bruscos cambios se exigía una mayor preparación policiaca, de ahí que un requisito importante fue que todo policía ingresara a la corporación debería tener un nivel mínimo de secundaria, a la vez que también se requería de un mayor número de elementos de seguridad así como más y mejor equipo y armamento.


Fue así como las administraciones municipales de Armando Romero Rosales, María Alicia de la Rosa y Fernando Gómez Esparza tuvieron que hacer frente al aumento de la delincuencia motivada por la industrialización y el desmesurado crecimiento de la población. Y los gobiernos siguientes también padecieron este problema, por lo que es indudable el gran esfuerzo que se ha hecho para disminuir los delitos, sin embargo sigue siendo un gran reto para los tres niveles de gobierno y la sociedad misma frenar a la delincuencia que desde la década de los 80s se ha convertido en una verdadera amenaza.



El ingeniero e investigador José Ciro Báez Guerrero cuenta que en el siglo XIX un carro tirado por mulas conducía a los ebrios a la cárcel. Para 1932 existía ya lo que se presumía como una patrulla motorizada, de rodado sencillo denominada "La Julia", recogiendo a los borrachos y a los que se peleaban.


"La Julia" -el antecedente de lo que luego se conocería como la "Tomatodo" era una camioneta panel de color plomo, tenía una puerta trasera y asientos a los alrededores, el nombre se le puso en honor, presuntamente, a una prostituta que agarraba lo que le caía.

Mientras "La Julia" cargaba con los muertos, detenidos, borrachos, perros, etcétera, la mujer Julia se prostituía al mejor postor.


LA INSPECCION GENERAL DE POLICIA


En el siglo XIX, la Inspección de Policía se ubicó en la parte izquierda del Palacio Municipal, donde estuvo por mucho tiempo la Biblioteca "Enrique Fernández Ledezma". Para 1928, ya se encontraba frente a la parte norte del Parián, entre las calles actuales de Morelos y Rivero y Gutiérrez. El edificio se componía de un pórtico de cantera, un zaguán, dos pasillos, seis cuartos, dos salones. En un salón se guardaba la ropa y en otro se encerraba a las mujeres. En el primer patio existía un algibe; en el segundo, dos calabozos grandes para hombres, un pajar, una caballeriza y excusados.


En este mismo año la Comisaría número 2, estaba situada en la calle 5º del Centenario. Existía otra que se estaba construyendo en la calle de Valentín Gómez Farías. En los años treinta se ubicó la Inspección nuevamente en el Palacio Municipal. Después, en los años sesenta, dicha inspección ya estaba ubicada entre las calles Alvaro Obregón y Morelos, donde se encuentra actualmente el Mercado Morelos.


El ingeniero Báez Guerrero la describe y dice que era una entrada con un portón grande, bonito, de cantera y tenía a los lados las oficinas. En este mismo edificio también se ubicó la Policía Secreta, que también pertenecía a la Inspección General de Policía, la cual desapareció en 1963 por ser anticonstitucional.

En esta misma década ya se habían sumado otras demarcaciones a las anteriores mencionadas. Existía una en la calle del Tesoro (donde estuvo la Cárcel de Mujeres), había otras en Cholula y en la Salud.


En 1965, en la administración del Dr. Francisco Guel Jiménez, se acondicionó otro nuevo edificio de Policía, en la calle Cosío, esquina con Juan de Montoro.

Por último en la administración municipal de Angel Talamantes Ponce (1972-1974) se cambió la Inspección a su actual ubicación, en la confluencia de las calles Gámez Orozco y Prolongación Libertad.


SIMPATICAS ANECDOTAS


A finales de la década de los 50's las corporaciones policiales prácticamente no tenían nada de recursos. La comunicación con corporaciones de otras Entidades era mínima, había sólo un teléfono en la Policía Preventiva, en cuya planta superior estaba la Policía Judicial y el Servicio Secreto. La Preventiva disponía de 4 jeeps, conocidos como las "vitrinas" con 2 radios gigantescos, todo el personal era de a pie o en bicicleta y fue cuando surgieron los llamados "policías de barrio", algo que hoy la ciudadanía está reclamando ante tanta violencia en las colonias.


La ciudad era muy pequeña y vigilada en parejas en los diferentes barrios.

Cuando se presentaba algún problema había que viajar en taxi o si detenía a alguien se amarraba a la bicicleta y así era llevado por toda la ciudad o también en carretas.

Luego hubo rondines del Servicio Secreto a caballo y eso porque los animales eran propiedad de los que se improvisaba como agentes.

Muy famosos fueron el "Charro" Escalera, el "Charro" Casillas e Hilarión Arias.

Eran 5 o 6 jinetes los que entraban a los lugares conflictivos como la "Pila de los Perros" en lo que era el "Barrio del Hueso" en plena colonia Altavista que en aquellos años era un nido de delincuentes.


Era una cosa pintoresca ver cómo se llevaba arreando a los detenidos.

La zona de tolerancia estaba junto al Sagrado Corazón y todos los hoteles del Centro eran de paso, proliferaban las casas de citas y las cantinas como el Loby Bar, El Imperial, El Cabo Cuarto cerraban muy noche. Eran tiempos en que los policías tenían que comer en sus cruceros y la gente los veía como si formaran parte de su familia. En 1962 comenzó a darse el cambio tan anhelado por la ciudadanía.



Llegó el capitán Ramón Martínez López, quien relevó al teniente Juan Damián y consiguió que le regalaran una patrulla, un carro Chevrolet de Ricardo Campos, pero grande fue su sorpresa cuando al recibirla no tenía motor ni llantas.

En su oficina había un escritorio muy viejo al que le faltaba una pata que era sustituida por un ladrillo, había dos cuartos de cartón que la hacían de celdas.

Al fondo un bote para hacer las necesidades fisiológicas, las que escurrían al patio de la antigua Inspección.


Había escupideras de fierro fundido a las que diario se tenían que lavar, los que aspiraban a ingresar a la Corporación y tenían que iniciarse como intendentes.

Ante esto los asaltantes tenían muchas facilidades.

Se cuenta a FUERZA AGUASCALIENTES que cuando se reportaba que había un robo de ganado en lo que hoy es el Hotel La Noria o la antigua zona de tolerancia, los policías tardaban mucho porque andaban a pie o en bicicleta y si hablamos de lugares más lejanos, en los ejidos o municipios, pues realmente si se conseguía en qué ir ahí estaba la Policía, de lo contrario, ni esperanzas.


Cuando hizo su aparición en las corporaciones policiales el capitán Ramón Martínez consiguió que le prestaran varios vehículos.

Se platica que don Antonio de la Rosa facilitó uno pero un día se dio cuenta para lo que se utilizaba y ya nunca lo volvió a prestar porque una vez se quedó el brazo de una persona a la que había destrozado el tren y al encontrarlo en su vehículo casi se muere del susto.

Y el mismo caso pasó con don Elías Acero.


Otra anécdota que hoy nos parece muy graciosa, sucedió cuando se le prestó a la entonces Policía Secreta un jeep porque había que ir a Tepezalá a traer el cuerpo de un hombre que se había matado al caerse en el monte.

Cuando llegaron los agentes ya estaba tieso, no había modo de sentarlo ni de meterlo al jeep, por lo que se les ocurrió ponerlo en el techo, lo amarraron con unos lazos y le pusieron una manta.


En aquel tiempo bajaban por un camino de terracería desde Tepezalá hasta Rincón de Romos, y en el camino el cuerpo se fue moviendo. Cuando llegaron a la Panamericana, que era muy angosta, a la altura de San Pancho notaron que de muchos vehículos volteaban a verlos y algunos de sus conductores hasta sacaban el brazo.

Los policías pensaban que era para que les saludaran al capitán Ramón Martínez que era ya muy famoso y los agentes respondían el saludo muy sonrientes sacando su brazo por la ventanilla, hasta que de plano detuvieron su camino y grande fue su sorpresa que al muerto ya lo traían arrastrando, pues se había resbalado por el brincoteo en la terracería.

Como se pudo lo trajeron a esta ciudad y se armó gran escándalo, por lo que ya no se les volvió a prestar el jeep.


Esas necesidades los obligaban a transportar a los detenidos y a los cadáveres en lo que fuera. Otra anécdota de la Policía de aquella época, fue que otra vez varios elementos fueron comisionados a Jesús María por el cuerpo de un hombre al que habían matado.

Como pudieron llegaron y nadie les quiso prestar un vehículo, por lo que agarraron con todo y muerto un camión de línea y todavía se les hizo fácil hacerle la parada frente al Mercado Terán para no ir hasta la terminal, ya que les quedaba más lejos de la Policía Secreta.


Recorrieron varias cuadras casi arrastrando el cadáver y eso fue un escándalo. La gente protestó, por lo que se les multó y entonces hizo su aparición el fiscal Manuel Avila Salgado para pagar la infracción, ya que era un delito llevar un muerto en un autobús.

Todo eso de alguna manera se prestaba a que hubiera delincuentes famosos, principalmente allá por el rumbo de Rincón de Romos, como Santos Ramírez, Lorenzo "El Mano Prieta", los Reyes, los Simones, que todavía viven y cuyos descendientes siguen fieles a la tradición de ser abigeos.


Las necesidades eran enormes y los policías estaban prácticamente desarmados para enfrentar a esa hampa que asolaba la región, sin embargo con entusiasmo, con imaginación y con preparación se le combatió.

Hoy la situación es otra por lo que Aguascalientes ha perdido muchas de sus tradiciones, producto del modernismo y se encuentra amenazada por la delincuencia común y el narcotráfico.

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