PARA QUE LO SEPA


Guadalupe y su encanto

 

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Desde su misma fundación Aguascalientes se ha distinguido por sus barrios.

Al igual que cualquier ciudad del mundo, sus gentes, sus barrios son los que le han dado identidad y han ido forjando la leyenda de un pasado que es muy rico en historia, de un pasado orgulloso que hoy en se recuerda con gusto y que incluso se añora.

Y se le recuerda porque es lo que nos ha dado identidad, nos ha dado lo que hoy somos como sociedad.

Un pasado que, de acuerdo a los historiadores, se finca en sus barrios de Triana, de La Salud, de La Estación, de Guadalupe, de San Marcos, a partir de los cuales nacería lo que hoy es Aguascalientes, una ciudad que sin abandonar sus tintes provincianos está inmersa en el mundo de la modernidad, el mundo del siglo.

Los historiadores y las mismas autoridades son las que se han encargado de mantener viva esa tradición de los barrios, los cuales se han transformado de acuerdo a la ‚poca que se vive. Y en esta ocasión en FUERZA AGUASCALIENTES, en charla con el maestro e ilustre historiador don Angel Hernández Arias, retomaremos el tema de la calle de Guadalupe que era por su clasicismo donde se encontraban concentrados los antiguos mesones de Aguascalientes. La calle ahí está pero ya no tiene la tierra ni los empedrados de ayer.

Ni tampoco a los arrieros de los cañones.

Han desaparecido los mesones de la Mulita, de la Providencia, de la Trinidad y el Nuevo Mundo, clásicos lugares que por sus características eran un hormiguero urbano en los días de mayor tránsito como eran los viernes y sábados.

Mauricio Magdaleno escritor e intelectual, hijo adoptivo de Aguascalientes, se refería siempre a la calle de Guadalupe como el sitio donde su padre vivió durante las épocas aciagas de la Revolución y en donde incluso atendía su tienda de abarrotes.

En este sentido, Magdaleno manifestó siempre con visible orgullo que `` era hijo de estas calles por donde pasó bramadora la Revolución'', la cual vivió y observó en sus tiempos de infancia.

La calle Guadalupe, cuenta Angel Hernández, era la pasada obligatoria de los arrieros de Zacatecas y Jalisco que traían piloncillo, maíz y frijol, lo mejor para el consumo de los aguascalentenses. En esa calle se daba la bifurcación de caminos de Calvillo, del Refugio, Juchipila, Jalpa y Tlaltenango, de Moyahua Y Yahualica. En ese lugar proliferaban las víboras de cuero, de donde surgían aquellos singulares cinturones que en la parte interior traían las monedas duras de la época de la Revolución.

Las víboras de multiplicaban, por lo que en las alforjas y en la cintura se tenía el dinero para realizar todas y cada una de las transacciones de esa romántica época.

Los fines de semana, concretamente el viernes por la noche, la calle Guadalupe era un hervidero de música y alegría.

La calle, agrega, se iniciaba en aquella histórica plazuela de las Tunas, que luego sería la Cancha Juárez, un espacio deportivo que existía a principios del siglo XX, que fue después una cancha de basquetbol, y hoy un mercado de alimentos en donde existen también diversos giros comerciales.

Sigue teniendo el mismo nombre, el Mercado Juárez.

Frente a la plazoleta se encontraba la antigua ``Chispa'', la tienda de abarrotes de don Mauricio Magdaleno, allí pernoctaban los arrieros y los ciudadanos de Aguascalientes quienes vestían calzón blanco y unos enormes sombreros..

Después esos mesones se convirtieron en los cuarteles de los revolucionarios, lo que nos indica que por ahí se dejó sentir la presencia del gran Centauro del Norte, Francisco Villa. Debemos destacar, nos cuenta don Angel Hernández Arias, que los sentenciados a muerte en la época de la Revolución pedían como último deseo, libar la última copa o escuchar la última canción al compás de la Murga.

La Murga era un grupo de tres miembros con utilizaban instrumentos de cuerda y que las hacían sollozar al compás de ``Jesusita de Chihuahua'', ``Alejandra'' o el corrido de ``Benito Canales'' y de allí, desde la Plazuela de las Tunas caminaban hasta frente al Templo de Guadalupe para torcer y tomar la calle de las Animas, ahora Valentín Gómez Farías, donde iban a dar al panteón de los Angeles en cuya plazoleta existían unos muros que se tatuaban a diario con las descargas de fusilería.

En ese lugar era el fin de los sentenciados a muerte.

Por esta calle Guadalupe, por su prolongación se iba a San Ignacio a ver al Colonche, que eran las fiestas del lugar.

Claro que existía el Río Morcinique, al que se conocía también como Pirules o San Pedro, era el río que tomaba diferentes nombres como el Curtidores. El mismo que se encontraba al final de la calle de Guadalupe y en donde surgió la famosa leyenda del ``Chan del Agua'', aquella mítica figura que era justificadora de las maternidades no deseadas del siglo XIX.

Barrio alfarero, era el de Guadalupe, que también fue artesanal y en donde don Aurelio Limón con sus manos dio forma a lo más variado de ese tipo de artesanía que era la preferida de la gente de Aguascalientes y de las zonas aledañas.

A un costado de su iglesia, agrega don Angel Hernández, se encuentra el Jardín Porfirio Díaz que fue inaugurado en 1881 y que antes había sido un espacio baldío pero con motivo de los homenajes que el anciano dictador recibía en todo el país, pues no había de otra que hacerlo y fue cuando Aguascalientes le impuso al Jardín su nombre y que a la fecha es conocido como el Jardín de Guadalupe.

Por esa zona, paralela a Guadalupe se tiene la calle Félix Díaz, mejor conocida como F. Díaz en honor precisamente al hermano del hombre que soñara con gobernar durante toda su vida a México.

El kiosko del Jardín no existía en el siglo XIX, sino que apareció hasta el XX, aunque habrá que decir que ha sufrido varias transformaciones, incluso en algún momento determinado fue hasta desaparecido.

Angel Hernández Arias dice que cuando se habla de la Plazuela de las Tunas no podemos dejar a un lado que por allí transitaban los tranvías de mulitas y más adelantado el siglo XX los tranvías eléctricos, cuando la luz llegaba alumbrando las vías.

Como no recordar, que salían de la Plaza, iban por la calle del Chorro o Salto del Agua que es ahora la calle Victoria, posteriormente daban vuelta por las Animas y llegaban hasta el Jardín de Cholula donde se iba al panteón de los Angeles y el barrio de la Gran Fundición Mexicana. El barrio de los Guadalupe tiene su iglesia singular y conserva aún muchos de los aspectos de un barrio antiguo, que tuvo su panteón a un costado. Hoy también aún quedan los vestigios de los antiguos mesones que guardaban el tránsito de los sentenciados a muerte, las arriadas.

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