La Guerra por la Fe


 

guerre cristera

* Epoca de pesadilla, de persecuciones, de terror, de sangre y drama * El templo de San Marcos se convirtió en un auténtico campo de batalla * ¡¬Viva Cristo Rey!, el grito de batalla en defensa de la fe y de los ideales de la población

A casi noventa y dos años de distancia, el México de hoy, el -siempre fiel-, aún llora y recuerda uno de sus pasajes más terribles. Una época de auténtica pesadilla, de persecuciones, de terror, de sangre, de ejecuciones y de drama. La Guerra Cristera, la tristemente célebre Cristiada. Los fusilamientos estuvieron a la orden del día y se hizo popular el grito de ¬Viva Cristo Rey!

Fue costumbre encontrar los cuerpos de cientos de campesinos, obreros y seguidores de la fe colgados en los campos. En los primeros meses de 1925 empezaban, en forma casi espontánea, los levantamientos que iban a confluir en la Cristiada, ese gran movimiento insurgente, popular y católico de la década de los 20s y hay que decir que hoy en que los mexicanos gozamos la dicha de que Juan Pablo II beatificó a los Nuevos Santos Mexicanos, 300 mil almas siguen siendo recordadas por todos aquellos que perdieron a alguien en una guerra por la fe. Una guerra increíble y absurda. Triste y amarga para propios y extraños pero que dejó en claro, el camino que tendría México a través del tiempo, el respeto a sus ideales aún a costa de su sangre.

El maestro e investigador don Angel Hernández Arias dice a FUERZA AGUASCALIENTES hace ya casi cien años que se ponía fin a la guerra por el culto y las ideas de los mexicanos, 300 mil muertes después y con la fe en Cristo Rey bien colocada en la mente de la gente. Esta Guerra Cristera forma parte de uno de los pasajes de la historia de México que muchos no quisieran recordar y que el pueblo católico tiene bien presente día con día. Son ya muchas décadas de un episodio tan especial, que es considerado como una página negra de una época que todos quisiéramos que se borrara para siempre. Hoy se vive otra situación.

México es otro, han sido años de evolución en las actitudes de la gente, el desarrollo y la tecnología es tal que hoy pese a tantos problemas, los mexicanos estamos unidos y nos habremos de fortalecer cotidianamente con nuestra fe y amor en Dios. Hoy esa tecnología nos permite ver con dolor en otros lugares luchas fraticidas parecidas a lo que sucedió aquí en donde la ideología y el sentir de la gente está sujeta a discusión porque siempre habrá banderas diferentes desde el punto de vista religioso.


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Lo malo, es caer en los excesos tal y como el Gobierno lo hizo en aquel entonces, porque no aceptaba la presencia de la religión entre la gente, porque el inventario de deidades permitía la destrucción de unos por los otros, muchos mataron en nombre del Gobierno. La decisión tomada por el Gobierno Federal, fue una situación muy especial porque prohibieron el culto, cerraron las iglesias e impidieron a la gente toda actividad religiosa oficial y pública.

Dejaron las iglesias en manos de los sacristanes. Don Angel Hernández Arias dice que en Aguascalientes se levantó un inventario del contenido de todas las cosas de la iglesia, ornamentos, pinturas, objetos, copones, relicarios, campanas, sillas, cristos y que fueron dejados en manos de una comisión de personas designadas por el Gobierno en donde estaban los sacristanes y las personas que se iban a responsabilizar de las iglesias cerradas. Esto se encuentra en los archivos municipales, en donde vimos con curiosidad el contenido de los bienes que tenían las iglesias de los años 20s.

Era un inventario muy riguroso, del que nada escapaba, incluyendo lógicamente la construcción. El culto a final de cuentas se realizaba en forma subterránea por la fe católica de ese tiempo. La Cristiada floreció en forma muy significativa en la parte de Jalisco y en Aguascalientes se dio más hacia la zona de Calvillo así como en los Estados circunvecinos.

La Iglesia en cierto modo en aquel tiempo apoyaba esas manifestaciones belicosas por parte de la gente para contrarrestar una decisión mal tomada del gobierno de ese tiempo, encabezado por el presidente Plutarco Elías Calles. Todos los religiosos mayores, los vicarios, obispos y curas se tuvieron que esconder para seguir realizando el culto y muchos tuvieron que huír incluso hasta del país.

La persecución se dio porque se tuvo una prohibición y a los que se encontraban realizando esos actos fueron perseguidos, encarcelados e incluso fusilados. Hubo fanatismo de los dos lados, los católicos desafiaron entonces al Gobierno y a eso provocó la feroz persecución. Sin embargo de alguna forma, la gente trataba de seguir con su culto en tanto que el Gobierno, sin comprender la idiosincrasia del pueblo mexicano trató de imponer a sangre y fuego su autoridad.


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Se armaron muchas gentes y se hizo un verdadero ejército, el de los Cristeros, bajo el lema de ¡¬Viva Cristo Rey!. El Gobierno militar en Aguascalientes cierra los templos al culto y un grupo de cristeros encabezados por el licenciado Carlos Salas López se dedicó a repartir propaganda y van y toman prácticamente el templo de San Marcos en donde lamentablemente, en un episodio que todos quisiéramos olvidar, pero que ahí está en la historia, se protagonizó una verdadera batalla que estremeció a toda la población. Esto ocurrió el 28 de marzo de 1925.

Al abrir el templo violaron una disposición oficial, por lo que llegaron los elementos del Ejército decididos a cerrarlo y a tomar prisioneros. Entonces surgió la violencia, hubo disparos aún en el interior del inmueble, fue una escaramuza de guerra en donde dos personas murieron, otras 70 resultaron lesionadas, dos más desaparecidas y el párroco, que era un sacerdote español, se salvó de morir fusilado pero fue expulsado del país.

En este episodio, algunas gentes fueron a dar a la cárcel, entre ellas don Heliodoro Martínez que después sería un empresario muy exitoso. Fue un tiempo muy duro para Aguascalientes, para la Zona Centro y para todo el país. El comandante de la Zona Centro repartió volantes pidiéndole a la gente que se abstuviera de seguir demostrando actos de culto para que no se volvieran a repetir los hechos de sangre que se dieron en el templo de San Marcos y su zona aledaña.

En Aguascalientes, un personaje muy singular de la Cristiada lo fue el que luego sería un terrible bandolero y asesino, José Velasco. En un principio abrazó la causa pero tuvo una situación singular, porque después de varios años de guerra, Gobierno e Iglesia la terminaron pero los últimos en saberlo fueron los Cristeros. Esto trajo como consecuencia que en el ánimo de muchos de ellos no se había dado lo que esperaban y seguían peleando. José Velasco se sintió solo, huérfano y se fue por el lado del bandolerismo.

Y ya no se daba el caso de ¬¡Viva Cristo Rey! sino que lo hacía, al frente de sus hombres, para guiarlos hacia una vida mejor, pero apoyándose también en la situación religiosa José Velasco fue muerto en una persecución en la calle Colón y aún hoy se insiste en que fue entregado por la ex bandolera Jovita Valdovinos, quien presuntamente celosa porque su hombre tenía otros amores lo delató ante el Ejército y el Gobierno, para quienes era el verdadero "Diablo" en persona.

José Velasco, hoy convertido en una leyenda de Aguascalientes, fue un fiero cristero, pero también uno de los asesinos más célebres en toda la historia al que incluso algunos admiran y más en Calvillo, de donde fue originario y en donde fueron sepultados sus restos tras ser exhibidos por dos días en la puerta de Palacio Municipal. Y tendremos que decir que fueron tantos los personajes que intervieron en esta guerra fraticida que cada quien dió su punto de vista con relación a esto.


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La Guerra Cristera fue real pero después se dio una serie de imágenes de vandalismo, de excesos en cuanto a las actitudes de la gente de tal suerte que los únicos que salen bien parados, a décadas de distancia, son los cristeros y el pueblo católico que defendió de mil maneras sus convicciones, y también el general Lázaro Cárdenas, quien primero como militar y gobernador, luego como Presidente de la República, se ganó el respeto y la amistad de los cristeros que de él dijeron:

"No hizo correr la sangre, fue misericordioso, nos dio la paz". Fue el encargado de poner fin a esa masacre, el pueblo retomó su culto y el Gobierno sus funciones, sin embargo, 300 mil almas siguen siendo recordadas por todos aquellos que perdieron a alguien en una guerra por la fe, increíble en el Siglo XX, triste y amarga para propios y extraños pero que dejó en claro, el camino que tendría México a través del tiempo, el respeto a sus ideales aún a costa de su sangre.

Cuando el hombre cree en Dios no hay excesos. La religión siempre va a unir a México y hay que destacar que en Aguascalientes, después de la Guerra Cristera ya no han sucedido conflictos bélicos. La tristeza de la pérdida fue el inicio de lo que después pasó en otros puntos de la Zona Centro del país. En Jalisco murieron miles, así como en la zona de influencia de Aguascalientes como es el caso de Nochistlán, Jalostotitlán, San Juan de los Lagos, Lagos de Moreno, Encarnación de Díaz, Teocaltiche y Juchipila, además de Calvillo.

Desaparecerán edificios e imágenes pero en la mente se mantendrá la bandera religiosa que así se inculcó y así se conoció. Hoy en México se da una situación diferente, ahora la religiosidad católica que tiene aspectos indianos, con imágenes propias, se acepta nuevas imágenes pero se sigue respetando lo anterior.

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