ARCHIVOS POLICÍACOS




Familias criminales


ALDO BONILLA CHAVEZ



Hace unas semanas en las historias de los ARCHIVOS POLICIALES que FUERZA AGUASCALIENTES trae al presente al menos dos veces a la semana, recordamos la masacre de una familia que durante el 2011 llenó de terror a todo Aguascalientes, ya que ¨El Tony¨ y cómplice masacraron a una mujer y a sus tres hijos y todavía hasta los trataron de quemar.


¨El Tony¨ y su cómplice, violaron y mataron a su mujer y luego a la hija de esta, apenas una niña de seis años, para luego ultimar a otro niño y a un adolescente. Afortunadamente, como ya lo hemos dicho aquí, el mal tarde o temprano paga y capturaron al bestial sujeto en Oaxaca cuando estaba por trasladarse a Estados Unidos mientras que en esta ciudad cayó su cómplice, con lo que la sociedad aguascalentense pudo respirar tranquila.

Así las cosas podríamos decir que la sangre une a las familias… aunque algunas lo han llevado al límite y por lo pronto hoy en de los ARCHIVOS POLICIALES vamos a dar a conocer algunos pormenores de tremendos asesinatos cometidos por diferentes familias.


TERROR EN EL OESTE


La Guerra Civil estadounidense terminó en 1865 y con ello, granjeros y empresarios comenzaron su expansión hacia el resto del país. Este fue el caso de la familia Benders, conformada por cuatro miembros de presunta ascendencia alemana; el Sr. Bende y la Sra. Kate, junto a sus hijos, se establecieron en Labette County, Kansas, alrededor de 1870. En dicho lugar y aprovechando la oportunidad que la ruta podía dejar para sus propios bolsillos, establecieron una tienda y una posada a un costado del camino. Como actividad extra, Kate, quien era la única que hablaba un inglés fluido, presumió sus presuntos poderes psíquicos, determinados por las creencias espiritistas de la familia.


La historia cuenta que muchos de los viajeros que cruzaban la localidad de Labette County desaparecían misteriosamente. Tras una serie de viajeros que no llegaron a su destino y la desaparición de un famoso doctor de la época, se inició una investigación para conocer la razón detrás de esta particular situación. Con una búsqueda que amenazaba el descubrimiento de las actividades de la familia, los Benders decidieron huir antes de ser capturados, sin embargo, en su posada encontraron diferentes evidencias que demostraban lo acontecido.


En la propiedad de los Bender se hallaron rastros de sangre que no habían sido limpiados y una zanja en la tierra donde se encontró a la primera víctima. Tras confirmar la implicación de la familia, las autoridades comenzaron a indagar más en la propiedad y hallaron por lo menos ocho cuerpos más, incluido el de un niño. Según las investigaciones, los viajeros que se hospedaban en la posada eran invitados a cenar en compañía de la familia, y se les pedía que se sentaran en un lugar específico de la mesa. El lugar elegido por la familia permitía que éste fuera sorprendido por detrás y perdiera el conocimiento después de un martillazo en la cabeza.


Posteriormente, la familia decidía si les cortaba la garganta, los enterraban vivos o los terminaba por asesinar utilizando múltiples métodos.

El presunto motivo detrás de los asesinatos radicaba en la necesidad de sentir la emoción y la adrenalina al matar a una persona. A pesar de que las autoridades buscaron a los Benders, jamás se les capturó, aunque múltiples personas afirmaron haber capturado y matado a la familia. Cabe destacar que según las investigaciones, el matrimonio de los Bender era una fachada y que sus hijos no eran biológicos.


SAWNEY BEAN CLEAN


Viajeros, turistas y residentes de la costa occidental de Escocia, cerca de los pueblos de Girvan y Ballantrae, comenzaron a desaparecer. Mientras, múltiples miembros de cuerpos humanos aparecían en las playas. La historia detrás de este acontecimiento está cimentado en una de las leyendas más populares en la historia de Escocia, aunque se cree estuvo inspirada por hechos reales.

El macabro relato sigue la vida de Sawney Bean, un renegado de la sociedad quien, al entender que no podría vivir de manera honrada, se escapó con una mujer que compartía sus ideales para refugiarse en una cueva marina de la costa. Ahí, procrearon a una gran familia: ocho hijos, seis hijas, 18 nietos y 14 nietas, evidentemente considerando el incesto como una forma de extender el clan.


Lejos de la enseñanza de los valores sociales, Sawney Bean estableció en su gran familia el robo, secuestro, asesinato y canibalismo de viajeros solitarios o pequeños grupos de personas que cruzaban por la zona aledaña a su guarida. La leyenda cuenta que los hijos mayores participaban en el acto de matar a los viajeros y al momento comenzaban a devorarlos. Tras saciar sus antojos, los cadáveres eran arrastrados hacia la cueva donde la familia los desmembraba y eran devorados por el resto del clan. Evidentemente, algunos cadáveres eran guardados para poder alimentar a todos durante los días siguientes.


Una pareja de viajeros cruzaba por los dominios del clan cuando éste se dispuso a atacarlos. La pareja que viajaba a caballo intentó escapar del ataque utilizando una espada y una pistola, pero se vio sobrepasada por el número de atacantes. La mujer cayó del caballo y comenzó a ser devorada por los Bean, y cuando estos se disponían a atacar al esposo, otro grupo de viajeros apareció y los Bean decidieron desaparecer. Los testigos del ataque dieron aviso y confirmaron la existencia de un grupo de asesinos en la costa, por lo que el propio Rey James IV tomó el caso y desplegó a 400 hombres y sabuesos para encontrar a los responsables de los asesinatos. Gracias al olfato de los caninos, la gran cueva que albergaba al clan fue descubierta y los asesinos fueron capturados. La leyenda continúa argumentando que las autoridades encontraron miembros deshidratados colgando del techo, otros más guardados en barriles y pilas enteras de dinero y baratijas de los viajeros.


Los Bean fueron capturados y encerrados en diferentes prisiones, aunque la leyenda culmina argumentando que fueron finalmente ejecutados. Se dice que a los hombres se les cortaron los genitales, manos y pies para lograr que se desangraran. Las mujeres y los niños tuvieron que presenciar la ejecución y cuando ésta terminó fueron quemados vivos.

La historia del clan Bean forma parte del atractivo turístico de la costa oeste de Escocia, aunque su autenticidad no ha sido probada. La leyenda cuenta que más de mil víctimas murieron a causa de los asaltos del clan y que de todos los descendientes procreados por la pareja inicial, sólo una niña escapó de la tormentosa rutina para lograr su reinserción a la sociedad. Al conocerse la identidad de la niña como hija de la pareja Bean, ésta fue colgada en un árbol.


LOS TEMIDOS BRILEY



Esta banda de tres hermanos y un cuarto cómplice aterrorizaron la localidad de Richmond, Virginia, Estados Unidos, en la década de los 80. Linwood, James y Anthony parecían tres hermanos normales que gustaban de reparar coches y podar jardines en su vecindario. Con gustos exóticos en cuanto a mascotas se refiere, coleccionaban tarántulas, pirañas y boas en su casa. Pronto, la imagen y vida de los hermanos comenzó a transformarse.

A los 16 años, Linwood mató a su primer víctima: mientras veía por la ventana de su cuarto , en la mira y a la distancia se encontraba a una anciana que colgaba su ropa. Linwood tomó el rifle de su padre y tiró a matar. La anciana, quien hacía unos días había enterrado a su esposo, se creyó había muerto por un infarto, pero un orificio en su tórax desató la investigación que encontró culpable a Linwood. Tras un año en un reformatorio para jóvenes, Linwood regresó a Richmond para iniciar, en conjunto con sus hermanos y Duncan Meekins, de tan sólo 13 años, un pequeño grupo que durante siete meses realizó múltiples asesinatos en la localidad.


Según los reportes policiales, al menos 10 personas murieron a causa de las actividades de los hermanos Briley, entre ellos una pareja y su hijo de cinco años. La historia cuenta que los hermanos caminaba por las calles de Richmond buscando a sus próximas víctimas, cuando Harvey Wilkerson detectó al grupo de jóvenes caminando por la calle. Conociendo sus historiales delictivos, Wilkerson cerró la puerta de su casa con llave, una acción que los hermanos detectaron y aprovecharon para acercarse a la casa, pues sus víctimas eran elegidas basadas en el temor o la intimidación que lograban en los vecinos. Temiendo una represalia si no los dejaba entrar, Wilkerson les permitió el ingreso a su hogar.


Tanto Wilkerson como su esposa embarazada de cinco meses fueron atados y amordazados con cinta adhesiva. Linwood Bridley llevó a la esposa a la cocina donde comenzó a violarla mientras el esposo escuchaba. Posteriormente, el pequeño Meekins terminó el asalto sexual a la esposa. Linwood exploró la casa en búsqueda de objetos valiosos y huyó. Los tres asaltantes reunieron a la familia en la sala y los cubrieron con sábanas para matarlas. Buscando compenetrar a la pandilla y romper con los miedos de Meekins, quien tan sólo era un niño, James Briley le dijo que él debía asesinar a un miembro de la familia. Meekins tomó la pistola y asesinó al Harvey. James mató a la esposa y al hijo de cinco años. A pesar de que los cuerpos fueron encontrados tres días después, la policía capturó a la banda de asesinos.


Durante el interrogatorio, la policía le ofreció un acuerdo a Meekins donde éste sería absuelto de la pena capital a cambio de que proporcionara evidencia contra los tres hermanos, propuesta que aceptó y que le llevó a ser sentenciando a 80 años de prisión con opción a libertad condicional tras 15 años de encarcelamiento. El hermano menor, Anthony, también recibió cadena perpetua con posibilidad de libertad condicional debido a que no se probó su participación en los asesinatos. Tanto Linwood como James recibieron la pena capital en la silla eléctrica.


Mientras esperaban la pena capital, ambos hermanos emprendieron una estrategia para fugarse en conjunto con otros cuatro internos de la prisión. Un hecho que lograron después de aprender y memorizar las rutinas de los guardias, aprender las tallas de sus ropas para poderlas robar e idear un motivo que pudiera suponer la salida de los “custodios” fuera de la prisión. Los hermanos Briley robaron una pequeña televisión y la cubrieron con sábanas, haciéndola pasar por una bomba. Los guardias dejaron que los internos salieran de la prisión y subieran a una camioneta. A pesar de lograr el escape perfecto, los seis reos fueron recapturados en 19 días. Los hermanos Briley fueron finalmente ejecutados en 1984 y 1985.


¨LAS POQUIANCHIS¨


Mejor conocidas como “Las Poquianchis”, cuatro hermanas mexicanas, de Jalisco, fueron las autoras de uno de los casos más grandes de proxenetismo femenino. Sobre todo Delfina, la líder de la familia, y María de Jesús, torturaron y dieron muerte a más de 80 mujeres jóvenes entre los años 1950 y 1964. Hijas de una mujer religiosa y devota, que no dejaba pasar un día sin leer el rosario y que buscaba inculcarle a sus hijas el catolicismo; y de un padre machista que abusaba de su poder como patriarca, además de ser alcohólico, alimentó el odio de las cuatro hermanas.


Cierto día, la mayor de las hijas, cuando todavía era una adolescente y harta de los abusos de su padre, decidió irse da casa y fugarse con un hombre mayor que ella. El padre, Isidro, no tardó en montarse a su caballo y emprender la búsqueda hasta que la encontró. El destino que le esperó a Carmen no fue muy diferente a lo que ya había vivido: su padre la golpeó, la encarceló en la prisión municipal y la dejó en el olvido por más de 14 meses, pues el mismo día que la encarceló, Isidro asesinó a un presunto delincuente, y decidió, para evitar a la justicia, huir. Así fue que dejó a sus cuatro hijas y a su esposa en la miseria. Cuando los padres de las hermanas murieron, tras años de salarios mínimo, les dejaron una modesta herencia. Fue así que Delfina aprovechó la ocasión para abrir su primer burdel en El Salto, Jalisco. Aunque la prostitución era ilegal en el estadp, la poca vigilancia permitió que el negocio funcionara por un rato, hasta que mudaron el establecimiento a otro lugar. El nuevo espacio se llamo “El Guadalajara de Noche”, y fue allí donde empezó la corrupción y la masacre.


Para poder establecer el negocio, las mujeres contaron con el apoyo de autoridades corruptas, y el mismo alcalde pidió a cambio de los permisos, favores sexuales. Las mujeres, o más bien las niñas, de entre 12 y 15 años, que “trabajaban” en este local eran engañadas o compradas a tratantes, y se les obligaba a prostituirse. Las secuestraban cuando las veían solas, sin importar la edad que tuvieran, o les mentían prometiéndoles trabajo como sirvientas. Como el negocio resultó fructífero, las hermanas decidieron regresar a San Francisco del Rincón, rentaron una casona y, con ayuda del alcalde, reubicaron a sus prostitutas.


Trataron a las mujeres como esclavas. Cuando algunas se embarazaban, abortaban en secreto, y si tenían al bebé, éste era asesinado; otras morían en el parto al ser tratadas como animales y ser dejadas a su suerte. Todo se destapó cuando Catalina Ortega, una joven que logró escapar, se presentó ante las autoridades y así llegaron a detener a las hermanas. Fue en los testimonios de las hermanas que salió a la luz la verdadera historia tras bambalinas: las hermanas torturaban y golpeaban a las mujeres, las asesinaban y las enterraban dentro del predio. Nunca podían salir de las casas de citas. Las sepultaban vivas en un panteón clandestino. Las víctimas relataron, tras su liberación, que cuando llegaban al burdel, algunos ayudantes las violaban, las bañaban con cubetas de agua helada y las obligaban a trabajar con los clientes bajo amenaza de muerte.


Los clientes, felices con la juventud de las niñas, ayudaron a que el negocio creciera. Cuando cumplían 25 años ya se les consideraba viejas, por lo que las encerraban en un cuarto, las dejaban en ayunas y sin agua, y las golpeaban constantemente con una tabla de madera que tenía en el extremo un clavo. Tras agotarle el último aliento de fuerza, las enterraban vivas, otras las arrojaban desde la azotea o les molían la cabeza a golpes. Si no sonreían, a pesar de no tener un motivo para hacerlo, también eran asesinadas. Así llegaron a matar a más de 150 personas, convirtiéndose en las asesinas en serie más prolíficas registradas en México.


INESSA TARVEDIYEVA


En 2013, una familia rusa fue acusada del asesinato de por lo menos 30 personas e incontables robos. Inessa, una profesora de preescolar, y su esposo, Roman Podkopayev, un dentista, durante seis años cometieron los crímenes. Entre los muertos, seis de ellos eran policías, múltiples niños, y la ahijada de la mujer, a quien le arrancaron los ojos. Lo que hace de esta historia un evento todavía más escalofriante, es que sus hijas, una de 13 años y otra de 25, participaron activamente en todos estos crímenes durante los seis años. Cuando fueron descubiertos, se relató que la familia se veía muy inocente; como cualquier otra familia: un padre, una madre y sus dos hijas. Con trabajos normales en los que trataban diariamente con la sociedad.


¿Con qué motivo? La codicia. Todo lo que esta familia de monstruos buscaba era ganar dinero, y encontrar en los robos y asesinatos el modo de obtenerlo. Para encubrirse, planeaban viajes, de esta manera se mantuvieron en el anonimato por tanto tiempo, pues la gente, que los reconocía como una familia común, no se imaginaba todo lo que hacían cuando estaban “de vacaciones”. Parece que la autora intelectual de la masacre fue la mujer, quien confesó tras su captura que odiaba a los policías, y ella misma procedía a matarlos. También buscaba con ello quedarse con sus armas y municiones. Por otra parte, su esposo era el encargado de matar a los niños disparándoles.


Uno de los ataques más brutales que cometió la familia fue cuando dispararon al paracaidista Dmitry Chudakov, a su esposa Irina, a su hijo Sasha, de siete años y a su hija Veronika, a quien apuñalaron 37 veces



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