ARCHIVOS POLICÍACOS

La delincuencia en Aguascalientes


+ A principios de la década de los 60s llegó el capitán Ramón Martínez López, quien relevó al teniente Juan Damián y consiguió que le regalaran una patrulla, un carro Chevrolet de Ricardo Campos, pero grande fue su sorpresa cuando al recibirla no tenía motor ni llantas


ALDO BONILLA CHAVEZ



Las leyendas de ladrones y hasta asesinos que se hicieron famosos en el Aguascalientes de hace 50 o 60 años, hoy es prácticamente imposible que se presenten porque la delincuencia de nuestros días es infinitamente superior y se dieron porque eran otros tiempos, era una sociedad típicamente provinciana y con pocos o nulos recursos para las policías y era casi imposible que se combatieran

.

A finales de la década de los 50's casi no teníamos nada, la comunicación con corporaciones de otras Entidades era mínima, había sólo un teléfono en la Policía Preventiva, en cuya planta superior estaba la Policía Judicial y el Servicio Secreto.

Saúl Díaz, quien ocupó casi todos los cargos de Seguridad en la Entidad, en conversación para la sección ARCHIVOS POLICIALES de FUERZA AGUASCALIENTES, nos dice que estas dos últimas corporaciones no tenían patrullas, la Preventiva disponía de 4 jeeps, conocidos como las ``vitrinas'' con 2 radios gigantescos, todo el personal era de a pie o en bicicleta.


La ciudad era muy pequeña y vigilada en parejas, cuando teníamos algún problema había que viajar en taxi o si deteníamos a alguien se amarraba a la bicicleta y así los llevábamos por toda la ciudad. Luego hubo rondines del Servicio Secreto a caballo y eso porque los animales eran propiedad de los que se improvisaba como agentes.

Muy famosos fueron el Charro Escalera, el Charro Casillas e Hilarión Arias. Encabezaban un grupo de entre 5 o 6 jinetes los que entraban a los lugares conflictivos como la ``Pila de los Perros'' en lo que era el ``Barrio del Hueso'' en plena colonia Altavista que en aquellos años era un nido de delincuentes.


Era una cosa pintoresca ver cómo se llevaba arreando a los detenidos. La zona de tolerancia estaba junto al Sagrado Corazón y todos los hoteles del Centro eran de paso, proliferaban las casas de citas y las cantinas como el Loby Bar, El Imperial, El Cabo Cuarto cerraban muy noche. Eran tiempos en que teníamos que comer en nuestros cruceros.

En 1962 comenzó a darse el cambio.


Llegó el capitán Ramón Martínez López, quien relevó al teniente Juan Damián y consiguió que le regalaran una patrulla, un carro Chevrolet de Ricardo Campos, pero grande fue su sorpresa cuando al recibirla no tenía motor ni llantas.

En su oficina había un escritorio muy viejo al que le faltaba una pata que era sustituida por un ladrillo, había dos cuartos de cartón que la hacían de celdas. Al fondo un bote para hacer nuestras necesidades fisiológicas, las que escurrían al patio de la antigua Inspección.


Había escupideras de fierro fundido a las que diario teníamos que lavar, los que éramos, como yo, intendentes, pues así me inicie.

Ante esto los asaltantes tenían muchas facilidades. Mira, nos decían que había un robo de ganado en lo que hoy es el hotel La Noria o la antigua zona de tolerancia, tardábamos mucho porque andábamos a pie o en bicicleta y si hablamos de lugares más lejanos, en los ejidos o municipios, pues realmente si conseguíamos en qué ir lo hacíamos, de lo contrario, no.


Recuerdo que cuando llegó el capitán Ramón Martínez consiguió que le prestaran varios vehículos. Don Antonio de la Rosa nos facilitó uno pero un día se dio cuenta para lo que se usaba y ya nunca nos lo volvió a prestar porque una vez se nos quedó el brazo de una persona a la que había destrozado el tren y al encontrarlo en su vehículo casi se muere del susto.


Y el mismo caso pasó con don Elías Acero.

Otra anécdota que hoy nos parece muy graciosa, dice Saúl, sucedió cuando se nos prestó un jeep porque había que ir a Tepezalá a traer el cuerpo de un hombre que se había matado al caerse en el monte. Cuando llegamos ya estaba tieso, no había modo de sentarlo ni de meterlo al jeep, por lo que se nos ocurrió ponerlo en el techo, lo amarramos con unos lazos y le pusimos una manta.


En aquel tiempo bajábamos por un camino de terracería desde Tepezalá hasta Rincón de Romos, y en el camino el cuerpo se fue moviendo. Cuando llegamos a la Panamericana, que era muy angosta, a la altura de San Pancho notamos que de muchos vehículos volteaban a vernos y algunos de sus conductores hasta sacaban el brazo.

Nosotros pensábamos que era para saludar al capitán Ramón Martínez que era ya muy famoso y ahí nos tienen que los tres también saludábamos muy sonrientes sacando nuestro brazo por la ventanilla, hasta que de plano nos paramos y grande fue nuestra sorpresa que al muerto ya lo traíamos arrastrando pues se había resbalado por el brincoteo en la terracería.


Como se pudo lo trajimos y se hizo un escándalo por lo que ya no se nos volvió a prestar el jeep. Esas necesidades nos obligaban a transportar a los detenidos y a los cadáveres en lo que fuera. Recuerdo, agrega, que otra vez fuimos a Jesús María por el cuerpo de un hombre al que habían matado. Como pudimos llegamos y nadie nos quiso prestar un vehículo por lo que agarramos con todo y muerto un camión de línea y todavía se nos hizo fácil hacerle la parada frente al Mercado Terán para no ir hasta la terminal ya que nos quedaba más lejos de la Judicial.



Recorrimos varias cuadras casi arrastrando el cadáver y eso fue un escándalo. La gente protestó, por lo que se nos multó y aquí nos ayudó el fiscal Manuel Avila Salgado a pagar la infracción, ya que era un delito llevar un muerto en un autobús.

Todo eso de alguna manera se prestaba a que hubiera delincuentes famosos, principalmente allá por el rumbo de Rincón de Romos, como Santos Ramírez, Lorenzo ``El Mano Prieta'', los Reyes, los Simones que todavía viven y cuyos descendientes siguen fieles a la tradición de ser abigeos.


SIMPATICAS ANECDOTAS


Luego Saúl Díaz dice a FUERZA AGUASCALIENTES que a finales de la década de los 50's las corporaciones policiales prácticamente no tenían nada de recursos.

La comunicación con corporaciones de otras Entidades era mínima, había sólo un teléfono en la Policía Preventiva, en cuya planta superior estaba la Policía Judicial y el Servicio Secreto.


La Preventiva disponía de 4 jeeps, conocidos como las "vitrinas" con 2 radios gigantescos, todo el personal era de a pie o en bicicleta y fue cuando surgieron los llamados "policías de barrio", algo que hoy la ciudadanía está reclamando ante tanta violencia en las colonias.

La ciudad era muy pequeña y vigilada en parejas en los diferentes barrios.

Cuando se presentaba algún problema había que viajar en taxi o si detenía a alguien se amarraba a la bicicleta y así era llevado por toda la ciudad o también en carretas.

Luego hubo rondines del Servicio Secreto a caballo y eso porque los animales eran propiedad de los que se improvisaba como agentes.


Muy famosos fueron el "Charro" Escalera, el "Charro" Casillas e Hilarión Arias.

Eran 5 o 6 jinetes los que entraban a los lugares conflictivos como la "Pila de los Perros" en lo que era el "Barrio del Hueso" en plena colonia Altavista que en aquellos años era un nido de delincuentes. Era una cosa pintoresca ver cómo se llevaba arreando a los detenidos.

La zona de tolerancia estaba junto al Sagrado Corazón y todos los hoteles del Centro eran de paso, proliferaban las casas de citas y las cantinas como el Loby Bar, El Imperial, El Cabo Cuarto cerraban muy noche. Eran tiempos en que los policías tenían que comer en sus cruceros y la gente los veía como si formaran parte de su familia.


En 1962 comenzó a darse el cambio tan anhelado por la ciudadanía.

Llegó el capitán Ramón Martínez López, quien relevó al teniente Juan Damián y consiguió que le regalaran una patrulla, un carro Chevrolet de Ricardo Campos, pero grande fue su sorpresa cuando al recibirla no tenía motor ni llantas.

En su oficina había un escritorio muy viejo al que le faltaba una pata que era sustituida por un ladrillo, había dos cuartos de cartón que la hacían de celdas.

Al fondo un bote para hacer las necesidades fisiológicas, las que escurrían al patio de la antigua Inspección.


Había escupideras de fierro fundido a las que diario se tenían que lavar, los que aspiraban a ingresar a la Corporación y tenían que iniciarse como intendentes.

Ante esto los asaltantes tenían muchas facilidades. Se cuenta a FUERZA AGUASCALIENTES que cuando se reportaba que había un robo de ganado en lo que hoy es el Hotel La Noria o la antigua zona de tolerancia, los policías tardaban mucho porque andaban a pie o en bicicleta y si hablamos de lugares más lejanos, en los ejidos o municipios, pues realmente si se conseguía en qué ir ahí estaba la Policía, de lo contrario, ni esperanzas. Cuando hizo su aparición en las corporaciones policiales el capitán Ramón Martínez consiguió que le prestaran varios vehículos.


Se platica que don Antonio de la Rosa facilitó uno pero un día se dio cuenta para lo que se utilizaba y ya nunca lo volvió a prestar porque una vez se quedó el brazo de una persona a la que había destrozado el tren y al encontrarlo en su vehículo casi se muere del susto.

Y el mismo caso pasó con don Elías Acero. Otra anécdota que hoy nos parece muy graciosa, sucedió cuando se le prestó a la entonces Policía Secreta un jeep porque había que ir a Tepezalá a traer el cuerpo de un hombre que se había matado al caerse en el monte. Cuando llegaron los agentes ya estaba tieso, no había modo de sentarlo ni de meterlo al jeep, por lo que se les ocurrió ponerlo en el techo, lo amarraron con unos lazos y le pusieron una manta.


En aquel tiempo bajaban por un camino de terracería desde Tepezalá hasta Rincón de Romos, y en el camino el cuerpo se fue moviendo. Cuando llegaron a la Panamericana, que era muy angosta, a la altura de San Pancho notaron que de muchos vehículos volteaban a verlos y algunos de sus conductores hasta sacaban el brazo.

Los policías pensaban que era para que les saludaran al capitán Ramón Martínez que era ya muy famoso y los agentes respondían el saludo muy sonrientes sacando su brazo por la ventanilla, hasta que de plano detuvieron su camino y grande fue su sorpresa que al muerto ya lo traían arrastrando, pues se había resbalado por el brincoteo en la terracería.

Como se pudo lo trajeron a esta ciudad y se armó gran escándalo, por lo que ya no se les volvió a prestar el jeep.



Esas necesidades los obligaban a transportar a los detenidos y a los cadáveres en lo que fuera. Otra anécdota de la Policía de aquella época, fue que otra vez varios elementos fueron comisionados a Jesús María por el cuerpo de un hombre al que habían matado.

Como pudieron llegaron y nadie les quiso prestar un vehículo, por lo que agarraron con todo y muerto un camión de línea y todavía se les hizo fácil hacerle la parada frente al Mercado Terán para no ir hasta la terminal, ya que les quedaba más lejos de la Policía Secreta.


Recorrieron varias cuadras casi arrastrando el cadáver y eso fue un escándalo. La gente protestó, por lo que se les multó y entonces hizo su aparición el fiscal Manuel Avila Salgado para pagar la infracción, ya que era un delito llevar un muerto en un autobús.

Todo eso de alguna manera se prestaba a que hubiera delincuentes famosos, principalmente allá por el rumbo de Rincón de Romos, como Santos Ramírez, Lorenzo "El Mano Prieta", los Reyes, los Simones, que todavía viven y cuyos descendientes siguen fieles a la tradición de ser abigeos. Las necesidades eran enormes y los policías estaban prácticamente desarmados para enfrentar a esa hampa que asolaba la región, sin embargo con entusiasmo, con imaginación y con preparación se le combatió.


Hoy la situación es otra por lo que Aguascalientes ha perdido muchas de sus tradiciones, producto del modernismo y se encuentra amenazada por la delincuencia común y el narcotráfico. Hay muchas patrullas, muchos elementos, tecnología y tantas cosas que hacen posible que el hampa no nos rebase, no obstante el Aguascalientes de hoy ha perdido muchas de sus tradiciones, producto del modernismo, pero no ha perdido su seguridad, afirma convencido Saúl Díaz.


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