ARRASTRE LENTO


HAY VIVENCIAS QUE, COMO LA DEL AFICIONADO “PACO PIÑA”, SE AMOLDAN ADMIRABLEMENTE A LAS EXPERIENCIAS “JUZGADAS” COMO EXTRAORDINARIAS

 

arrastre lento

Por José Caro

Dicen los que saben de tales menesteres que la opinión y el comentario periodísticos –taurinos- enseñan,… y que al menos esa debería ser su íntima aspiración.

Me queda claro que hay de opiniones a opiniones,…. Calamitosas son aquellas que por el desastroso uso del adjetivo –parte sustantiva de la interpretación, el análisis y la comparación- inauguran la ruina. Vanas son aquellas que con reiterada porfía tienden a “entusiasmar” al lector con la falsedad del elogio inmerecido –alabanzas ociosas-. Desagradables son aquellas que por “irreverentes” tienden a debilitar la “grandeza” de lo grande y construir el “gigantismo” de lo enano. Esas no enseñan nada,…

Creo estar en lo cierto si afirmo que “la pluma” en coherencia con el espíritu que la desplaza “no podrá tirar el cedro majestuoso que ha sido la gloria única del bosque del toreo” -¡LA VERDAD!-, y que la “amargura vagabunda” –notable agitación del espíritu de peón que nuca pudo ser albañil-, y escondida en risibles máscaras de espantapájaros, no podrá asustar a las avecillas de la curiosidad tierna e inocente. Esas no enseñan nada,…

Lo que vivió Píña Escalante –Paco- sin ser necesariamente entendida como un motivo de opinión que se equipare a las que se externan y publican en los diarios, ni tampoco como un símil casero, ciertamente puede servir como enseñanza de SU VERDAD.

Fue verdad que, cuando el “Curro” Rivera estaba en la cúspide del toreo, y encontrándose personalmente con Paco en la calle Nieto, a un costado del Colegio Portugal, el diestro, confundido como se encontraba, le preguntó a Piña dónde estaba la plaza de toros San Marcos.

-“Pepe, <me comentó Paco>, cuando chocamos la mano, y me clavó su mirada, y sonrió con la risueña manifestación de la sencillez y el “respeto” con el que me trató que no pude, empapado de “admiración”, menos que embriagarme con la explosiva alegría que en su corazón profundamente guardaba el Curro. Fue tan excitante la emoción que sentí que el paisaje de su alma se guardó en mi ser para nunca olvidarlo, tan fue así que quise nunca haberme lavado la mano que estrechó la suya”.

¿Qué enseñó el “Curro” a Paco Piña? Le enseñó a “respetar” el respeto”, y a gozar y admirarse con la “admiración”.

Y fue precisamente Paco Piña el que, al calor de sus obsequiosa generosidad que otorga en el torrente de sus apetecibles líquidos que sirve, refirmó la teoría que se esconde en el sentido de la presente columna,..

_”Pepe, <me cuestionó>, por qué los comentaristas que publican sus opiniones en la actualidad no fomentan, promoviéndolos admirativamente, los valores clásicos y tradicionales del toreo para verlos y “admirarlos” con los ojos que saben gozar con el mirar. Creo que si lo hicieran, eso sería enseñarles a los aficionados,…. Y enseñar -objetivo “didácticos”- con riguroso método y seriedad técnica, exhibiendo la realidad, facilitaría la íntima asimilación de la enseñanza. Por eso me guata leer las opiniones y comentarios –escasas lamentablemente- en columnas que tienden a reforzar la vitalidad de los principios clásicos del toreo sin coba ni falsedades. Pepe <acabó por decir Paco>, hay muchísimas cosas que ustedes los comentarista pueden enseñar los aficionados modernos,……. como esos detalles de saber “respetar al respeto”, y a “admirar lo admirable.

#deportes

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