Aguascalientes tiene una historia extraordinaria

El legado perdido


+ La ciudad a través de toda su historia, ha ido perdiendo gran parte del legado que nos dejaron nuestros antepasados, un legado que comprende sólo el aspecto físico de sus calles, con sus edificios, monumentos, jardines y sus avenidas con sus trazos y nombres originales, sino su tranquilidad y sus recuerdos


ALDO BONILLA CHAVEZ



Aguascalientes se prepara para celebrar del próximo mes de octubre el 444 aniversario de su fundación, por lo tanto son más de cuatro siglos de historia, de cambios, de transformaciones y de desarrollo.


Un modernismo que se está pagando caro, no tanto por las recurrentes crisis económicas, sociales y políticas, sino porque la sociedad misma parece que se está pulverizando al perder sus valores, esos que tanto caracterizaron a las generaciones que nos han precedido.


Pero no sólo eso se ha perdido por la nueva era, dice a FUERZA AGUASCALIENTES el investigador e historiador, ingeniero José Ciro Báez Guerrero, quien afirma que en aras de ese modernismo se ha sacrificado mucha de la riqueza arquitectónica de Aguascalientes.

De aquella ciudad que tenía todo para ser una ciudad colonial, sólo se conservan pequeños rastros, y muchos se encuentran mutilados, y esto se ha ido repitiendo ante la apatía ya no sólo de la autoridad encargada de preservar el legado, sino de una sociedad indiferente.


Lo genuino y pintoresco va desapareciendo, según se dice, para embellecer la ciudad, para dar paso a lo moderno, pero a costa de la pérdida de la identidad como provincia. La piqueta destructora no entiende de sucesos, de leyendas, para ellos todo esto son antiguallas inútiles e improductivas.

De esta forma olvidamos que todas las personas y los lugares son historia, que todos los sucesos aunque aparentemente insignificantes, dejaron a su paso un legado que es de todos y que debe ser preservado, dice el ingeniero José Ciro Báez Guerrero a FUERZA AGUASCALIENTES.


Cuando observamos aquellas viejas estampas de nuestra ciudad de mediados del Siglo XIX, nos preguntamos como muchos extranjeros que han llegado a conocerlas, cómo es posible que todo eso haya desaparecido.

Ejemplos son muchos, desde el añorado Portal de Jesús que se encontraba ubicado en la esquina de lo que hoy es la calle de Nieto y Plaza Principal, construido en 1761 por el Cura Don Mateo de Arteaga, con sus arcos de cantera en los que había seis tiendas y sus trastiendas, un mesón y una vistosa casa cural.


Con motivo de las leyes de 1859 el Portal de Jesús pasó a ser propiedad del Gobierno, que sin darse tiempo a buscar una solución para su uso, como en la actualidad sigue ocurriendo, en 1862 determinó demolerlo por considerarlo un estorbo.

De esta forma el Portal de Jesús fue destruido, el mesón fue convertido en mercado de cereales, posteriormente en cuartel de Policía, y en la actualidad es el predio que ocupa el Teatro Morelos.


Lo mismo pasó con la finca que se encontraba en la esquina de la misma calle de Nieto, con la hoy nombrada de José María Chávez, de la que existe la tradición que fue la casa habitación de Don Pedro García Rojas y su esposa Doña María Luisa Fernández Villa.

Esa tradición que nos dice que a esta casa llegó en 1835 el Presidente Don Antonio López de Santa Anna, y que en esa casa estampó un beso a Doña María Luisa, evento que favoreció la independencia de Aguascalientes como Estado libre.


Continuando con la destrucción del centro de la ciudad, nada se ha salvado, la Columna que se encuentra en la Plaza Principal también ha sufrido modificaciones. Esta Columna fue construida en 1808 para honrar originalmente al monarca Español Carlos IV, pero debido a problemas que se dieron en la Península Española, dicho monarca se vio en la necesidad de renunciar, subiendo al trono su hijo Fernando VII, siendo esta la figura en cantera que se encontraba en la cima de la Columna y que podemos ver en las viejas estampas.


La estatua en cantera de Fernando VII se conservó intacta durante todo el movimiento de Independencia, hasta 1821, en que una vez consumada la Independencia, el pueblo en masa se encargó de destruir la estatua, símbolo de esclavitud.

A partir de entonces, añade el investigador e historiador, a la Columna se le han hecho diversas modificaciones, en 1842 colocaron en cada esquina de la base un cisne metálico, que arrojaba chorros de agua por el pico, que iban a caer a unos tazones con base de cabeza de perro, estos arrojaban el agua por el hocico, que caía en una fuente ubicada alrededor de la base. Todo este conjunto de cisnes y tazones con cabezas de perro, desapareció en 1895.


En la base de la Columna por su lado poniente, se encuentran los restos de don José María Chávez, quien fue fusilado por los franceses en abril de 1864, y en su lado oriente se encuentra una fuente dedicada al compositor Manuel M. Ponce.

El mismo conjunto de la Plaza con sus múltiples nombres (ni eso se puede conservar) ha sufrido diversas modificaciones, recientemente fueron desplazados de su sitio original, la Columna con la Exedra de cantera, esta última construida en los años de 1948 y 1949, y los cuatro arbotantes que se encontraban en cada esquina de la Plaza fueron cambiados de lugar, la fuente fue transformada, hasta aquel evocativo piso de mosaico cuadriculado, fue suplido por un incómodo y deforme adoquín.



Por años la destrucción de las viejas fincas que se encontraban en los costados de la Plaza continuó, la mayoría de las fincas del lado norte han desaparecido, más recientemente lo que fue el Hotel Francia fue mutilado en su parte de la calle de Madero, para construir una ampliación vertical que desentona con el entorno.

Luego el ingeniero Báez Guerrero nos dice que ni el mismo Palacio de Gobierno se ha salvado, de aquella finca iniciada en 1665 por Don Pedro Rincón de Ortega, y continuada en su construcción por sus descendientes quedan pocos elementos, de ser la mansión de la familia Rincón Gallardo, pasó a ser el Mesón de la Unión, hasta lo que conocemos actualmente.


A esta finca se le han realizado diversas modificaciones, algunas se considera que han sido adecuadas, como la ampliación hacia la parte posterior en los terrenos de lo que fue el Mesón de San José, otras no han sido aceptadas, como la mutilación de que fue objeto en los años cincuenta, en su costado poniente por la calle de José María Chávez, con el fin de ampliar esta arteria y dar preferencia como siempre ha sido, a los vehículos.

Esta mutilación fue objeto de una protesta por un grupo de arquitectos, cuando estos profesionistas sí se interesaban por estas cuestiones, ante la Secretaría de Bienes Nacionales, por ser el Palacio uno de los pocos monumentos con que cuenta la ciudad, por supuesto la protesta no fue escuchada.


El legado histórico que se encuentra en las inmediaciones de la Plaza de Armas, no ha sido el único afectado, todas las calles del centro de la ciudad en mayor o menor medida, han sido víctimas de la destrucción, ante la complacencia o complicidad de las autoridades.


Calles como la Morelos, Cinco de Mayo, Juárez, José María Chávez, nada o muy poco conservan de aquellas fincas construidas por nuestros antepasados, la misma avenida Madero aunque más reciente en su apertura, fue el lugar predilecto de las familias acomodadas para construir sus viviendas, y llegó a tener algunas fincas de alto valor arquitectónico, de las que actualmente se pueden ver algunas muestras.

En estas calles la transformación ha sido lenta pero muy efectiva, lo moderno ha sustituido a lo antiguo, el socorrido pretexto de abrir locales comerciales ha provocado la pérdida de gran cantidad de fincas muy valiosas.


Luego dice a FUERZA AGUASCALIENTES que a principios del Siglo XX, el centro comercial de la ciudad se reducía al Parián y algunos locales dispersos entre casas habitación, principalmente por la calle de Juárez y en menor cantidad en Cinco de Mayo y Morelos.


Durante la primera mitad de dicho siglo los locales conservaron su estructura original para lo que fueron concebidos, durante los años sesenta la calle de Juárez y en los ochenta la Cinco de Mayo continuaron con su transformación, en la que se destruyeron gran cantidad de fincas hasta convertirse totalmente en comerciales.


Por la misma década de los ochenta, en calles como Allende, Morelos, Rivero y Gutiérrez, y Nieto, se inició la labor destructora y más recientemente en Alvaro Obregón, Pedro Parga y Juan de Montoro entre otras, que eran en su totalidad para casas habitación se abrieron al comercio, desapareciendo aquellas añejas casonas o fueron modificadas en su fachada.

En los últimos años ha surgido la moda en varias de estas calles, de destruir algunas fincas para abrir estacionamientos, otra forma de demostrar que los vehículos tienen la preferencia, y con el simple hecho de construir una fachada antiestética con Pecho Paloma, se cubren siglos de historia perdida.


Los monumentos dedicados a nuestros personajes tampoco se han salvado de esta mal entendida evolución, desde aquella estatua dedicada a Don Benito Juárez, ataviado con su levita de largos faldones y una de sus manos apoyada en la Constitución, inaugurada a principios del Siglo XX.



Dicha estatua que se encontraba entre la Plaza de Armas, Catedral y el Teatro Morelos, fue cambiada en los años veinte a la Alameda, porque representaba un grave problema para el tránsito, ya desde entonces se le daba preferencia.

En lo que son actualmente los jardines de San Diego y del Estudiante, se encontraban durante los primeros años del Siglo XX los bustos en su respectivo pedestal, de Jesús Terán, José María Chávez y Rafael Arellano Valle; posteriormente fueron cambiados a la Alameda, donde permanecen los dos últimos y el de Terán fue cambiado a la Rotonda de los Hombres Ilustres.


En el Jardín de Cholula se encuentra el busto que Don Telésforo Guerra dedicó a su amigo el General Alvaro Obregón, con la única variación de que actualmente se puede leer en la placa, que fue obra de un Ayuntamiento reciente.


Mención especial merecen los bustos que se encontraban en el Jardín de San Marcos, en donde estaban las figuras de José F. Elizondo, Alfonso Esparza Oteo y Manuel M. Ponce, donados por amigos o admiradores de estos personajes, sin que a la fecha se sepa el paradero de los dos primeros, y el de Ponce es el que se encuentra en la Plaza de Armas.

Un monumento que ha cambiado varias veces de lugar es el de Don José María Morelos, que en un principio se ubicaba a un costado del Auditorio Morelos, para posteriormente ser trasladado al crucero de Circunvalación Sur y Héroe de Nacozari, hasta su lugar actual en Ciudad Satélite Morelos.


El mismo Jardín de San Marcos del que nada más cada año es recordado, ha sido motivo de múltiples modificaciones, originalmente tenía en el centro una fuente inaugurada en 1876, luego se colocó una fuente en cada ángulo y 90 bancas de hierro. En 1891 se colocó el kiosco de hierro fundido y 20 jarrones con su respectiva columna y en 1923 se construyó la fuente dedicada a Saturnino Herrán, más popularmente conocida como la Fuente de los Azulejos; el colmo de la insensibilidad fue en 1928, cuando se mandó cortar las cuatro esquinas de la balaustrada.


Algunos de estos elementos del jardín, como la fuente central y las de los ángulos fueron destruidos, el kiosco fue cambiado de lugar y vuelto a colocar en su sitio, la fuente de Herrán desapareció y la balaustrada fue reconstruida en sus esquinas.

Aguascalientes ha sido honrado con el nacimiento de una cantidad muy importante de personajes, que han puesto muy en alto su nombre, pero nuestro Estado no ha sabido honrar como es debido a estos personajes, a muchos de ellos se les tiene en el olvido, lamenta el ingeniero Báez Guerrero.


La forma más común de recordar la obra de los personajes que son parte de nuestra historia, es colocando una sencilla placa que recuerda el hogar donde nacieron. Muy pocos, como Alfonso Esparza Oteo, Saturnino Herrán (con una placa perdida en las alturas de una casa que no se parece a la suya), Eduardo J. Correa, Refugio Reyes Rivas y más recientemente José Guadalupe Posada, son honrados de esta forma.


Sin embargo son mayoría los que no alcanzaron este homenaje, de algunos no queda casa en pie, y van quedando en el olvido, como Jesús Contreras, Antonio Acevedo Escobedo, Antonio Arias Bernal, Francisco Díaz de León, Jesús Díaz de León y muchos otros.

Y los que no nacieron en esta ciudad, pero sí reconocieron una gran influencia en su formación, como Ramón López Velarde, Vicente y Mauricio Magdaleno, Manuel M. Ponce, Enrique y Gabriel Fernández Ledesma.

Alguna vez contaron con una placa José F. Elizondo en su morada de la calle de Rivero y Gutiérrez y, Ezequiel A. Chávez en la calle de Colón, esta última desapareció con todo y casa, para construir el Jardín de Los Palacios.


Y qué decir de los antiguos nombres de las calles, de esos evocativos nombres, la mayoría ya desaparecidos, impuestos por los mismos vecinos no a capricho ni al azar, sino advirtiendo lo que hay más notable, para indicar a propios y extraños la calle donde viven; de esta forma las calles tomaron los nombres de fábricas, Iglesias, hospitales, del tanque, etc. Y surgieron nombres como la calle Del Obrador, Del Estanque, San Juan de Dios, San Juan Nepomuceno, San Sebastián, San Diego, el Ojocaliente, de los Gallos, de la Cárcel y muchos otros que por años se conservaron, hasta que surgió la costumbre de bautizarlas con nombres de héroes, muchos de ellos efímeros.


Dentro de esta crónica de legado perdido, añade el ingeniero Báez Guerrero, merecen lugar aparte los talleres del Ferrocarril y el Barrio del Encino.

Ante la falta de sensibilidad de los funcionarios de la empresa ferrocarrilera, durante los años cincuenta y sesenta se perdió una serie de fincas muy valiosas, como el Hospital de la empresa, la casa del superintendente, la Casa Colorada y la Casa Redonda.

No conformes con esto, todavía por esos años se mostraban de acuerdo en el viejo sueño del gobernador Fuentes Dávila, en ampliar la calle Madero hasta los andenes de la Estación, demoliendo parte del muelle y las antiguas bodegas, porque según ellos ya no eran de utilidad.


Un legado más de ese pasado es la Colonia Ferronales, con sus casas de madera y techos a dos aguas, esa centenaria colonia tan olvidada por todos, que cuando la mencionamos pareciera que nos referimos a una ciudad muy distante, en la que las únicas obras que se han realizado, ha sido por cuenta de los propios vecinos.



Sin embargo forma parte de ese pasado tan nuestro como es el ferrocarrilero, que hoy trata de preservarse a través del proyecto Tres Centurias, no deja de llamar la atención que la Colonia Ferronales que tiene una historia muy estrecha con dicha empresa, no forme parte del proyecto y sí se esté considerando para instalar en sus inmediaciones, a pesar de la oposición de todos los vecinos, una planta de tratamiento de aguas residuales.

Y el Barrio del Encino con sus calles de altas murallas de concreto, en donde existe una extraña casa con paredes forradas de hule, al estilo de Güicho Domínguez, mejor ni mencionarlo.


La lista del legado perdido es muy larga, a esto habría que agregar la Pila del Obrador construida en 1862, que se encontraba entre las calles José María Chávez y Rayón; el Portal de la Cruz construido en 1801, ubicado en la esquina de las calles de Palmira y Colón; las dos fincas del Parián, la del Siglo XIX y la del XX; el Mercado Terán de fines del Siglo XIX, el vistoso piso color rojo del Palacio de Gobierno, las balaustradas de algunos Templos y una gran cantidad de fincas particulares.


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