ARCHIVOS POLICÍACOS

El violador de Chicago

+ Richard Speck aterrorizó al violar y asesinar de manera brutal a ocho enfermeras; lo condenaron a muerte pero luego hubo una ley que por algún tiempo frenó en Estados Unidos las ejecuciones y terminó muriendo en 1991 de un infarto, no sin antes fingir locura y hasta declararse homosexual ALDO BONILLA CHAVEZ

La maldad y perversidad humana verdaderamente no tienen fin y se da de distintas maneras y en todas partes, algunas veces con gente que se disfraza con ¨piel de oveja¨ para enriquecerse explotando a sus trabajadores, a los que engaña y tras exprimirlos, les da ¨una patada en el trasero¨ sin importarles que le dieron su vida y lo enriquecieron, pero todavía peor, se hacen aparecer en sociedad como hombres altruistas cuando muchos saben que son de lo peor, aunque también hay otros, sumamente diabólicos, que se convierten en unos asesinos terribles que aterrorizan con sus baños de sangre.

Así las cosas, en los ARCHIVOS POLICIALES de FUERZA AGUASCALIENTES hemos dado cuenta, desde hace ya un largo rato, de muchos hechos y crímenes que han dañado a la sociedad, tanto en esta ciudad, con en México y el Mundo, por lo que en esta ocasión traeremos al presente la historia de una verdadera bestia humana que durante tres días conmocionó a la ciudad de Chicago y luego causó tremenda impresión y horror en todo Estados Unidos

Era jueves, 14 de de julio de 1966, una madrugada de un verano caliente en Chicago después de varios días de temperaturas tórridas. La película Doctor Zhivago triunfaba en los cines y Frank Sinatra acababa de anunciar su boda con una jovencísima Mia Farrow. La ciudad estaba en tensión por los disturbios raciales en los barrios del oeste, cuando el asesinato de ocho enfermeras en un barrio tranquilo del sudeste hizo correr el miedo por todo Chicago.

El espeluznante y rápido descubrimiento del crimen múltiple en una residencia para estudiantes de enfermería fue posible gracias a los gritos de alarma de una novena estudiante, que escondida debajo de una litera, presenció la macabra agonía de sus compañeras durante una interminable noche.

Corazón Amurao, la estudiante filipina que sobrevivió a la matanza, manifestó como pasadas las once de la noche que alguien golpeó suavemente la puerta de la habitación que compartía con otras dos compañeras. Al abrir se encontró con un hombre joven, que con tono tranquilo pero amenazador, las conminó a reunirse con otras tres estudiantes en otra habitación.

Allí les explicó que sólo quería dinero para viajar a Nueva Orleans y que no les haría ningún daño, sin embargo tras unos minutos de conversación amable, el intruso, armado con una pistola y un cuchillo, las ató de pies y manos con tiras de una sábana que había troceado. Apenas había terminado de inmovilizarlas, llegaron otras tres estudiantes que habían finalizado su turno en el hospital y acabaron todas juntas en la misma habitación. Eran Gloria Davy (22 años), Suzanne Farris (21), Mary Ann Jordan (20), Patricia Matusek (22), Nina Jo Schmale (24), Pamela Wilkening (20), Valentia Pasion (23) y Merlita Gargullo (23), las dos últimas, como Amurao (23), de nacionalidad filipina.


Y tras de estar dialogando por un buen rato comenzó a llevarse, una a una, a las jóvenes a otra habitación y aunque apenas se oyeron gritos y algunos leves gemidos, el terror se iba apoderando de todas ellas.

Corazón Amurao, sentada en el borde de una litera, consiguió deslizarse debajo y permanecer oculta mientras el asesino se iba llevando a sus compañeras. Aterrorizada pudo escuchar como violaba a la última, Gloria Davy, en la misma habitación para después continuar en el sofá de la planta baja. Volvió a la habitación a echar un vistazo, pero Amuraro tuvo la suerte que el asesino no las había contado o su mente trastornada lo había olvidado.

Sólo cerca de las seis de la madrugada consiguió librarse de las ligaduras, recorrer el sangriento escenario con los cadáveres de sus compañeras apuñaladas y estranguladas en diferentes habitaciones y escapar por una ventana ante el miedo que el asesino todavía estuviera en la casa. Se subió a una cornisa exterior del primer piso y pidió socorro. Su declaración y la descripción del asesino permitieron a la policía identificarlo en poco tiempo: se trataba de Richard Speck. Era un mal tipo, vagabundo y camorrista, pero nunca había matado antes de aquella noche de julio, cuando con 24 años, se convirtió en uno de los asesinos más notorios del todo Estados Unidos.

Con una cara marcada por la viruela y un tatuaje ‘Born to Raise Hell’ (nacido para traer el infierno) en un brazo, Richard Speck era un hombre fácil de identificar, pero no fue la policía quien dio con él sino un médico del hospital del condado de Cook donde le habían ingresado por un frustrado intento de suicidio al intentar cortarse las venas. El premonitorio tatuaje lo delató.

Speck nació en 1942 en Monmouth, Illinois, fue el séptimo de ocho hermanos. Su padre murió cuando tenía seis años y su madre se casó con un tejano y la familia se trasladó a Dallas. Fue un niño solitario que abandonó pronto la escuela. Detenido por primera vez a los 13 años, encadenó varias detenciones por delitos menores hasta ser enviado a la cárcel en 1963 por falsificación y robo. Antes, había tenido tiempo de casarse con 19 años con una niña de 15 y tener un hijo. Fue liberado en 1965, se divorció al año siguiente y volvió a Monmouth, para entonces ya era un gran bebedor, maltratador de mujeres (incluyendo a su madre y a su mujer) y participante asiduo en todo tipo de reyertas. Un mes antes de los asesinatos se trasladó a Chicago con la intención de enrolarse en algún barco pues pretendía ¨cambiar de aires¨.


El 3 de abril de 1967 empezó el juicio contra Speck. Fue corto y las pruebas contra él contundentes: el testimonio de Amurao y sus huellas dactilares por toda la residencia. Doce días después, un jurado compuesto por siete hombres y cinco mujeres lo declaraba culpable del asesinato de las ocho estudiantes de enfermería. Sólo necesitaron 49 minutos para tomar la decisión.

El 5 de junio, el juez Herbert C. Paschen le condenaba a morir en la silla eléctrica. El Tribunal Supremo de Illinois confirmó la sentencia en noviembre de 1968 y fijó la ejecución para el 31 de enero de 1969, pero un mes después la dejó en suspenso a la espera de la decisión del Tribunal Supremo sobre la pena de muerte.

La decisión tardó más de tres años, pero finalmente en junio de 1972 el Tribunal Supremo de Estados Unidos suspendió la pena de muerte en todos los estados (duraría hasta 1976). Esa disposición cambió las condenas a la pena capital impuestas a conocidos criminales como Charles Manson(líder del grupo que asesinó a Sharon Tate), Sirhan Shirhan (el homicida de Robert Kenndey) y el mismo Richard Speck que volvió a ser condenado a un periodo de cárcel de 400 a 1.200 años.

Speck murió en prisión el 5 de diciembre de 1991 de un ataque al corazón, un día antes de cumplir 50 años. Trece años antes, en marzo de 1978, en una entrevista que concedió al Sun Times confesó por primera vez el asesinato de las ocho estudiantes, no sin tergiversar los hechos, inventar un supuesto cómplice al que tuvo que silenciar y escudarse en el efecto del alcohol y la heroína que por primera vez había probado aquella noche.

Todavía fue una burla peor, cuando en 1966 apareció una cinta de video, filmada en 1988 en la penitenciaría de Stateville, Illinois, que transmitió una televisión local, donde Speck, vestido solamente con unas bragas de color azul (había tomado hormonas y declaraba su homosexualidad) analizaba fríamente los asesinatos, jactándose del tiempo necesario para llevar a cabo un estrangulamiento y de lo mucho que disfrutaba durante su condena (aparecía inhalando cocaína junto a un preso afroamericano y realizando sexo oral). Las imágenes removieron los recuerdos de los testigos de la masacre y de los habitantes más viejos de Chicago, una ciudad que aquel verano de 1966 no sólo vivió tres días de horror y angustia, también perdió la inocencia. Ya nada volvió a ser igual, las cerraduras de las casas se multiplicaron y la sociedad americana percibió que nadie estaba libre de ser víctima de la maldad y el crimen

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