ARRASTRE LENTO


SUPE ESCUCHAR EL PRINCIPIO,.. PERO NO PUDE DAR RAZÓN DEL FINAL

 

JOSE CARO

Por José Caro

<Hay preguntas que hacen naufragar las barcazas,.. y la que me hicieron sin salvavidas hundió mi nave hasta las profundidades del mar borrascoso,……>

¿Cómo debe verse el toreo, con los ojos del sentimiento, o con la mirada de la razón?,… me preguntó una voz ansiosa que, por el tono de su inocente inflexión curiosa, me dio la impresión de merecer generosa y expedita satisfacción y respuesta. Lástima que haya puesto su fe en la persona equivocada pues reo de la ignorancia, y vasallo de la ineptitud, estoy muy lejos de poder dar cabal cumplimiento a pregunta tan raptora de “sabiduría” y conocimiento.

La voz fue a más, y como los buenos toreros dio un paso “pa-lante”: don José, si como dicen que “el toreo es un ejercicio que por su precisión puntual algo tiene de ciencia, ¿acaso es un asunto “científico” que deba ser atendido –apercibido- exclusivamente por la inteligencia y razón”?

No le contesté a la voz que con la riqueza inocente de la curiosidad quería saber,… pero en mis adentros volví a estimar que “el toreo es una mágica realidad que, sin ser sustancia volátil, pues emerge de hechos concretos y materiales, no se puede privar de los aires y alientos enriquecedores y vivificadores del sentimiento y la imaginación”. No le contesté,…..

Y aparentando distracción quise, evadiéndome, refugiarme en la solitaria choza que en el bosque de la incultura construí con el agrado de la misantropía que no sabe tolerar el arrinconamiento humano con preguntas y preguntas,… choza en la que, sin recibir visitas, encuentro con suma facilidad respuestas a preguntas que no me hacen, y anticipo preguntas a respuestas que aún no timbran en mis oídos.

Lo que sí pude decir con tono de briosa categorización es que, a mi humilde parecer, el toreo es una combinación de componentes que se entrelaza relacionándose con sus propias fuerzas: el toreo no se puede realizar sin inteligencia, y resulta vacío sin sentimiento pues ése es la sustancia animadora del ejercicio de la tauromaquia.

Y es que, debo confesarlo, soy desacorde al razonamiento que le roba espacios al sentimiento, aunque tampoco me complace la sola imaginación sensible que se expresa triunfalista sin “sólida” base de la lógica. Lo cierto es que la ética del toreo exige la inteligencia huérfana de la frialdad acompañada por los acordes del ritmo del corazón,… realidad que hace que hierva la sangre, y se exalta la pasión,……

El toreo, al menos según mi personal concepción, “es una comunidad –de dos- <cabeza y sentimiento> que se reúne en un solo espíritu., componentes que derrumban el edificio si son debilitados uno por el otro. Su independencia, originalísima muestra de individualidad, en el terrero del arte no puede manifestarse a plenitud si no se vinculan uno con otro, pues de suceder aquello sería como un “matrimonio sin luna de miel”.

#deportes

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