REPORTAJE El Aguascalientes de los recuerdos


El ayer de la Feria

 

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+ Aguascalientes y su Feria Nacional están de fiesta y hoy en el día grande, con voz estruendosa gritamos, al igual que ayer, ¡Viva Aguascalientes, que su Feria es un primor..!.

La Feria de San Marcos en su edición 2018 está celebrado 190 años de que se realiza ininterrumpidamente y hoy 25 de abril es cuando tiene su día grande, fecha que es esperada con enorme interés tanto por los aguascalentenses como por sus visitantes –que tienen ocupada al cien por ciento la capacidad hotelera-, de tal manera que es el día esperado en el que como antes, hay que sacar el mejor vestuario para hacerse presente en el perímetro ferial y temprano en la calle Madero y en las diferentes calles que servirán de escenario para el Desfile de Primavera.

De esta manera los aguascalentenses nos sentimos orgullosos de vivir una vez más una de las fiestas más hermosas, pues hoy como ayer nos recuerda la historia que nunca fue mejor el pasado, pues el presente siempre es de superación y esto porque la vida de las personas y sus instituciones sociales han permitido que prevalezcan y continúen la tradiciones de un pueblo.

El maestro e investigador de la UAA, don Víctor Moreno Ramos, a propósito de esta fecha tan especial de la gran verbena, dialogó con FUERZA AGUASCALIENTES para describirnos algunos aspectos de lo que fue el ayer de nuestra Feria y que hoy se proyecta hacia el mundo con alegría y muchos afanes.

De entrada nos dice que las manos indígenas que levantaron la capilla de San Marcos, fueron las mismas que dieron al párroco, don Tomás Ruiz, su tributo el fruto de la tierra para el mayor lucimiento del festejo y para persignarse al iniciar el trueque de mercancías. De ese intercambio de mercancías se dice que nació el nombre de ferias.

Esta Feria se efectuaba a fines del año o sea en el mes de noviembre en el antiguo Parián, cuando los agricultores de la región habían recogido sus cosechas. Pero con el propósito de fundir la fiesta profana con la religiosa, cambiaron esta Feria para el mes de abril. El pueblo comenzó a crecer alrededor de la capilla, que fue un gran auxilio para los indios, tanto en lo espiritual, como en lo material, porque además del culto religioso, había servicio de enfermería y se impartían técnicas para la fruticultura. Durante muchos años funcionó la capilla con su estructura original, pero al resultar insuficiente para dar servicio a la población y siendo cura párroco el Doctor Manuel Colón de Larreátegui (1773-1858) nuestros indígenas construyeron el actual Templo de San Marcos.

La Feria se remonta a los albores del siglo XVII y, como casi todos los festejos, tuvo origen religioso; no tardó la festividad en adquirir carácter profano, aspectos que perduran aunque muchos aseguran que a la fecha el santo ya está olvidado. Se afirma que en el año de 1604 indígenas evangelizados y aculturados por frailes franciscanos colocaron dos maderos en forma de cruz y bajo la advocación de San Marcos fundan nueva congregación, a escasa distancia de la Villa de la Asunción de las Aguas Calientes. Surgió San Marcos con el propósito de pacificar a los aguerridos chichimecas, llamados por los primitivos castellanos "chupadores de sangre", en una premonición que en nuestra época a veces afecta al turista.


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El maestro Moreno Ramos dice a FUERZA AGUASCALIENTES que la tradición oral recuerda aún el acontecimiento, pues gente sencilla, para anunciar el propósito de acudir a la Feria expresa: "Vamos al pueblo", como forzosamente tenían que decir nuestros ancestros.

LA FERIA Y SUS AÑORANZAS

Al fondo de una calle señorial -la de la Merced- recorta el famoso parque su masa verde. El barrio que lo circunda es bonito, aunque tristón. Se han abierto, en las esquinas, unas entradas, rompiendo la vieja fábrica de piedra de su balaustrada. En una fuente -nueva, también- se lee el nombre de Saturnino Herrán, preclaro hijo de Aguascalientes.

Esta es la balaustrada que otrora fuera barrera infranqueable a mi paso y yo vadeaba metiéndome entre sus columnas. Una balaustrada que me da al pecho. El laberíntico bosque se reduce a unos prados -tan desaliñados como toda la ciudadó entre los que corren unos hilitos de agua. Unos hilitos de agua que en mi recuerdo eran ríos. Ríos en los que eché muchos barcos de papel.

Esto es el Jardín San Marcos y su tradicional Feria, enfrente, la iglesia. Más allá, un barrio de huertas. En San Marcos hay cientos de miles de violetas y de flores de azahar. Por los andadores, de arena, apenas circulan unas niñeras de blanco delantal, que llevan en cochecitos de mimbre a bebés de seis meses. Y, tras un soto de floripondios, dos enamorados se besuquean y juran, entre besuqueo y besuqueo, que su amor es el más grande amor del mundo... La soledad, de tan perfecta, cobra dimensiones casi mensurables. Un gorjeo de jilguero. Y un soplo de viento entre los árboles. Y un alucinante juego de luces y sombras, en la arena del andador, conforme el soplo del viento abre y cierra el resplandor del sol tras las frondosidades.

EL 25 DE ABRIL: ¡VIVA AGUASCALIENTES!

Aquí se celebra, año por año, la única Feria de categoría que queda en la República, El día de San Marcos es el 25 de abril, pero días antes, ya esto hierve de muchedumbre, y diez después, aún no acaba de divertirse la muchedumbre.

Cosa extraordinaria: no solamente no ha venido a menos, sino que hoy asume mayúsculos esplendores. Verdad que es algo de lo muy poco que queda en el país y que los aguascalentenses han tenido buen cuidado, inteligentemente, de conservar y prestigiar, a la fecha, siguen viniendo a la Feria los viajeros de la capital, de los Estados vecinos y de tierras tan lejanas, aquí se juegan los mejores gallos de la República, torean los mejores toreros nacionales y españoles, se congregan las más sonadas celebridades del cine y se dan cita las más rumbosos huapangueros de San Luis Potosí y Tamaulipas.

LOS GALLOS

¡Los gallos y las guitarras! Allí donde México celebra una fiesta, la pasión va a parar a estos dos reclamos de la tierra. (En las rojas frazadas de Irapuato y en los pañuelos de seda de Torreón, se amontonan, frecuentemente, diez mil, veinte mil pesos de la apuesta, en tanto vocifera el gritón el santo y la seña de la tapada. Las fortunas van y vienen en el filo de la navaja del ave enfurecido. ¡El grito! ¡El colorado! ¡Libren los gallos! ¡Llámenla, corredores! ¡Cierren la puerta!. Ya el giro no se levantará. En vano el amarrador trata de insuflarle un último ímpetu echándole el vaho en la espalda. ¡Ganó el colorado! ¡Se hizo la grande! ¡Abran la puerta!). las ferias son los gallos. Cuentan que decía, en frase categórica, a propósito de una disposición que prohibía las tapadas: "Feria sin gallos es como hembra sin tetas". Las "tapadas de gallos" eran otras de las diversiones apasionantes a las que asistían aficionados de las capitales cercanas y aun de la metrópoli.


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OLE, VA POR TI NIÑA HERMOSA

Otro de los atractivos fueron y siguen siendo las corridas de toros en, para las que se contrataban los mejores espadas, los boletos de última hora eran pagados a precio de oro y la plaza rebosaba de alborotada concurrencia. A las cuatro en punto se presentaban las reinas, que con singular apostura y gentileza llevaban airosa mantilla española o mantón de Manila, y repartían saludos y sonrisas al público entre nutridos aplausos.

En la soleada tarde de abril, en que el sol cabrillea sobre la arena dorando cuanto ilumina, vibra la mexicanísima diana, y el frenesí culmina al aparecer la cuadrilla que parte plaza y ejecuta el paseo magistralmente. ¡Qué gallardos los toreros con sus ternos de luces!, uno rosa y oro, otro canela y plata, aquél verde y grana... ¡qué espectáculo deslumbrador!... ¡qué contagioso entusiasmo!... La música lanza al aire los torerísimos paso-doble; de pronto suena el clarín marcando la salida del primero de la tarde, y por un instante el público electrizado guarda silencio completo; pero no tardan los inquietos espectadores en revolverse en sus asientos, gritar, desgañitarse, aplaudir hasta desollarse las palmas y casi bramar de placer y excitación al vitorear un lance, o por el contrario estallar en nutrida rechifla, desaprobando un trasteo... y así continúo la fiesta brava llena de colorido.

COMIDA, MUSICA Y ALGO MAS...PERO SIN COMPROMETERSE

Luego el maestro Moreno Ramos afirma que hay baile para el que quiera bailar y, afuera de la balaustrada, unas enchiladas y un pozole que en sus mejores días le hicieron igual en San Juan de Dios de Guadalajara, ¡cuando San Juan de Dios era San Juan de Dios! Los puestos están adornados con los colores nacionales. Los mejores antojos -me aseguran los aguascalentenses- son los de los jotos de Guadalajara. Sobre cada puesto, se lee un nombre: Greta, Irma, María Luisa, Josefina. Los jotos, con los labios pintarrajeados y los ojos repletos de rímel, pregonan las excelencias de su cocina, entre contoneos que mi tío califica brutalmente de "cochinadas".

Bueno, lo mismo opinan los bragados de Los Altos y los rancheros de los Cañones. Yo no tengo empacho en sentarme en una de estas mesas -la del puesto más adornado, el de Irma- y devorar mis enchiladas a la luz de un quinqué. "¿A poco cree usté, como todos ésos, que porque somos así no tenemos corazón? ¡El mío es así de grandote y una de esas canciones que cantan los mariachis, la compuse yo!". Las enchiladas son espléndidas. Una genial obra de arte. Lo demás, esmuido que se pierde en el color de la fiesta.

En el Jardín de San Marcos relumbra como una alhaja. Hay luces entre los árboles, entre las flores, entre las fuentes. Pasean los muchachos y las muchachas, después de tres horas de bailar. Las mamás, muy emperifolladas, beben refrescos de agua de chía y de cebada. De repente, se oyen unos balazos, en el Tívoli. Allá, balaustrada afuera, corretean unos policías, pero nadie se sobresalta. Jugadores, seguramente, que el calor del alcohol ha hecho explotar. Luego, la banda ahoga todos los ruidos. Un vibrante, nostálgico vals

FIESTAS Y JOLGORIO EN LA FERIA

La Feria de San Marcos y sus fiestas eran verdaderamente típicas y pintorescas. Tenían, por supuesto, su parte religiosa, ya que estaban dedicadas a San Marcos, el santo evangelista que en el templo de su nombre se venera, el cual está situado frente al famoso jardín llamado también de San Marcos, bellísimo vergel donde lucían las plantas y flores más exquisitas. Principalmente los festejos a las siete, con las clásicas Mañanitas, e iban las muchachas más distinguidas de la sociedad, ataviadas con frescos y vaporosos trajes de linón, gasa o telas transparentes, portando con garbo el clásico rebozo, y en grupos bullangueros paseaban escuchando la música de moda, dulce y romántica: valses, danzas y canciones que hacían sus delicias.


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LUCES DE COLORES POR LA NOCHE

Ya entrada la mañana regresaban a sus hogares dejando tras de sí una estela de alegría y juventud. Por las tardes otra vez el paseo en el jardín que al anochecer se llenaba de gente que acudía a divertirse y quemar las obras maestras de la pirotecnia, instaladas frente al templo. Los cohetes estallaban ruidosos en magia de la luz y prorrumpían en estruendosos aplausos. Abundaban las vendimias de refrescos, dulces, fruta de horno, sabrosísimas cocadas y pastelillos de olla, que eran de hojaldre en forma de cómo hueco, revolcados en azúcar y relleno de picadillo o crema.

REJUEGO A LA VIDA

Las muchachas daban vueltas en un sentido y los jóvenes en el contrario; así los novios tenían oportunidad de verse dos veces en cada vuelta, pero aquello resultaba emocionante, pues como no se usaba que salieran juntos, ni se viesen diariamente, las miraditas eran otra forma de demostrarse su cariño. A veces se atrevían ellos a deslizar en la mano de la amada una flor, que luego aparecía prendida en el hombro, o una cartita, que ella escondía avaramente hasta que podía leerla en el retiro de la alcoba. Por las noches la familias de la sociedad, elegantemente ataviadas, acudían a conversar y oír música a la tertulia que durante la semana del 25, Día de San Marcos, se celebraba en El Tívoli.

AQUI SE APUESTA TAMBIEN LA VIDA

En los espaciosos salones interiores del famoso Tívoli, donde se ponía la "partida", así como los juegos de ruleta, etcétera, se renovaba la concurrencia a cada instante. Elegantes damas y caballeros iban a probar suerte, en medio de risas y bromas perdían o ganaban algunas monedas y se alejaban comentando alegremente. Había también jugadores empedernidos, que hacían viajes especiales para dedicarse a su pasión favorita, y ésos, ceñudos y callados, jugaban y jugaban hasta el amanecer.

Los vendedores ambulantes hacen su agosto, ofreciendo dulces típicos: bocadillos, charamuscas, muéganos, nueces garapiñadas, alfajores, cocadas y sobre todo las "aguas minerales", pues brillan las frentes con el sudor causado por el calor y la emoción, pero sacando fuerzas del entusiasmo prosigue el jaleo.

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