CUENTO DE NAVIDAD Un sitio de fe, esperanza y vida, nunca de muerte


¨La Casa de Descanso Maty

 

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¨+ Nuestros más de 65 abuelitos están allí porque quieren vivir y todo el personal que atiende a la Casa está para ayudarlos, para que recuperen la dignidad que han perdido porque muchos de ellos vivían en condiciones infrahumanas, dice don Carlos García Villanueva

Nuestros más de 65 internos están allí porque quieren vivir y todo el personal que atiende a la Casa Maty está para ayudarlos, para que recuperen la dignidad que han perdido porque muchos de ellos vivían en condiciones infrahumanas

Muchos piensan que el dinero o el poder es lo máximo, sin embargo yo pienso todo lo contrario, mi familia y mi salud son lo máximo, afirma don Carlos García Villanueva quien dice que la Navidad siempre le ha permitido ratificar que la vida es maravillosa, con todo y sus problemas, y yo creo que me ha dado grandísimas lecciones que me han permitido forjarme como un hombre que se siente feliz y bendecido por Dios.

He conocido, nos dice, la necesidad y la pobreza y si bien vengo de una familia muy trabajadora y creo que haber vivido eso me ha permitido ser más reflexivo, de tal suerte que me ha tocado ver muchos cuadros de sufrimiento, dolor e impotencia que de verdad me han partido el corazón y entonces quisiera tener todo el dinero del mundo para ayudar mucho más nuestra gente.

Y decimos que más porque don Carlos mantiene vivo uno de los grandes sueños de su señora madre, doña Carolina Villanueva de García, quien en 1980 dio vida a su asilo de ancianitos, la Casa de Descanso que se ubica en Villa Juárez y que lleva el nombre de ¨Matilde Roubroy de Villanueva¨.

Y aquí también pienso lo mal en que muchos estamos en que renegamos de cosas tan triviales como que se me hizo tarde para llegar al trabajo o porque no tenemos para comprarte los tenis de marca a los hijos o para irte a la playa, cuando eso no es nada ante tanta pobreza, desesperación y necesidad que se aprecia en las colonias y en las comunidades, en donde hemos ayudado a muchas familias, además de mantener la Casa de Descanso.

Luego don Carlos dice a FUERZA AGUASCALIENTES que en esta temporada de Navidad quienes tenemos la dicha de tener salud, hay que sentirnos bendecidos y darle gracias a Dios porque la tenemos.

Hay que pensar en lo que darían las personas que no pueden caminar, que no pueden ver o simplemente no tienen ni para comer y ante esto es cuando yo valoro más la vida.

Y al referirse al asilo, asegura que no, de ninguna manera es un sitio para esperar a la muerte.

No, es todo lo contrario, es un sitio de vida, de alegría, de compañerismo y sobre todo, de esperanza y de amor, de mucho amor.

Mientras disfrutamos de un suculento desayuno en Tocks, don Carlos García Villanueva, el hombre que es el que sigue dándole vida a la Casa Maty, cuyo nombres es ``Matilde Roubroy de Villanueva'', dice a FUERZA AGUASCALIENTES, que ese lugar, que fundó su amada madre doña Carolina Villanueva de García, es una verdadera bendición de Dios.

Todos vamos a morir algún día, dice, pero ese no es el motivo para abandonar a los ancianitos y por ello afirmo que de ninguna manera es un sitio para esperar la muerte, ni tampoco uno donde se arrumba a las personas a las que no se quiere.


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Nuestros más de 65 internos están allí porque quieren vivir y todo el personal que atiende a la Casa Maty está para ayudarlos, para que recuperen la dignidad que han perdido porque muchos de ellos vivían en condiciones infrahumanas.

Nuestro principal objetivo, dice, es que se sientan en su casa y los hacemos sentirse útiles y que no son un estorbo para nadie.

Muchos de ellos se han sentido relegados por sus familias, creen que ya no le importan a nadie y si no los corren ellos mismos prefieren recluirse voluntariamente a la Casa de Descanso.

Don Carlos nos cuenta que el asilo fue una idea que cristalizó la bondad de su señora madre, doña Carolina Villanueva de García.

Oficialmente es la Casa ``Matilde Roubroy de Villanueva'', una finca hermosa y acogedora enclavada en Villa Juárez, con huertas, jardines, enorme comedor, salas de estancia, capilla, dormitorios y un ambiente de paz increíble que no es más que el reflejo del enorme y bondadoso corazón de una mujer, doña Carolina, que callada y desinteresadamente creó ese lugar en el que se respira una gran paz y se palpa que hay amor.

Ella fue quien la ideó y la mandó construir, inaugurándola en 1980 y desde entonces, hasta su muerte en el 2002, se convirtió no solo en la benefactora sino en la madre amorosa de cientos de ancianitos que allí han visto transcurrir sus últimos días y yo soy quien se ha encargado de mantener viva esta gran esperanza de vida para los abuelitos, agrega don Carlos, quien dice que allí han conocido lo que es el amor fraternal y se han encontrado con el Todopoderoso.

El anciano, admite, lamentablemente es marginado por la sociedad, por lo que en esa Casa de Descanso tratamos de ayudarlos a liberarse de ese pensamiento.

A la familia nunca la vamos a sustituir, eso jamás, pero sí tratamos que se sientan en el ambiente de que no le estorban a nadie y que aún son útiles.

Esta institución dice don Carlos, es también una llamada de atención para la sociedad.

Su existencia debe hacerle pensar que como seres humanos tenemos que aprender a amar, porque eso es precisamente lo que falta al mundo materialista de hoy.

Falta, asegura, el verdadero amor a Dios y a sus semejantes empezando con los padres, si se tuviera ese amor no sería necesario un Asilo sino solo en condición de pérdida de familia o una situación de extrema pobreza.

Los que se desprenden de los ancianitos no es por necesidad porque sí podrían mantenerlos, solo que si no hay amor hay egoísmo, por lo que creo que en nuestro corazón debería haber amor filial, paternal, maternal, pero en los hijos por diferentes razones, porque no se les dio una verdadera educación los dejan allí, muchos padres que nunca quisieron ser padres y no tienen familia y allí quedaron solos.

Están pagando la consecuencia de una mala educación cristiana.

En la Casa Maty se vive y se respira ese ambiente de paz y serenidad que tan urgentemente está necesitando la sociedad, advierte don Carlos García Villanueva quien dice que allí los ancianitos encuentran esencialmente amor, al buen Dios y se olvidan de resentimientos.

Muchos de ellos en la situación en que se encuentran tienen mucho resentimiento ante la familia y la sociedad que los han relegado.


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Sin embargo en esta Casa de Descanso hemos rescatado a muchos que habían estado días completamente sin alimentación, abandonados entre la basura y nosotros les hemos ayudado.

Aquí se encuentran con Dios, con ellos mismos, asegura don Carlos quien señala que ya es tiempo de que el anciano siga siendo relegado y casi hasta satanizado por la sociedad.

Es lo que no debería ocurrir.

La sociedad es muy cruel y tiene que cambiar.

En este asilo que fundó mi señora madre, agrega, tratamos de que escuchen noticias y que estén al corriente de lo que pasa en el mundo y en todo momento les hacemos saber que son un ser valioso para nosotros.

Es entonces cuando don Carlos reitera que no vienen a esperar la muerte sino a volver a vivir y es por eso que nosotros pedimos a la gente que les ayude a vivir y que los visite ya que con el pretexto de que estamos lejos de la ciudad no casi nadie acude a convivir con ellos.

Luego nos cuenta cómo transcurre la vida en ese lugar de paz, cómo los ancianitos disfrutan de la televisión, de las cartas, de la lectura, de la música y de su cotidiano encuentro con Dios, con el que dialogan y al que saludan en la misa y en el rosario.

Los que pueden, agrega, trabajan en lo que quieren, incluso hasta barriendo y sembrando y todos son verdaderamente extraordinarios, son seres ávidos de amor, de risas y de vida.

Don Carlos cuenta a FUERZA AGUASCALIENT5ES que las monjitas que cuidan a los ancianitos pertenecen a la comunidad de San Vicente de Paula de origen francés con muchos años en México, además de un buen grupo de empleados, médicos, enfermeras, y personal para trabajo social

La vocación de todos es la de ayudar al que lo necesita, desde cuna, guarderías, colegios, personas adultas, ancianos, enfermos.

Las monjitas están consagradas a servir, se olvidan hasta de ellas mismas y se entregan a los demás en lo que dicen es una llamada de Dios y por lo tanto tienen que responder.

LA SOCIEDAD

Advierte que la sociedad ha perdido la noción de Dios, de ahí que el cristiano no está viviendo como tal pues la mayoría se está dejando invadir por el egoísmo y tan es así que no se están aceptando las parejas, no se están queriendo de verdad, porque son muy egoístas y primero están cada uno de ellos y después el otro.

En tanto persista el egoísmo existe el riesgo de que los hijos no escuchen el llamado de Dios.

Por lo mismo, agrega don Carlos, la Casa de Descanso ``Matilde Roubroy de Villanueva'', es una lección de amor, de fe, de humildad y de tratar de imitar al Señor.

¿Qué hizo el Señor?

Se olvidó de sí para dar a los demás, no solo entregó la vida para nosotros sino que dio la vida por todos los demás.

Si la sociedad infundiera realmente el amor a sus semejantes y el amor a Cristo, todo cambiaría, no habría asilos, no habría niños de la calle que son una afrenta para la sociedad.

Nadie entiende porque hay niños de la calle, porque si los hijos sólo se abandonan porque no les sirven, entonces se ha perdido el espíritu de dar la vida por los hijos.

UN RINCON


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La voz de don Carlos no tiembla cuando dice a FUERZA AGUASCALIENTES: estamos dejando en un rincón toda la sabiduría de los viejos y luego refiere que de manera increíble la gente más pobre es la que muestra más amor y cariño por sus viejos.

Nos quedamos sorprendidos de que mucha gente no se deshaga de sus familiares a pesar de ser pobres, porque los quieren mucho, lo que no sucede con otras personas y en lugar de querer y aprovechar al anciano de manera natural, es marginado, se le deja en un asilo, se le hace creer que ya no es útil.

Lamentablemente la sociedad tiene tal orgullo que cree que el anciano es solo un estorbo y lo abandona desperdiciando su experiencia y lo mucho que han aprendido aún de sus propios errores, si aprendiéramos a escucharlos estos errores no se repetirían, advierte.

Reitera que si bien están atendiendo a poco más de 65 personas, cientos de casos están pendientes por lo que es seguro que con la ayuda de Dios y de la gente buena que lo respaldan, este número se incrementará en el curso del año que está por iniciar.

Finalmente dice que esa Casa de Descanso ``Matilde Roubroy de Villanueva'', así como es una llamada de atención para una sociedad modernista e injusta, también es un gran ejemplo de amor.

Ojalá, agrega, que los padres inculquen a sus hijos el amor por ellos, porque siempre mantendrán viva la semilla del amor y cuando lleguen a la vejez no tengan que pasar sus días en una Casa de Descanso.

Es muy bonita y para mí no es un asilo, sino una casa de vida, aunque tengo que afirmar, dice don Carlos García Villanueva, que siempre será más hermoso tener a nuestros viejos en casa.

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