Aguascalientes y la Revolución

Villa el gran estratega


+ El espíritu y la figura mítica figura del "Centauro del Norte" aún cabalga en la mente y en los corazones de todos los mexicanos, quienes todavía están esperando que la ¨Revolución les haga justicia¨


HERIBERTO BONILLA BARRON



FUERZA AGUASCALIENTES ha dado comienzo desde el pasado día primero, una serie de reportajes cotidianos que concluiremos el próximo día 20, como un regalo a nuestros lectores que nos dispensan con su atención, destacando que la Revolución Mexicana, el gran movimiento social y bélico que marcó un parte aguas en el país, tuvo momentos decisivos en esta ciudad, la cual fue considerada como un territorio auténticamente villista.

Y para empezar, de acuerdo a lo que nos dice el historiadora y ex directora de los Archivos del Estado y el Municipal, Tita Topete Ceballos, Pancho Villa está más vivo que nunca.

No ha muerto, no al menos en el pensamiento de los mexicanos, por lo tanto el espíritu y la figura mítica figura del "Centauro del Norte" aún cabalga en la mente y en los corazones de todos los mexicanos, quienes todavía están esperando que la ¨Revolución les haga justicia¨.


Pancho Villa escribió una parte fascinante de la historia y muchos de sus pasajes los protagonizó en Aguascalientes.

Aquí se asentó por meses, aquí llegó hasta a tener mujer e hijos, algo que muy pocos conocen y la historia ha ignorado, aquí fue amo y señor, aquí fusiló a muchos y aquí fue protagonista de la histórica Soberana Convención.

Por lo tanto en Aguascalientes su nombre y su figura son recordados y honrados como pocos.


Bandolero y pistolero para algunos, pero para los más, héroe y caudillo.

Hombre extraordinario que de la nada se yergue como un genio militar que hizo posible el triunfo de la Revolución Mexicana.

Pancho Villa, terror de los nefastos "pelones", hombre al que la historia tiene en un lugar muy especial, pero también, al que todavía hoy se le regatea el sitio que se merece e incluso al que se le tiene envidia no sólo por todo lo que fue, sino por lo que consiguió, por su liderazgo y por la idolatría que despertó en su tiempo y que sigue creciendo.

Por ello es que en FUERZA AGUASCALIENTES podemos asegurar que Pancho Villa o Doroteo Arango, su verdadero nombre, es México.

Es justicia, es rebeldía ante la avaricia y la cerrazón de quienes buscan y aún pretenden el poder sojuzgador.


Estamos seguros de que hoy, si viviera el legendario "Centauro del Norte", claro que estaría contento de lo que es México, más no satisfecho, porque con la llamada Cuarta Transformación hoy existe más pobreza y la riqueza no es compartida ya que se encuentra en manos de unos cuantos, entre ellos los gobernantes, políticos y empresarios corruptos.

Y como decíamos en las primeras líneas, en el mes de la Revolución, FUERZA AGUASCALIENTES, hablará largo y tendido sobre el tema, tocando en algunos artículos, a quien fuera su gran figura central, ese hombre al que hoy todavía dentro del gobierno mexicano hay muchos que le niegan el reconocimiento de auténtico héroe, y ese fue Pancho Villa.


Debemos destacar que son muchos los hombres y los héroes que surgieron con la Revolución, pero Pancho Villa reviste especial importancia no sólo porque fue el verdadero artífice de su consumación, sino porque puede decirse que Aguascalientes fue trascendental en su vida.

Somos una Entidad tan pequeña territorialmente, pero tan grande por sus hombres y por sus vivencias y esas vivencias que cobran vigencia en estos días adquieren mayor relevancia, al recordarse la fecha gloriosa de la gesta revolucionaria.

Un movimiento que si bien dividió y enfrentó a los mexicanos casi a principios del siglo pasado, es lo que permitió fundar los cimientos para lo que hoy somos como nación y como sociedad.


En ese histórico episodio Aguascalientes tiene un lugar preponderante.

Y para esto empecemos dando un vistazo a las condiciones en que vivía el pueblo mexicano antes de la Revolución de 1910.

La mayoría de aquellos 15 millones de mexicanos, para entonces, eran campesinos muy humildes convertidos en peones en alguna de las mil haciendas existentes.

Vivían en cuartos redondos con pisos de tierra, la cocina era un cuartucho ennegrecido por el humo de la leña que encendida, mantenía hirviendo un jarro de frijoles, no faltaba el metate para moler el nixtamal y hacer las tortillas.


Vestían de manta y calzaban huaraches que les dejaban sus pies descubiertos expuestos a merced de la intemperie, el amo de la hacienda vivía en la llamada Casa Grande, con muebles europeos y poseedores de una muy respetable riqueza que les permitía tener una casa en la ciudad o en la capital del país.


Tenían el derecho de disponer de la vida y la hacienda de sus peones, a quienes a veces trataban con demasiada dureza y algunas veces ordenaban a su guardia rural que los ejecutara o que los engancharan a las cuerdas de los condenados a servir de esclavos en las tierras del henequén o de los campos chicleros.


SURGE FRANCISCO VILLA


Nunca volvían a sus hogares, ya que morían muy jóvenes, por las condiciones de sus vidas y por el trato cruel de sus amos, que los azotaban por la menor falta, con su espalda desnuda hasta hacerlos sangrar, algunos de esos pobres hombres se atrevían a huir y morían acribillados por los guardias montados especializados en la cacería humana y los que recibían un premio por cada vida que segaban.

En ese ambiente tan durísimo e injusto nació en 1878 Francisco Villa con el nombre de Doroteo Arango, quien luego se convertiría de bandolero y terror de los hacendados en la gran figura de la Revolución Mexicana.


Siendo ya un joven, no pudo soportar la humillación del amo que quería llevarse a su hermana menor con propósitos lascivos, por lo que encolerizado le pegó un balazo en una pierna y huyó hacia las serranías cercanas para escapar del castigo del amo, quien fue llevado a Durango para que lo atendieran.

Por cierto que nuestra admirada y queridísima actriz, Dolores del Río, fue sobrina de ese hacendado.



Luego de vagar solitario por la serranía, sufriendo la persecución de los rurales que lo buscaban para matarlo, conoció a un bandolero de apellido Parra y se incorporó al grupo de forajidos que vivían de robar ganado que luego de sacrificar convertían en carne seca para venderla en las ciudades cercanas.

Villa estuvo incorporado a esos bandoleros durante varios años y sólo una vez se acercó a su rancho para contemplar, de lejos, durante la noche, los cirios que con su tenue luz dibujaban el féretro de su madre.


Poco después se encontró con don Abraham González, quien le contó que Francisco I. Madero había convocado a tomar las armas para poner fin al mandato de Porfirio Díaz. Don Abraham lo invitó a formar parte de esa rebelión y Villa gustoso aceptó, demostrando desde los primeros combates contra el ejército porfiriano, su habilidad innata para mandar y organizar combates.

Pronto se ganó la simpatía de Madero, quien gracias a él y a Pascual Orozco obtuvo espectaculares triunfos que obligaron a Porfirio Díaz a presentar su renuncia y a refugiarse en París, en donde moriría.


Madero quedó como heredero del poder, el pueblo con gran entusiasmo y cariño votó en su favor para hacerlo presidente.

Sin embargo, los hacendados estaban muy disgustados porque un miembro de su misma clase, hubiera alborotado la "caballada" y que pusiera en riesgo su estabilidad de muchos años. Igualmente el ejército porfiriano estaba molesto con su derrota y no sentía ningún afecto o interés por el sustituto de su gran general cargado de medallas en el pecho.

Para entonces Estados Unidos desarrollaba ya la política de aprovecharse y controlar las naciones de América, por medio de gobernantes duros, capaces de someter a los pueblos.


VILLA, EL GRAN GENIO DE LA REVOLUCION


Todo esto contribuyó a la pronta caída de Madero.

Villa se había salvado milagrosamente de ser fusilado por órdenes de Victoriano Huerta y fue llevado a la penitenciaría de la capital, de donde logró escapar para instalarse en los Estados Unidos, cerca de la frontera con México.

Ahí recibió la noticia de la muerte de Madero y la invitación de Venustiano Carranza para incorporarse al nuevo ejército llamado Constitucionalista, para quitar del poder a tan terrible asesino y así vengar la muerte del llamado Apóstol de la Democracia.

Villa cruzó la frontera con ocho hombres y meses después ya mandaba un impresionante ejército de unos 20 mil elementos, al que llamó División del Norte y con él ganó extraordinarias e impresionantes batallas que le dieron fama en todo el mundo como un formidable guerrillero.


Así esa poderosa División del Norte llegó por fin a Zacatecas, donde obtuvo el triunfo definitivo sobre aquel ejército porfiriano que tenía oficiales educados y entrenados en las armas, en Francia y en Estados Unidos.

Alvaro Obregón, que comandaba la División del Noroeste, llegó hasta las goteras de la ciudad de México y ahí, sobre la salpicadera de su automóvil, se firmó la rendición del ejército huertista.


Su jefe había logrado llegar a un puerto del Golfo y se embarcó para Nueva York, en donde habría de morir de una peritonitis.

Para entonces Francisco Villa había llegado a la cumbre de aquel México Revolucionario, en donde era admirado y querido por todo el pueblo de las clases humilde y media, mientras que los acaudalados lo odiaban y lo desacreditaban al máximo por medio de la prensa.Como ya en alguna ocasión lo referimos en FUERZA AGUASCALIENTES, Venustiano Carranza siempre tuvo una animadversión muy marcada por Villa y trató de detenerlo en Guadalupe, Zacatecas, después del triunfo.


Ahí recibió la comisión de la Soberana Convención que se efectuaba en Aguascalientes, en el Teatro Morelos, la cual lo invitó a que formara parte de la misma y así llegó y firmó en señal de lealtad, sobre un fragmento blanco de la Enseña Nacional.

El general Eulalio Gutiérrez fue nombrado Presidente de la República y por lo tanto, se había desconocido a Venustiano Carranza. Villa fue nombrado General en Jefe del nuevo ejército convencionista que estaba compuesto en su totalidad por la legendaria División del Norte.


Llegaron a México sin encontrar batalla, ya que Carranza se había refugiado en Veracruz.

A México entró el Centauro del Norte montado en su hermoso caballo, acompañado de sus principales colaboradores y del general Emiliano Zapata, recorrieron las calles hasta llegar a Palacio de Gobierno, en donde se sentó simbólicamente en la silla presidencial, mientras Zapata lo hizo a un lado con una sonrisa, pensando que ya todo había terminado y que los convencionistas sabrían conducir al país.


EL PRINCIPIO DEL FIN


Sin embargo no fue así, ya que Carranza se organizó y envió a Alvaro Obregón a Celaya, para presentarle batalla a las fuerzas Villistas, las que fueron derrotadas por un enemigo que lo superaba en número y armamento.



Hay que decir, refiere Tita Topete Ceballos, que a Francisco Villa lo vencieron las circunstancias políticas y, por supuesto, el poderoso ejército Obregonista que dejó tendidos a los Villistas por miles, en los campos de Celaya, Silao y León.

Fue entonces cuando Pancho Villa se refugió en Aguascalientes, en donde dio por disuelta su famosa División del Norte y, solo, con unos cuantos hombres de su confianza, regresó triste y derrotado a las serranías de Chihuahua, donde nunca pudo ser vencido. Ni los americanos con su famosa expedición punitiva, enviada para vengar el asalto a Columbus, pudo encontrar al Centauro del Norte para llevarlo enjaulado a Estados Unidos, tal y como lo había prometido el general Pershing.


El Centauro después de mucho andar por la sierra, comprendió que ya no era congruente mantenerse como guerrillero, a salto de mata y aceptó la amnistía que le ofrecía el presidente Adolfo de la Huerta. Le regalaron una hacienda en Durango, cerca de Parral, llamada Canutillo y también le permitieron mantener una escolta personal de 50 hombres que eran pagados por el gobierno.


Obregón, que guardaba un profundo resentimiento contra Villa, por haberle mutilado su brazo derecho con una granada en Santana del Conde, no lejos de León, pensaba cómo aniquilarlo y se valió de un hombre de su confianza, quien con un buen fajo de billetes consiguió organizar un complot para acabar con la vida del Centauro, lo que consiguieron al asesinarlo, junto con su escolta, una mañana de 1923 en Parral, Chihuahua, cuando se dirigían a Canutillo.


Villa manejaba el carro y sufrió varios tiros en su cara y en su cuerpo.

Ya tendido, en el Hotel Hidalgo, que era de su propiedad, le tomaron una mascarilla en yeso, de la cual muchos años después habría de fundirse una de bronce, la que se encuentra en el Museo de Sitio del Teatro Morelos, donde curiosamente había sido nombrado jefe del Ejército Convencionalista.


Fue sepultado en Parral y México entero lloró su muerte, ya que se había puesto fin, físicamente, al genio militar más excepcional que había dado el país en el siglo XX.

Habrá muerto físicamente sin embargo sigue presente en la mente y en el corazón de todos los mexicanos, y hoy más que nunca toda vez que muchos de los ideales revolucionarios por los que se levantó en armas no se han cumplido, por lo que hoy sobra quien diga que hace falta otro Pancho Villa para que acaben en Aguascalientes y en México tantas injusticias que han provocado que la sociedad esté sumida en el abandono y al parecer sin esperanza.





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