ARRASTRE LENTO


LA “IDEA MADRE” DEL ELOGIO A LOS TOREROS –Y MÁS A LOS NOVILLEROS PRINCIPIANTES- DEBE TENER ENLACES “LÓGICOS” CON LA REALIDAD Y LA ESPERANZA

 

ARRASTRE LENTO

Por José Caro

Ya se había sugerido la conveniencia de la moderación, recomendación que, por ignorada, y habiendo tomando la fuerza del cohete en ascenso, vuelve a trazar su vuelo con perfiles de escándalo. Y es que la “plaga encendida” de la “manía” –euforia exagerada- de elogiar a los novilleros principiantes parece perder las proporciones que, en comparación a los argumentos que manifiestan quienes hacen gala de una percepción equilibrada, por su desmedida generosidad poco contribuyen a la justa regulación de los premios y valores taurinos.

Ayer triunfó otro prospecto nativo de Aguascalientes en la plaza México <¡fantástico por él>,factor que, sumado a los que se multiplican por la inercia de los acontecimientos, pone de relieve la preferencia que, en materia de toros, la naturaleza le tiene a la tierra que -¡vaya escándalo!- sin saber cómo, no tardará en colapsarse por la gravísima carencia de agua potable, vital líquido que ya tiene a miles de hectáreas con resequedad en su páramos.

¿Por qué la necesidad –en los aficionados- de abusar del adjetivo generoso cuando en la mesura se encuentra la medida exacta del mérito? Me queda claro que a los noveles, por necesidad de su misma condición de principiantes, les espera un largo proceso de formación y “pulimento”: ante ellos –principiantes y noveles, y aún ante los discretamente “avanzados”- está el camino en el que se hacen las correcciones y ajustes en las interpretaciones y explicaciones. La madurez torera nunca ha llegado ni antes ni después,.. siempre ha ocurrido en el tiempo exacto,…

Lo curios del caso es que hay aficionados de buena fe que sin quererlo “matan al cochino” con el veneno de su sus desmedidos elogios, y otros que, muerta la res, “preparan las carnitas”,… y al final quien se las come es el aficionado que, crédulo y creyente, “cree” tener ante sus ojos al dios del toreo hecho hombre.

Lo cierto es que, luego de escuchar los empalagoso elogios vertidos en honor de un buen prospecto –Miguel Aguilar- detuve el convoy de las curiosidades en plena vía pública para conversar con don Facundo Díaz –cariñosamente don “Fecun” por aquello de que en su matrimonio fueron muchos sus hijos los que comieron en la misma mesa- y quien, entusiasmado con el corte de apéndices del jovencísimo ”paisano” en la México, pone en el tapete de la tertulia elementos que nada tienen que ver con la formación, pulimento y desarrollo de los toreros toda vez que hay virtudes que no tienen medida objetiva como para “ponerle y quitarle”.

Y es que, según don “Fecun”, hay supuestos que, como la simpatía, el carisma, el valor, la audacia, la temeridad, la gracias, la clase, la finura, o bien la vulgaridad prosaica de toscos modales, son componente que existen a pesar de que no se puedan asir ni pulsar en su consistencia y condición misma, pero que, para bien o para mal, son contribuyentes “ordinarios” en la colocación y aceptación de los toreros que, -ha habido casos así- tendiendo todas –o por lo menos “muchas”- cualidades técnicas bajo control, los extras de carácter –personalidad- secundario son finalmente los que intervienen en la colocación en el gusto de los aficionados de los toreros.

Por ello don “Fecun insiste en la “moderación” aplicada del adjetivo “laudatorio” dirigido a los toreros que empiezan. El “equilibrio” suele evitar muchos descalabros,…. ¡No hay que quitarle ni ponerle,…..!

Y vaya que tiene razón don “Fecun” pues a la verdad del toreo la belleza del elogio no la hace más o menos verdad,… ni la bondad en la alabanza desecha a los que a ella se opongan.

#deportes

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