ARRASTRE LENTO


EL CUERPO DE MANOLETE MURIÓ, PERO SU NOMBRE LE SOBREVIVE PESE A LA LOSA DEL TIEMPO GRABADA CON MOTIVOS ANGELICALES QUE LO CUBRE

 

JOSE CARO

Por José Caro

Ni “Manolete” fe un tonto –pese a que el error técnico fue de él—, ni “Islero fue asesino. ¿Hasta cuándo dejará la imaginación de llamarles así?

“Manolete” –don Manuel Rodríguez- convertido en un referente perpetuo del toreo, inmortalizado –por derecho propio- como mito y leyenda, es, sin oposición de los <literatos>, naturales opositores que sin oposición nacieron para oponerse, el torero con más vena literaria de la época moderna. Cuánto se ha escrito sobre el ilustre personaje cuyo nombre –y apodo- por insistentes hacen surcos en los campos de la imaginación. Y por mucho tiempo más se seguirán llenando renglones y párrafos en alabanzas al cordobés que bien puede dividir la Historia en un antes y un después de su conmovedora presencia.

Entre paréntesis permítaseme anotar mi adscripción al listado de aficionados que reprochan que los toreros, siendo una “calca” unos de otros, y aún siendo meritísimos devotos y aventureros del arte –casi religión- del riesgo-belleza, sean tan sumisos a la noción moderna de la belleza –forma mas no fondo- ignorando el portentoso atributo de la personalidad que, por diferenciada, opone serios obstáculos a la imitación.

Por eso don Manuel sigue siendo grande en sus tamaños, pero absolutamente inalcanzable en la dimensión de su actitud –mística- y “solemnísima” personalidad.

Y una vez más- ¡dale que dale!- se vuelve a recurrir a su tragedia con aires de novedad para venerarlo en el nicho en el que reposa después de su santificación. Lo cierto es que la tragedia ocurrida en Linares –agosto de 1947-, recordada con alardes de reiteración doliente, predispone a los medios a poner el suceso, y al personaje, en el aparador de los acontecimientos más recordados de la Historia del toreo.

“Manolete“ vive en el lenguaje de los ecos, e “Islero”, afamado autor de la dramática escena en la que horada las frágiles carnes del mártir de la honradez, dejó abierto el sepulcro eterno de su matador en la memoria de los tiempos, y siendo a la vez víctima y victimario mató muriendo, tal y como don Laureano -“Manolete”-, y con mueca de venganza se dejó mirar en el destazadero para que el clamo r popular lo sentenciara al desprecio, mas no al olvido. Y le llaman “asesino”.

“Manolete”, una vez que se fue arrebatado, nunca podrá permanecer aprisionado en una estrecha fosa toda vez que, por la dimensión de su grandeza, resulta imposible limitarle los espacios. A ello se debe que el “monstruo cordobés”, habiendo fallecido en agosto del fatídico año de 1947, bulla todavía entre la especie humana vagando entre loas y honores en una imagen eterna de gloria. Qué lazo de más estrecha intimidad con los hombres ¡sus adoradores!

¿Por qué llamarle “asesino” a “Islero”? Lo que se entiende es que en la conmoción del tormentoso trance la poesía y el romance apresurados por los sentimientos desgarrados, confundieron los términos, y con la imprecisión del arrebato mal llamaron “asesina” a la res criada en la dehesa de Miura, ganadería cuya fama no declina su interés de ser sólo para temerarios.

¿Es entonces un error llamarle “asesino”? Lo es toda vez que, según se especifica en los tratados enciclopédicos, los “asesinos” maduran y calculan con asombrosa precisión, amén de su pérdida frialdad, sus despreciables actos criminales. No así el multi-nombrado “Islero” pues este no contó con la posibilidad de experimentar, como los “asesinos”, gozo alguno en la consumación de sus procedimientos letales, ni se deleitó en la fascinación de su respuesta instintiva, No hubo por tanto motivo alguno para juzgar a “Islero” como un vil asesino que merece todos los desprecios humanos.

“Manolete” e “Islero” son producto de esas raras conjunciones que el destino tiene preparadas para completar los argumentos de la leyenda. “Manolete” e “Islero <morir matando> forman parte de la consecuencia de un juego en el que, como en éste caso , al no haber ni vencedor ni vencido, se lamenta el trance de matar o morir, PERO SE MAL ENTIENDEN LAS INTENCIONES. Ni uno lo fue, ni el otro lo merece; ambos murieron y mataron para perpetuar la conformación estructurada –cruel destino- de las leyendas vivientes a perpetuidad,…..

#deportes

0 visualizaciones0 comentarios