Aguascalientes y su legendario pasado


Cines que hicieron historia


+ En la ciudad al parecer la primera exhibición del cinematógrafo de los Hermanos Lumiere fue el primero de abril de 1897 durante un concierto en el Teatro Morelos, posteriormente el señor Courrech, empresario del ramo, obtuvo permiso para presentar la primera serie de funciones a partir del 17 y hasta el 21 de noviembre del mismo año

HERIBERTO BONILLA BARRON



El cine es, indudablemente, la gran industria forjadora de sueños y de aventuras.

Ni el video ni el "pirataje", que es un poder similar al del narcotráfico, lograrán acabar con esta industria que sigue siendo uno de los principales motores de la economía mundial y que en Aguascalientes está teniendo un gran auge si vemos el número tan alto de salas que existe.


Y sin embargo, también es cierto que muchas de las salas cinematográficas que auténticamente hicieron historia han desaparecido por el modernismo que hoy se vive, dice a FUERZA AGUASCALIENTES, el ingeniero José Ciro Báez Guerrero, quien nos relata, según sus investigaciones, lo que ha sido al paso de los siglos la historia de las salas de cines en Aguascalientes.


El cine, nos dice, es el mundo de los sueños y aventuras.

Y sus salas cinematográficas, esas que ya desaparecieron, llenaron aquí épocas extraordinarias. En México, así como en nuestra ciudad, la llegada del cinematógrafo se dio casi al mismo tiempo que en el resto del mundo. Esto dio origen a la formación de una serie de lugares con muy diversas características para la exhibición de películas; así como de un público en el que se mezclaban todas las clases sociales, integrando en el interior de las salas un ambiente de lo más pintoresco.


El cinematógrafo llegó a México el 5 de agosto de 1896, con presentaciones privadas por parte de los representantes de la Casa Lumiere, para el presidente de la República, general Porfirio Díaz y luego para la prensa. Las primeras exhibiciones públicas se dieron en un local de la parte alta de la Droguería Plateros, en el No. 9 de la entonces calle de Plateros, hoy de Madero, de la ciudad de México, con un programa compuesto por ocho películas Lumiere.


En Aguascalientes al parecer la primera exhibición del cinematógrafo de los Hermanos Lumiere, y un concierto en el Teatro Morelos, fue el primero de abril de 1897.

Posteriormente el señor Courrech, empresario del ramo, obtuvo permiso para presentar la primera función de variedades del cinematógrafo Lumiere, en el Teatro Morelos a partir del 17 y hasta el 21 de noviembre del mismo año.

En los inicios del cinematógrafo había exhibidores ambulantes, que se dedicaban a visitar pueblos y comunidades rurales, exhibiendo en ocasiones el poco material con que contaban, adquirido en Europa y en Estados Unidos.

De esta forma visitó la ciudad el empresario cinematográfico de origen francés Carlos Mongrand, cubriendo varias temporadas en el Teatro Morelos a partir de agosto de 1901, hasta mayo de 1906.


Entre los temas que presentó sobresalen:

"Vida y muerte de la heroína Juana de Arco", "Las carreras en automóvil", "La noche de la Navidad", "Vistas circulares de Aguascalientes y de su Plaza de Armas".

"La visita de Monsieur Loubet al Zar de Rusia", con la novedad en esta vista, de que la banda del Estado colocada tras la pantalla tocó marchas adecuadas y toques de tambores, dando un gran efecto a la exhibición.


Otro de los exhibidores ambulantes de películas, que recorrían diferentes Estados del país, fue Enrique Rosas, que cubrió aquí varias temporadas a principios del Siglo XX; además fue el realizador de la película "La banda del automóvil gris" de 1916.

A medida que creció el interés por asistir a la exhibición del cinematógrafo, surgieron las primeras salas de cine, que en un principio estaban ubicadas en patios descubiertos, bodegas y jacalones, a los que se les hacían algunas adecuaciones.

Poco a poco se fueron acondicionando con su caseta de proyección y división de localidades, pero no dejaban de ser modestas salas de cine, a excepción del Teatro Morelos, que en sus inicios no fue concebido como tal.


A principios del Siglo XX existieron aquí varios cines, como el "Pathe" de Florencio Delhanty. Estaba ubicado en una bodega anexa al Banco de Londres y México, al inicio del Callejón de Zavala, antecedente de la actual calle de Madero, que hacía esquina con la calle de Juárez. Contaba con unas graderías de madera con forma de media circunferencia, el precio de entrada era de diez centavos. El 2 de mayo de 1911, el empresario Jesús Belauzarán envió un escrito al Ayuntamiento, comunicando que del 15 al 20 de mayo de 1911, inauguraría un salón teatro que fue reconstruido, en la primer calle de Juárez acera oriente. Lo que sería el cine "Teatro Actualidades" en el lugar que ocupó el Mesón de las Agapitas y que hoy es la agencia Singer.



El "Cine Olímpico" se ubicó en el interior del primer Parián.

El 29 de marzo de 1926, Zeferino S. Martínez obtuvo autorización por el Ayuntamiento para la explotación del local interior del Parián, que antes fue mercado, con el fin de instalar un Salón Cine pagando como renta $50.00 mensuales.

Cercano a la estación del Ferrocarril, en el terreno que ocupa actualmente la máquina en exhibición, se encontraba el "Cine Colombina" de F. Corrales y Compañía, posteriormente llamado "Royal".


Era un jacalón en el que también se daban funciones de box y lucha libre; otros empresarios de este cine fueron Jorge Kokinos y Compañía, así como Roberto Barnola.

El "Cine Ideal" fundado por el Padre Dominico Felipe Valles Barón, construido en un terreno cercano al templo de La Merced, en lo que fue el Frontón del Convento.

En marzo de 1924 su propietario presumía de que era el único centro moralizador de la sociedad de Aguascalientes, que proporcionaba a la culta y católica sociedad un centro recreativo moral ya que "los demás cines en muchas ocasiones y casi siempre, exhiben películas altamente innobles".


El "Salón de Cine Avión" de Pedro M. Arellano, por la tercera calle de Porfirio Díaz No. 66 (hoy Alvaro Obregón) casi esquina con Zaragoza, ocupaba un jacalón destartalado con bancas de madera, en el local que ocupó posteriormente la maderería La Nacional.

El "Salón Rojo" el 25 de agosto de 1908 Octaviano Uribe presumía, de que en esta sala rarísima vez se exhibe una misma vista al cabo de tres o cuatro días; siempre se tiene una refacción de puras novedades contratadas expresamente con la Casa Pathe, para estrenos en el "Salón Rojo" de la Avenida Juárez de Aguascalientes, en el que se ofrecen tandas para familias, con precios de diez centavos luneta y cinco por cada uno de los bancos.


En enero 13 de 1924 Enrique Reynaud dirige un escrito al Alcalde, en el que participa que va a explotar un salón de cine y variedades en pequeño, en los bajos del Hotel de France, ubicado en la acera Lic. Jesús Terán frente a la Plaza Principal, (este detalle nos hace pensar que es un salón diferente al anterior) denominado "Cine Salón Rojo", en el que se darán únicamente representaciones morales e instructivas.

El "Cine París" administrado por el señor Esteban Berard.

"El Recreo" ubicado en Juan de Montoro No. 11, en la finca donde se encontraba la casa de huéspedes La Principal.


El 2 de diciembre de 1924, Roberto Barnola solicita al Ayuntamiento licencia para edificar un salón cine, en la avenida Madero No. 30. Fue inaugurado en diciembre de 1925, con el nombre de "Cine Palacio". Mención especial como empresario del cinematógrafo merece Federico Bouvi, de ascendencia francesa y nacido en 1872 en la ciudad de San Luis Potosí. Sus inicios como exhibidor ambulante fueron en 1904 recorriendo gran parte del país.


Don Federico era de físico ligeramente obeso, usaba bombín y padecía de defecto auditivo, se le recuerda consultando constantemente su reloj.

Sobre las salas de cine que administraba, la más recordada es el legendario "Cinematógrafo Salón Vista Alegre", el "Cine Gran Teatro Morelos" y el "Teatro Actualidades" de la calle de Juárez, mencionado líneas arriba.


El "Salón Vista Alegre" contaba con tres localidades muy bien delimitadas: palco, luneta y bancas. Sobre su ubicación es posible que exista alguna confusión, ya que algunas publicaciones lo ubican al final del Callejón de Zavala, y otras por la calle de Independencia (hoy Morelos) donde desembocaba el Callejón de Zavala.

A este respecto el Historiador José de Jesús Martínez Galindo, comenta que dicho lugar se anunciaba como "Cinematógrafo Salón Vista Alegre" en la 2a. de Independencia No. 9, lo que coincide con el diario de la época El Clarín que lo ubica por dicha arteria.

Lo que es seguro es que este sitio desapareció en 1914, con la apertura de la actual calle de Madero, por órdenes del entonces gobernador Alberto Fuentes Dávila.

Con la desaparición del "Salón Vista Alegre", Don Federico administró el "Teatro Actualidades" y el "Teatro Morelos", en los que presentaba además de funciones del cinematógrafo, obras de drama.


El "Cine Gran Teatro Morelos" como se le llamaba entonces, pasó por varias etapas como sala de cine, ya vimos que aquí se presentaron las primeras exhibiciones del "Cinematógrafo de los Hermanos Lumiere".

A partir de entonces, varios empresarios utilizaron este Teatro para sus presentaciones.

De 1901 a 1906 Carlos Mongrand al igual que Enrique Rosas.

En marzo de 1907 la empresa Jorge Veissier y Compañía se presentó en el Morelos, con un repertorio de 80% de vistas hermosas y de mucho mérito artístico, que hasta la fecha eran aquí desconocidas.


En noviembre de 1907 se presentó la Empresa "Cinematógrafo Lacoma", que se anunciaba como sucesora del señor Mongrand, y que recibía directamente de París una gran serie de vistas nuevas. Otros empresarios del cinematógrafo hicieron uso de las instalaciones del Teatro Morelos, para proyectar sus vistas, pero el más recordado sin dudad es Don Federico Bouvi. Con la desaparición del cine "Vista Alegre" en 1914 Don Federico daría sus funciones en dicho Teatro, para 1929 continúa en él y se retira por un tiempo.


En enero de 1930 Ricardo Mier actuó como empresa; por ese mismo tiempo Raúl Morán y Compañía lo ocuparon por espacio de un año y siete meses.

El 29 de octubre de 1933 se celebró la remodelación del Teatro Morelos, con la matinée Papa Misterio y El Cabello Negro, con precios en luneta 60 centavos, primera 40, segunda 25 y galería 15 centavos. En 1935 Don Federico volvió a administrar el Teatro Morelos y luego le seguirían Guillermo Azco Camarena en 1936 y 37, y la Cadena de Espectáculos Miguel Jury, a finales de 1937 y 1938.



Habrá que destacar, nos platica el ingeniero José Ciro Báez Guerrero, que en los primeros años del Siglo XX la prensa hacía eco de las quejas de la sociedad, sobre el comportamiento del público asistente a las salas de cine.

Lo único que repugna fastidia y hasta encoleriza, es ver las rameras ocupar juntas con las honorables damas, los mejores lugares. ¿La policía no podrá impedir que los pelados silben en la sala?


En octubre de 1918 la autoridad se puso estricta, y envió un comunicado sobre un aviso para poner en los cines: "Por orden de la autoridad se prohibe silbar y hacer toda manifestación de escándalo". Con la llegada del cine sonoro en los años treinta, surgieron nuevas necesidades en cuanto a instalaciones, se construyeron salas más grandes y mejor acondicionadas, las que se pueden considerar como verdaderas salas de cine.


Contaban con dos localidades, luneta y galería, la primera se ubicaba en la parte baja de la sala, con butacas individuales, en donde el precio del boleto era mayor, y la galería o popularmente llamada balcón, ubicada en la parte superior, no contaba con butacas, más bien eran unas largas bancas de madera sin respaldo, era un área para las clases populares, por su precio menor.


De esta etapa que podemos llamar moderna del cine, surgieron "El Encanto", "El Plaza", "El Colonial", "El Alameda" y "El Rex".

Cada uno contaba con su categoría, y por consiguiente con su propio público y ambiente, los cinco cubrieron toda una época del cine en nuestra ciudad.

El Encanto no era otro que el antiguo "Cine Palacio" de Roberto Barnola, de la calle de Madero, el cual sufrió un incendio el 10 de febrero de 1945, para posteriormente ser reconstruido y abierto nuevamente al público, con el nombre de "Cine Encanto".


Era el de más categoría, no contaba con galería y el precio de entrada era uno solo.

El Plaza, ubicado en el lugar donde se encontraba el Hotel Centenario, en la primera cuadra de Juan de Montoro, también de cierta categoría, tenía un área en la parte superior que no se consideraba como galería, por lo que también el precio de entrada era uno solo.

"El Gran Cine Colonial" como se anunciaba en 1945, de Miguel Jury, ubicado en la primera cuadra de Juan de Montoro, en el lugar estuvo el hasta hoy muy recordado Hotel Washington, se inauguró un sábado de gloria con la película "A La Habana me voy" con Carmen Miranda y César Romero.


Se puede considerar que El Colonial era de un ambiente intermedio entre los anteriores.

El Alameda y El Rex eran más populares con su división en luneta con sus butacas, y galería inicialmente con sus largas filas de madera, como banca sin respaldo, posteriormente substituidas por butacas.

El Victoria con entrada por la calle de Juan de Montoro, posteriormente llamado "Gran Cine Alameda" de Guillermo Enciso y con entrada por la calle de Madero, también con su luneta y galería con características similares al anterior.


El cine de las multitudes, El Rex, de Miguel Jury, ubicado en la calle de Cinco de Mayo, en el lugar donde antiguamente se encontraba el Mesón del Buen Viaje; en la inauguración se proyectó la película La Feria de las Flores. Era el célebre "piojito", el auténtico cine de barrio, con su división como los anteriores y su correspondiente dotación de pulgas y ratas. El ambiente en los cines era muy característico, sobre todo en los que tenían galería se formaba una verdadera batalla de sonidos de todo tipo, muchos de ellos dedicados al público de luneta, que también era víctima de algunos proyectiles de lo más diverso, como papeles, cigarros o en el peor de los casos, de ciertos líquidos de textura viscosa.

De este ambiente surgió una serie de vocablos, que su sola mención nos ubica en esos tiempos del cine.


Como gayola en relación a la galería, el público de luneta se refería en forma despectiva al de galería como los gayoleros.

Cómo no recordar, agrega el ingeniero José Ciro, los esmeriles, en referencia a unas gorditas de masa con papa o frijol, repletas de repollo y abundante salsa, acompañadas de un vaso de agua de limón. Se podían adquirir en unos carritos afuera de El Colonial, El Rex y El Alameda.


Era muy común durante el intermedio, ver al público salir por su dotación de esmeriles en forma de acordeón cargados en la mano, y regresar a seguir disfrutando de la función.

"Churro", esta palabra se utilizaba en alusión a una película mal hecha y de mal gusto, filmada con la rapidez con que se hace un churro.

Sin lugar a dudas la palabra más popular de ese tiempo fue la de "Cácaro", en referencia al personaje oculto en la cabina de proyección, tan imprescindible para la manipulación del proyector, y tan recordado cuando ocurría una falla.


Al parecer el "Cácaro" nació en el México de los años treinta, en un cine de la Colonia Roma en el que trabajaba como proyeccionista un joven picado de viruela, al que se conocía como el Cacarizo. Inicialmente los gritos eran "Cacarizo" cuando ocurría alguna falla en la proyección, para finalmente quedar en "Cácaro".

En los últimos años la tradición de ir periódicamente al cine ha disminuido considerablemente, la televisión y la facilidad de ver cualquier tipo de película en casa, por medio de los videocassettes, provocó que aquellas salas de cine cerraran sus puertas por incosteables.


El Encanto cerró hace años debido a un movimiento de huelga para dar paso a lo que hoy es el restaurante Las Antorchas, desapareciendo una gran tradición tal y como ocurrió con El Plaza y El Colonial, así como el Cinema Paraíso.

El Alameda fue el último de los cines tradicionales en desaparecer, se convirtió en la Sala París y desde hace tiempo dejó de funcionar.


El añorado cine "piojito", El Rex, estuvo un tiempo cerrado para ser demolido rápidamente, con todo y sus chinches y ratas, en su predio se levantó una tienda departamental.

Toda una época inolvidable y romántica, nos dice el ingeniero Báez Guerrero, cubrieron esas salas de cine, en que se formaba una verdadera romería de un público fiel, tratando de entrar sobre todo los fines de semana, en las funciones de mañana y tarde.

Hoy ya no queda nada de eso. Hoy todo ya sólo son recuerdos.


Han surgido complejos de mini-salas de cine, equipadas con modernos proyectores que impiden que la película brinque en la pantalla o el sonido se distorsione, y con un público que no sabe lo que eran los suculentos esmeriles repletos de repollo y chorreando salsa, y que en caso de una muy remota falla en la proyección no se atreve a gritar "Cácaro".

Ya no se comparan, ni con mucho, a los cines de antes y que reunían a las familias en aquellos tiempos románticos, de amor, de historia, de leyendas y de gran unidad familiar.

Cines que sólo son un bello recuerdo, como también, lo más lamentable, el de esa unidad familiar que tanto distinguió a los aguascalentenses y que hoy se encuentra tan seriamente amenazada.

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