Un doctor, un hombre, un personaje de su tiempo


Rodolfo González Farías

 

Rodolfo González Farías

+ Me considero un elegido de Dios por todo lo que me ha dado y por ser una persona que ha luchado y convivido al lado de gente que con su esfuerzo, su entrega y dinamismo han forjado la historia de esta Entidad, dice

Todo en la vida tiene un costo… y el éxito mucho más.

Ah, si las cosas que valen la pena fueran tan fáciles, cualquiera las haría, dice más o menos así el dicho popular.

Y cuánta razón le asiste, Ser exitoso en la vida, forjar un prestigio, ser desprendido y saber ayudar a los demás, no es fácil.

Cuesta muchísimo, hay que entregarse por completo y nunca pensando en amansar riquezas materiales. Hay que trabajar intensamente y hacerlo siempre con honestidad, con amor, ése que hace que en muchas ocasiones se tenga que sacrificar parte de la vida familiar para ser alguien en la vida, para trascender, no con el afán de presunción, sino como un ser positivo.

Afortunadamente en Aguascalientes hay mucha gente así, exitosa, entregada y pensando siempre en ayudar a los demás, en contribuir con su granito de arena al desarrollo que hoy se tiene.

Y este crecimiento de ninguna manera es de ahora, están mal aquellas voces que pretenden ostentar su paternidad.

Viene de muchos años atrás, de las generaciones que nos antecedieron y que fincaron las bases para lo que es hoy Aguascalientes.

Hoy en EL REPORTAJE por el Primer Aniversario de FUERZA AGUASCALIENTES nuestro personaje huésped, es el doctor Rodolfo González Farías, quien durante mucho años, los más de 18 que estuvo al frente del Hospital Hidalgo –hoy en Médica Star- nos presentó a médicos, psicólogas y enfermeras que de una manera verdaderamente admirable se han entregado para convertirse en la esperanza para miles de enfermos, la mayoría de muy escasos recursos que en ratificaron que sí hay esperanza y que Dios se hace presente de manera cotidiana en el Sector Salud, para velar por su salud.

Por ello es que siempre hemos dicho que el principal tesoro de la Entidad definitivamente no lo es la Feria de San Marcos, ni los monumentos, ni la industria, ni mucho menos las empresas trasnacionales, lo es su gente.

Esa que gracias a su esfuerzo y a su protagonismo es la que ha hecho posible lo que hoy se tiene y que la actual generación está obligada no sólo a preservar, sino a fortalecer.

Y de una gente de ésa es de la que hoy hablaremos, del director del Hospital Hidalgo, pero no lo haremos de su profesión, sino que quisimos hacerlo de su lado humano, a propósito de que recientemente cumplió años de vida, y la verdad que nos costó trabajo, pues es algo que, dice, no me gusta y que le he negado a diversos periódicos y a las televisoras locales, sin embargo por la gran relación de amistad contigo, nos dijo, haré una excepción y conste, de mi vida personal muy pocos hay en Aguascalientes que conozcan algo.

Rodolfo González Farías es un personaje del Sector Salud que dice que afortunadamente, desde que llegó a esta ciudad, no le ha faltado trabajo. Yo lo único que hago es trabajar intensamente y agradecerle cotidianamente a Dios el que me dé fuerzas para hacerlo, de tal suerte que nunca he pensado y mucho menos he pretendido en trascender o en que se hable de mí, yo, reitera, soy un ser común y corriente. Me considero un elegido de Dios por todo lo que me ha dado y por ser una persona que ha luchado y convivido al lado de gente que con su esfuerzo, su entrega y dinamismo han forjado la historia de esta Entidad.


Rodolfo González Farías

Y sin presunción nos dice que es sólo una pequeña parte de una sociedad sumamente trabajadora que no se doblega ante las crisis.

Soy, dice a FUERZA AGUASCALIENTES, simplemente un protagonista más del acontecer cotidiano de Aguascalientes y no, de ninguna manera podría decir que soy parte de la historia de épocas románticas, simplemente soy un protagonista, uno más de tantos millones de gentes que han ido pasando por el mundo desde que éste es mundo. Dios nos dio la vida para alguna cosa y yo, agrega, modestamente he tratado de ser alguien que se ha entregado a su trabajo y a su familia.

Para definirme, agrega, me referiré a un pensamiento que creo que es de Gabriela Mistral y que dice:

“Unos nacen para servir y otros para ser servidos”. Yo he tratado siempre de ser de los primeros, de los que nacieron para servir y doy gracias a Dios porque me ha permitido estar al lado de personajes auténticamente grandes que han forjado lo que hoy es Aguascalientes.

Todo lo que se siembra en esta vida siempre dará un fruto, si es que se tiene el cuidado de regar. Yo he sembrado con mi esfuerzo, con mi entrega cotidiana he regado y hoy con enorme satisfacción puedo decir que mi cosecha es la estimación de quienes me conocen y el cariño y amor de mi familia.

Nací, nos dice, el 9 de enero de 1944 -hoy hace 72 años- en uno de los 113 Municipios que tiene Michoacán, concretamente en Aguililla, en el corazón de la -Tierra Caliente-, soy el quinto de 9 hijos que tuvieron mis padres, 3 de ellos murieron prematuramente y quedamos ya sólo 5 porque una hermana falleció en el 2003 y claro que tengo muchos recuerdos de mi niñez y puedo decir que no conocí a mis abuelos maternos, sólo a mi abuela paterna, que fue fundamental en mi vida, pues de hecho ella se encargó de sacarnos adelante, porque mi padre desde muy joven emigró a EU, ya que su papá, siendo presidente municipal del pueblo, lo mataron los sicarios de aquella época.

Una costumbre con cierto arraigo en esa región de tanta pobreza y tanta ignorancia es que si matas al padre y este tiene hijos, también hay que matarlos por lo que crecerán con la consigna de la venganza, por lo tanto mi abuela sacó a mi padre a la edad de 14 años y lo mandó a Morelia en donde conoce a algunos familiares que se habían ido a EU como -braceros-, lo invitan y no lo piensa por lo que se va al vecino país del norte -del que regresó varias veces, para casarse y luego tener a su familia- y su historia termina en el 2002 cuando lo sepultamos en California, donde también acabó mi madre. Tuve una niñez de muchos recuerdos y podría decir que hasta feliz, con todo y que no conocíamos el cine, la radio y mucho menos la luz eléctrica.

Mi abuelo materno era de la región de los Altos de Jalisco, tenía y transportaba mucho ganado y en uno de sus viajes conoció a la abuela y se casaron. A pesar de las carencias y con muchos trabajos mis hermanos y yo terminamos la Escuela Primaria, sin que la familia tuviera un profesionista que nos sirviera de inspiración, porque había que trabajar y no me avergüenzo al decir que estando en quinto año tuve que trabajar como leñador para ayudar al sustento de la casa.

Un día tuve un accidente y me corté un dedo, por lo que mi abuela me llevó con el primer pasante de medicina que tuvo el pueblo de Aguililla y que se llamaba Uriel Pinete Mendoza, quien me hizo una curación en mi pie izquierdo, pero cuando lo vi por primera vez debo decir que me impresionó por su pulcritud en su rostro y su vestir -llevaba una Filipina- y allí me dije, ¨no sé cómo le voy a hacer pero yo llegaré a ser médico¨. Mi padre nos visitaba cada 3 años, de allí que su planeación fuera tan perfecta, que todos los hermanos nos llevábamos 3 años de diferencia.


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Cuando terminé la Primaria vino y le dije que quería estudiar para ser doctor, encontrándome con una negativa tajante.

En el pueblo había algunos oficios y me dijo que aprendiera uno de ellos a lo que me negué por lo que me dijo que me iba a comprar varios burros y otra hacha porque vas a seguir como leñador pues de alguna manera te tendrás que ganar la vida y eso fue lo que hice durante otros dos años.

Mi padre sólo tuvo una hermana que se vino de EU para Ciudad Valles, SLP, para estar al lado de una pariente y una vez que fue a visitar a su madre que era mi abuela, a la que le llevó varios regalos, entre ellos una veintena de los comics de Santo el Enmascarado de Plata y pronto se convirtieron en mi lectura favorita, fue algo hermoso.

La ciudad más cercana al pueblo era Apatzingán, a 85 kilómetros y sólo se podía llegar a ella a través de brechas, pues no había caminos y menos carreteras. Hay un río, un afluente del Balsas, que nosotros llamábamos Río Grande y en época de lluvias quedábamos totalmente aislados de la civilización.

Y ante eso no conocíamos nada más que nuestro pueblito, pero cuando leía las revistas del Santo, me di cuenta que existían otras cosas en el mundo, lo que hizo que aquello que yo quería lo anhelara más, por lo que hablé con mi tía María para que me ayudara a convencer a mi papá para que me dejara estudiar. Al principio la negativa volvió a ser total, pero a base de insistir logré el permiso con la promesa de que iba a estudiar mecánica, pero mi tía y yo sabíamos que eso era una mentira.

Me fui con ella a Ciudad Valles y al principio me matriculó en la Academia Potosina, para convertirme en secretario privado, por lo que aprendí taquigrafía y mecanografía, pero mi inquietud continuaba, pese a que Valles sólo tenía una escuela Secundaria.

Mira González, así me decía mi tía, si quieres ser médico primero tienes que cursar la Secundaria y si así quieres, así será, a ver cómo le hacemos después con tu papá para que puedas seguir estudiando.

Para eso no me querían admitir pues era mayor que los estudiantes, sin embargo finalmente me aceptaron y cuando mi padre se enteró puso el grito en el cielo, sin embargo California queda muy lejos de Ciudad Valles, por lo que seguí, mientras que algunos de mis hermanos se fueron, con todo y papeles a EU, adonde me querían llevar, pero me opuse y me propuse irme a San Luis a hacer la Prepa, sin embargo murió mi tía María y algunos familiares fueron por mí para llevarme de regreso a Aguililla, en donde ya estaban mis papeles para viajar al -otro lado-.

Lloré, pataleé y con apoyo de varios de mis familiares logre que mi padre cediera y me permitiera ir a Morelia para estudiar la Prepa con la condición de que luego viajaría a EU. Fui a Morelia y un amigo -qepd-, que luego se hizo licenciado, me dio refugio en un cuartito que rentaba en una casa para Estudiantes, allí estuve unos seis meses, durmiendo ambos en una pequeña camita, hasta que logré relacionarme para luego rentar mi cuartito. Acabé la Prepa y recuerdo, nos dice, que había un sistema en la Universidad no de semestres como el actual, sino de año escolar y lo hice con un promedio que me permitió sacar todas las materias exentas, esto es, no presentaba exámenes finales.

Con todo y eso mi padre insistía en que me fuera a EU, sin embargo yo le ponía el ejemplo de que muchos que se habían ido estaban de vuelta totalmente derrotados, por lo que le imploraba que me dejara seguir estudiado y quiero decir a través de FUERZA AGUASCALIENTES que yo fui el primer profesionista que salió de Aguililla.

Para poder terminar la carrera, uno de mis hermanos le dijo que me dejara, que a él no le iba a costar ni un centavo.

Mi hermano trabajaba al lado de mi papá en California y le dijo que él me iba a mandar para mantenerme y que si veía que reprobaba tan sólo una materia, suspendería la ayuda y me obligaría a irme al lado de ellos.

Ese compromiso lo acepté sin pensarlo.

Ahorita, dice, recordar tantas cosas tan bonitas, hasta la voz se me quiebra porque logré superar todo para ser alguien en la vida.

Mensualmente mi hermano comenzó a mandarme un cheque por 50 dólares -unos 650 pesos de aquél entonces-, con los que vivía, me vestía y hasta costeaba mi carrera.


Rodolfo González Farías

Si algún día logras alcanzar tu sueño y la suerte te sonríe entonces me pagas y si no, no hay problema, me dijo mi hermano y mire lo que son las cosas, hoy puedo decir que le cumplí pues después le pagué todo lo que me envió durante años.

Y así fue, agrega, como comenzó la historia en Morelia.

El primer año el único examen extraordinario que presenté en toda mi vida, se debió a que no logré descifrar cuatro grandes tomos en francés que nos habían dejado para el examen final, por lo que pasé momentos de pesadilla porque pensé que allí acababa mi sueño, sin embargo Dios me ayudó y el extraordinario lo pasé. El segundo año de medicina, era -el coco- porque todos decían que si se pasaba ya nada nos detendría y eso fue una gran verdad, porque lo pase exento de exámenes por lo que se me ocurrió escribirle a mi padre diciéndole que iba a ir a visitarlo y le mandé las copias de mis calificaciones, pero no las entendió porque no terminó la Primaria y me contesto una carta muy simple en donde me decía: ¿Y a ti quien te ha invitado a venir?

Eso claro que me causó mucho dolor, pero pronto me recuperé.

Conocí a mi esposa en Ciudad Valles pero debo decir que al principio sólo la veía como una amiga extraordinaria que me apoyaba en todo, por lo que ni se me ocurría hablarle para novia, hasta que en una tardeada estudiantil en Morelia nos reencontramos y allí Cupido hizo su trabajo, justo cuando estaba en el primer año de la Prepa y luego cuando ya estaba en el segundo de Medicina me invitó de vacaciones a su pueblo, también en Tierra Caliente, en donde su padre era un médico muy reconocido y pronto me hice su amigo y de la familia. Había en ese entonces un dicho, nos dice el doctor González Farías, de que la novia del estudiante nunca será la esposa del profesionista.

Y ante esto se me ocurrió proponerle que nos casáramos al civil, siendo ella menor de edad, lo que era un impedimento, pero el gobernador de Michoacán era familiar directo de su familia, por lo que nos casamos sin el consentimiento de sus padres y del mío.

Nos casamos, pero seguimos una relación de novios y nos unimos por la Iglesia hasta que terminé mi carrera de Medicina y ella unos años antes se había recibido de Maestra, por lo que apoyada por los 50 dólares que me enviaba mi hermano, se encargaba de la casa.

Llegó mi primera hija y entonces mi suegro me dijo: A ver Rodolfo ya estas casado y con 50 dólares no podrás mantener a tu familia, qué vas a hacer?

Y entonces hizo un trato conmigo como el que hizo mi hermano y me dijo: Que te parece si compro una casa en Morelia, se las presto mientras puedes ir ganando algo y me la devuelves cuando ya seas todo un médico.

Para ese entonces era practicante en la Cruz Roja y no podía cobrar, pero si se nos permitía que si un paciente nos daba una propina la aceptáramos y afortunadamente en mis guardias salía con 20 o 25 pesos que para entonces era algo muy bueno de tal manera que con el salario de mi mujer, lo de mi hermano y las propinas, además sin pagar renta salíamos adelante.

Terminé la carrera e hizo un año de internado en Uruapan, dejando a mi esposa e hija en Morelia y tuve la fortuna de llegar a un Hospital como éste, el Hidalgo, en donde se atendían partos y como eso me gustaba la ginecología y obstetricia, me le pegué a un ginecólogo y cuidaba sus pacientes, por lo que empecé a ganar un dinerito extra, además de la beca como internista que era de 750 pesos y como vivía en el Hospital al no pagar renta ni alimentación había veces que al mes ganaba de 3 a 5 mil pesos, por lo que siempre he dicho que soy un elegido de Dios pues nunca, nunca hasta hoy, me ha faltado trabajo.

Terminé el internado, me voy al servicio social y luego mi suegro me consigue una plaza en su pueblo, en un Centro de Salud B, que tenía 4 ó 5 camas para internar pacientes, además de que él me permitió utilizar su consultorio.


Rodolfo González Farías

Debo decir que Huetámbo tenía entre 20 y 25 mil habitantes y había apenas unos 7 médicos, por lo que preparé en las enfermedades infantiles, que eran muy frecuentes, principalmente las diarreicas y empiezo a tener clientes y tengo que aceptar que no se me conocía como el doctor Rodolfo González Farías, sino como el yerno del doctor Hernández y económicamente me iba muy bien y Dios me bendijo con otras dos hijas. Comentando con mi señora le dije que todo nos iba muy bien pero que había ya mucha violencia por lo que teníamos que salir de ese lugar.

Tras de 27 meses allí logré ingresar en el internado rotatorio de posgrado, pues quería ser un gineco-obstetricia.

Volví a Morelia para cumplir con el requisito de hacer un año de posgrado para la especialidad y ganaba ya de fijo 3,500 pesos, una estupenda cantidad por lo que mi señora dejó su carrera de Maestra para dedicarse exclusivamente a la casa y ver por las niñas.

Terminé el posgrado, presenté el examen de aspirante a la residencia médica y para mi sorpresa no lo pasé.

¿Qué hago Dios mío, aquí como médico general no la haré, me regreso a Huetámbo?, me preguntaba.

Entonces se presentó uno de mis cuñados, que es médico militar y me invitó a irme a México para hacer una especialidad en el Hospital Central Militar, ¨si pasas el examen te quedas y de aseguro que te va a ir muy bien¨, me dijo.

En ese nosocomio no había la especialidad de ginecobstetricia y entonces recordé que un grupo de médicos a los que ayudé en algunas operaciones me dijeron que porqué no me especializaba en anestesista, que era algo muy bueno.

Y eso le dije a mi cuñado, quien quería que cursara oftalmología.

Total que presenté el examen, lo pasé y estando en una cirugía conocí al doctor José Antonio Medina Reyes, comisionado de COESAMED aquí, quien escuchaba de mis planes de retornar a Morelia o incorporarme de manera definitiva al Ejército, con plaza en México o en Guadalajara, por lo que luego de una cirugía me dijo que si me interesaría trabajar en su pueblo, Aguascalientes.

Yo había conocido Zacatecas, San Luis, León, Guadalajara y San Juan de los Lagos, pero no esta ciudad.

El doctor Medina Reyes me dijo que aquí acababa de surgir la UAA y que estaba el Hospital Hidalgo que requería de médicos, por lo que me animó.

El 5 de mayo de 1975 me vine a conocer la ciudad junto con un amigo, nos hospedamos en el Hotel Medrano y salimos a recorrer las calles, llegando a la Plaza Principal, luego caminamos por la calle Madero y llegamos al restaurant Mitla en donde desayunamos, después a las 12 horas fuimos al Hospital para entrevistarme con su director Gregorio Giacintti López -qepd-, y puedo jurar a los lectores de FUERZA AGUASCALIENTES que en cuanto entré al nosocomio, me gustó, me enamoró, percibiendo -y aún lo hago- un aroma que no podría definir.

El doctor Giacintti López me hizo firmar una carta compromiso para que al terminar mi entrenamiento en México me viniera.

Y yo me pregunté: ¿Qué me vieron que hasta una carta compromiso me han hecho firmar?

Esa noche era domingo y fuimos a conocer la Feria de San Marcos lo que terminó por enamorarme de Aguascalientes y a los 3 meses me vine con mi familia, convencidísimo de que aquí me iba a realizar mucho más que en el Ejército.

Comencé a trabajar oficialmente en el Hospital Hidalgo el lunes 22 de mayo de 1976 y la primera anestesia que apliqué fue para una cesárea que realizó el doctor Francisco Morones Alba.


Rodolfo González Farías

Uno de mis primeros amigos aquí fue el doctor David Reynoso Talamantes quien me dijo que junto con su papá, al que no conocía, iban a realizar una operación, en un nosocomio privado, muy seria por lo que me pedía que los auxiliara con la anestesia y puede decirse que allí despegó en firme mi carrera profesional a Aguascalientes, recordando que renté una casa en un fraccionamiento cercano a Jardines de Aguascalientes.

Y desde esa fecha aquí estoy, siendo en poco más de 15 años director del Hospital Hidalgo, laborando en nosocomios privados y dando cátedra en la UAA, por lo que a grandes rasgos, nos dice, esta es mi historia de vida, de trabajo y de mucha suerte porque desde que llegué me relacioné con los grandes médicos que ha tenido esta ciudad, y como no mencionar que en México me recomendaron que me presentara aquí con el médico militar Vicente Chávez Herrera, con el que trabajé por muchos años, así como con gente a la que le aprendí muchísimo, profesionistas de los -más pesados- de la historia en Aguascalientes.

Gente que sin conocerme no sólo me abrió los brazos profesionalmente sino en el seno de sus familias, por eso en todo momento me digo que he sido un bendecido por Dios quien me premió con traerme, junto con mi familia, a esta ciudad.

He trabajado en este Hospital por casi 30 años y le estoy infinitamente agradecido porque me ha dado todo, como catedrático de la UAA, en donde he contribuido a forjar a muchos profesionistas, espero jubilarme en este 2016 y claro que no abandonaré mis intervenciones en algunos hospitales privados porque servir a mis pacientes lo es todo en mi vida, nos dice.

Ya casi para despedirnos el doctor Rodolfo González Farías afirma que su vida es una historia de trabajo, de sufrimiento, de sacrificios y de muchas satisfacciones que puede ser también una lección de superación pues aún en estos tiempos de crisis querer es poder, porque si tiene un objetivo y una meta por más imposible que parezca si tienes decisión la vas a conseguir. Si nos damos cuenta que todo lo que hacemos es gracias a Dios, podremos caminar exitosamente y con la frente en alto, de no ser así, estamos arruinados.

Y mi mensaje para todo Aguascalientes es ése, que todos tenemos que ponernos a trabajar fuerte, sin envidias, sin conflictos para buscar que la gente esté más alegre, porque cuando se logra eso entonces todo irá mejor. Y conste, no hay que pensar en falsas alegrías, cuando se logra es porque ya antes se trabajó intensamente.Entonces hay que disfrutar luego de que se cumplió con el trabajo cotidiano. Hay que ser ambicioso en lo que se quiere, trabajar y tener sueños. A Dios rogando y al mazo dando, no hay de otra, ése es el gran secreto para tener éxito, no hay de otra, no existen las varitas mágicas ni tampoco los milagros.

Y nos despedimos del doctor Rodolfo González Farías, un hombre que, contra lo que muchos se atrevieran a pensar, por tantos cargos que ha desempeñado, no amasó fortuna y vive decorosamente y vive, eso sí, como él lo dice, inmensamente feliz.

Feliz por lo que hizo y sigue haciendo, feliz de haber servido a Aguascalientes, por seguir aquí, por disfrutar del aprecio de la gente, de sus amigos, de sus seres queridos y con la satisfacción de seguir contribuyendo de alguna manera, a forjar el Aguascalientes y el México que disfruta la actual generación.

Así pues, Rodolfo González Farías es un hombre, un personaje de su tiempo, un hombre al que la historia habrá de dimensionar y poner en el lugar que le corresponde, al lado de los hombres buenos que ha tenido en el espacio infinito del tiempo nuestro querido Aguascalientes

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