El último trayecto


 


HERIBERTO BONILLA BARRON

POR HERIBERTO BONILLA BARRON

La vejez es un largo caminar que ya cuando te encuentras en la recta final también te hace comprender la grandiosidad de Dios que te permitió la gran satisfacción de haber formado a tu familia.

Es un ciclo de vida que ha sido satisfactorio, para la gran mayoría.

¿Es triste llegar a la ancianidad?

No, mi vejez, pese a mis enfermedades, la estoy disfrutando intensamente minuto a minuto y no me canso de darle gracias a Dios por haberme dejado caminar esta trayectoria que yo considero como un milagro, ¿por qué?, bueno porque sin mucha preparación y sin nombre, creo que he sido afortunado, nos han dicho varios senectos que nos han brindado desde hace muchos años su amistad.

Lamentablemente hay que admitir que existen muchos senectos que son recluidos en los asilos, en un rincón de la casa o salen a sentarse a las plazas ya sin ilusiones y sólo esperando la muerte.

Están en el último trayecto de la vida, es como si fuera la última cuadra de la avenida y quienes salen a sentarse a las plazas es porque ya no quieren dar lástimas o problemas en su casa, en donde muchas veces hay problemas económicos y también rechazo hacia el senecto.

La vejez es la última caminata del ser humano en donde lamentablemente vemos que hay crueldad no sólo en los hijos sino en toda la sociedad porque nos ven como si fuéramos un estorbo.

Así ha sido siempre y así seguirá, por lo que el senecto debe tener la virtud de comprender hacia dónde está enfilando su vida, sabiendo el rol que le toca en la recta final de su existencia.

Es difícil, sin embargo hay que saber llegar a la vejez y no dejarse doblegar por la incomprensión de la sociedad y es que hay que advertir que en tiempos pasados el anciano era casi venerado, hoy lamentablemente parecieran ser una burla de la juventud y hasta de los adultos.

Los valores se han trastocado y es que hoy se tiene que tener dos o hasta tres trabajos para tratar de sobrevivir con la familia y eso da un carácter diferente al individuo, con una angustia cotidiana de no completar para las necesidades, se vuelve neurasténico y ve al senecto como un estorbo.

Esa es la realidad de esta sociedad, el rechazo al anciano cuando debería de ser todo lo contrario pues hoy y siempre habría que venerarlos, hay que quererlos, porque por ellos nacimos, por ellos vivimos y han sido ellos con su esfuerzo, por más simple que parezca, los que en unidad, han construido lo que hoy es Aguascalientes.

Son nuestra esencia, son la bondad en persona, la ternura y sin embargo la actual generación no lo ha dimensionado y pareciera que les estorban.

Por lo tanto no creemos sino que estamos seguros que se deja y se desperdicia en un rincón toda la sabiduría de los viejos, aunque también reconocemos que hay muchas familias que ven en sus senectos a los grandes hombres de la casa, a los seres que trajeron al mundo a nuestros padres, a esos hombres cuyo rostro está arrugado al igual que sus manos, a ésos que ya no tienen pelo o está tapizado con el color de la pátina del tiempo, pero que siguen teniendo deseos, ilusiones de vivir, de sentirse útiles, de transmitir el amor que atesoran en su corazón.

Y sin embargo debemos admitir que lamentablemente no todos son así, hay muchos que tratan mal a los senectos y las nuevas generaciones ya no se acuerdan de ellos, los ven como un estorbo.

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