Hay que ponerle fin a la enfermedad de la sociedad


Nadie es dueño del mañana

 

suicidio

Antes que deprimirse o de pensar en el suicidio, hay que comprender que la vida hay que vivirla intensamente al momento, día con día, porque nadie sabe si llegará al mañana, dice el doctor Héctor Grijalva Tamayo

Desde algunos años el flagelo del suicidio llegó a Aguascalientes y podríamos decir que lo hizo para quedarse, ya que los esfuerzos de las autoridades, tanto gubernamentales como del Sector Salud, así como de la misma Iglesia Católica, han sido inútiles y por lo tanto hoy figuramos entre los dos primeros lugares a nivel nacional en materia de suicidios, lo que nos ratifica qué, como dicen médicos y psicólogos, nuestra sociedad está enferma y que algo se tiene que hacer porque no podemos seguir cruzados de brazos viendo como casi todos los días alguien se está quitando la vida,

Hoy tenemos que entender que nadie tiene la vida asegurada pero que vivirla es lo más maravilloso que Dios nos ha regalado, de tal suerte que la gran lección de todo esto es que nadie es dueño del mañana y por lo tanto la vida hay que vivirla intensamente al momento, día con día, porque nadie sabe si llegará el mañana

La mayoría de los suicidios se dan por los promesas que se enfrenta por la terrible crisis económica, allí está el origen de todo, aunque las autoridades lo nieguen y nos sigan pintando ¨un mundo color de rosa en Aguascalientes¨, por lo tanto hay que trabajar muchísimo por lograr verdaderamente un mejor presente y también, una mejor salud mental, dice a FUERZA AGUASCALIENTES nuestro colaborador, el doctor Héctor Grijalva Tamayo, quien afirma que se requiere impulsar el autoestima de nuestro semejantes.

El también director de Salud Mental en Aguascalientes, dice que ante este gran problema urgen muchos psicólogos, pero quizás lo más importante está en la mente de las personas, de tal manera que si alguien te dijera, que te prepares porque estas por morir y hoy podría ser el último día de tu vida , ¿qué harías?, ¿lo creerías?, ¿te burlarías?, ¿te asustarías?, ¿te alegrarías?, ¿qué harías Muy probablemente lo primero que pensarías sería en tu familia, en tus hijos, en tu hogar, en tu madre, en tu barrio, en tu trabajo, en tu país o tal vez pienses en lo que pudo ser, pero por alguna excusa o explicación no lo fue, no sucedió.


grijalva

Recordarías cada rostro que por tu camino pasó, amigos de ratos, amantes de momentos, novias del pasado, familiares que ya no están y esos que siempre han estado allí, en cada día de tu vida, en cada año que ha pasado.

Esos amigos de época o temporada, amigos de vacaciones, de estudios, cuates del barrio, los que siempre te escriben un mensaje, te envían un correo, recordarías el vecino, a la comadre, al loco, al niño, al pobre, al rico, todos esos rostros, presentes en tan solo un instante terrestre de tu pensamiento.

También te culparías de las malas acciones que cometiste, de tu comportamiento inútil e imperfecto, del daño que en algún momento hiciste a tu prójimo, las mentiras grandes y chiquitas, (mentiras al fin y al cabo),te darías cuenta que no era necesario y no valía la pena caer en vanas tentaciones, sin embargo, agradecerías por las lecciones aprendidas a raíz de estas experiencias negativas, o te seguirías dando golpes de pecho, victimizando tus acciones, culpándote por el pasado, pasándola mal en el último día.

Te arrepentirías de lo que no hiciste y tuviste la oportunidad de hacer, del beso que no proporcionaste, del abrazo que no diste, de las palabras bonitas que nunca dijiste, de la sonrisa que no regalaste, del amor que no brindaste, la ofrenda que nunca obsequiaste, de la ayuda que nunca serviste, suponiendo que “la otra” sabe que la amas, sin habérselo dicho constantemente, sin haberlo demostrado con tus más graciosos gestos y tus más tiernas palabras, suponiendo que “Dios lo ayuda”, sin haber puesto un granito de tu energía para que esto fuera posible. Te preguntarías ¿Qué sentido tiene todo en la vida?, ¿dónde queda el tiempo y el esfuerzo que dediqué para llegar a la cima?, ¿para qué sigo en este camino, si ya no tengo salida?, ¿para qué seguir con esto y aquello si mi tiempo, mi turno y mi momento han llegado a su fin?

Te darías cuenta de los momentos que perdiste de disfrutar verdaderamente, porque estabas muy ocupado en lograr el título universitario, en ascender en un puesto de trabajo, en ganar la medalla, en tener el hogar perfecto, etc, etc, etc; dejando pasar la lluvia, dejando de disfrutar del amanecer y el ocaso, dejando de ver las estrellas, de jugar con tus hijos, de disfrutar del amor libre y espontáneo, de cultivar una verdadera amistad, de ser humilde, sincero, respetuoso y responsable, creyendo aún en la absurda teoría de la sobrevivencia del “más Fuerte”, dejando de ver pasar las imágenes que en las nubes se forman, como cuando éramos niños porque eso ya no es importante, y recordarías los mejores momentos de tu infancia y de tu juventud, aquellos instante donde el tiempo parecía eterno y simplemente disfrutabas de cada momento sin pensar en preocupaciones, en cuentas por pagar, en el trabajo, en la enfermedad, en el qué dirán, simplemente porque esas situaciones no existían.

Pensarías en lo absurdo que resulta todo en un momento de estos, tomarías conciencia de las mentiras y verías las verdades que han intentado esconder, pero que siempre han estado allí, en tu ser interno. Buscarías a Dios y le pedirías que te acompañara a donde quieras que vayas después de este día. Pensarías en el amor, respirarías profundo y disfrutarías de cada segundo antes del gran momento…

Quizás, si alguien te dijera que este será el último día de tu vida, solo reirás y dirás que está loco, que deje de estar fumando eso o que no vea tantas películas de ciencia-ficción, seguirás tu camino, sin querer pensar ni un segundo en tu futuro, en tu destino, seguirás dormido, sin imaginar siquiera lo que te espera al doblar en esa esquina...

Y ante todas estas reflexiones, advierte el doctor Grijalva Tamayo, comprenderás que nadie tiene la vida asegurada pero que vivirla es lo más maravilloso que Dios nos ha regalado, de tal suerte que la gran lección de todo esto es que nadie es dueño del mañana y por lo tanto la vida hay que vivirla intensamente al momento, día con día, porque nadie sabe si llegará el mañana. Por lo tanto hay que entender que el mundo está cambiando, el tiempo está cambiando, la vida es dinámica y todo vive en ti y ante ello de ti depende tu presente.

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