A propósito del 443 aniversario de su fundación…


Aguascalientes y su transformación

 

PARTE XVIII

+ Hoy es una ciudad modernista que ha crecido de manera descomunal y la prueba más tangible son los miles de viviendas que se han levantado en los últimos años por todos los sectores, principalmente por el Oriente, dice Enrique de la Torre Paz


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Los aguascalentenses estamos de fiesta por el aniversario 443 de la ciudad y hoy podemos presumir que la transformación urbanística de Aguascalientes es asombrosa por lo que podemos afirmar que en pocos años la ciudad ha cambiado radicalmente.

Quien se va de ella por uno o dos años y regresa se muestra sorprendido, mientras que los visitantes patentizan también su asombro.

Casi cotidianamente se va dando ese cambio, que para la inmensa mayoría de los aguascalentenses pasa desapercibido.

Son pocos los que lo dimensionan cabalmente.

Este Aguascalientes ni remotamente es el del siglo XX, vamos, ni es igual al de la década de los 50's y ni siquiera al de los 80's, ha crecido de manera gigantesca hacia los cuatro puntos cardinales. Hoy Aguascalientes, a 443 años de su fundación, es una ciudad modernista que ha crecido de manera descomunal y la prueba más tangible son los miles de viviendas que se han levantado en los últimos años por todos los sectores, principalmente por el Oriente.

Quienes llegan por primera vez a esta ciudad quedan prendados de su belleza, mientras quienes aquí nacimos y hemos pasado toda nuestra existencia nos sentimos orgullosos de esta ciudad, de nuestro Estado.

Pero también es cierto que somos los que menos dimensionamos lo extraordinario, no sólo de su belleza, sino de su quietud y de su paz con todo y que la industrialización ha cobrado un auge que ya nos tiene como ejemplo a nivel nacional.

Aguascalientes es único y podemos asegurar que somos un árbol frondoso, un árbol con un tronco muy resistente, añejo, que se remite a generaciones pasadas que son las que sentaron las bases para esta ciudad del nuevo milenio, que luce ya como una gran urbe progresista.

Ese tronco lo fortalecemos todos sus habitantes, ese tronco lo regamos día con día con nuestro esfuerzo, nuestra entrega, nuestra aspiración para dejar una mejor vida, una mejor ciudad a nuestros hijos y nietos.


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Ese tronco que se llama Aguascalientes, en la celebración del 443 aniversario de su fundación, está más fuerte que nunca y en FUERZA AGUASCALIENTES, habremos de referirnos al cambio tan extraordinario que se ha logrado en menos de treinta años, cuando, según las autoridades de entonces, la ciudad tenía menos de 300 mil habitantes, los que hoy ya son ya más de un millón.

Pareciera ser, nos dice el licenciado Enrique de la Torre Paz, que los crecimientos poblacionales y urbanísticos, así como la industrialización en Aguascalientes, nos presenta aspectos cíclicos que no dejan de causarnos admiración.

Hoy todo es modernismo, pero qué bueno que FUERZA AGUASCALIENTES se preocupa por recordar cotidianamente un Aguascalientes que si bien ya se fue, todavía podemos rescatar de él pasajes que añoramos y que nos traen al presente esa identidad provinciana que tanto nos caracteriza.

Recordar, afirma, es vivir y aquí quisiera recordar algunas palabras del licenciado Eduardo Martín Jáuregui quien dijo: si estar cuerdo es tener lucidez, un recuerdo es doble lucidez y el recuerdo de un recuerdo triple lucidez y así en un juego infinito de espejos racionales, por lo tanto recordar es vivir. El Aguascalientes que vemos en las fotografías que adornan estas planas, se remontan a una ciudad bucólica y romántica en la que la mayoría de sus habitantes se conocían y aunque la crisis económica existía, se podía vivir mejor.

Enrique de la Torre dice que la zona centro de la ciudad, con su Plaza de Armas y sus alrededores era un sitio de permanente paso, de convivencia y de recreación.

Así como otros lugares distantes del centro que eran muy identificados, como la Comercial Mexicana que fue uno de los primeros grandes almacenes de la época, como la misma Central Camionera que era un orgullo y que vino a darle orden al transporte que anteriormente lo veíamos en la calle Cinco de Mayo o en la Juan de Montoro, además de que en la Plaza Principal estaba Omnibus de México, justo a un costado de la Catedral.

Era un lugar de gran identificación porque iba uno a llevar a un familiar o a algún amigo o simplemente a ver llegar a los pasajeros, en la parte de fuera había un gran puesto de tortas que era del gran gusto de la gente. De esta área se recuerda, cuando aún era área de circulación, la calle que está frente al Teatro Morelos, en la época de abril ponían allí la exhibición de Automex, el nombre de la Chrysler cuando los vehículos eran armados en México.


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Frente a la Catedral se instalaba un carro de ferrocarril que se traían rodando por toda la calle Madero, poniendo tramos de vías y ahí era el arranque de la exposición comercial de la Feria, justo en la calle Carrillo Puerto hoy Venustiano Carranza, allí empezaba la Verbena.

Toda la zona centro era de restaurantes por la influencia de los camiones, como "El Torito", "El San Francisco", a la vuelta estaba la nevería "Los Alpes", de gran tradición en la famosa época del rock and roll, pues allí ponían discos de Enrique Guzmán, César Costa, Los Hoolligans, etc.

Era muy frecuentada por estudiantes como también la nevería "El Salvador", en El Parián, igual El Excélsior.

El centro de la ciudad era el punto de reunión y convivencia, con boleros, con vendedores de dulces, golosinas y souvenirs. Los fotógrafos ambulantes y hasta el que se hizo famoso con su "caballito". Las visitas a los Palacios, de Gobierno y Municipal, eran obligadas, además de que las calles no estaban adoquinadas e inclusive frente a Catedral había doble circulación, incluso arriba del Hotel Imperial había un gran anuncio de "Ford, al frente" que indicaba que siguiendo por la avenida José María Chávez, de doble circulación, se llegaba a la agencia Ford que estaba a la salida de la ciudad.

En torno a la Plaza fue muy famoso el sitio de taxis, recordándose al señor Francisco Jáuregui, quien tenía varios. Los vehículos no circulaban generalmente sino que hacían sitio, por lo que sus choferes se la pasaban limpiándolos y estaban siempre impecables listos para atender las necesidades de la población.

Las fuentes de la Plaza Principal, agrega el licenciado De la Torre Paz, eran un gran atractivo para la gente y no se diga las audiciones de la Banda Municipal del maestro Fernando Soto, que se ponía también en El Parián y se convertían en el gran punto de reunión.

Los comerciales de las empresas como J.M. Romo y de las vinateras que daban prestigio a Aguascalientes sobresalían en la zona centro, que era el magno escenario para los desfiles y la Romería, así como para las grandes concentraciones políticas y sociales y no se diga los cómputos y la coronación de la reina de la Feria.

En poco más de 30 años, agrega, la zona centro y la misma ciudad han cambiado notoriamente, llega la modernidad y aquí lo bueno es que se está conjugando con la tradición, dándole el valor y el arreglo necesario a los edificios que perduran y que le dan ese toque tan especial a Aguascalientes, con algunas reminiscencias que pueden ser coloniales como el torreón que se encuentra en el Hotel Imperial, que fue el primer fuerte o presidio de la ciudad.

Al ver estas fotos, claro que es volver a vivir, agrega, porque nos hacen recordar lo bonito y extraordinario de un Aguascalientes no muy lejano, ese Aguascalientes que evocamos con nuestros familiares y amigos, porque también nos traen al presente a personajes que se han ido y que recordamos con cariño.

Aguascalientes, dice, tiene su corazón en la Plaza Principal y qué bonito sería que de nueva cuenta cada fin de semana hubiera audiciones de la Banda Sinfónica para que allí nos reuniéramos las familias para convivir y recordar a un Aguascalientes que si bien ya se fue, todavía podemos rescatar de él pasajes que añoramos y que nos pueden dar identidad provinciana.

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